Archivo de la categoría: Derechos Humanos

La “abogada más valiente de China” describe la tortura inhumana sufrida en las prisiones chinas

La abogada china de derechos humanos Wang Yu, aclamada como la “abogada más valiente de China”, y su esposo Bao Longjun en esta foto sin fecha. Bao también es abogado y apoya sin reservas la labor de Wang en materia de derechos humanos. (Foto cortesía de Wang Yu)

POR HONG NING Y OLIVIA LI

Wang Yu es aclamada como la “abogada más valiente de China” por activistas de derechos humanos en el país. Wang se convirtió en abogada de derechos humanos porque quiere defender a personas inocentes del corrupto sistema judicial chino. Ella también fue encarcelada por su labor en materia de derechos humanos en 2015. Tras haber sufrido abusos en una prisión china, Wang reconoce muchos de los instrumentos y métodos de tortura utilizados en los campos de internamiento de Xinjiang.

Wang, de 48 años de edad, solía ejercer el derecho mercantil hasta que se produjo un incidente en una estación de tren de la ciudad de Tianjin en 2008. Cuando varios empleados ferroviarios le negaron abordar un tren a pesar de que tenía un ticket, Wang tuvo una intensa discusión con ellos y más tarde presentó una demanda. Sin embargo, fue arrestada y sentenciada a dos años y medio de prisión bajo el cargo de “agresión intencional”.

Después de que Wang fue liberada, decidió convertirse en abogada de derechos humanos para ayudar a las víctimas del injusto sistema judicial chino y luchar por sus derechos. Muchos de sus clientes eran practicantes de Falun Dafa.

Wang fue la primer abogada arrestada durante lo que ahora se conoce como el “Incidente 709”.

El 9 de julio de 2015, el régimen chino reunió a cientos de abogados y activistas de derechos humanos en todo el país. Los abogados y activistas fueron detenidos e interrogados, y algunos, como Wang, fueron obligados a hacer “confesiones” en la Televisión Central de China, diciendo que se habían dado cuenta de que lo que habían hecho como abogados o activistas de derechos humanos era incorrecto: era el método del régimen chino para desalentar su activismo y promulgar propaganda engañosa.

El método de tortura del “banco del tigre” utilizado en las cárceles chinas. (Minghui.org)
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LaGranEpoca

Desmantelan en Brasil una banda que traficaba asiáticos hacia Estados Unidos

Vista del parque 'Feria Mesoamericana' utilizado como refugio por migrantes de África, India y Haití en Tapachula, Chiapas, sur de México, el 28 de abril de 2019. (ALFREDO ESTRELLA/AFP vía Getty Images)

Vista del parque ‘Feria Mesoamericana’ utilizado como refugio por migrantes de África, India y Haití en Tapachula, Chiapas, sur de México, el 28 de abril de 2019. (ALFREDO ESTRELLA/AFP vía Getty Images)

La Policía Federal de Brasil y la agencia de inmigración de Estados Unidos detuvieron este jueves, en una operación conjunta, a ocho personas acusadas por promover la inmigración ilegal, lavado de dinero y asociación ilícita.

Según la Policía, entre los detenidos figura Saifullah Manun, oriundo de Bangladesh, apuntado como el cabecilla de la organización criminal y quien vive desde hace seis años en Sao Paulo.

Las investigaciones, iniciadas en mayo de 2018, detectaron que la banda ofrecía refugio y documentos falsos a migrantes ilegales provenientes de países del sur de Asia, en especial Afganistán, Bangladesh, India, Nepal y Pakistán, para su posterior ingreso ilegal a Estados Unidos, explicó la Policía en un comunicado.

Tras recibir los documentos falsificados, los migrantes dejaban sus países de origen y entraban en Brasil por el aeropuerto internacional de Guarulhos, en Sao Paulo, desde donde emprendían viaje hacia Río Branco, la capital regional del estado de Acre y fronterizo con Perú.

Mientras aguardaban traslado en Sao Paulo, los migrantes sufrían malos tratos, que incluían reclusión forzosa y agresiones físicas y psicológicas, indicó la Policía Federal.

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POR EFE

Los uigures son torturados y violados en los campos de “reeducación” de China, revela exdetenida

 

Origen: LaGranEpoca

La lucha contra el culto de las devdasi, las prostitutas sagradas de La India

Una muchacha india esconde su rostro tras el collar ritual que la identifica como prostituta sagrada. Ha sido liberada por la ONG Arz. Foto: Cristina Piotti.
  • A pesar de estar prohibido por ley, en el país asiático todavía hay muchísimas familias pobres que ‘ofrecen’ a sus hijas a una divinidad, obligándolas así a convertirse en prostitutas. Algunas de ellas consiguen salir de esa esclavitud gracias al proyecto de una ONG.

“Tenía 11 años y en casa habían organizado una puja (ceremonia religiosa). Todo estaba muy bonito y yo era el centro de atención. Una fiesta para mí. Pero cuando terminó me llevaron a casa de la gharwali, la señora que se encarga del burdel. Tuve miedo, no quería que nadie me tocase y escapé. Y pasé fuera toda la noche. A la mañana siguiente volví a mi casa, pensando que me iban a pegar, pero cuando llegué se mostraron muy amables conmigo. Me tranquilizaron, me acariciaron y me llevaron a una habitación. Todo estaba oscuro. Había un hombre allí dentro. Y cerraron la puerta con un candado”.

Laxmi tiene 30 años, los ojos dulces y rasgados y las orejas repletas de pendientes. Su mirada se torna triste mientras mueve la cabeza y cuenta cómo le arruinaron la vida cuando fue ofrecida a la diosa india de la fertilidad, Yellamma. Maldice el día en que se convirtió en devdasi o esclava de la diosa.

A pesar de que la ley lo prohíbe desde finales de 1998, en el sur de la India todavía es habitual que muchas familias, sobre todo de la casta baja (dalit) y extremadamente pobres, ofrezcan a sus hijas a una diosa. Oficialmente, para hacerlas esclavas de la divinidad. La realidad es que las condenan a una vida de prostitución. “En las aldeas todavía hay gente que cree que acostarse con esas prostitutas sagradas es una práctica religiosa”, explica Arun Pandey, de la ONG Arz, socia de la italiana WeWorld, que se dedica a rescatar a mujeres y niños en todo el mundo.

Hoy en día, las devdasi forman parte de las redes de explotación sexual. “Los que todavía practican este rito viven por debajo del nivel de la supervivencia. Y el fenómeno ha ido pasando de las aldeas a las ciudades por simples razones económicas”, añade Pandey, que trabaja en el pequeño estado de Goa, famoso por sus espléndidas playas, meta de turistas de todo el mundo. Aquí, en la ciudad de Vasco, hay todo un barrio rojo de jovencísimas devdasi.

“Mi madre me decía: tu padre bebe, no tenemos nada para comer, ¿por qué no quieres ayudar a tu familia?”, explica Laxmi. Y añade: “Para convencerme me regalaba vestidos y me llevaba a la peluquería. Al final me rendí y me dije: ‘Mejor yo que mi hermana; al menos una de las dos podrá casarse'”.

Y es que a las devdasi les está prohibido contraer matrimonio por ser mujeres sagradas, pero cuando en las familias no hay hijos varones, sí les permiten heredar. En una cultura como la de la India, profundamente patriarcal y donde el feminicidio sigue siendo habitual, los menos instruidos y los más desesperados ven en esta práctica una vía de salvación. Al menos, en teoría. “A pesar de mi sacrificio, mi hermana Sunita también fue ofrecida a la diosa. Hoy es una mujer alcoholizada y destruida por dentro. Si no la hubiesen forzado a prostituirse no habría llegado a esa situación, en la que la botella es su única forma que tiene de afrontar el dolor”, dice Laxmi.

Ella, en cambio, encontró su salvación entre la ropa blanca de una lavandería que se llama SwiftWash, una iniciativa de la asociación WeWorld que da trabajo no solo a las devdasi, sino también a sus familiares y, en algunos casos, a las personas que se encargaban de los burdeles. Se trata de una labor que no requiere una cualificación especial y que permite a las mujeres trabajar juntas y mantener un flujo constante de pedidos, gracias a los restaurantes y los hoteles de la zona que utilizan sus servicios.

“Al principio nos preguntábamos cómo iban a sacar adelante su empresa unas prostitutas ignorantes. Hoy tenemos trabajo suficiente para darles una oportunidad no solo a las devdasi, sino también a las personas que gestionaban los burdeles, erradicando el fenómeno y evitando nuevas víctimas de la trata y de la explotación sexual”, explica Pandey. El resultado está siendo espectacular. En pocos años, el ofrecimiento de niñas a la diosa ha desaparecido de esta zona de la India.

Decisiva en el proceso fue la creación de un grupo de hombres, hijos y hermanos de las devdasi, a quienes se explicó que aquella vida de sus madres y hermanas, presentada como una práctica religiosa, en realidad era un refinado instrumento de explotación que las condenaba a la violencia y las enfermedades.

Así se salvó L., que tiene 28 años y fue ofrecida a la diosa cuando ni siquiera había cumplido los 10. “Mi madre y mi tía son devdasi. Yo vivía en la aldea con mi abuela, estudiaba y era feliz. Pero mi madre, que trabajaba en Vasco, pidió un préstamo de 15.000 rupias (190 euros) a la directora del burdel. Y, como no podía devolverlo, me llamó, diciéndome que fuese a verla, porque estaba enferma. Yo no quería, porque era época de exámenes, pero ella insistía. Cuando llegué y vi que estaba bien, me explicó que a la tía la habían molido a golpes con una chappal [una zapatilla], y que teníamos que hacer una ceremonia por ella”.

“Fue el truco que utilizó mi madre para convertirme en prostituta sagrada. Fue suficiente con que otras tres devdasi se uniesen a ella en la ceremonia de ofrecimiento”. A L. la rescató tiempo después uno de los jóvenes de la ONG de Pandey, quien denunció su caso a la policía. “Mi vida se arruinó, pero ahora las cosas van mejor. Soy supervisora en la lavandería. Sé que puedo afrontar lo que la vida me depare. Es cierto que sigo sintiendo mucha rabia contra mi madre, por haberme hecho sufrir tanto. La vida será mejor para mis hijos, que tienen cinco y seis años, porque ellos estudiarán”.

Para estas mujeres, la salvación es la independencia económica, pero también la psicológica, que les permite superar sus traumas, como cuenta Juliana Lohar, la asistente social que les hace el seguimiento: “Trabajamos con la policía, en los centros de rehabilitación, con los hijos y los familiares, que tienen que acostumbrarse a una nueva situación. Hemos interesado a toda la sociedad civil y la iniciativa está dando frutos. ¿Que és o más difícil? Ayudar a las devdasi a superar su sentimiento de culpa y que se vuelvan a sentir orgullosas de sí mismas”.

Bhimavva es una mujer pequeña, pero tiene una mirada segura, que llama la atención en medio de su delicado rostro en forma de corazón, coronado con un peinado ligeramente rizado. Mientras habla, juega con sus bangles, las tintineantes pulseras parecidas a las que le regalaron cuando la ofrecieron a la diosa. “Tenía 14 años y nunca antes había tenido tantos vestidos y joyas. Me colocaron en el cuello el collar sagrado y repitieron cinco veces el nombre de Yellama. Durante el mes siguiente no pasó nada. Pero un día me llevaron a una casa y me encerraron bajo llave en una habitación. Dentro había un hombre mucho mayor que yo”. Sus pulseras dejan de sonar y añade: 2Corrí junto a mi madre, gritando y llorando. Pero ella me contestó: ‘Tu padre es un alcohólico, ¿quién va a cuidar de tus hermanos y hermanas? Eres la mayor. Es tu obligación”.

Dos años después, ya liberada y viviendo en casa de una familia, le cuesta fiarse. Pero gracias a SwiftWash, en poco tiempo aprende a escribir, a organizar los turnos y a recibir los pedidos. Ahora sabe incluso utilizar el ordenador. Cuando se le pregunta cómo consiguió revolucionar su vida, se encoge de hombros: “Jamás habría podido ni soñar con que sería capaz de usar un PC. Lo hago por mi hijo. Quiero que se sienta orgulloso de su madre”.

Y sí, seguro que se sintió orgulloso cuando Bhimavva ganó, hace pocos meses, un premio nacional al emprendimiento. “Para mí fue simplemente algo increíble, algo que mi mente se negaba a aceptar. Pero después de recibir el premio me dije: ‘He trabajado muy duro y ahora sé que soy una mujer con una vida diferente a la que querían para mí'”, asegura.

Origen: ElMundo

De Venezuela a Brasil: la frontera del silencio

La doctora le decía que tenía una infección pulmonar, pero ella no le entendía. Junia Cajazeiro le hablaba en un portugués pausado, separando las palabras para que su paciente venezolana intuyera qué era ese malestar que la aquejaba desde que salió de su país para cruzar hasta Brasil, y ella, una joven con la piel desgastada y el cuerpo débil, no descifraba sus palabras.

Llegó una ambulancia y las lágrimas se apoderaron de su rostro cansado. En medio de ese desespero de saberse en un lugar nuevo, con un idioma que no hablaba y después de haber emprendido una travesía por tierra para dejar a su Venezuela, solo le preguntó a la médica si le darían algo que le quitara el dolor que sentía desde hacía dos meses atrás.

Cuando Cajazeiro, de la organización Médicos Sin Fronteras, recibe un migrante en Boa Vista, les habla en portugués y algo de “portuñol” mientras se ayuda con el traductor de su teléfono y manuales de salud traducidos al español. Boa Vista, la capital del Estado Roraima, es un municipio de no más de 300 mil habitantes donde arriban los migrantes después de cruzar la línea que divide los países.

Sálvese quien pueda

Solo hay una carretera pavimentada para llegar hasta allá y es la mejor opción después de pasar la frontera porque Pacaraima, el pueblo que queda en la línea divisoria, no tiene más de diez calles, allí no hay comercio o bancos para conseguir dinero en efectivo y para buscar comida. Solo hay una panadería. Llegar a Boa Vista es sinónimo de esperanza. En ese municipio, que alcanzó a tener el 10% de su población extranjera, hay 13 centros de abrigo con más de 6.000 migrantes.

No todos cuentan con la suerte de llegar a esos albergues. En las cuentas de Cajazeiro puede haber unos 2 mil migrantes en la calle y otros 25 mil viviendo en situación precaria. “Los que están en las calles necesitan abrigo. Otros salud porque vienen de condiciones muy pobres. Llegan madres que nunca han llevado a sus hijos al médico”. Ella intenta ser la ilusión en ese nuevo comienzo.

La travesía de esos más de 74 mil venezolanos que están en el país comenzó en Barquisimeto, estado Lara; San Cristóbal, estado Táchira, la misma Caracas o cualquier otro rincón. Aunque Brasil ocupa el séptimo lugar entre los que tienen mayor número de migrantes, junto a Colombia y la Guyana Francesa son los únicos que comparten una frontera terrestre.

En el territorio nacional, según Migración Colombia, hay 1,4 millones de migrantes. Les siguen Perú (466 mil), Chile (325 mil), Argentina (165 mil) y Ecuador (107 mil) de acuerdo con datos de Acnur.

Esa área tiene casi 2.200 kilómetros de distancia y está plegada de zonas boscosas de la Amazonia. Por eso el único paso terrestre es el que conduce de Santa Elena de Uairén (Venezuela) a Pacaraima. Todo lo demás es verde. Colombia, en contraste, cuenta con un área compartida de la misma longitud, pero tiene siete pasos fronterizos: seis terrestres y uno fluvial. Por eso la esperanza de llegar a Brasil se reduce a solo una carretera.

Un desconocido en el cuarto

Carolina Quevedo contiene el aliento cuando se le pregunta por su camino hasta Brasilia. Salió de Barquisimeto, a 182 kilómetros del paso Paraguachón, que conecta con Colombia. Pero tomó el camino largo, de 547 kilómetros, hasta Pacaraima porque “Brasil es un mejor destino: hay menos xenofobia y regularizar la situación es más sencillo”.

Llegar es un vaho de esperanza, recorrer los últimos kilómetros de Venezuela, una odisea. En esa carretera hay retenes de la Guardia Nacional que requisan a los venezolanos y les quitan su dinero, hombres armados, robos, historias de violaciones y poblados donde “hay otra ley”, la de los colectivos y los grupos armados. A unos metros para dejar el país, el bus se detiene y ella camina quince minutos.

Cuando una persona cruza el paso fronterizo de la Policía Federal el Gobierno y la Acnur estudian su perfil. A las mujeres, familias con niños y ancianos las priorizan para enviarlas a albergues transitorios. Era 28 de septiembre de 2018 y Carolina consiguió una posada con otras mujeres.

Se contaban sus historias de la travesía, del dolor de dejar su país y la esperanza de llegar a tierra nueva. Un día, en medio de esa conversaciones, quedó pávida cuando una de sus compañeras le contó que fue violada antes de cruzar la línea, en esa tierra de nadie que es Santa Elena de Uairén y las Claritas.

Noches después un hombre entraría a su carpa mientras estaba en un albergue de Boa Vista. Salió, no quería estar encerrada con un desconocido, pero cuando los militares que hacían guardia la vieron fuera le ordenaron regresar al toldo que hacía las veces de su habitación. Y ahí estaba él, el compañero inesperado que auguraba quedarse esa noche con ella. No la tocó, pero amenazó con cortarle la cara si lo delataba.

Con la selva en el camino

Una vía de más de 700 kilómetros separa a Boa Vista de la otra área urbana cercana, Manaos, Estado Amazonas. Después están la selva, territorios inhóspitos y un largo camino por tierra. Pero en Brasil hay una senda que hace más fácil ese trayecto y es que el Gobierno tiene un programa de interiorización. Cuando un migrante llega a uno de esos albergues y estudian su perfil, lo enlistan para mandarlo a una ciudad del interior.

Alberto Palombo llegó a Brasil antes de que su Venezuela se desmoronara. Comenzó la crisis migratoria y él sus viajes periódicos a la frontera para ayudar a los migrantes. Roraima es uno de esos Estados que todos los brasileños saben que está en el mapa, pero que muy pocos eligen como destino. Hasta allí llegó Palombo y conoció historias de algunos que “de aventón” llegaron al interior.

“Es bosque tropical húmedo, la selva amazónica. Manaos está a las orillas del río Amazonas y para llegar allí es un verdadero desafío”, dice. Ese mismo aventón es el que utilizan los migrantes en tránsito (caminantes) en Colombia, paso a paso, de parada en parada y con la suerte de que un vehículo los acerque hasta la ciudad más cercana.

Sin embargo, unos 12.048 migrantes fueron afortunados y entraron en los programas de interiorización hasta julio de este año. Así, apareció un destino en ciudades del interior, principalmente en São Paulo, Dourados y Curitiba, donde fueron enviadas a otros abrigo. Un 13 % tuvo una proyección laboral, según los datos del proyecto Pátria Amada.

Alejandra Rodríguez salió con sus tres hijos desde San Cristóbal, a metros de Colombia. Viajó durante siete días de aventón, con emparedados de provisiones y su bebé en brazos. Ya está en Brasilia y no ha podido conseguir un trabajo bueno porque no domina el portugués, pero hay dos razones que la mantienen allá. “es uno de los pocos países que no ponen límites en cuanto a la documentación” y la xenofobia es algo que aún los migrantes desconocen.

Esto es temporal

Francis Salazar es abogada mercantil y madre de dos hijos. Tenía dos trabajos en Venezuela, pero tuvo que partir sola a esa ruta del silencio. Como Carolina, se le helaba la piel al escuchar las historias de sus compañeras de albergue, un terror que ahora, desde São Paulo, recuerda: “Estuve donde estuvieron, pase por donde ellas pasaron. Pude haber sido yo. Estaban todas las circunstancias dadas para que fuera yo”.

No lo fue. Suerte del destino o una bendición divina, fue privilegiada de las jornadas de empleo. Allí no solo le enseñaron portugués, sino que la contactaron con empresas que buscaban trabajadoras con un perfil como el suyo y fue así como terminó trabajando de administradora en una de las ciudades más importantes del país y entendió que esa frase que se repitió durante su travesía se hizo realidad: “Esto es temporal”.

Temporal, estar en una Venezuela en crisis. Temporal, esos días de tránsito de un lugar a otro, los albergues de la incertidumbre y el silencio de cruzar sola la línea que divide un país con una economía agonizante de otro que aún se sostiene. Pero para otros de los suyos, venezolanos que huyeron de la crisis, esa fase se mantiene como una borrasca que no cesa en sus intentos de buscar suerte en tierra ajena .

Juliana Gil

Origen: Lanaciónweb.com

La lucha de las iraníes por la libertad

Tres iraníes presas en la célebre prisión teheraní de Qarchak acaban de ser sentenciadas a lo que podrían ser más de 10 años de prisión. ¿Su crimen? No llevar el velo y, por tanto, desafiar el código islámico de vestimenta que rige en el país. En la imagen, una policía iraní (izquierda) advierte a una mujer por su pelo descubierto y la ropa que lleva durante una redada para hacer cumplir el código de vestimenta del régimen. Teherán, 22 de abril de 2017. (Foto: Majid Saeedi/Getty Images)

por Uzay Bulut

Tres iraníes presas en la célebre prisión teheraní de Qarchak acaban de ser sentenciadas a lo que podrían ser más de 10 años de prisión. ¿Su crimen? No llevar el velo y, por tanto, desafiar el código islámico de vestimenta que rige en el país.

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Origen: Gatestoneinstitute.org

Asediada por el comunismo en China huye con sus tres pequeños pero queda varada en Indonesia

Ma Xiaoqin, Liu Kai y sus tres hijos en Indonesia. (Cortesía de Ma Xiaoqin)

POR JENNIFER ZENG

“Mis mellizos nacieron en Hong Kong en 2007, y por eso tienen residencia permanente ¿quién podría imagina que durante años no hayan recibido educación normal en tiempos de paz?” le pregunta al mundo en 2019 Ma Xiaoqin, una madre de tres. Su hijo mayor, de 18 años, no ha asistido a la escuela desde que tiene 12.

‘Hong Kong salvó mis mellizos’

En 2006 Ma Xiaoqin tenía 39 años y vivía en Shenzhen, China, con un hijo de 5 años. Fue entonces cuando se enteró que estaba embarazada. Como China aún tiene la política de “una familia, un hijo”, pensó que sería forzada a abortar.

Sin embargo, su esposo, Liu Kai, se opuso a la idea, ya que el aborto va contra los principios de su práctica de Falun Dafa (también conocido como Falun Gong), la cual explícitamente dice que el aborto equivale a matar, y matar está estrictamente prohibido para los practicantes de Falun Dafa.

Por suerte, Ma tenía un amigo que se había casado con un residente de Hong Kong. Su amigo sugirió que Ma fuera a Hong Kong para dar a luz ya que Hong Kong no tenía la política de único hijo y otorgaba residencia permanente a los nacidos allí.

Ma, feliz, siguió la sugerencia de su amigo, y se regocijó cuando se enteró que estaba embarazada de dos bebés—un niño y una niña.

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Origen:Lagranepoca

México: Detienen más de 4000 niños trabajando para el crimen organizado, pero se estima hay 460.000

POR JESÚS DE LEÓN

En un periodo de 12 años las autoridades y la fuerzas de seguridad en México detuvieron a 4350 menores de edad en operativos contra el crimen organizado, sin embargo, se estima que hay 460.000 en la misma situación.

De estas detenciones, de acuerdo con información obtenida por El Universal, la Policía Federal concentró más de 90% de las capturas de menores de 18 años, seguida de la Semar y la FGR.

Para expertos en temas de seguridad y defensores de derechos humanos, este hecho refleja cómo el crimen organizado ha absorbido a los niños y adolescentes del país, quienes están vulnerables ante la falta de oportunidades de educación y empleo.

Sin embargo, estos números están lejos de reflejar la realidad de este problema.

Activistas, familiares y madres de desaparecidos, marchan para exigir al gobierno mexicano respuestas sobre el paradero de sus seres queridos, como parte de la conmemoración del Día de la Madre en la Ciudad de México el 10 de mayo de 2018. México, un país asolado por la violencia de los cárteles del narcotráfico, registró 33.513 desaparecidos hasta 2017, según cifras oficiales. Foto de RONALDO SCHEMIDT/AFP/Getty Images.
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Origen: Lagranepoca

Abortos forzados y abusos sexuales: las numerosas violaciones a los DDHH a mujeres en Corea del Norte

“Yoon Su Ryun,” auna mujer que fue atacada sexualmente estando detenida en Corea del Norte por contrabando, y que luego escapó del país, observando a su hija y a su sobrina en un parque infantil en Corea del Sur, 28 de agosto de 2018. (©Human Rights Watch)

POR VENUS UPADHAYAYA

El mundo sigue en gran medida inconsciente del alcance de las muchas violaciones a los derechos humanos que enfrentan las mujeres norcoreanas. Muchas mujeres repatriadas de China son forzadas a hacerse abortos y los guardias exigen a las mujeres comerciantes sobornos en forma de actos o relaciones sexuales. Éstas son algunas de las varias formas generalizadas de abuso que sufren las norcoreanas, conforme algunos reportes recientes.

Oh Jung Hee, 40, una comerciante textil de la provincia de Ryanggang, vendía ropa en los puestos del mercado de la ciudad de Hyesan.

“Fui víctima muchas veces… Cuando ellos tenían ganas, los guardias del mercado o los oficiales de policía me pedían que los siga a una habitación vacía fuera del mercado, o a algún otro lugar que ellos elegían. ¿Qué podemos hacer? Nos consideran juguetes [sexuales]. Nosotras [las mujeres] estamos a merced de los hombres. Ahora las mujeres no pueden sobrevivir sin tener hombres con poder cerca de ellas”, contó Jung Hee a Human Rights Watch , quien dejó la nación comunista coreana en 2014.

En un reporte (pdf) titulado “Lloras por la noche pero no sabes por qué”, publicado en noviembre de 2018, Human Rights Watch reportó 54 casos de “Violencia sexual contra mujeres en Corea del Norte” contados por mujeres que dejaron el país en 2011.

Un oficial de policía controlando si una comerciante tiene material “antisocialista” escondido entre sus pertenencias. Los oficiales de policía allanan las pertenencias de las comerciantes mujeres, lo que puede ser el preludio para un cacheo. (Choi Seong Guk para Human Rights Watch)
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Origen: Lagranepoca

Las cientos de ‘princesas’ que huyen de Arabia Saudí: “Quieren casarme con un viejo”

Foto: Algunas chicas publican sus documentos para solicitar asilo

Algunas chicas publican sus documentos para solicitar asilo

A. ALAMILLOS

Se estima que cientos de jóvenes mujeres tratan de escapar de Arabia Saudí al año. Dua y Dalal son solo las últimas de una tendencia creciente

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Origen:elconfidencial.com