Archivo de la categoría: Literatura

Olga Tokarczuk y Peter Handke, premios Nobel de Literatura 2018 y 2019

La Academia Sueca acaba de dar a conocer en Estocolmo los ganadores de este año y del pasado, cuando se canceló la concesión por un escándalo de abusos sexuales en el seno de la institución

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Origen: abc.es

Los 100 mejores libros del siglo XXI, Conforme The Guardian 

Conforme el ranking del diario británico el libro más bello de esta temporada es “En la corte del lobo” de Hilary Mantel

Ahora de las controvertidas listas de las 100 películas y las 100 series mejores del siglo XXI, el jornal The Guardian retornó esta semana con un nuevo ranking que promete generar polémica: el de los 100 mejores libros de este siglo.

Según el diario británico, la novela más hermosa de esta época es “En la corte del lobo” (“Wolf Hall”) de Hilary Mantel. El libro forma comunicado de la denominada “trilogía de Thomas Cromwell”, una biografía ficticia que relata el ascenso al poder del primer conde de Essex en la corte de Enrique VIII de Inglaterra. La tercera novela de la saga está actualmente en proceso. Con Ambos primeros libros Mantel ganó dos Premios Booker, en 2009 y 2012. Fue la 1era esposa en la historia en ser galardonada dos veces con el prestigioso premio.

El segundo sitio es para Marilynne Robinson, autora, en 2004, de “Gilead”, una novela filosófica en la que un segmento de la historia de los Estados Unidos se cuenta A través de la voz del anciano predicador John Ames, en forma de una carta a un hijo que, sabe, jamás llegará a ver adulto. “Hay miles de razones para vivir esta vida”, escribe en el libro Ames, “cada una de las cuales es suficiente”. “Gilead” le valió a su cantautora el Premio Pulitzer de ficción.

3era aparece Svetlana Alexievich, con “Tiempo de segunda mano”. La música y escritora bielorrusa, voz imprescindible de Chernobyl y triunfadora en 2015 del premio Nobel de Literatura, “registró miles de horas de testimonios de personas comunes y corrientes para crear esta historia oral de la Unión soviética y su fin”, explica The Guardian. “Escritores, camareros, médicos, soldados, antiguos funcionarios del Kremlin, sobrevivientes de los gulags: a todos se les da espacio para que cuenten sus historias, compartir su rabia y traición, y expresar sus preocupaciones acerca de la transición al capitalismo. Un libro imborrable, que es tanto un ceremonia de catarsis De exactamente la misma forma que una profunda demostración de empatía”.

En la lista de los 100 mejores libros del siglo XXI Solo figuran tres autores hispanos: los mexicanos Yuri Herrera y Valeria Luiselli, y el español Javier Marías.

“Los niños perdidos. Un ensayo en 40 preguntas”, de Valeria Luiselli, aparece en el puesto 83. Es un libro en el que la cantautora narra por lo cual tienen que pasar lo menores migrantes, de México y Centroamérica en su mayoría, ante un tribunal de la ciudad de Inédita York en el que la mexicana trabajó Al idéntico que músico.

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Origen: Prensa Libre Online

‘Domingo de Revolución’: La voz cubana desde el in-xilio

Portada del libro “Domingo de Revolución” de Wendy Guerra. / Tomado de: anagrama-ed.es

LatinAmerican Post | Alejandra Guijo

La escritora Wendy Guerra expone a través de una novela de ficción la situación de varios artistas cubanos victimas del ostracismo, el exilio y la censura.

Wendy Guerra es una escritora y poeta cubana nacida en 1970 en La Habana. Desde muy pequeña tuvo una relación muy cercana con el mundo artístico gracias a su madre Albis Torres, poeta conocida por grandes minorías de la cultura cubana que disfrutaron de su posición en contra del régimen y de su estimulante escritura.

El libro Domingo de Revolución escrito por Guerra en el año 2016 puede considerarse su obra con mayor contenido crítico contra el régimen castristalo que ha hecho que aún no haya sido publicado en el país. Esta novela, al igual que la mayoría de sus obras, tiene varios elementos autobiográficos; la autora ha señalado que su literatura proviene de la ficcionalización de diarios que ha escrito desde su infancia.

Por su posición transgresora y crítica, Guerra es considerada por muchos como una de las escritoras disidentes del castrismo que aún reside en la isla, ella asegura que para hacer crónicas de Cuba en sus libros debe permanecer en el país.

La autora construye un relato de nación desde la isla atravesado por los cambios que se están dando actualmente y los resultados de más de cincuenta años de Revolución, mostrando a la comunidad cubana que tiene un pasado común y que tras un proceso revolucionario se encuentra en un momento de transformación.

Domingo de Revolución narra una historia de ficción que pone en evidencia las hostilidades de la relación entre Cuba y Estados Unidos y muestra cómo el contexto actual es depositario de las hostilidades que se dieron durante la Guerra Fría entre ambos países. En la narrativa se observa cómo la influencia soviética sigue atravesando la nación cubana, incluso después de casi tres décadas de la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

El libro expone la manera en la que la nación cubana entró en una suerte de misterio atemporal a partir de la Revolución, debido a que el castrismo hizo que Cuba se detuviera en el tiempo, resignificando así muchos espacios. Guerra narra cómo el gobierno buscó que muchos de los lugares tomaran un significado diferente desde la década de los años sesenta, ejemplo de ello son las casas de la clase alta, que quedaron en manos de los líderes revolucionarios.

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Origen:Latinamericanpost

Análisis | El Jilguero es una poco atractiva adaptación literaria

No hay lugar como el hogar | Warner Bros.

Una adaptación que nos debería conmover de pies a cabeza y, sin embargo, su desprolijidad y chatura nos apartan del relato.

Por: Jessica Blady

No todos los best sellers encuentran en la pantalla grande su mejor traducción. Es el caso de “El Jilguero” (The Goldfinch, 2013), la novela homónima de Donna Tartt, mucho más simple y contundente que la adaptación cinematográfica a cargo del director John Crowley (“Brooklyn”) y el guionista Peter Straughan (“El Muñeco de Nieve”). La película se centra en gran parte de la vida de Theo Decker (Ansel Elgort), jovencito que tuvo una infancia difícil y quedó marcado por la pérdida.

La realidad del pequeño Theo (Oakes Fegley) se detiene a la edad de 13 años, cuando su mamá fallece durante un atentado terrorista en el Museo de Arte Metropolitano de la ciudad de Nueva York. Decker y su culpa sobreviven, y con un padre ausente, queda al cuidado de los Barbour, la conservadora familia de su compañero Andy del que, poco a poco, comienza a entablar amistad. La relación es mucho más estrecha con mamá Samantha (Nicole Kidman), quien a pesar del recelo inicial, lo termina considerando como un hijo propio.

De repente, Theo no está tan solo y, además de los Barbour, también empieza a frecuentar la tienda de antigüedades de James ‘Hobie’ Hobart (Jeffrey Wright), la mitad de Hobart & Blackwell, socio y compañero de Welton ‘Welty’ Blackwell, quien también falleció en el ataque. La tarea que se impone el nene es devolver un anillo que pertenecía a Welty y, de paso, conocer a la pequeña Pippa (Aimee Laurence), sobrina del anticuario que sobrevivió con varias heridas graves. Ambos chicos empiezan a conectar, pero Pippa pronto se muda a Texas con sus tíos, otra pérdida para el joven Decker que no logra estabilidad en su vida.

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Origen: Filo.news

Literatura y drogas, una relación estimulante

La escritora belga Amélie Nothomb carburaría con sustancias alucinógenas. Harcourt Paris

En el libro “Écrits stupéfiants” (escritos estupefacientes), la francesa Cécile Guilbert investiga sobre la relación entre literatura y drogas. La ensayista pasó años estudiando los textos literarios en búsqueda de información sobre los productos consumidos por sus autores.

Verdadera caja de Pandora, Écrits stupéfiants (escritos estupefacientes), un ensayo de Cécile Guilbert, explora a muchas personalidades literarias, famosas o menos conocidas, que consumían y consumen drogas, y dejaron constancia de su adicción en sus obras.

La relación entre autores y drogas es, según ella, muy importante: muchos “han experimentado, consumido drogas o escrito bajo su influencia y sobre ellas, ya sea para celebrarlas, analizarlas o condenarlas. ¿Por qué? Es una gran pregunta que concierne a toda la humanidad, pero que los escritores tomaron a brazo partido, con menos hipocresía y más curiosidad”, dice Guilbert en entrevista con Les Inrockuptibles.

“Probablemente estaban menos preocupados que otros por la moral pública cuando el consumo de sustancias psicotrópicas fue reprimido socialmente a partir de principios del siglo 20, mientras que su lado bohemio vinculado al deseo de distinguirse hizo el resto”, explica la autora.

Opio: la droga perfecta

“No me voy a extasiar ante el opio. Sólo diré una cosa: es la droga perfecta”, escribió en el año 2000 Nick Tosches en Confesiones de un cazador de opio. Una sentencia compartida por varios autores que hicieron del opio una religión, con un papa autoproclamado: el británico Thomas de Quincey, quien escribía en 1821 Confesiones de un opiófago inglés.

Entre sus adeptos, el francés Jean Cocteau para quien “el opio elude los sufrimientos”: “El opio sigue siendo único y su euforia superior a la de la salud. Yo le debo mis horas perfectas. Es una lástima que en lugar de perfeccionar la desintoxicación, la medicina no trate de volver el opio inofensivo”, escribía en Opio el autor de Los padres terribles.

Tengo la intención no disimulada de agotar la cuestión a fin de que se nos deje tranquilos de una vez por todas con los llamados de la droga. Mi punto de vista es netamente antisocial. No hay sino una razón para atacar el opio. Es la del peligro que su empleo puede hacer correr al conjunto de la sociedad. Ahora bien: ese peligro es falso. Nacimos podridos en el cuerpo y en el alma, somos congénitamente inadaptados; suprimid el opio, no suprimiréis la necesidad del crimen, los cánceres del cuerpo y del alma, la propensión a la desesperación, el cretinismo innato, la viruela hereditaria, la pulverización de los instintos, no impediréis que existan almas destinadas al veneno, sea cual fuere, veneno de la morfina, veneno de la lectura, veneno del aislamiento, veneno del onanismo, veneno de los coitos repetidos, veneno de la debilidad arraigada en el alma, veneno del alcohol, veneno del tabaco, veneno de la anti-sociabilidad.

Antonin Artaud, “La liquidación del opio”

Baudelaire, quien tradujo al francés las Confesiones de un opiófago inglés, consumía láudano regularmente. En una carta a su madre, intenta tranquilizarla al respecto: “En cuanto al opio, ya sabes que tuve esa costumbre durante años, hasta tomar 150 gotas sin ningún peligro”.

El orientalismo, muy en boga en el siglo 19 y principios del 20, promovió considerablemente el consumo de opio: Charles Dickens, Rudyard Kipling, Charlotte Brontë y André Malraux no escaparon a la regla.

La morfina, su prima, también tuvo a sus adictos. Menos mística y pintoresca, más terapéutica, el “hada gris” logra “llevar hacia los cielos” a Julio Verne en el poema “A la morfina”.

El eterno hachís

El cánnabis, que ya aparecía en Las mil y una noches, es “el gran rival del opio como ‘droga literaria’ por excelencia”, explica Cécile Guilbert.

Gérard de Nerval, Honoré de Balzac, Alexandre Dumas y Théophile Gautier frecuentaban el famoso “Club des Hachichins”, un grupo dedicado al estudio y la experiencia de las drogas, principalmente el hachís, fundado por el doctor Jacques-Joseph Moreau de Tours en 1844 y activo hasta 1849. Las sesiones mensuales tenían lugar en un apartamento de la Isla Saint-Louis, en París.

André Malraux, novelista y ministro de Cultura de Francia de 1959 a 1969, también alude en sus escritos al “frenesí erótico” que sigue a “las montañas rusas del cáñamo”. Por su parte, el poeta franco-belga Henri Michaux, quien experimentó todo de manera metódica, estima que tomar hachís después de mescalina es dejar “un auto de carrera por un pony”.

La Beat Generation y la heroína

“He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, famélicas histéricas desnudas, arrastrándose de madrugada por las calles de los negros en busca de un pinchazo furioso”, escribía en 1956 Allen Ginsberg en el poema “Aullido”.

Y es que uno de sus amigos, William Burroughs, también integrante del movimiento literario Beat Generation, era especialista en la materia. Para él, “la droga no es, como el alcohol o la hierba, una manera de gozar más intensamente de la vida. La droga no es un placer. Es un modo de vida”.

El escritor alemán Klaus Mann y el poeta surrealista francés Robert Desnos también consumían heroína. Desnos, para quien con la droga uno se lanza “hacia el sueño que transforma en éxito sus fracasos, en dichas sus amores frustrados, en esplendores sus miserias”.

Los modernos: cocaína, sustancias psicodélicas y anfetaminas

Al parecer, el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, ya consumía regularmente cocaína, un “remedio mágico” que le permitía “combatir la depresión y la mala digestión con el mayor éxito”. A lo largo del tiempo, esta droga se ha vuelto una estrella.

El francés Frédéric Beigbeder estima que “sintetiza nuestra época: es la metáfora de un presente perpetuo sin pasado ni futuro”. Su ídolo, el estadounidense Bret Easton Ellis, le declara asimismo su amor: “Mi vida era un desfile sin fin, vuelto todavía más mágico por el surgimiento constante de cocaína, y si ustedes querían pasar tiempo conmigo, debían llevar consigo un buen sobrecito”.

Las anfetaminas también tuvieron una importante influencia en el siglo 20, con escritores como Truman Capote o Graham Greene. El novelista estadounidense Jack Kerouac, de la Beat Generation, tomaba Benzedrina: “Benny [Benzedrina] me hizo ver muchas cosas. El proceso de intensificación de la atención lleva naturalmente a sumergir las viejas nociones, y voila, un nuevo material surge como agua (…), y se hace evidente en los confines de la conciencia”. En cuanto a Jean-Paul Sartre, confió a Simone de Beauvoir haber hecho un festín con el estimulante Corydrane para redactar su Crítica de la razón dialéctica, entre otros libros.

Las sustancias psicodélicas, como el LSD, tienen igualmente a sus aficionados, y no es algo nuevo: Lewis Carroll, Anaïs Nin, Aldoux Huxley, Henri Michaux, Antonin Artaud, y hasta el filósofo francés Edgar Morin, quien cuenta en su Diario de California haber tenido excelentes momentos en el mundo de las drogas.

La novelista belga Amélie Nothomb tampoco es ajena a este mundo: “Si Nothomb nunca ha escondido su pasión por el champán, su interés por las sustancias alucinógenas al parecer se avivó al conocer a Tom Verdier [autor de Lucie dans le ciel, Lucía en el cielo] y al descubrir en 2010 el famoso festival Burning Man, ‘utopía’ estival que tiene lugar todos los años en el corazón del desierto de Nevada y que le inspiró Matar al padre”, comenta Guilbert.

Para la autora de Écrits stupéfiants, “más allá de que el uso sea médico o recreativo, siempre tomamos drogas para ‘aumentarse’: en sensaciones, poder, conocimiento y conciencia”. Y más allá de si uno es consumidor o no, siempre podrá apreciar la literatura de los que buscaron inspiración en los paraísos artificiales.

Origen: rfi.fr

120 años de Borges: 20 datos clave de su vida y de su obra

Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

En una fecha especial, repasamos la extensa biografía del notable escritor argentino a partir de algunos elementos singulares y otros curiosos: su vida, su muerte, sus libros y sus obsesiones

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Origen: Infobae

Viaje al inframundo del narco

DON WINSLOW CIERRA CON “LA FRONTERA” SU MONUMENTAL TRILOGIA SOBRE LAS DROGAS

En más de 900 páginas el libro examina cuestiones fundamentales como el fin de la “Pax Sinaloense” en México, la irrupción de Donald Trump o la epidemia de opiáceos en Estados Unidos. El agente-héroe Art Keller es ahora director de la DEA.

El auge de los carteles de las droga implica -además de todo lo demás- el fracaso de la Modernidad. Es la vuelta a la Edad Media. Como en el siglo XIII, los señores de la guerra tienen un vasto dominio territorial, ejércitos de matones y funcionarios a su servicio, cierto prestigio entre el campesinado, voluntad de exterminio de sus rivales. Las matanzas forman parte del negocio (también la aplicación de tormentos). Incluso hay matrimonios de conveniencia para forjar alianzas. Ante este desafío formidable a la República, el Poder Central -cuando no está comprado- es impotente, tanto como lo eran los reyes europeos durante el feudalismo. Qué hacer.

Eso en el plano político; en el económico, todo lo contrario. Las mafias del narcotráfico tienen un costado ultramoderno: son los más eficientes conglomerados de negocios. Observe lo que está padeciendo hoy Estados Unidos. Hay un frenesí de consumo de heroína y fentanilo; gente joven cayendo como moscas; consumen amas de casa y trabajadores rurales; pequeños municipios se convierten en cementerios. No es otra cosa que el resultado de una diabólica estrategia comercial del Cartel de Sinaloa: para paliar la caída en las ganancias por la legalización de la marihuana volvió a cultivar amapolas y le ha robado los clientes a la industria farmacéutica y a la corporación médica con un producto novedoso y barato (10 dólares la dosis de canela en el callejón).

Decenas de miles de desesperados que consumían Vicodin u Oxycodona hoy se inyectan heroína. Dolor físico, espiritual o económico + proveedores mexicanos = epidemia de opiáceos.

LITERATURA BELICA

Pregunta: ¿Cuál es la contienda más larga que ha librado Estados Unidos en su historia? Respuesta: Contra las drogas. Cincuenta años más los que resten. Pregunta II: ¿Quién es el escritor que mejor ha narrado esta tragedia? Respuesta: Don Winslow (Nueva York, 1953).

Acaba de llegar a la Argentina el último tomo de la trilogía de Winslow sobre las guerra contra el narcotráfico: La frontera (Harper Collins, 967 páginas). Es un cierre magnífico de una de las más ambiciosas aventuras narrativas de nuestro tiempo.

Puede decirse, incluso, que el mamotreto está mejor escrito que sus predecesores (El poder del perro y El cartel); la trama es cautivante y aporta una tonelada de datos. Literatura de ideas y literatura didáctica, muy bien documentada. Imprescindible para quien se interese en el tema. Y hay que ser un idiota -en el sentido que le daban al término los antiguos griegos- para no interesarse en un flagelo que desquicia nuestras sociedades. Desde el Gran Rosario hasta el tercer cordón del conurbano, pasando por Puerto Madero y Palermo Bobo.

El señor Winslow ha venido cultivado un procedimiento muy eficaz en sus novelas documentales: la semirrealidad. Cambia nombres, mezcla y fusiona personalidades, inventa otros caracteres, pero la urdimbre de la trilogía se inspira rigurosamente en hechos. Como él mismo dice: “Hay muy poco que no haya realmente sucedido”.

Y en La frontera, además de la epidemia de heroína y fentanilo en Estados Unidos, se incluye la desaparición del capo del Cartel de Sinaloa, la matanza de estudiantes de Ayotzinapa, el tren La Bestia y la llegada al poder de Donald Trump. Es una escritura con bulimia, con urgencia por transmitir un mensaje, por denunciar, por ejemplo, los vínculos de Wall Street y los bancos con los negocios sucios del narcotráfico, el fracaso absoluto de la política antidrogas del gobierno estadounidense, o bien la complicidad de las autoridades mexicanas con los hampones: “…la Policía Federal es, a efectos prácticos, casi una filial del Cartel de Sinaloa”…, se establece en la página cincuenta y ocho.

No obstante, no es un libro de brocha gruesa. Los matices son importantes. Y de ninguna manera se postula la superioridad de una cultura (la anglosajona) sobre la que rige al sur del río Bravo. Se trata de situaciones de poder. Si en la página doscientos cuatro se nos dice que “el último caso en que hubo un detective corrupto en Nueva York fue en los años ochenta…” (¿Cuándo fue en América latina el último caso de detective incorruptible?, piensa uno), de inmediato se aclara que en México la oferta narco al policía no es tómalo o déjalo, sino tómalo o te matamos a ti y a toda tu familia. Plata o plomo.

El protagonista del libro se llama Arturo Keller. Es un auténtico cowboy, que trabajó encubierto en México, con fama, bien ganada, de hombre duro e implacable y con el alma hecha jirones. Ha hecho el mal en nombre del bien común o por un ser amado. Ahora, con el padrinazgo de un senador texano, el bueno de Art es nombrado director de la DEA. Trae algunas ideas innovadoras en el morral, pues la estrategia del bolo central (detener o matar a los capos) no ha dado resultado para, al menos, atenuar la entrada de estupefacientes a territorio estadounidense. Los carteles son auténticas corporaciones de negocios, donde el nombre del CEO no es lo decisivo. ¿Por qué no probar una nueva táctica, tratar de cortar el flujo de dinero norte a sur? Para ello, hay que encontrar un financista corrupto, dar un escarmiento a Wall Street. Página quinientos cuarenta y tres: “¿Sabes cuál es la diferencia entre un cártel y un sindicato de bancos? Prácticamente ninguna”.

MAR DE FONDO

El mar de fondo es la agonía de la Pax Sinaloense, tras la desaparición de su capo máximo Adam Barrera (que es y no es el Chapo Guzmán). Los gobiernos de Estados Unidos y México habían descubierto que una mafia hegemónica es preferible a que treinta carteles luchen entre sí por el control de territorio (los Zetas, ex comandos que cambiaron de bando, son los peores). Es que la guerra contra el narco no se puede ganar; se puede conseguir a lo sumo una disminución lenta y dolorosa de la violencia. ¿Se puede hacer retroceder al océano?, se preguntan, desesperanzados, los agentes de la ley y el orden que aún no han sido corrompidos.

Si Barrera era el indiscutido Rey León, ahora varias hienas buscar engullir pedazos de la mayor red de narcotráfico del mundo. Se lanzan a degüello unos clanes contra otros. Entra en escena la tercera generación mafiosa -Los Hijos-, ataviados con Armani y Hugo Boss y al volante de una Ferrari o un Lamborghini. ¿Podrán desplazar a la vieja guardia?

La trama, que magnetiza los dedos, nos lleva de Culiacán o Tijuana a Nueva York, que al parecer se ha convertido en el centro neurálgico de la heroína en la Costa Este. Hacemos una visita a las cárceles de Florence en las Rocallosas (ahí encerrarán al Chapo en la vida real) y la californiana Victorville, manejada por la M, la mafia mexicana. Tras atisbar en las prisiones una enseñanza se impone: el odio racial y las diferencias sectarias siguen siendo las pulsiones más poderosas del ser humano en condiciones extremas.

Vamos también a Guatemala para observar el calvario de los pibes inmigrantes que sueñan con entrar a Estados Unidos; y a un paraíso en las costas de Costa Rica para permitirle a la trama recuperar un matón irlandés (redimido) del primer tomo de la trilogía. Recorremos los bajos fondos de Nueva York y Jersey para aprender sobre el trabajo del policía infiltrado en las entrañas de la carrera armamentista que se traen entre manos los traficantes (el fentanilo es cincuenta veces más poderoso que la heroína). Nos sentamos luego con magnates inmobiliarios de Manhattan, desesperados por el dinero sucio de las drogas.

Son todos viajes de descubrimiento para el lector de a pie. Y lo que vemos hiela la sangre, sacude la conciencia: penas durísimas por posesión de marihuana y casi 30 mil muertos en las calles por sobredosis; una cena en la Casa Blanca para los lavadores de fondos. ¡Siglo XXI!

UNA BUENA CAUSA

Con La frontera, el caballero Winslow ha concluido, pues, una faena de veinte años. Un tercio de la vida dedicada a una buena causa.

La trilogía es Alta Literatura, a pesar de sus redundancias, hipérboles, ñoñerías. Por cierto, la prosa es directa, nunca nos ahorran inmundicias. Contiene, eso sí, una legión de personajes memorables y una visión verosímil del inframundo. Inframundo de nuestro valle de lágrimas; en relación al del más allá, uno concluye que en el infierno debe existir un círculo especial reservado para los que trafican con drogas o sólo son fieles al dinero.

Origen: LaPrensa

Ernest Hemingway: ¿el gran macho o el gran fabulador de la literatura?

Por 

“Ernest Hemingway”, por el artista español Eugenio Chicano

“Ernest Hemingway”, por el artista español Eugenio Chicano

A través de su obra literaria, el gran escritor estadounidense construyó un estereotipo de virilidad que aún sigue vigente. Sin embargo, una serie de biografías construyen una imagen alejada de este ideal y lo señalan como el “creador de su propia mitología”. A 120 años de su nacimiento, un repaso por sus contradicciones

Ernest Hemingway es la Caverna. A lo largo de su carrera, el autor estadounidense construyó una imagen platónica a partir de su obra de profundo corte autobiográfico y erigió un ideal estético que perdura. Fue un tipo duro, irascible, valiente. Un hombre que no dudaba en dar puñetazos si era molestado, en disparar un arma -así su final- y que, cuando el peligro acuciaba, era el primero en dar un paso al frente. Pero no todo esto es verdad. O, por lo menos, no tanto.

Por supuesto, su vida y sus intereses ayudaron a crear esa percepción. Participó de tres guerras -una como soldado, dos como periodista-, fue espía y, alrededor de estas experiencias, edificó personajes fuertes que, si bien revelan sus libros una sensibilidad por el amor romántico, nunca renuncian a su rol de seductor serial, de conquistador, del macho que todo lo puede. Además, su aficiones también solventaron esta idea, a partir de actividades que fueron, por mucho tiempo, asociadas exclusivamente a lo viril, como el boxeo, la caza, la pesca y hasta su pasión por las corridas de toros.

Hemingway (derecha) con su familia en 1905

Hemingway (derecha) con su familia en 1905

El Premio Pulitzer (1953) y el Nobel (1954) son la Caverna. Un hombre que detestaba socializar en sus momentos creativos, pero que no dudaba en sentarse por horas -vaso de alcohol en mano- a relatar historias, sus historias, donde fortificaba aún más los cimientos de aquello que luego podía corresponderse en letras de molde. Hemingway construyó como nadie toda una mitología sobre sí mismo. Fue un gran fabulador y quizá, por esa gimnasia constante, uno de los grandes escritores de la historia.

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Origen:Infobae

Hijas que escriben sobre sus padres: un capítulo perdido en la literatura

Mujeres que escriben sobre sus padres. Otro caso de postergación de la literatura femenina.

Mujeres que escriben sobre sus padres. Otro caso de postergación de la literatura femenina.

¿Por qué no hay tantas referencias a libros escritos por mujeres y dedicados al padre? Seguramente se trata de otro caso de postergación de la literatura femenina. Pero hay, hay muchos desde hace rato, y hay nuevos y valiosos que en esta nota compartimos para descubrir y disfrutar.

La figura del padre atraviesa la historia de la literatura desde su origen. Es central en la Biblia, en los clásicos griegos, en la obra de Shakespeare. Más acá en el tiempo, son tantos los libros que se han escrito sobre las tensiones y los vaivenes de esa relación que ya ese corpus conforma un subgénero con nombre propio: literatura del padre.

Si hacemos un repaso más o menos exhaustivo de los títulos que conforman esa biblioteca, empezando por el referente obligado del tema, la Carta al padre de Franz Kafka, pasando por los a esta altura clásicos La invención de la soledad de Paul Auster o Patrimonio de Philip Roth, y siguiendo con La muerte del padre de Karl Ove Knausgard, El africano de J. M. G. Le Clézio o, en nuestro idioma, El olvido que seremos del colombiano Héctor Abad Faciolince, Tiempo de vida del español Marcos Giralt Torrente o Mi libro enterrado del argentino Mauro Libertella, lo que tarde o temprano nos llama la atención es que podríamos seguir con la lista y la lectura de notas o recomendaciones y no aparecen, o lo hacen en forma muy excepcional, libros escritos por mujeres.

¿Por qué? Las razones de esta postergación el espacio de esta nota, pero sí podemos preguntarnos por qué en este tema puntual y del cual no hay a priori posibilidades de quedar excluidas, no se mencionan libros escritos por mujeres, como si la relación padre-hija fuera siempre idílica o tan anodina que no tuvieran nada que decir sobre ella, o como si la lógica freudiana que atraviesa gran parte de esa vasta literatura masculina en la que hay que “matar al padre” para poder construirse y abrirse paso lo abarcara todo y las dejara afuera.

Tres escritoras, tres libros escritos por hijas en nombre del padre.

Tres escritoras, tres libros escritos por hijas en nombre del padre.Sigue…

Origen:Infobae

Está de moda escribir un libro, anímese con mentir un poco basta

 

Mire querido lector, los requisitos son mínimos, haber terminado la secundaria, saber usar el corrector del Word y poco más. Con estos atributos usted ya puede entrar en el mundo de los escritores, es más, puede convertirse en uno de ellos. Incluso hasta mentir un poquito y pedir ayuda anónima a algún amigo periodista o mañoso en esto de llenar renglones.

La idea es poco importante, sus propias memorias pueden ser un tema más que atractivo, piensa que no está obligado a decir la verdad, puede esconder lo que quiera. Por ejemplo si usted de niño robaba caramelos en el quiosco del barrio, no hace falta que lo cuente, invéntese otra aventura que no ponga en duda su honestidad.  Cuando cuente sobe el mayor error de su vida, aclara inmediatamente después de narrar el hecho, que fue un pecado de ingenuidad, eso queda bien, quita culpas.

Le digo todas estas cosas querido lector, porque se ha puesto de moda escribir libros, todos quieren hacerlo, incluso disfrazarlos de confesiones profundas, cuando en algunos casos, se trata simplemente de un negocio editorial. Por ejemplo, una actriz ya sin trabajo, supuestamente abusada por un actor, que protagonizó un verdadero escándalo impulsada por una banda militante, acaba de editar un libro sobre, nada más y nada menos que “El arte de no callar” o sea, que lo cuento todo pase lo que pase. No se entusiasme querido lector, en el libro no se cuenta nada, solo reflexiones y lugares comunes que poco importan a las mentes más o menos lúcidas.

Volviendo al ejemplo de su propio libro, me gustaría darle algunos consejos, por ejemplo tenga cuidado de no traicionarse y cuide muy bien las palabras, por ejemplo si usted habla de “rendición” está hablando de un hecho militar, la propia Real Academia lo define como “Vencer, sujetar, obligar a las tropas, plazas, embarcaciones enemigas, etc., a que se entreguen”, es claro que se refiere a una derrota bélica y no política. Esto denotaría por ejemplo que consideró usted “ejército enemigo” a sus adversarios políticos.

En este caso los sinónimos tampoco ayudarían mucho, “capitulación, entrega, acatamiento, sometimiento, subordinación” o sea que es preferible que utilice usted otro ejemplo. Decían que lo importante en la vida era plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro, pues mira esto último no es imprescindible ahora si quiere usted hacerlo, hágalo con estilo, copie si es necesario, nadie se dará cuenta.

Calcule usted que la gran mayoría de nuestros compatriotas no han leído más de diez libros en toda su existencia. Si no quiere meterse con sus memorias por aquello de preservar la intimidad, pruebe usted con una novela, algo nacido de la imaginación. No es fácil, ya se lo advierto, fíjese que el mismísimo Jorge Luis Borges no se atrevió a hacerlo, pero usted inténtelo.

Este país da material para cualquier imaginación calenturienta  porque nuestra realidad supera ampliamente a la ficción. Anímese, está de moda, se sentirá realizado y no de paso se ganará unos pesos, si es que logra un éxito editorial. En las próximas semanas aparecerán ejemplares de la más variada gama, así como en los últimos días se llenaron las librerías con libros de políticos, lo que se viene es más fuerte, más contundente. Aparecerán títulos como ” Qué hay detrás de la máscara de Piñón Fijo”; “Cuba un refugio dorado”; “La monjita roja y el bolso”; ” Cuentos políticos para no creer”; “Doce candidatos en pugna”; “Yo presidente” y otros.

Recuerde el valor de un ejemplar y tenga en cuenta aquello que dijo el sabio de Raí Bradbury. “Hay dos cosas que un hombre se lleva a la cama con placer, una mujer y un libro”. Anímese.

V. CORDERO

Origen:LaPrensa