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A 40 años del éxodo del Mariel

Por Marcos Nelson Suárez

El horizonte se me pierde poco a poco tragado por las aguas y por el atardecer salitrero y por mi vista húmeda, no ya tanto de las salpicaduras marinas o el humo de la embarcación, sino por ese dolor que aprisiona el pecho y muerde el alma. No era esto lo que yo esperaba hace unos 4 días, cuando me despertaron los toques a la puerta y tres uniformados de verde olivo reestrenaron un poder despectivo al preguntarme si me quería ir del país.
Las ganas de huir, acumuladas durante muchos años de sentirme despreciado, se habían acumulado como el vapor en una olla cerrada. Fueron años de susurros entre amigos haciendo resbalar ideas locas que iban desde el robo de una lancha en la playa hasta la construcción de un globo aerostático -a pesar de mis escasos conocimientos de física-.Días, semanas, años atrás, me dejé llevar por lo que al final yo mismo calificaba de pajas mentales, los sueños de ir hacia el Norte, la Tierra Prometida, lejos de vigilancias, discursos, lemas. La tierra donde las pesadillas de hoy podían ser convertidas en sueños. Nunca imaginé el dolor de la partida real. De ver aquella tierra desvanecerse como si un monstruo marino la tragara relamiéndose de gusto y con ella un pedazo importante de mi vida.
No dejaba muy buenos recuerdos. De hecho, los recuerdos eran amargos, secos. Una juventud desperdiciada desde que me arrestaron a los 16 años cuando aún estudiaba. Fuí calificado de contrarrevolucionario. Más tarde, cuando el Mariel se convirtió en la puerta de escape de más de 125,000 cubanos, al epíteto se agregó el de escoria. Allá en Villa Maristas, antigua sede de Jesuitas convertida en cárcel de interrogatorios, los guardianes de la revolución me interrogaban a diario, buscando pruebas de contactos con la CIA o el imperialismo yanqui, y sellando al final, de un carpetazo, mi futuro en el país. Aquella visita a la Seguridad del Estado me marcó para siempre. En el alma y ante los ojos de toda la nación.
Los rechazos fueron constantes. Quedaba el expediente secreto más que divulgado, en escuelas, centros de trabajo y hasta en el ejército al que me llevaron un día vistiéndome con un uniforme doble mi talla. Al final ni allí me quisieron. Era un enemigo del pueblo y fui a tener adónde se juntaba a los indeseables. Santeros, homosexuales, pensadores, artistas… toda una generación de jóvenes lanzados por la borda y que sólo seríamos para trabajos en la agricultura, mientras cada noche, sargentos políticos semi analfabetos cacareaban las obras de la revolución en vanos intentos de convertirnos en “revolucionarios” arrepentidos de nuestras culpas, pero igual con la mancha de indeseables.
No, no eran agradables los recuerdos de mi Patria, que se agolpaban en algún rincón del cerebro mientras observaba el infierno de mi país quedarse atrás al tiempo que avanzaba hacia lo desconocido, rodeado de desconocidos.
Mezclada con la amargura, sentí rabia. Rabia hacia mi propio pueblo. Mi vecino. El maestro. El vigilante del comité. Los cubanos. Hacia mí mismo. Todos éramos culpables de esta huída. Fuí, fuimos cobardes, cómplices, participantes, protagonistas.
Rabia contra aquellos que en contubernio despreciable se lanzaron a las calles a golpear a quienes se iban. Aquellos que se agruparon en las calles para verme, vernos, pasar camino al puerto, y nos lanzaban huevos, o tomates y nos gritaban “escoria”. Aquellos que no tuvieron la verguenza de callarse ante las lágrimas silenciosas de mi madre, cuyos ojos por un instante pude ver, en medio de la gritería de la turba.
Y sí. Allí en esa tierra que desaparecía desde la embarcación desconocida que me llevaba a los estados Unidos, quedaba mi madre, una hija que prácticamente había visto sólo unas cuantas veces debido a los dos años de prisión a que me condenaron en 1978, sólo dos años antes de esta huída y una mujer a la cual había querido desesperadamente.
Quedaba la sensación -ridícula, pienso hoy- de la Patria. Con la huída dejaba de ser parte por derecho propio, para refugiarme en una libertad prestada, de extrañas resonancias idiomáticas y siempre con la sensación de ser sólo huésped.
Transcurrió quizás una hora hasta que finalmente la costa cubana desapareció totalmente. Sólo entonces presté atención a los cuerpos maltrechos, malolientes de extraños que me rodeaban, apretados todos por la falta de espacio. Con muestras de un júbilo nervioso algunos, serios otros, y, sin embargo, con aires de esperanza flotando entre las miradas.
Cuando finalmente arribamos a Key West -en una lancha de los guardacostas de Estados Unidos, ya que nuestra embarcación encalló antes de llegar, la generosidad de mi nueva patria emergió sin recelos desde hombres y mujeres que nos tendieron una mano amiga tratando de hacer nuestra llegada lo más placentera posible.
Cuba, quedó atrás físicamente y, sin embargo, quizás a mi pesar, siempre la llevo conmigo, como una herida que nunca cicatriza.
Han pasado 40 años desde que salí de Cuba. A veces la nostalgia me abraza, en un abrazo frío, doloroso, en esta lucha diaria por ser de aquí o ser de allá o tratar de alguna forma equilibrar los sentimientos. He aprendido muchas cosas… los años no transcurren sin consecuencias, por supuesto. Al final, de lo que si estoy convencido es que, enfrentado con las mismas circunstancias, lo volvería a hacer, a pesar del dolor inmenso de ver a mi país desapareciendo entre las brumas, la espuma salitrera y mis ojos humedecidos.

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NOSTALGIA

VARELA BLOG

nostalgialo prohibido es morboso. ahora tengo ganas de ir al cine y no iba desde el 17 con mi hijo a la ultima mad max. tambien quiero meterme en una buena sinfonica, y ponerme de pie y aplaudir y gritar. despues entrar a una cafeteria congestionada de gente de esas que comes en la barra con el codo del de al lado metido en tu sopa. quien pudiera hoy hacer la ola en el estadio de un juego de pelota! el molote, lo que uno criticaba, es lo que es el mundo. nadie es una isla aparte aunque a veces pequemos de ermitaños. ya la internet aburre, hasta para ver mujeres desnudas. entonces hay que probar otra vez (como en nuestra niñez) el parchis, el monopolio, y aprender a tejer medias para los nietecitos. la vida enclaustrada es una mierda. claro que antes vivia enclaustrado pero era voluntariamente; cuando la…

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Una familia idílica construida sobre el adulterio: la fascinante historia de Joanne Woodward, mucho más que el filete de Paul Newman

Cuando él empezaba ella ya había recogido un Oscar; fue premiada en Cannes y la suya fue la primera estrella del Paseo de la Fama, pero prefirió dar un paso atrás y dejar que él fuese el astro más rutilante de la pareja. Este jueves cumple 90 años.

“¿Para qué buscar una hamburguesa si tengo un filete en casa?”. La célebre frase con la que Paul Newman trataba de explicar el éxito de su matrimonio ha pasado a ser un símbolo de romanticismo a pesar de su dudoso gusto y es una de las citas más repetidas a la hora de hablar del protagonista de El buscavidas, pero ¿quién era exactamente ese filete?

La loncha delgada de carne magra o de pescado limpio de raspas, según la RAE, era Joanne Woodward, galardonada con un Oscar de cuatro nominaciones, tres Globos de Oro, tres Emmy, un Bafta y un premio de interpretación en Cannes, y la estrella que tuvo el honor de inaugurar el Paseo de la Fama de Hollywood. A pesar de ello, la actriz que hoy cumple 90 años se ha colado en la historia del cine casi como una mera prueba de que un hombre –por guapo que sea– puede ser fiel.

Joanne Woodward siempre supo que quería ser actriz, algo que le venía dado desde el nombre. Su madre, cinéfila entregada, la llamó así por Joan Crawford –aunque su estrella favorita es Bette Davis– y cuando tenía nueve años la llevó hasta Alabama para asistir al estreno de Lo que el viento se llevó y la sentó en el regazo de Lawrence Olivier, de quien la pequeña se había enamorado platónicamente tras ver Cumbres Borrascosas.

Su madre se implicó activamente en la afición de Joanne que de la escuela de teatro de su Greanville natal pasó a la escuela de drama de la Universidad de Louisiana y de ahí a producciones teatrales de mayor fuste que la llevaron a Nueva York donde repartía su tiempo entre el Actors Studio y los despachos de agentes.

En uno de esos despachos se produjo el encuentro que cambiaría su vida y no fue con un autor teatral o un productor, fue con un muchacho que a primera visto le resultó disgusting. Así definió Woodward su primera impresión sobre Paul Newman en una divertida entrevista en Today. Agotada por el calor se refugió en la oficina de su agente y ahí se lo encontró. Mientras ella estaba sudorosa y cansada, él brillaba “como un anuncio de refresco helado”, enfundado en un traje mil rayas, con esos ojos azules que no tardarían en conquistar el mundo, un pelo frondoso y ni una gota de sudor. Más que caer fascinada, sintió rabia de aquella perfección que consideró irritante. “Eso es asqueroso”. Para ella, en aquel momento Newman era “solo una cara bonita”.

Él, sin embargo, se quedó embelesado: “Era moderna e independiente, mientras que yo era tímido y un poco conservador”. Así lo recoge Shawn Levy en Paul Newman: La biografía. Sobre todo ella era muy distinta a todas las mujeres que conocía, especialmente a la suya. Porque cuando se quedó prendado de aquella rubia de Georgia ya había una señora Newman, una que le esperaba en casa con sus dos hijos pequeños

Al contrario que Woodward, Newman nunca pensó en dedicarse en serio a la actuación. Tampoco tenía ningún otro objetivo claro, le habían expulsado de la universidad por un incidente relacionado con el abuso de alcohol y había permanecido tres años en el ejército. A la vuelta su presente y su futuro pasaban por hacerse cargo de la tienda de material deportivo de su familia en Ohio, pero el teatro universitario le había metido el gusanillo de la actuación en el cuerpo y quiso probar suerte antes de languidecer en el negocio familiar. Precisamente en una compañía de teatro local había conocido a Jackie Witte, rubia, alta y también con ínfulas de actriz. Ella tenía 19 años, cinco años menos que él, y todavía estaba en la universidad; jóvenes, guapos y sin demasiadas preocupaciones, se mudaron a Illinois para trabajar en una compañía teatral y se casaron.

Ambos sobrevivían alternando distintos trabajos con su pasión teatral hasta que llegó el primer bebé y Paul volvió al negocio familiar, mucho más estable que la vida en el vodevil. Pero ya había decidido su futuro y quiso darse una oportunidad más: metió a su familia en el coche y se fue a la Escuela de Teatro de Yale. Si no podría ser actor al menos podría ser profesor de teatro.

Alquilaron un piso y mientras ella cuidaba del pequeño Scott y realizaba trabajos puntuales como modelo, él compaginaba su búsqueda de papeles con la venta de enciclopedias puerta a puerta –seguro que pocas se cerraron en sus narices–. Otras puertas, esta vez las de Broadway, no tardaron en abrirse para él.

Una de sus primeras oportunidades llegó con Picnic, la historia de un forastero que pone patas arriba a una pequeña localidad sureña, especialmente a sus mujeres. El director no le vio las hechuras atléticas del galán protagonista Hal Carter y lo relegó a un papel menor, pero cuando el actor principal tuvo que abandonar la producción se quedó con el papel de sudoroso vagabundo de apabullante magnetismo sexual que hacía rendirse a todas las mujeres. También aquella rubia sureña que había conocido en la oficina de su agente y que ahora era una de las suplentes de la obra.

Cuando Joanne fue capaz de mirar más allá de su rostro de deidad griega vio que detrás de aquel tipo tan perfecto que le había resultado disgusting había un hombre franco y divertido y con la misma pasión que ella por la interpretación. La admiración era recíproca y cada vez querían pasar más tiempo juntos.

Tras Scott había llegado Susan y con dos hijos en casa Jackie había olvidado sus veleidades artísticas, pero para Paul eran el centro de su vida y cuando el telón bajaba quería continuar la fiesta con actores, escritores, directores y sobre todo, con Joannne. “Su naturaleza es tímida y retraída, mientras que la de Paul es gregaria. Le gustan las reuniones tardías de escritores y actores, como a Joanne. Paul y Joanne eran dos personas muy atractivas con un profundo interés mutuo y un evidente sentimiento de compañía. Pero rara vez veías allí a Jackie”, confesaba un amigo de la pareja al biógrafo de Newman.

Jackie sospechaba, Paul negaba y Joanne esperaba. Como la atriz recordaba años después: “Paul y yo éramos buenos amigos antes de ser amantes. Nos gustamos mucho. Podríamos hablar entre nosotros, podríamos decirnos cualquier cosa sin temor al ridículo o al rechazo. Había confianza.” Pero mientras su relación se consolidaba llegaba el tercer hijo de Paul y Jackie, Stephanie.

En un giro impredecible, Joanne se fue a vivir con el escritor Gore Vidal e incluso corrían rumores sobre un posible compromiso, algo que hizo que toda la comunidad artística alzase las cejas, ya que la homosexualidad de Vidal no era ningún secreto. Tampoco lo era para algunos que, aunque adoraba a Joanne, por quien el guionista de Ben-Hur sentía amor carnal era por Newman. Algunos lo interpretaron como una manera de presionar a Paul para que se divorciase de una vez –tal vez no era el hombre más adecuado para provocar los celos del actor–, pero anteriormente ya lo había hecho con compañeros de trabajo como Marlon Brando o el actor y guionista James Costigan.

A mediados de los años cincuenta la carrera de Newman avanzaba tan rápido como su libro de familia y cuando quiso darse cuenta estaba enseñando las pantorrillas en El cáliz de plata, un peplum para el olvido que consideraba la peor película de su carrera. No tuvo que esperar mucho para redimirse: un papel pensado para su compañero del Actors Studio James Dean acabó en sus manos. La muerte del rebelde sin causa había dejado pendientes un montón de proyectos que pretendían sacar rédito a su aire de joven desafiante y Newman podía ser su sucesor. Con su papel de boxeador Rocky Graziano en Marcado por el odio deslumbró a los que pensaban que sólo era una cara bonita. Los críticos empezaron a ver lo mismo que Joanne: tras aquel cuerpo cincelado había un actor al que tener en cuenta.

Mientras él se enfrentaba al papel más físico de su incipiente carrera, Joanne se decantaba por los papeles de carácter y tras llamar la atención en unos cuantas series de televisión recibió un contrato de cinco años por parte de la Fox (a pesar de que lo primero que su mandamás Daryl F. Zanuck dijo de ella fue “No tits, no talent, no looks, and no tail. (Sin tetas, sin talento, sin imagen y sin culo.)”. Allí acabó protagonizando junto a Robert Wagner Bésame antes de morir, la adaptación de la novela negra de Ira Levin. En ella Woodward interpretaba a una embarazada asesinada por su novio y la sola inclusión de la palabra “embarazo” en el trailer causó más ruido que la propia película, pero su extraordinaria interpretación no pasó desapercibida. Cuando Nunnally Johnson, guionista de Las uvas de la ira, quiso contar la historia real de una mujer con trastorno de personalidad múltiple surgieron los nombres de Judy Garland y Susan Hayward, pero el papel acabó en manos de Woodward.

La película fue un éxito y su interpretación le proporcionó su primera nominación al Oscar y marcó la senda que seguirían sus mejores papeles: mujeres complejas y personajes poco complacientes. Y en plena ebullición de su estrellato llegó la primera de las 13 películas en las que trabajaría con Paul, El largo y cálido verano. De nuevo les unía un sudoroso forastero que revoluciona a una familia, especialmente a su hija mayor, el papel interpretado por Woodward, esa clase de personaje aburrido, frío y racional que en la mayoría de las ficciones tiene como único objetivo darse cuenta de que todo lo que necesita en la vida es un buen meneo o el amor verdadero, pero también con meneo.

La tensión sexual entre ambos se percibió tanto por los espectadores como por sus compañeros. “Parecían tener una comprensión tan total el uno del otro”, declaró Angela Lansbury. Pero había algo más, había risas y complicidad. Ella mismo ha dicho: “”La sensualidad se debilita después de un tiempo y la belleza se desvanece, pero ¿estar casado con un hombre que te hace reír todos los días? Ah, eso sí que es un verdadero placer”. Hacer reír es importante, sí, pero seguro que tener ojos de lapislázuli y unos abdominales como las Rocosas ayuda bastante a que te encuentren gracioso.

A pesar de que su romance ya había trascendido al set de rodaje e incluso vivían juntos, Jackie no lo dejaba irse. Consideraba que tenía derecho a una parte de ese futuro prometedor que todos auguraban para Newman. Se habían casado menos de ocho años antes; tenía tres hijos menores de siete años y había rodado por un sinfín de pequeños puebluchos mientras su marido perseguía su sueño –y sus excesos con el alcohol cuando los sueños no se dejaban atrapar–. Ahora además él la engañaba, ¿tenía que dejarle irse de rositas?

Pero no era negociable, Paul no estaba teniendo una aventura, había encontrado al amor de su vida. “Eran muy jóvenes cuando se casaron”, declaró un amigo de Newman y Jackie. “Simplemente crecieron para ser dos personas diferentes”. Y así se decidió a irse, independientemente de cómo lo tomara Jackie, independientemente de lo que significara para los niños. Entre Paul y su hijo mayor Scott se abrió una brecha dolororosísima y su muerte por sobredosis en 1978 fue el mayor drama vivido por el actor.

Joanne, que era amiga de Jackie –vale, ya, quién lo diría–, no tenía ningún dominio de la situación, todo estaba en manos de Jackie, pero no podía dejar de verse como una rompehogares. ¿Qué habrían dicho de ella hoy TMZ y ese sanedrín abierto 24 horas que es Twitter? ¿Seguiría su historia pareciendo tan romántica y un ejemplo sa seuir? Es difícil saberlo.

Durante el rodaje de El largo y calido verano Paul y Joanne se comportaban como una pareja. Incluso se compraron una gran cama de matrimonio, tan ostentosa que Paul afirmaba que provenía de un burdel. Cuando trascendió que Joanne se había quedado embarazada, Jackie, incapaz de aguantar más humillaciones, cedió. Paul y Joanne se casaron en Las Vegas el 29 de marzo de 1958. Apenas dos meses después, él contempló arrobado como ella recibía el Oscar a la mejor actriz de manos de John Waynehabía derrotado a Liz Taylor, Lana Turner, Anna Magnani y Deborah Kerr. Palabas mayores.

Se convirtieron en la pareja de moda. Ella había hecho la interpretación del año y cuando en 1960 se inauguró el Paseo de la Fama la primera estrella fue la suya. Él mientras tanto ganaba en Cannes por su papel en El largo y cálido verano y rodaba La gata sobre el tejado de zinc poniendo en marcha una de las carreras más completas de la historia de Hollywood.

El mundo decidió enterrar el nombre de Jackie Witte y convirtió la historia de Newman y Woodward en el romance aspiracional para todas las parejas de actores de la meca del cine. Sbre un adulterio contruyeron una familia idílica. Joanne había perdido al bebé que probablemente engendraron en aquella cama comprada en Nueva Orleans, pero no tardó en quedarse embarazada de nuevo y prefirió dar un paso atrás en una trayectoria que parecía imparable. Tras un par de años dedicada a sus hijos su retorno tuvo un perfil bajo y encadenó una serie de fracasos que la hicieron replantearse su carrera. Al igual que había sucedido con Newman y Dean ella también había tenido que sustituir a un mito. En Rosas perdidas recogió el papel que había sido escrito para Marilyn Monroe, pero el resultado no fue el mismo que el de Paul, era difícl imaginar a dos mujeres más opuestas.

Fue el primer trabajo de Newman tras las cámaras el que la devolvió a la primera fila. Gracias a Raquel, Raquel, un drama psicológico en blanco y negro que narraba la historia de una maestra soltera con una madre dominante que se replantea su vida (“necesita un meneo” variedad arty), consiguió su segunda nominación al Oscar.

Despuntando como director y triunfando como actor, Newman se había situado ya en la cima de Hollywood y había formado junto a Robert Redford la pareja de oro de la industria. Pero pocos meses después de regalarle a Joanne uno de sus mejores papeles, el idílico mundo que había construido con ella estuvo a punto de venirse abajo. Durante el rodaje de la mítica Dos hombres y un destino mantuvo un romance con la periodista Nancy Bacon –lo que dio pie a bromas como que no le gustaban las hamburguesas, pero sí el bacon–. Según la propia Bacon que lo contó todo, el romance había durado más de un año, Robert Redford les había cubierto y la historia se terminó porque él estaba siempre borracho y no podía hacer el amor. No tuvo buenas palabras para Newman al que describió como “una canalla desconsiderado y alcohólico”– o sea, disgusting–. En contra de lo esperable, la familia al completo se fue de vacaciones y volvió con su amor renovado. “Ser la señora de Paul Newman tiene su lado bueno y su lado malo, y puesto que seguimos estando juntos, lo lógico es pensar que hay más bueno que malo”, declaró Woodward a la revista Good Housekeeping. Jackie Witte podría haberle dado un cursillo sobre eso.

La continuidad de su matrimonio tuvo un beneficio a corto plazo, su siguiente colaboración con Paul, otro de esos papeles descarnados en los que tanto se lucía, esta vez la madre patética y abusiva de El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas, le hizo ganar el premio de interpretación en Cannes y la volvió a poner en el mapa. Un par de años después llegaría su tercera nominación al Oscar por Deseos de verano, sueños de invierno y todavía reibiría una cuarta en los noventa, gracias a Mr. & Mrs. Bridge dirigida por James Ivory y la que volvería a formar pareja con Paul.

A finales de los setenta Woodward volvió a la televisión donde cosechó cuatro nominaciones a los Globos de Oro (ganó uno) y nueve a los Emmy (ganó tres) y poco a poco fue limitando su carrera cinematográfica a papeles de menor importancia, como la voz en off de La edad de la inocencia o un breve papel en Philadelphia. Todo ello sin descuidar su gran pasión, el teatro que nunca abandonó y donde interpreteó y dirigió. La última colaboración de Woodward con su esposo antes de que este falleciese en 2008 fue en la miniserie Empire Falls.

Tras casarse con Newman su carrera sufrió un parón del que nunca se recuperó, pero su vida sentimental sigue siendo un ejemplo, sobre todo para los que igrnoran la existencia de Jackie Witte y el abundante legado fotográfico que deja constancia de su ídilicia convivencia un lugar feliz donde refugiarse en los días sin esperanza. “Mi bisabuela me dijo una vez que nunca me casara con un hombre con quien no estuviera segura de poder desayunar todos los días durante 50 años”, le dijo a su biógrafo en Joanne Woodward: Her Life and Career y ella como buena mujer sureña sabía cómo honrar a sus antepasados. Y también cómo caer y volver a levantarse.

Origen: VanityFair

Cuba: Primer Pais de Latinoamerica en Tener Television.

Curiosidades de Cuba

Cuba fue el primer pais de latinoamerica en tener television y el segundo país del mundo después de USA en transmitir emisiones de televisión en colores. Ocurrió en 1958 y permitió a Cuba tener el tercer canal de TV a color de la historia del mundo.Cabe mencionar que tambien fueron los pioneros al transmitir la primera serie mundial de baseball en 1955 en vivo desde un avion.

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A 15 años de Cromañón: memorias de la noche en que la muerte se hizo joven

Con el pasar de los años, las zapatillas se convirtieron en el símbolo del pedido de justicia de los familiares y allegados a las víctimas de Cromañón (Télam)

Con el pasar de los años, las zapatillas se convirtieron en el símbolo del pedido de justicia de los familiares y allegados a las víctimas de Cromañón (Télam)

El 30 de diciembre de 2004 se produjo la catástrofe no natural más grave de la historia argentina. El promedio de edad de los 194 muertos fue de 22 años. Una sobreviviente, dos familiares, un fotógrafo y un médico compartieron con Infobae los recuerdos de un fin de año tan trágico como imborrable

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Origen: Infobae

El renacer de “La dolce vita”

Una rotunda reposición remasterizada en 4K, lustrada hasta en su banda sonora como una tacita de plata, advierte a los espectadores cinematográficos que “La dolce vita” (1960) revive y evoca el cambio de época y la sorprendente similitud con oficios que pueden volverse conflictivos.
“La dolce vita” le fue inspirada a Fellini por la moda de aquellos años. Los trajes sueltos de las mujeres le llamaban la atención porque ya no parecían “tan mujeres”.

Era 1958, cuando la producción italiana aumentaba y Fellini se incorporaba a los nombres de Rosellini o De Sica. También él era seguido por el público con “Los inútiles”, “La Strada”, “Las noches de Cabiria”. Acompañado por los futuros guionistas de “La dolce vita”, Pinelli y Flaiano, comenzaron a dar vida a la película del escándalo.

Hollis Alpert, el crítico del New Yorker, evoca la Via Veneto, entonces tan concurrida, y el Café París, recién inaugurado. Allí Fellini vio al ex rey de Egipto, Faruk, acompañado por una bella mujer tomando un agua mineral y, como animales de presa, un grupo de fotógrafos que se aproximaban, fogonazo tras fogonazo. El obeso ex monarca se paró violentamente y se cayó la mesa. Los fotógrafos se abalanzaron tirando flash tras flash. Y se armó el caos.

A Fellini le fascinó el hecho y la historia del filme que comentaría el mundo obtuvo un nuevo nombre, el del fotógrafo Secchiaroli, que se convertiría en amigo del director contándole sobre las intimidades de los fotógrafos que cubrían las notas con un notero al lado. Entonces Fellini, que escribía sobre el futuro protagonista de la película, el periodista Moraldo, luego bautizado Marcello, decidió acompañarlo por un fotógrafo. Y al fotógrafo, recordando una vieja nota, lo llamo Paparazzo. El término se popularizó en el mundo entero y todos los fotógrados pasaron a llamarse “paparazzi”.

OTROS NOMBRES
Casi nadie creía en la película que recaudaría millones. Dino de Laurentis, posible productor, se borró al tiempo y apareció Angelo Rizzoli, un potentado en el campo de las finanzas y las editoriales. Lo acompañó Giuseppe Amato. Hubo posibilidades de que el papel de Marcelo Mastroianni (el preferido de Fellini) fuera para Henry Fonda; el padre, Maurice Chevalier, y Maddalena, la millonaria, Silvana Mangano. Pero De Laurentis no fue productor y sus gustos se borraron.

Anita Ekberg, la bomba sueca de la impactante escena de la Fontana de Trevi (que se filmó de madrugada y con grados bajo cero), fue una elección de Fellini; como la pequeña rubiecita que lo llama, inocente y virginal, en el final. Un concurso para elegirla reunió a 5.000 aspirantes. Y la ingenua fue al final Valeria Ciangottini, hija de un amigo personal de Fellini.

El filme que con sus tomas cambió la manera de filmar fue votado por personalidades como George Simenon y Henry Miller en el Festival de Cannes (1960) y su director buscó inspiración para su célebre orgía en Pasolini, escritor e intelectual conocido, que lo defraudo diciendo que no le gustaban y no había participado en ninguna.

ANTES Y DESPUES
Los escándalos de la década del “60, incluso con amenazas de excomunión a los que vieran el filme, centuplicaron las recaudaciones de la película en el mundo. A la luz del siglo XXI son ingenuidades hoy sólo aptas para mayores de 13 años. La orgia famosa, pudorosamente filmada y escandalosamente criticada, hoy es casi una fiesta de niños. Los remedos de la vestimenta de Ekberg que recuerda la de un cardenal dan lugar no al escándalo que despertó en la época sino a una sonrisa.
Persiste sí, el fenómeno del periodista y su relación con los poderes. En las primeras escenas, Marcelo (Mastroianni) es advertido por un príncipe de que en su nota para el diario omita la presencia de una señora joven que lo acompaña porque la perjudicaría, y en las escenas finales una joven durante la fiesta a la que asisten en masa ricos y famosos lo censura porque en sus artículos da una visión poco recomendable de la aristocracia.

Y también se mantiene esa caótica comunión entre la realidad y la representación de la realidad por los medios, como en el caso de los niños milagrosos, chicos comunes convertidos por la credulidad y la ignorancia de sus vecinos, en objeto de veneración y transformados también en videntes por el tipo de prensa que busca el sensacionalismo y el rating.

Como final, “La dolce vita” sigue siendo atractiva. Continúa mostrando un gran actor como Mastroianni y las eternas dudas de intelectuales y no tanto ante la mejor manera de vivir. Esa eterna duda del ser humano entre el orden y la atracción del caos.
Pero la imagen final del monstruo como símbolo de lo desconocido y lo temible, y la llamada de la buena vida hacia un conflictuado Marcelo continúa impresionando al espectador.

Origen: LaPrensa

Reflexiones navideñas sobre los años pasados

 

Las vacaciones nos dan la oportunidad de regalarnos recuerdos preciosos y una conexión renovada. (JillWellington/Pixabay)

HISTORIAS INSPIRADORAS

La temporada de nieve y muérdago es realmente sobre los recuerdos en el tiempo con las personas

POR TATIANA DENNING

Ah, la Navidad. Es un tiempo de alegría y júbilo, luces y fiestas, familia y amigos. Es, como dicen, la época más maravillosa del año.

Crecí amando la Navidad. Mi mamá siempre se esforzó por hacer que la temporada navideña fuera divertida para nosotros los niños. Por supuesto, siempre parecía que la Navidad nunca llegaría, y la anticipación de todo era casi tan divertida como el día mismo.

Pero sí llegaba. Y era como magia.

En la época de las fiestas, todo lo imaginable estaba decorado, tanto dentro como fuera de la casa. Toda la decoración normal se guardaba, y en su lugar se ponían hermosos adornos navideños, desde el muérdago hasta el cascanueces y el Santa Claus. El exterior era igualmente impresionante, con luces que deslumbraban la vista, y encantadoras coronas de Navidad cubiertas con lazos de terciopelo rojo que adornaban las ventanas.

La temporada navideña siempre estuvo llena de ajetreo y bullicio. Casi se podía sentir la electricidad en el aire.

Siempre había mucho que hornear, y aunque nunca me encontraban en la cocina si podía evitarlo, siempre me gustaba ayudar con el horneado navideño. Creo que todos los niños lo hacíamos. Disfrutábamos amasando las galletas, o lamiendo el tazón de todo el glaseado que sobraba, al igual que lo hacíamos con las golosinas terminadas.

Luego estaban las reuniones navideñas. Los amigos de mis padres solían hacer fiestas, al igual que algunas organizaciones de la ciudad. Los niños estábamos felices de ir, donde podíamos jugar con nuestros amigos y quedarnos despiertos más allá de la hora de dormir. Nos vestíamos con nuestros mejores galas y llevábamos algo delicioso para compartir con todos, como muestra de gratitud por la hospitalidad.

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Origen: Lagranepoca

 

La increíble historia del tesoro de Gardel

Tras la muerte del Zorzal Criollo, todos sus bienes y pertenencias fueron pasando de mano en mano hasta terminar ocultos durante 50 años en la habitación de una quinta de Río Ceballos, Córdoba. Se trata de un legado de casi 5 mil objetos que hoy buscan un espacio para ser exhibidos.

El último año en la vida de Carlos Gardel fue intenso, agotador. El Zorzal no veía la hora de largar todo, descansar de tantos teatros y volcarse de lleno a lo que realmente lo apasionaba, el cine y la radio.
Acababa de filmar “El día que me quieras” y “Tango Bar” cuando emprendió su última gira por Latinoamérica: Puerto Rico, Antillas Menores y varias ciudades de Venezuela y Colombia. La fatalidad quiso que, a punto de embarcar hacia Panamá y Cuba, en uno de los descansos para cargar combustible, el 24 de junio de 1935, a las 15.10, un trágico choque de aviones en Medellín lo convirtiera en mito.
Ocho meses después, cuando finalmente pudieron repatriar su cadáver, una multitud le rindió honores como si fuera un funeral de Estado: su cuerpo fue velado en el Luna Park y miles de personas lo acompañaron por la calle Corrientes hasta la Chacarita.

Unos años antes, subido al frenesí del éxito, en algún momento Gardel intuyó su final. Tal vez por eso, el 7 de noviembre de 1933 hizo confeccionar un testamento en el que nombraba a su madre, Berthe Gardes, heredera universal de todos sus bienes y derechos.

“Tal vez después de una turbulencia o por la propia velocidad con que vivía, Gardel se iluminó y le pidió a su amigo Armando Defino -que era además el albacea de su testamento- que si algo le llegaba a pasar, cuidara a su madre. Por eso, Defino se encargó de ir a buscar su cuerpo a Colombia y de administrar su legado hasta la muerte de Berthe, ocho años después”, contó el presidente de la Fundación Internacional Carlos Gardel, Walter Santoro.

Tras la muerte de la madre del cantor, todos sus bienes pasaron, vía testamento, a Defino, quien, pocos meses después, en 1944, vendió la histórica casa de la calle Jean Jaures.
Aquí comienza el extraño recorrido de la herencia gardeliana: un acervo de 5.100 objetos personales del Zorzal Criollo que terminaron escondidos durante casi 50 años en una quinta de Río Ceballos, Córdoba.
“Esa vivienda pertenecía a la familia Cortada de Fortuny, muy amiga de los Defino, que la usaban como casa de vacaciones. Ese tesoro estuvo en una de las habitaciones durante más de medio siglo y la herencia fue pasando de mano en mano, siempre dentro de la misma familia”, expresó Santoro.

Cuando Defino murió en los 60, las pertenencia de Gardel quedaron a cargo de la esposa, Adela Blasco. “Ellos no tenían hijos, pero como guardaban una relación muy íntima con la familia Cortada de Fortuny, dejaron como única heredera de todos los bienes a la pequeña Nuria Eulalia, a quien nombraron en el testamento como “nuestra hija en el afecto”, explicó Santoro.

Armando Defino dejó escrito explícitamente en la cesión de derechos que Nuria, que tenía apenas 4 años cuando Berthe murió y no podía conocer la dimensión de ese legado, debía seguir “atendiendo, como lo hemos hecho siempre mi esposa y yo, el monumento y la bóveda en Chacarita, donde reposan los restos de mi querido e inolvidable Carlos Gardel y los de su señora madre Berthe Gardes”, expresó.

“El siguiente paso ocurrió en el año 2000, cuando, ya muy mayor, Nuria de Fortuny le cedió a sus hijas todos sus bienes. Sin embargo, como se hacía en las familias tradicionales, ellas no se animaron a tocar nada hasta su fallecimiento, en 2008. Recién ahí hallaron el legado gardeliano, cuando quisieron vender la casa de Córdoba”, explicó Santoro.

“Son las hijas de Nuria las que me legan a mí todos los objetos del Zorzal en agosto del año pasado -recordó Santoro-. Yo las había ido a ver dos años atrás, porque había dificultades con la bóveda de la Chacarita y quería ponerla en condiciones. Al conocer mi trabajo en la Fundación Industrias Culturales Argentinas y como eran dos mujeres mayores, decidieron pasarme, vía testamento, todos los objetos, con el fin de que se preserve la memoria de Gardel. Por eso creé la Fundación: hoy nada me pertenece, porque son patrimonio cultural de un organismo oficial”.

“Lo loco es que durante 80 años todas las pertenencias de Gardel estuvieron en un limbo patrimonial… De algún modo, al estar encerrada en esa pieza de Río Ceballos, se preservó de los coleccionistas y del desguace”, enfatizó Santoro.

“El gran problema, creo, fue que Armando Defino se negó a lucrar con Gardel y nunca quiso organizar su legado en una fundación. Sin embargo, al quedar encerrada en esa habitación, la herencia gardeliana pudo salvarse -sostuvo Santoro-. Al morir Berthe, Defino y su esposa se alejaron totalmente del mundo del tango. Les fueron tomando mucha bronca a los coleccionistas, porque los visitaban para robarles objetos. Tal vez por eso, decidieron “enterrar el tesoro” en Río Ceballos”.

Origen: LaPrensa

Mirá el homenaje de Google por los 80 años de “El Mago de oz”

En un nuevo aniversario, el buscador web decidió homenajearlo de una manera muy especial.

Se cumplen 80 años del estreno de la película “El Mago de Oz”, la cual llegó a las salas por primera vez el 25 de agosto de 1939. Dirigido por Victor Fleming, se convirtió en un clásico que traspasó generaciones y se instaló en la memoria popular.

En un nuevo aniversario, Google decidió homenajearlo de una manera muy especial. Se trata de que, cuando un usuario busca el título, aparecen unos zapatos rojos brillantes a su lado; al apretarlos, se escucha una voz que dice “No hay lugar como el hogar”.

Sigue…

Origen: Filo.news

MEMORIES

VARELA BLOG

pepe3

asi, brainstorming, escribo hoy… el area metropolitana de miami (miami, hilaeah, la playa, los gables, los cayos) tiene 6 millones de habitantes y es la septima area metropolitana de estados unidos detras de new york, los angeles, chicago, dallas, houston y washington. y ya por encima de otras urbes populosas como filadelfia, atlanta, boston, phoenix, san francisco y detroit. cuando llegue a miami hace 40 años, a medianoche entre semana una jicotea podia cruzar un expressway; hoy, si lo trata un conejo no llega a la mitad. me acuerdo tambien como me contaban los cubanos llegados en los 60s, que miami se acababa en la 57 avenida y despues, pantano. en el 80 era practicamente hasta la 87, despues reparticos, solares y construccion en esqueleto. estaban haciendo las casitas de carlos andres (el presidente de venezuela), el vecindario amurallado entre la 8 y flagger por la 87. la universidad estatal…

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