Archivo de la categoría: Sicologia

Cómo concentrarse en tiempos de desconcentración. 13 trucos para mejorar tu atención

Estamos muy conectados pero poco concentrados. ¿Es lo que toca? No te rindas, porque la capacidad de atención también se entrena

POR CARMEN LANCHARES

Concentrarse rápido y mejorar la atención en el trabajo hoy parece misión imposible. Si ya es difícil hacerlo en condiciones normales (los españoles pasamos, de media, más de cinco horas conectados a algún dispositivo), ahora, con más estímulos, el incesante bombardeo de noticias o el persistente ‘soniquete’, también más de lo habitual, de los WhatsApp reclamando un vistazo, poner el foco en una actividad es una tarea de titanes. El continuo asalto de pensamientos sobre la situación o el cambio en el patrón de actividades no hacen más que alimentar la dispersión. Y de los niños ya ni hablamos. Tenemos demasiados ladrones de tiempo e infinitas distracciones como para ser eficientes. Pero la concentración también se puede trabajar y mejorar, el psicólogo Jesús Paños, responsable de la Unidad de Psicología de la Salud en Blue HealthCare nos da diversas estrategias para reducir ese estado que los ingleses llaman tan acertadamente brain fog (niebla mental). Tú eliges.

#1. Aceptar la situación. Hay que tener una actitud positiva y considerar lo que está ocurriendo como algo transitorio que va a pasar. Es bueno tener un diálogo interno que nos ayude a enfrentarlo.

#2. Automotivarnos. Tener un lenguaje interior de ánimo, de decir ‘me pongo y soy capaz de realizar esta tarea aquí, aunque no esté en mi lugar habitual de trabajo’. Y pensar, incluso, que se le puede sacar algo provechoso a esto.

#3. Planificar y descansar. No marcarse una rutina, no tener un horario claro de comienzo y no saber hacer los descansos son tres grandes obstáculos. Cada 40 o 50 minutos de trabajo necesitaría un descanso, porque la curva de atención baja aproximadamente a los 40 minutos. Si eres de las que pueden mantener algo más el enfoque, también descansa. En este caso, puedes marcarte tu propio periodo de actividad.

#4.En los periodos de descanso haz un poco de ejercicio. Ayuda a la concentración, sobre todo si son de coordinación motora. Por ejemplo, coordinar movimientos de manos y piernas, levantarlas un poco, hacer la pata coja, movernos por la casa o hacer unas sentadillas.

#5. Estar bien hidratados. Es muy importante beber agua. Hay estudios que relacionan la buena hidratación con la capacidad de atención.

#6. Hacer ejercicios de respiración. Realizar, de vez en cuando, una respiración abdominal pausada nos permitirá relajarnos.

#7. Meditar. Si sabemos hacer algún ejercicio de meditación, intentar imaginarnos que hemos finalizado con éxito la tarea. También es bueno hacer un ensayo de imaginación sobre qué vamos a hacer después cuando terminemos de hacer el esfuerzo y recompensarse con alguna actividad agradable.

#8. Cambiar de actividad cuando llegue la hora de finalización que nos hemos marcado. Leer un rato, hacer pequeñas tareas manuales, escuchar música o jugar con algunos juegos de atención (hay app para diferentes formatos).

#9. Jugar con la novedad. Implicarnos con alguna actividad nueva o recordar momentos agradables que podemos recuperar cuando esto termine. Por ejemplo, revisar fotos de las últimas vacaciones o incluso a hacer planes diferentes.

#10. Cuidado con lo comes. Debes evitar tomar alimentos ricos en grasa antes hacer cualquier actividad que requiera una atención mantenida. Tampoco se recomiendan las bebidas energéticas.

#11.¿Tomar o no tomar (café)?, he ahí el dilema. El café (con azúcar) puede ayudar. Pero sin abusar. No es lo más recomendable aunque puntualmente puede dar un pequeño empujón y mejorar la concentración. Hay estudios que relacionan la cafeína y la teína con la capacidad de atención, tanto la atención mantenida como la selectiva, pero también han mostrado que ambas sustancias facilitan la concentración si llevan azúcar. “En los grupos de control, el que tomaba solo café, no mejoraba tanto sus tareas de ejecución ‘atencionales’, como el grupo en el que se combinaba la cafeína con azúcar. El motivo, explica Paños, es que el azúcar (que no es precisamente saludable) siempre da una activación, de unos 20 minutos, y que suele ser más motriz que de atención”. La combinación de esta con el café (o el té) facilita que se activen mejor los circuitos de la concentración. Y su efecto dura un par horas. Pero, aclara, “mejor no tomar esta estrategia por norma”.

#13. No tener miedo a estar preocupado. No hay que asustarse por tener que admitir en nosotros cierta incertidumbre. Pero una cosa es reconocer las situaciones y otra dejarse inundar por ellas. Hay también una relación directa entre las emociones y lo que pensamos. No debemos ‘autoboicotearnos’ con pensamientos negativos, porque a fuerza de repetirlos se provoca un exceso de preocupación y eso da pie a la aparición de estrés. La ansiedad en el fondo siempre surge cuando valoramos como amenaza una situación y no tenemos ninguna estrategia para poder enfrentarnos.

#14. Móvil sí, pero intenta dosificarlo. Mejor limitar el uso del smarthphone para oir nuestra playlist favorita y comunicarnos con los seres queridos que para estar picoteando indiscriminadamente sobre todo tipo de información o dar pábulo a todo lo que nos llega. Informarse, sí; ‘infoxicarse’, no.

Origen: vogue.es

La psiquiatría en el nacionalsocialismo

Una muestra señala la acción de médicos en la persecución a enfermos y minusválidos bajo el hitlerismo; se estima que más que 200.000 fueron asesinados en instituciones psiquiátricas

Con el título Registrados, perseguidos, aniquilados se realizará el viernes 6 de marzo, de 10 a 13, un simposio sobre Psiquiatría en el nacionalsocialismo en el Museo Judío de Buenos Aires, Libertad 769.

Allí podrá visitarse hasta ese día, de 10 a 18, una muestra sobre la actuación de médicos, enfermeras y otro personal sanitario en la persecución a enfermos y minusválidos que eran considerados por el régimen nacionalsocialista “una carga para la comunidad del pueblo alemán”. Se estima que desde 1934 unas 400.000 personas fueron esterilizadas contra su voluntad y más de 200.000 fueron asesinadas en hospitales e instituciones psiquiátricas.

Sobre Eutanasia nacionalsocialista hablará en el simposio el médico Fernando Palacios, especialista en terapia intensiva. A su vez, el constitucionalista Daniel Sabsay disertará sobre El revés del Derecho: Reflexiones sobre el entrecruzamiento entre la Bioética y el Derecho.

También expondrán la psiquiatra y psicoterapeuta Elena Levin, magister en Historia Política y Social, coordinadora del simposio; el rabino Simón Moguilevsky, director del Museo; la antropóloga cultural Bárbara Grunenfelder-Elliker; la historiadorda María Victoria Grillo y la curadora de la muestra Liliana Olmeda de Flugelman.

La exposición saca a luz lo investigado trabajosamente años después sobre el papel que jugaron psiquiatras, neurólogos, pediatras, enfermeras, administrativos en la esterilización y asesinato de personas con discapacidades -de modo especial , mentales- en institutos que oficialmente debían estar destinados a su cuidado y curación. Esa acción se extendió también a decenas de miles de polacos o soviéticos en territorios ocupados.

La muestra incluye fotografías de instituciones y personas, víctimas y victimarios, cartas, documentos, citas de partes médicos y comunicaciones -falsas- a las familias, etc. A los paneles realizados originariamente en inglés y en alemán, se añadieron otros más pequeños en castellano, que facilitan el acceso a la información para quienes no dominen esos idiomas.

MUCHO POR CONOCER

Es mucho lo que puede conocerse en una recorrida. Por ejemplo, la central T4 dirigía el asesinato de niños y adolescentes mediante la Comisión del Reich para el registro de enfermedades hereditarias graves durante la operación 14f13. Sus médicos seleccionaron más de 20.000 presos en campos de concentración y los mandaron a morir en las cámaras de gas de tres instituciones de exterminio.

La política de higiene racial favorecía los asesinatos eutanásicos. La muestra da cuenta de que en el siglo XIX surgió la idea de que la suerte y el destino de los pueblos se determinan por factores hereditarios. La eugenesia se fundamentó, por lo tanto, en la premisa de que la reproducción podía y debía ser controlada, tanto para evitar la decadencia hereditaria biológica de una nación, como para fomentar el desarrollo progresivo de la humanidad. A la vez se fomentó la idea de que la vida humana puede tener un valor de mayor o menor rango, y hasta ser considerada “inviable”, es decir, había seres que no eran considerados dignos de vivir. Rápidamente el valor de la vida fue contrapuesto con la utilidad que el individuo puede aportar a la sociedad.

Estas premisas fueron llevadas hasta el horror del exterminio masivo en el régimen totalitario nazi, pero no dejaron de influir en otras sociedades. Sin ir más lejos, la no punibilidad del aborto “cuando el embarazo sea producto de una violación o del atentado al pudor sobre una mujer idiota o demente” del Código Penal argentino de 1921 está originada en razones de eugenesia, al considerarse que podrían transmitir deficiencias a su descendencia.

Además de dar cuenta de la trayectoria de médicos involucrados en la selección de enfermos para ser eliminados, la exposición también se refiere a las familias, a las que se les daba información falsa sobre el destino de sus familiares enfermos. Así constan informes con apariencia de preocupación por el estado de salud de los pacientes.

REACCIONES

También se da cuenta de casos de médicos y otro personal que no se plegaron a estas disposiciones criminales. Así como de la preocupación suscitada en la población civil alrededor de algunos centros donde se mataba a enfermos neuropsiquiátricos, por gas, desnutrición, envenenamiento, etc. Los vecinos advertían indicios intranquilizadores, como los frecuentes traslados de personas, el humo, etc.
Hubo hospitales protestantes que evitaron ser incluidos en programas que les despertaban serios reparos, aunque toda esta política se desarrollaba subrepticiamente y sólo pudo ser conocida en su magnitud mucho tiempo después. Pero el 3 agosto de 1941 hubo una protesta abierta, la del obispo católico de Munster, Clemens August von Galen.

En su sermón habló abiertamente de asesinato y reclamó por pacientes a quienes se los mataba porque algún médico los consideraba “vida no digna” o “ciudadanos no productivos”. Ante las inquietudes surgidas entonces en la población, y esa clara denuncia, ese operativo T4 se dio por terminado el 24 de agosto de 1941. Sin embargo los asesinatos de pacientes continuaron de modo más sigiloso.

La muestra merece ser visitada, por la abundante y precisa información contenida sobre la conducta criminal de médicos que en algunos casos habían tenido un alto reconocimiento social por su labor científica de investigación. En sentido contrario, en una vitrina pueden verse los viejos mandamientos de Hipócrates para los médicos. Entre otras cosas, puede leerse: “A nadie daré, aun cuando me lo pida, fármaco letal alguno, ni haré semejante sugerencia. Igualmente, tampoco a ninguna mujer proporcionaré un pesario abortivo”.

Innumerables familias perdieron a sus seres queridos, y a algunas de esas personas el visitante puede acercarse en esta muestra, ver sus rostros, en sus circunstancias, sin conocer el final que tendrían. Por un largo tiempo muchos no quisieron recordar a estas víctimas, aun finalizada la guerra con la derrota de Alemania y la ocupación por los aliados. Inclusive numerosas familias afectadas no hablaron sobre estos hechos. Muchos perpetradores y sus ayudantes pudieron continuar sus carreras en la Alemania de posguerra.

En el programa se señala que esta exposición “cuestiona los modos de pensar y los patrones de comportamiento que hicieron posible semejante asesinato en masa”.

El simposio es de asistencia libre. Los interesados pueden inscribirse escribiendo a: elenalevin42@gmail.com

Origen: LaPrensa

El viaje que me salvó la vida

Decir que “viajar nos cambia la vida” es casi un cliché, pero hay casos en los que resulta escalofriantemente verdadero. Tanto, que, prácticamente, sentimos que el periplo nos sana, que nos salva la vida. Les sucedió a estos viajeros y viajeras, que decidieron embarcarse en la aventura tras un revés del destino: rupturas, duelos, crisis existenciales… A la vuelta, estaban “curados”, y no volvieron a ser los mismos.

ANTE UNA DEPRESIÓN

“Cuando murió mi madre, caí en una fuerte depresión durante nueve meses, que hizo que se rompiese la relación con mi pareja. Tras todo aquello, me di cuenta de que las cosas tenían que cambiar, así que, aprovechando que tenía un buen trabajo y mucho tiempo libre, decidí irme cada viernes al aeropuerto y preguntar por todos los vuelos que salieran esa tarde y volvieran el domingo. Comparaba los precios y decidía adónde ir. Con esa táctica visité Estambul, París, San Petersburgo, Roma, Nápoles, Atenas, Praga… Iba a solas, sin la intención de conocer a nadie; solo quería visitar los lugares, observar cómo vivía la gente en ellos y reflexionar”, rememora Nahúm, editor de películas.

“Aquella experiencia me llevó a pensar que tenía que hacer un viaje largo por uno de los sitios que siempre había querido visitar, Marruecos. Así que me armé con dos mochilitas y una cámara de fotos y me dispuse a cruzar el Atlas de norte a sur”.

“Todo iba bien hasta que, en medio de un paisaje de montaña desértico, el autobús en el que viajaba se recalentó y paró, momento que aproveché para bajarme y hacer fotos. Al rato, me di cuenta de que se habían ido sin mí, llevándose una de mis maletas“.

“En aquel momento, pensaba que me moriría allí: era un lugar inhóspito en el que no se veía ningún rastro de vida humana a kilómetros a la redonda. En mi desesperación, mientras caminaba por aquel camino de cabras por el que se había alejado el autobús, a lo lejos, entre las lágrimas, vi a un cabrero”.

El Alto Atlas

“Me acerqué a él gritando y corriendo como un loco. El tipo, que solo hablaba árabe, sacó un cuchillo, pero al final, entendió que necesitaba ayuda y me ofreció agua. Después, me llevó a su casa”.

“Era una casa de adobe, de dos habitaciones. En la delantera, dormían él y su mujer. En la trasera, las cabras, sus dos hijos… y yo, que me quedé allí tres semanas. Lográbamos entendernos más o menos a través de la hija, que hablaba algo de francés”.

“Durante ese tiempo, aceptaba la comida que me daban y me dedicaba, con los niños, a sacar a las cabras y a subirme en lo alto de un árbol que había un peñón, mirando el desierto“.

“Cuando acabaron aquellas tres semanas, el cabrero fue al pueblo a vender los nuevos chivos que habían nacido. Me fui con él para seguir mi viaje, y como no tenía nada con lo que pagarle, le di las botas de montaña que llevaba. El tipo se echó a llorar: fue un momento que nunca olvidaré“.

“A mi vuelta, descubrí que todo lo que nos rodea en la civilización me resultaba agresivo: las luces, los carteles de publicidad, oír las televisiones a través de las ventanas… Pero, además de ese efecto colateral, aquel tiempo en el desierto dió para mucho, y conseguí por fin tener claro cómo quería cambiar mi vida -aunque después no todo saliese exactamente como había pensado…-.

Ruta por el Atlas Marroquí (Marruecos)

ANTE UNA CRISIS DE PAREJA

“Me fui este verano a Portugal para saber si habría un punto y aparte o un punto y final con mi pareja”, cuenta Marta, periodista con dos hijos pequeños. “Decidí ir a hoteles que parecían cuasi retiros (dos antiguos hospitales, uno de ellos de tuberculosos) para estar a solas con mis pensamientos… y, al final, estaban llenos de niños, ¡nada espiritual! No obstante, aunque no me sirvió para tomar la decisión final, sí para descansar, cambiar de aires y centrarme en mí, aunque fuese por una décima de segundo”.

ANTE UNA RUPTURA

“Hice una ruta por Indonesia después de una ruptura intensa. Me ayudó a afrontar la valentía para estar sola, ver el lado positivo de las cosas y comprender que todo pasa por algo. Y para entender que estaba al comienzo de un ciclo de mi vida, no al final”, cuenta Rhodelinda, empresaria.

“Estaba a punto de irme a Italia con la que era entonces mi pareja, pero lo dejamos y entré en una crisis catártica, terrible”, cuenta Carmen. “Al principio, pensé en irme a Italia sola, pero no me apetecía, porque me parece más un país de disfrute, de película de Bertolucci: de comer, beber, disfrutar de estar vivo, y yo no estaba muy de ese humor, la verdad. Entonces, viendo vídeos de YouTube de coaches y cosas de estas, que era lo único que me salvaba de la depresión, me topé con una chica que contó que se fue a un viaje de peregrinación al Tíbet. Entonces. se me iluminó la bombilla, y me fui al Camino de Santiago durante diez días, sin planear absolutamente nada. Compré algunas cosas, cogí una mochila y me fui”, recuerda.

“Fue increíblemente sanador. Tuve un despertar espiritual gracias al cual me pareció que todo tenía sentido: conocí a las personas adecuadas, que me dijeron las cosas adecuadas. Descubrí con qué poco se puede ser feliz. Y lo que siempre dicen: que llegar a Santiago importa poco: importa el camino. Me volví con una fe bastante firme, porque, aunque mucha gente va sin ser creyente, hablas con mucha gente que sí lo es, ya sea en sentido religioso o en sentido espiritual. Gente de distintas culturas y distinta clase social, mucho de los cuales acuden después de procesos dolorosos“.

“Hablas con esas personas, con las que en tu entorno no entablarías conversación, y compartes cosas que normalmente no hablarías. Y ves que, independientemente de sus creencias, todo el mundo sufre y todo el mundo ama. Al final, pasé de ser una cucaracha depresiva cuando me fui a amar la vida de nuevo”, cuenta a Traveler.es. “Y antes era abogada, y ahora soy astróloga. No fue solo por el viaje, pero ¡incidió en cierta medida!”.

peregrina en el camino de santiago junto a un arbol

ANTE UNA CRISIS EXISTENCIAL

“Estaba mal con mi novio y con mi vida en general: no me sentía bien en el trabajo, no llevaba bien el vivir lejos de mi familia… así que decidí irme a Barcelona sola, con la excusa de visitar a un amigo”, cuenta Claudia, profesora de inglés.

“Como él estaba estudiando todo el día, yo pasaba el día paseando. No hacía nada demasiado turístico: me sentaba en algún banquito al sol a fumar, recorría las callejuelas del Born viendo todo el arte que había escondido en cada esquina, me tiraba horas en galerías de arte… Un día, en uno de esos paseos, conocí a dos jóvenes franceses que vivían en la calle. Uno de ellos, de 21 años, era analfabeto y no hablaba nada de español. El otro tenía 26 y llevaba los últimos cinco en una silla de ruedas por un accidente en el ejército”.

“Empezamos a pasar tiempo juntos. Nos quedábamos en la calle fumando o comiendo, nos íbamos a la playa a pintar mandalas en la arena, caminábamos, cambiábamos las monedillas que tenían por billetes, y nos comunicábamos sin saber siquiera el idioma del otro“.

“Yo lo sentí como una liberación: estaba en paz, tranquila, aunque sabía que esa situación no me duraría para siempre. No obstante, presentía que a ellos, quizás sí. Aquella experiencia hizo que me preguntase si realmente estaba tan mal todo en mi vida, y me hizo apreciar las pequeñas cosas de mi día a día”, recuerda Claudia.

El Born

PARA CERRAR UN CAPÍTULO DOLOROSO

“Me separé de mi pareja, pero teníamos un viaje planeado a Lisboa y decidimos irnos pese a todo. Para mí, la sensación, que asocié con la ciudad, fue muy amarga: fue un viaje de amor y desamor a la vez, de despedida. Pasó el tiempo y decidí que tenía que reconciliarme con la capital portuguesa, así que allá que me fui sola: cogí mi coche, me planté en Lisboa, me pillé un hostal, y cuando me senté a cenar en un indio del Barrio Alto que me encantaba, en el que había estado con él la vez anterior, me dio una crisis de ansiedad“, rememora Mónica, fotógrafa.

“Aquel viaje fue muy duro. Se sumaban los miedos de viajar sola por primera vez -yo tenía unos 24 años- con tener que enfrentarme a un lugar que había quedado registrado en mi memoria de manera desagradable. Lo recuerdo como una semana muy solitaria, pero me reconcilié con la ciudad -aunque me costó mucho trabajo, porque no había superado del todo aquella ruptura-. Resultó difícil y doloroso, pero es la clase de cosa que, aunque sabes que será complicada, haces porque también sabes que será buena para ti a largo plazo. Y lo fue”.

ANTE LA MUERTE DE UN SER QUERIDO

“Algunas semanas después de que muriese mi padre, me fui al balneario de Leana, en Fortuna (Murcia)”, nos cuenta Silvia, periodista. “El hotel es primo hermano del Titanic (de hecho, era el favorito del presidente Antonio Maura) y el balneario, una enorme piscina natural al aire libre con vistas panorámicas y termas romanas de piedra, están en las antípodas de los clorados spas urbanos. No sé si fueron las aguas termales, la gente encantadora (tanto los huéspedes como la plantilla) o la sensación de que el indiferente paso del tiempo también puede ser amable… El caso es que, por primera vez, sentí algo mínimamente reconfortante”.

TRAS UNA TEMPORADA ESPECIALMENTE ESTRESANTE

A María, comunicadora, también la “curó” el Camino. “Notaba como que me ahogaba todo el tiempo, y solo visualizaba la idea de ir dejando atrás cosas y personas”, explica. A aquella sensación se le sumó una ruptura, y una serie de casualidades que la llevaron finalmente a hacer aquel viaje. “Siempre había querido hacerlo, era la típica experiencia que tienes pendiente, pero para la que nunca encuentras ese momento perfecto, porque no existe: ¿Cómo voy a irme al Camino con lo cansada que estoy de todo el año? ¿Cómo me voy a ir sola? ¿Cómo voy a hacerlo si no tengo tiempo para entrenar…?”.

Para un plan urbanita: Lisboa

“Un amigo mío se lo había hecho varias veces, y me decía que él cuando estaba mal no iba al psicólogo, que se iba al Camino. Un primo me había dicho que iba a ser la mejor experiencia de mi vida, y pensé que era un exagerado. Pero, a día de hoy, podría decir que sí, que lo fue, aunque supongo que vendrán más cosas en el futuro que cambiarán esa sensación, que no sé muy bien explicar porque la tengo”.

“En el Camino, que hice durante 13 días, todo encaja. Te van a pasar cosas, buenas y malas, pero, por cada cosa mala que pasaba (ampollas, dolor de pies…), aparecía la forma de solucionarlo de una manera súper sencilla. Por ejemplo, el día que peor tenía las ampollas, conocí a Ángela, enfermera, que ahora es muy buena amiga mía. Cuando creí que no llegaba por el dolor que tenía en el pie, ahí estaba otra chica, médico de cabecera, que tenía el antiinflamatorio más maravilloso del mundo, gracias al cual pude acabar el Camino junto a toda la gente que había conocido”.

“Aprendes a confiar. Yo no soy muy mística, pero el Camino te va poniendo gente y cosas geniales según vas avanzando. Yo volví súper contenta y con muchísima energía, fue completamente depurativa esa sensación de ir dejando atrás las cosas. Me acuerdo que el día que volví a trabajar, mis compañeras me decían: “Ay, pobre, que te toca la vuelta”. Y yo le decía que nada de pobre, que estaba súper contenta, que había disfrutado, había hecho lo que me había dado la gana y que me habían bailado tanto las emociones que solo podía estar feliz y agradecida. Lo del Ave Fénix, pues tal cual: fue renacer“.

“Muchas de las cosas que aprendí durante el Camino las sigo aplicando, como lo que ya he mencionado de confiar. Cuando me empiezo a agobiar porque quiero controlarlo todo y que todo encaje, al final paro y digo: ‘Mira, saldrá cómo tenga que salir: confía’. Y te das cuenta de que luego muchas cosas encajan. Cuando veo que no puedo con algo, digo: ‘A ver, te has hecho 265 kilómetros a pie, esto no es nada‘”.

El Camino de Santiago sin asfalto que pone a prueba al peregrino

“Gracias al Camino, he aprendido a darme cuenta de cómo muchas veces te pones frenos tú sola, y de que, manteniendo la cabeza fría, somos mucho más fuertes de lo que pensamos. Me ha servido también para coger perspectiva antes de estresarme, para acordarme de tener tiempo para los demás, aunque sea para pararte y darle una dirección a alguien, y para mí misma. Me ha enseñado a disfrutar de los procesos, a mí, que me suelo obsesionar con el resultado y con si seré capaz de conseguirlo o no. En el Camino te das cuenta que llegar no es nada. Es emocionante, sí, porque claro, lo has conseguido, pero es, literalmente, un segundo. Lo que importa es todo lo que ha habido antes, y cómo lo has disfrutado”.

ANTE UN TRABAJO INSATISFACTORIO

“Tenía un trabajo que no me gustaba, pero la crisis económica y la precariedad laboral me llevaron a estancarme en él. Además, en mi vida sentimental, estaba pasando por un momento de dificultades que estaba consumiéndome. Diariamente, sufría estrés y ansiedad debido a la imposibilidad de cambiar una realidad que no me gustaba. Por ello, me sentía frustrado, vacío y perdido, porque las cosas no estaban saliendo como yo quería”. Lo cuenta Antonio, biólogo.

“Me armé de valor y decidí dejarlo todo: primero a mi pareja y luego, el trabajo, para centrarme en mí. Decidí irme tres meses a Costa Rica para hacer voluntariados con animales, algo que siempre quise llevar a cabo. Esta decisión cambiaría mi vida para siempre”, recuerda.

“Conocí lugares y personas increíbles, aprendí a confiar más en mí y en los demás, viví experiencias únicas e inolvidables, y me permitió conocerme mejor a mí mismo. Y por si fuese poco, los voluntariados con animales me brindaron la experiencia necesaria para reinventarme profesionalmente. ¡Al volver a España, conseguí trabajo en un Zoo!”, exclama.

Un guacamayo ambiguo (Ara ambiguus) , especie amenazada en Costa Rica y conocidda allí como lapa verde

Desde aquella experiencia, han pasado seis años, durante los cuales Antonio no ha parado de viajar: ha visitado más de 20 países, y se ha enganchado tanto a la experiencia que ha creado una empresa, Viajes Existenciales, para brindar al resto una vivencia igual de transformadora que la que experimentó él. “Un viaje te cambia en muchos sentidos, por no decir en todos. Especialmente, cuando te mueves durante meses en solitario”, cuenta a Traveler.es.

Salirse de una ruta para bicicletas y perderse en una montaña -pero dar con parajes salvajes y extraordinarios y ser capaz de llegar al destino-; confiar en dejar todas sus pertenencias en el coche de un desconocido para pasear, en una escala, por Manhattan -y darse cuenta de que basta con “usar el sentido común, abrirse y confiar” para guiarse por el mundo- fueron algunas de las experiencias que le hicieron transformarse durante esa primera aventura.

“Viajar te expande y te enriquece la mente al conocer nuevas personas, nuevas culturas y nuevas ideas, lo que te permite, a la vez, conocerte mejor a ti mismo. Además, te sientes sin límites, te ves capaz de todo al tomar una decisión así, y por supuesto, adquieres mucha confianza en ti mismo y en los demás”.

Origen: Traveler.es

¿Por quién o por qué estaría dispuesto a morir?

Los sacrificios altruistas extremos siempre han atraído a los científicos, especialmente cuando se trata de morir por algo o por alguien. Parece que cuanta más afinidad genética tengamos con una persona, más dispuestos estaríamos a dar la vida por ella.

Por

O más bien ¿por qué morir por nadie? Los seres vivos se rigen por el imperativo de la supervivencia, propia y de sus descendientes. Aunque a veces utilizan vías complejas o indirectas, sus actos tienen como principales objetivos protegerse del entorno, procurarse sustento y reproducirse.

Solo cuando se producen circunstancias excepcionales pueden aparecer comportamientos autodestructivos que transgreden estos dictados. En la mayoría de los casos, estos comportamientos autodestructivos están asociados a un profundo desarreglo emocional o a la presencia de intensos estresores ambientales.

El sacrificio altruista

Pero existe un comportamiento bien documentado, tanto en animales como en humanos, que contraviene esa pauta por la que el individuo busca, ante todo, su propia supervivencia frente a las agresiones del medio: el sacrificio altruista.

Los comportamientos altruistas extremos pueden alcanzar hasta la propia muerte con el fin de lograr la supervivencia de otros –ya sean estos reales o intangibles, como una idea–. Lógicamente, el carácter paradójico de los comportamientos altruistas ha estimulado la curiosidad científica y la controversia acerca de su origen.

El autosacrificio no puede ser explicado fácilmente por modelos evolucionistas clásicos, que afirman que los individuos de una población competirán por los recursos con objeto de sobrevivir y transmitir sus genes a la siguiente generación (lo que la teoría darwiniana clásica denomina fitness –eficacia o aptitud– se define como el número medio de descendientes que produce un organismo en un ambiente dado).

Y, sin embargo, existe, aunque no de forma indiscriminada. El ser humano está dispuesto a sacrificarse, pero no todos los individuos y no por cualquiera. En caso de necesidad imperiosa, estaríamos dispuestos a sacrificarnos por alguien o algo especialmente importante para nosotros: un descendiente, un hermano, una patria, una religión…

Preferencias por cercanía genética

Cuando hablamos de sacrificarse por individuos, existe una clara gradación de preferencia relacionada con la cercanía genética. El ser humano está más dispuesto al sacrificio por individuos con los que comparte una parte de sus genes; es decir, sus familiares cercanos. En palabras atribuidas a J.B.S. Haldane, uno arriesgaría su vida por, al menos, un gemelo idéntico u ocho primos. Al fin y al cabo, compartimos la totalidad de nuestros genes con un gemelo idéntico, pero solamente 1/8 con un primo.

La principal explicación desde un punto de vista evolutivo de este tipo de comportamiento es la teoría de la selección de parentesco (kin selection theory) planteada por W.D. Hamilton, que explica el comportamiento altruista en términos de lo que se denomina eficacia inclusiva (inclusive fitness).

Costes y beneficios del autosacrificio

La conocida como “regla de Hamilton” (C < r B) predice que podemos esperar que los individuos muestren conductas de autosacrificio cuando el coste de la conducta para sí mismo (C) sea menor que el beneficio reproductivo adicional para el receptor de la conducta altruista (B), siendo (r) el grado de parentesco genético entre ambos.

Estos costes y beneficios se miden en términos de eficacia inclusiva, que alude a la eficacia tanto directa (incrementar la presencia de genes propios en la siguiente generación a través de los descendientes), como indirecta (incrementarla a través del éxito reproductivo de otros individuos que portan los mismos genes). En otras palabras, la probabilidad de que cooperemos, cuidemos, o lleguemos incluso a sacrificarnos por otras personas aumenta cuando compartimos genes con ellas, y esa probabilidad se incrementará paralelamente a la proporción de genes compartidos.

¿Qué ocurriría entre gemelos?

Una prueba directa de esta teoría la proporciona la comparación de la voluntad de sacrificarse por un hermano si este es un gemelo monozigótico (MZ) o dizigótico (DZ). Los primeros comparten la totalidad de su genoma, pero los segundos comparten, en promedio, el 50 % de sus genes.

Sin embargo, en ambos casos, su ambiente ha sido muy similar. Ya sean hermanos MZ o DZ comparten el útero, los cuidados maternos, la alimentación, el entorno familiar… Por otra parte, en ambos casos, existe una alta probabilidad de responder que sí cuando se les pregunta si estarían dispuestos a sacrificarse por su par. Ahora bien, la probabilidad de una respuesta afirmativa es mayor en los MZ, como predice el modelo expuesto.

Morir por la patria

Por tanto, podemos explicar desde un punto de vista evolucionista que alguien esté dispuesto a morir por un hermano, pero ¿y por una idea? ¿Cómo explicamos que alguien pueda sacrificarse por la patria, por la libertad, o por su religión? ¿Por qué alguien se inmolaría en beneficio de personas con las que no guarda una relación genética cercana?

Se puede especular que, de forma genérica, detrás de conceptos abstractos/simbólicos como la patria o la bandera está un grupo de personas con quienes tenemos semejanzas (religión, lengua, costumbres, aspecto físico…), y que si el grupo tiene una fuerte identidad adquiriría unas connotaciones similares a la familia.

Es decir, la pertenencia al grupo se asociaría, por ampliación, con una mayor afinidad genética en comparación con “los otros”. Las conocidas (y mantenidas en el tiempo a pesar de su irrelevancia científica) apelaciones a la singularidad genética de determinados grupos (razas, etnias, poblaciones…) formarían parte de este entramado mental/emocional.

Un individuo estaría más dispuesto a colaborar y, llegado el caso, sacrificarse en beneficio de una idea que representa un grupo con el que siente una fuerte afinidad; de tal magnitud que se identifica o sustituye a la familia. En línea con esta argumentación, desde la Psicología Social se ha acuñado el concepto de fusión de identidad, definida como “una conexión visceral entre la identidad personal y la grupal” que predice sistemáticamente la disposición a realizar sacrificios extremos por el grupo y sus miembros. Hay un gran número de trabajos en este campo que amplían y desarrollan este modelo.

Origen en nuestro pasado evolutivo

Estos mecanismos pudieron tener su origen en nuestro pasado evolutivo, cuando la supervivencia de los individuos y de su descendencia era mucho más dependiente de la pertenencia al grupo y la fuerza de este. Obviamente, sin embargo, esto no tiene el mismo sentido en el mundo actual donde las migraciones y la globalización han incrementado la mezcla genética y cultural hasta diluir los límites intergrupales tradicionales y sustituirlas por fronteras administrativas.

En todo caso, la perspectiva evolucionista es, probablemente, solo una parte de la explicación. La regla de Hamilton no se cumple en todas las circunstancias y existen otras perspectivas que añaden interesante información y matizaciones para comprender estos comportamientos que, independientemente de su origen, tienen una enorme relevancia en nuestra sociedad actual.

Origen: theconversation.com 

El poder de la envidia positiva

A veces, el deseo de ser incluido puede ser una razón para hacer el esfuerzo. (Andrew Neel/Unsplash)

POR MANUEL RIOS

La envidia es como una emoción. Típicamente nos hace miserables, y también puede hacernos querer hacer miserables a otros. Pero la envidia también puede ser usada para el bien, particularmente si luchamos para hacer cambios, enfrentar miedos, o para emprender cosas nuevas.

La envidia suele ocurrir cuando una persona carece de una cualidad superior, un logro o una posesión que otra persona tiene y puede tener el deseo de tenerla o de que la otra persona no la tenga.

Ahora hablemos de esa parte sobre desearle el mal a alguien más y enfoquémonos en el deseo de adquirir ese atributo para nosotros mismos.

¿No es atlético? Solo pase cinco o seis años viendo a todos los demás jugar al fútbol, competir en encuentros de atletismo, hacer artes marciales y ganar partidos de fútbol. Deje que ese sentimiento se cocine a fuego lento.

¿Tienes miedo de bailar? Pase tiempo tras tiempo sentado incómodamente mientras todos los demás se divierten en la pista de baile. Pierda esas oportunidades de bailar con chicas guapas. Sienta miedo mientras todos los demás sienten alegría.

¿Teme sus próximos pasos en el mundo de los negocios? Mire mientras todos tus compañeros y amigos lo dejan en su insatisfactorio trabajo.

Sentirá el mismo sentimiento en todos estos casos: miedo paralizante mezclado con arrepentimiento y envidia de la gente que no siente ninguna de las dos cosas. No tiene que aferrarte a estos sentimientos. Toda esa gente se divierte sin usted, no porque les desagrade, sino porque tiene demasiado miedo de participar. Si el incentivo positivo no es suficiente, puede usar su envidia como combustible para actuar.

Muchas de mis propias transformaciones en los últimos años han venido de un deseo básico de no ser dejado fuera de la diversión. Y en cuanto a la envidia, me ha servido sin muchos efectos secundarios. Me he convertido en atleta, orador, escritor, bailarín y cantante de karaoke, no en el mejor, pero al menos lo suficientemente bueno para participar.

La “envidia positiva” que impulsó este cambio no es el tipo de envidia excluyente – los demás pueden seguir disfrutando mientras yo disfruto. No es el tipo de envidia de dominación, no es un deseo de ser mejor que los demás. Es un deseo de unirse a la diversión.

Si alguna vez quiere descubrir dónde no has sido lo suficientemente valiente, piense en las cosas que ve que todos los demás (excepto usted) disfrutan.

Por otro lado, puede decidir si está deseando algo que simplemente no es para usted y sería mejor dejarlo ir y seguir adelante. No siempre se da el caso de que solo porque envidia la capacidad de otra persona la necesite usted mismo. Puede ser que necesite valorar sus propios atributos únicos, enfocarse en ellos y dejar de compararse con los demás.

James Walpole es un escritor, un comercializador principiante, un explorador intelectual y un aprendiz perpetuo. Es un exalumno de Praxis y un becario de la Fundación para la Educación Económica Eugene S. Thorpe. Escribe regularmente en jameswalpole.com. Este artículo fue publicado originalmente en FEE.org

Origen: lagranepoca

Derrumbe familiar: gente sola, agotada y vida química

Por

Juan Alberto Yaria 

El otro costado de las adicciones

“Hay mas hogares estadounidenses con mascotas que con hijos”. David Brooks –N. York Times-2020

La sala de guardia de situaciones críticas en adicciones es una pintura del contexto social que nos rodea. El otro día le decía a un abogado que defiende los Derechos de los pacientes lo que le sucedía a un representado; nadie lo veía, estaba solo. Pasa lo mismo en todo el mundo ya que los viejos parecen sobrar. Él se quedó perplejo ya que el único sostén válido era un centro como Gradiva (comunidad terapéutica) y un carnet de una obra social que lo sostiene. La bondad de lo que queda de la familia es que le pagan el servicio de apoyo social. De lo contrario ejecutarían la eutanasia de alguna manera buscada.

Jorge en sus 18 años denuncia a sus padres (consumidores de drogas) y él aún embebido en sus delirios y alucinaciones con marihuana y otras drogas va a un Juzgado de Familias y pide ayuda. El Juez asiste atónito ante la debacle social y le pide un familiar que se haga cargo. Esta no puede, solo lo aloja porque necesita trabajar. El barrio, los “pungas” y los “dealers” se transforman en la familia faltante hasta que un “Ángel Humano” lo contiene (una vecina) y con el Juez le hacen cambiar de familia y hoy se educa en una comunidad terapéutica. Cambió drásticamente, llora sus penas, celebra los encuentros afectivos. Crece en salud.

 

Fractura de la familia nuclear

Tengo cientos de historias así. Caída la familia ampliada (la gran familia de abuelos, tíos, etc.) quedó la familia nuclear (padre-madre-hijos). Esta se hundió y fracturo.

Las causas son muchas: cambio en los sistemas productivos (la industrialización, urbanización y tecnologización de todo), cambios en los valores sociales con el hiperindividualismo como eje de la existencia y la Tecnología a la mano. Antes disfrutábamos de las tertulias en la sobremesa, luego ante un televisor y ahora cada uno tiene su portátil en la mano (celular) desvinculándonos del resto.

Aumenta la gente sola en donde los viejos y los niños son los más perjudicados. Anteriormente el grupo ampliado (la familia extensa) era cuidadora, contenedora, apoyo escolar, control de conducta, etc. Ahora solo los más pudientes compran compañía desde terapias, juegos, clubes, etc. Muchos quedan solos a la intemperie de la incertidumbre de la calle y los barrios.

El hiperindividualismo está ligado a la “Agonía del Amor” en las sociedades actuales (crisis de las fidelidades y el desasimiento de si por el otro). Byun ChulHan lo muestra con claridad ya que es la sociedad del rendimiento lo que se impone y ahí aumentan las adicciones, el “Burnout” (agotamiento), la depresión y la hiperactividad inútil y estéril que parecen ser las compañeras psiquiátricas de este modo de vivir.

Asistimos al fin de los vínculos con los hombres entregados al multi-tasking (multitarea) improductivo y maníaco en el medio de ruidos incesantes como es la vida actual sin meditación y ensimismamiento como ejes de la Libertad interior.

Todos buscamos “combustibles” adicionales, ya no está más la Sociedad de la Vigilancia que denuncio Foucault ahora estamos en la sociedad donde todo se puede basada en el Poder hacer lo que quieras. La fatiga y la eutanasia están ahí.

Abandonar a otro más débil es un ejercicio de eutanasia. Viejos y niños asisten impávidos a esta situación. La familia nuclear se ha ido desmoronando desde mediados de la década del 60 y ya lo había hecho la familia ampliada pero también es cierto que esto trajo severos problemas en la educación de los más vulnerables, abandonos, perdida de calidad de la fuerza laboral y un aumento importante de las enfermedades mentales y las adicciones. A veces la Pandilla es la familia patológica encontrada. Es hora de recuperar las “grandes mesas”.

Pero hay un “hambre” de vivir en familias extensas y esto se observa en todo el mundo en organizaciones de ayuda social y terapéutica. Los agrupamientos sociales amplios son un factor de resiliencia (apuntalan ante la adversidad y ayudan a superarla).

Se cayó el Hogar Victoriano en donde todos reposaban ante el fuego de los Dioses de la casa; se criticó ese enfoque, pero el fuego no solo sofocaba, sino que contenía y daba calor humano. Cae la natalidad en los países desarrollados salvo en el mundo musulmán que en poco tiempo gobernará parte de Europa (Francia está cerca).

Se acabaron los tiempos dorados del “50 al 65” en la Historia del Mundo en donde la sindicalización, la asistencia a la Iglesia, la confianza social y la prosperidad masiva triunfaba (nuestro país asistió a eso). El trabajo era fácil de conseguir. Otro mundo. Desde ahí cambian las formas familiares y también aumentan los problemas de salud mental.

 

“Apagones” emocionales en los niños

Apareció, luego, la familia stressada y los niños, mundialmente en un gran porcentaje, observa en sus primeros quince años tres asociaciones de padres ensamblados. Hay menos parientes válidos para superar adversidades. En muchos casos los chicos no pueden soportar los “apagones emocionales” que suponen estos cambios tan bruscos.

Hoy todos tenemos menos familia que nunca. El 30 % de los hogares de todo el mundo es de una sola persona (monoparental). Solo el 10 % de las familias tiene más de 3 hijos. Tener familia hoy es un factor menos para caer en la pobreza no solo por factores emocionales sino por la red de contactos que permite la inserción social (Generation Unbound-Isabel Swahili economista de la Brookings Instit.).

En 1960, aproximadamente el 5 por ciento de los niños nacieron de mujeres solteras. Ahora alrededor del 40 por ciento lo son. Muchos de ellos no tienen contacto con el padre biológico. Conozco muchas situaciones a las que narró el New York Times en 2015 y que fue tema mediático: “la muerte solitaria de George Bell”, hombre de 72 años, sin familia y que se pudrió en un apartamento de Queens. Su cuerpo era irreconocible. Hoy se considera que el 35 % de los mayores de 45 años se sienten crónicamente solitarios.

Mientras tanto sorprende Vladimir Putin en la Nueva Constitución que se va a hacer diciendo: “Mientras sea presidente debemos promover familia de padre y madre”.

Origen: Periódico Tribuna de Periodistas

Cómo sobrevivir a la depresión de la mediana edad

Esa sensación de decepción o malestar general en la mediana edad es normal y promete sentimientos más brillantes por delante, encuentran investigadores. (Engin Akyurt/Pixabay)

El malestar de la mediana edad es común, pero la felicidad se recupera a medida que se envejece

POR JILL SUTTIE

Estoy en mis 50 años, un poco más allá de la mediana edad, pero no exactamente en la vejez. Mis hijos han crecido, tengo una buena carrera, mi matrimonio es sólido, y todavía estoy razonablemente saludable. Así que la satisfacción de la vida debería ser mía para arrancar.

Pero no lo es. No soy más feliz que la mayoría de la gente que conozco, y en muchos casos menos. ¿Por qué estoy en una depresión cuando todo parece estar funcionando bien, correcto?

Esa pregunta está en el corazón del libro de Jonathan Rauch, “La curva de la felicidad“. En su libro, Rauch argumenta que un descenso de la felicidad en la mediana edad es una parte normal del desarrollo humano, e incluso puede ser un precursor necesario para la satisfacción posterior de la vida. También sugiere que si podemos encontrar maneras de aguantar durante esta turbulenta transición, nuestra felicidad no solo se recuperará, sino que probablemente superará nuestras expectativas.

La crisis de la mediana edad

Aunque la idea de la “crisis de la mediana edad” ha existido durante décadas, y es sobre todo objeto de escarnio y burla, Rauch dice que “crisis” es en realidad la palabra equivocada para lo que nos sucede a muchos de nosotros en la mediana edad. Si se observan grandes patrones en los datos de felicidad global, y en los experimentos longitudinales en los que los individuos se comparan con ellos mismos, surge un fuerte patrón: la felicidad se reduce gradualmente a lo largo de los primeros años de la vida adulta hasta llegar a su punto más bajo, justo entre mediados de los 40 y principios de los 50 (aunque los países “más felices” suelen tener reducciones más tempranas).

Esto sucede independientemente de las circunstancias de la vida, como por ejemplo, si sus ingresos son altos o no, si tiene hijos en casa, si cuida a sus padres ancianos o si tiene una carrera exitosa. Eso no quiere decir que estas cosas no importen para la felicidad, sí que lo hacen. Como han descubierto Carol Graham y otros investigadores de la felicidad, un matrimonio estable, la buena salud, el dinero suficiente y otros factores son todos buenos para la felicidad. Es solo que parece que tenemos una tendencia al malestar en la mediana edad que no se puede explicar únicamente por estos factores.

“La curva de la felicidad no aparecería en tantos conjuntos de datos y lugares como lo hace, incluso entre los simios, si no estuviera directamente conectada en cierta medida”, escribe Rauch.

Aunque las razones de esta caída de la felicidad no están claras, Rauch hace un valiente trabajo de investigación para explicarla. En un estudio longitudinal, por ejemplo, los investigadores descubrieron que si se preguntaba a los jóvenes alemanes cómo pensaban que sería su vida cinco años más tarde, y luego se comparaba esto con la forma en que realmente se sentían  cinco años más tarde, sus predicciones eran mucho más altas que la realidad. En otras palabras, tendían a ser demasiado optimistas, y este desajuste parecía reflejar sus niveles de felicidad en declive.

Esto tiene sentido, cuando las expectativas no se cumplen, estamos obligados a sentir decepción. Y, argumenta Rauch, cuando no tenemos ningún marcador externo claro en nuestras vidas para explicar nuestra decepción, eso puede crear circuitos de retroalimentación negativa, donde nos sentimos mal y culpables por sentirnos así.

“El efecto de la retroalimentación puede y a menudo aflige a las personas que no experimentan ninguna crisis o choque severo, personas que, por el contrario, están bien”, dice Rauch. “A veces las personas que, relativamente hablando, son las menos afectadas por las circunstancias objetivas serán las más atrapadas en los circuitos de retroalimentación [negativa]”.

El impulso de la vejez

Curiosamente, este patrón se invierte completamente después de la mediana edad, de modo que las personas mayores tienden a ser mucho más felices de lo que hubieran previsto cinco años antes. Esto sugiere que si podemos aguantar, las cosas pueden mejorar por sí solas, a medida que nos sorprendemos gratamente por nuestros niveles de felicidad.

“La retroalimentación positiva sustituye a la negativa a medida que las decepciones se convierten en sorpresas agradables, y a medida que la satisfacción y la gratitud crecientes se refuerzan mutuamente”, dice Rauch.

De hecho, hay muchos aspectos positivos potenciales que vienen con el envejecimiento, que Rauch relata en el libro. Estos son algunos de los beneficios al salir de la depresión de la mediana edad.

El estrés tiende a disminuir. Parece intuitivo; después de todo, probablemente tengamos menos factores de estrés en el trabajo o la familia a medida que envejecemos y nuestras carreras se estabilizan o nuestros hijos se van de casa. Pero, de hecho, los investigadores han descubierto que incluso manteniendo otras cosas constantes, el estrés tiende a disminuir a medida que envejecemos, y esta curva descendente del estrés parece estar vinculada a nuestra mayor felicidad.

La regulación emocional mejora. Los adultos mayores no solo tienden a experimentar emociones menos intensas que los jóvenes, sino que también parecen manejar mejor las emociones en general. Después de escuchar grabaciones de personas que hacían comentarios despectivos sobre ellos, los adultos mayores respondieron con menos comentarios negativos hacia los que criticaban y más desapego hacia la situación, lo que sugiere una mayor regulación emocional.

Las personas mayores sienten menos arrepentimiento. Stephanie Brassen y sus colegas encontraron que cuando las personas tomaban una decisión equivocada y perdían todas sus ganancias en un juego, los participantes mayores experimentaban menos arrepentimiento que los adultos más jóvenes, un hallazgo que también se reflejaba en sus distintos patrones de actividad cerebral.

Las personas mayores son menos propensas a la depresión. Según las investigaciones, la depresión se vuelve menos común a medida que envejecemos. Esto puede deberse a que los adultos mayores parecen tener una mayor inclinación al optimismo (una sensación de que las cosas van a funcionar) y más positividad (un enfoque en lo positivo en lugar de lo negativo en la vida) que las personas más jóvenes.

Cómo sobrevivir a la mediana edad

Es bueno saber que, a medida que envejeces, las cosas mejoran. Pero eso no significa que no podamos hacer algo para ayudarnos a lidiar con el malestar de la mediana edad. Por suerte, Rauch tiene algunas ideas para pasar este tiempo con más perspectiva.

Normalizarla. El simple hecho de comprender que es un fenómeno casi universal puede ayudarnos a dejar de culparnos por nuestros sentimientos y aprender a aceptarlos más. No significa que no seguirá decepcionándose, pero al menos podría dejar de reprocharse por cómo se siente, lo que de otra manera solo sirve para empeorar las cosas.

Interrumpa su crítica interna. Básicamente, estamos programados para querer más y ser optimistas sobre nuestro futuro, al menos cuando somos jóvenes, porque es una ventaja a largo plazo. Eso alimenta el tipo de ambición que puede impulsar el trabajo duro hacia nuestras aspiraciones. Pero, a medida que la desilusión se hunde cuando esas aspiraciones no se materializan, podemos encontrarnos comparando nuestros logros con los de otros y decidir que nos quedamos cortos. Esta es una receta para el sufrimiento.

Para contrarrestar esto, Rauch sugiere interrumpir nuestra crítica interna usando enfoques de terapia cognitivo-conductual para reformular una situación o detener la constante reflexión. Una breve interjección de algún mantra interno o un recordatorio —como “No tengo que ser mejor que nadie” o el más corto “Deja de comparar”— puede ayudarle a atraparse a sí mismo y evitar que su mente gire fuera de control.

Mantegáse presente. Sé que está muy extendido hoy en día, pero la atención consciente —u otras disciplinas de la mente presente, como el tai chi, yoga o incluso ejercicio físico— puede ayudarle a apagar el botón de autocrítica, a sentirse menos ansioso y experimentar emociones más positivas. En mi propia vida, he utilizado las meditaciones de atención consciente, los estiramientos y paseos al aire libre para ayudarme a estar más presente, y nunca fallan a la hora de dirigir mi estado de ánimo en la dirección correcta.

Comparta su dolor con los demás. A muchas personas les resulta difícil llegar a los demás cuando sienten el descontento de la mediana edad. Temen que esto implique que algo está mal con ellos, que son deficientes de alguna manera, o que perderán el respeto de los demás.

Pero compartir los sentimientos con un buen amigo, que puede escuchar con compasión y también apoyarlo a través de la experiencia, puede contribuir a que se sienta menos solo. “En el aislamiento, la decepción y el descontento se fermentan y se agudizan, lo que se suma a la vergüenza, que alimenta la necesidad de aislamiento. Romper ese ciclo es el primer trabajo”, escribe Rauch.

Un buen amigo también puede ayudar a evitar que realice algo precipitado, como hablar mal de su jefe o mentirle a su cónyuge, algo que puede parecer un alivio para su malestar, pero que probablemente le resulte contraproducente.

Dé pequeños pasos; no salte. Esto puede ser lo más difícil de hacer, pero es muy importante. Cuando sienta una crisis de la mediana edad, no intente cambiar radicalmente las cosas tirando a la basura el trabajo de su vida o familia y empezando de nuevo en alguna isla tropical. En vez de eso, considere la posibilidad de hacer cambios más pequeños que estén alineados con sus habilidades, experiencia y conexiones acumuladas.

Rauch señala el trabajo de Jonathan Haidt, quien ha descubierto que avanzar progresivamente hacia nuestros objetivos, más que alcanzarlos, y vivir una vida con un propósito es lo que nos lleva a la felicidad duradera. Así que, en lugar de ir a una reorganización completa de su vida, piense en hacer cambios graduales que traigan pequeños impulsos de positividad. Tal vez podría considerar un movimiento alternativo en el trabajo, revitalizar su matrimonio probando nuevas cosas juntos, o tomar un nuevo hobby. De esa manera, cuando su curva de felicidad suba, como probablemente lo hará, no se quedará con una vida destrozada. Lo que nos lleva a su última sugerencia:

Esperar. Parece un consejo extraño; pero como el malestar de la mediana edad es una cuestión de desarrollo, puede ser mejor esperar la caída de la felicidad y aceptar que es probable que cambie. Mientras no se sumerja en la depresión, mantenerse firme es una estrategia perfectamente sólida.

Eso no significa que debería ignorar los problemas graves de su vida; simplemente significa que si sus emociones parecen desproporcionadas con respecto a lo que está sucediendo, preste atención y sea paciente con usted mismo. Por supuesto, esto sería probablemente mucho más fácil si la gente no descartara sus sentimientos como una especie de crisis narcisista. Rauch nos pide a todos que dejemos de menospreciar a la gente que pasa por dificultades de mediana edad y que mostremos más compasión.

Además, su libro sugiere que el estereotipo del envejecimiento como una etapa decadente está mal visto. Señala a las organizaciones —como Encore.org— que están trabajando para cambiar los mensajes negativos sobre el envejecimiento y ayudar a las personas mayores a sentirse apoyadas en lugar de frustradas en sus intentos de seguir siendo miembros vitales y contribuyentes de la sociedad.

En lo personal, encontré su libro bastante edificante e instructivo. Definitivamente me ayudó a ser más indulgente conmigo misma por sentir el malestar de la mediana edad y esperar más para superarlo. Quizás ayude a otros lectores de mediana edad a darse cuenta de que, solo porque sientas descontento, no significa que la vida te pase de largo. En cambio, probablemente se está preparando para florecer.

Jill Suttie, Psy.D., es la editora de la reseña de libros de Greater Good y una frecuente colaboradora de la revista. Este artículo fue publicado originalmente por la revista online Greater Good.

Origen: Lagranepoca

Estrés: un estudio revela cómo provoca el encanecimiento del cabello 

Científicos de la Universidad de Harvard (EE UU) han descubierto tras varias investigaciones cómo se producen las canas cuando existe un alto nivel de estrés.

El estudio realizado en ratones desvela la relación entre el sistema nervioso y las células madre que son las que regeneran el pigmento del folículo piloso ha sido publicado en la revista Nature.

En anteriores investigaciones se demostró que la pérdida de pigmento en el cabello está mediada por el agotamiento de las células madre de los melanocitos que se activa cuando el sistema nervioso simpático involucrado en las respuestas ante el peligro, el miedo o el estrés tienen lugar.

Sigue…

Origen: Periodistas en Español

Síndrome de Peter Pan en el auge de las protestas

Conseguimos al eterno adolescente en personas que parecen estar en constante forcejeo con el tiempo y con su propia edad. (Foto: Flickr)

Por Asier Morales

Como todos los elementos arquetípicos que hacen vida en la psique, el púber no está llamado a ser negativo. Pero si se infla, se hace dictatorial

La infancia ha probado ser de las áreas más importantes para la psicología moderna. En primer lugar porque nos preocupamos por el bienestar de nuestros hijos, deseamos entenderlos, ayudarlos y colaborar en su desarrollo tanto como sea posible, algo natural, (aunque tal vez lo hayamos exagerado en los últimos tiempos). Por otro lado, la etapa infantil cobró especial relevancia desde principios del siglo pasado, dado el surgimiento de teorías que ubican la fuente de nuestras complicaciones en las vivencias de los primeros años de vida.

Sigue…

Origen: Panampost

El secreto de la felicidad crónica a medida que envejece

“Son las pequeñas cosas en la vida las que terminan importando más que nada”. (Pxhere/CCO)
Una mente inclinada hacia la gratitud, la mejor defensa contra la ansiedad y la depresión relacionadas con la edad.

POR BRUCE HOROVITZ, KAISER HEALTH NEWS

Por todos lo sucedido, Fletcher Hall no debería ser feliz. A los 76 años, el gerente retirado de la asociación comercial había sufrido tres ataques cardíacos y ocho operaciones cardíacas. Le han insertado cuatro stents y un globo en el corazón. Tiene diabetes, glaucoma, osteoartritis en ambas rodillas y neuropatía diabética en ambas piernas. No puede conducir. No puede viajar mucho. No puede ver muy bien. Y su condición cardíaca limita severamente su capacidad para hacer ejercicio. En un buen día, puede caminar unos 10 metros antes de necesitar descansar.

Sin embargo, el residente de Brooklandville, Maryland, insiste en que es un hombre verdaderamente feliz, en parte porque aprecia lo que puede hacer. “No hay duda de que a medida que la edad afecta tu vida, tienes días de ‘perro negro’”, dijo Hall. “Lucho contra el envejecimiento todos los días. Pero nunca, nunca me rindo. Tienes que trabajar para mantenerte feliz”.

Hall se enfoca en las cosas que lo alegran: escribir y escuchar música y audiolibros. Al hacer malabarismos con esos pasatiempos a lo largo del día, todos los días, finalmente siente una sensación de satisfacción. “Cada una de esas cosas requiere que use mi mente, lo cual es algo bueno”.

Los expertos en geriatría están de acuerdo en que Hall ha descubierto la fórmula correcta. “Debes estar dispuesto a aceptar tu nueva realidad y seguir adelante”, dijo la Dra. Susan Lehmann, directora del programa diurno de psiquiatría geriátrica en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins. “Trata de tener la mejor vida posible donde estés ahora”.

Vivir con una enfermedad crónica a menudo complica la vida. La mayoría de los adultos mayores de 65 años tienen múltiples afecciones crónicas que contribuyen a la fragilidad y la discapacidad, según un informe de 2013–14 de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CCPE). El porcentaje de personas de 65 años o más con diversas afecciones crónicas también ha aumentado con el tiempo. El porcentaje de personas que informaron hipertensión, asma, cáncer y diabetes fue mayor en 2013–14 que en 1997–98, informan los CCPE.

ancianos
“Debes estar dispuesto a aceptar tu nueva realidad y seguir adelante”. (Pixabay)

Las condiciones crónicas pueden tener un impacto devastador tanto en hombres como en mujeres, según el informe de los CCPE. Alrededor del 57 por ciento de las mujeres y el 55 por ciento de los hombres mayores de 65 años informaron hipertensión. Otro 54 por ciento de las mujeres y el 43 por ciento de los hombres informaron artritis. Y un 35 por ciento de los hombres y un 25 por ciento de las mujeres informaron que padecían enfermedades del corazón. Al mismo tiempo, las mujeres mayores tenían más probabilidades de informar síntomas depresivos clínicamente relevantes en comparación con los hombres mayores. En 2014, el 15 por ciento de las mujeres mayores de 65 años informaron síntomas depresivos, en comparación con el 10 por ciento de los hombres.

El dolor crónico, de hecho, con mayor frecuencia conduce a la depresión más que la ansiedad, dijo la Dra. Kathleen Franco, decana asociada de la Facultad de Medicina Lerner de la Clínica Cleveland. Esa depresión luego genera dolor y sufrimiento adicionales, dijo. “Entonces tienes un componente emocional y físico”.

Por eso Hall se aferra a su gran pasión: la escritura. Cuando se retiró a los 65 años, su plan original era viajar con su esposa, Tracey. Sus limitaciones físicas frenaron esos objetivos, por lo que regresó a lo que le trajo la mayor felicidad. Permanece comprometido con las noticias diarias escribiendo para dos blogs, incluida una columna general en la que defiende lo que llama sus valores “conservadores compasivos”.

Hall también adora la lectura, a pesar de que el glaucoma lo ha hecho casi imposible. No se rinde, usa su altavoz inteligente Amazon Echo para pedir audiolibros. Le encanta sentarse en su balcón al sol y escuchar libros como The Guns of August. Del mismo modo, le gusta escuchar música clásica y country, especialmente los Oak Ridge Boys y el grupo de rock country Alabama.

Hall también aprendió a usar Alexa, el asistente digital integrado de Echo, para ayudar con tareas aparentemente simples que son difíciles con la vista deficiente. Para decir la hora, simplemente le pregunta a Alexa.

Más allá de eso, evita quedar atrapado en cualquier bucle de frustración, como tratar de solucionar problemas de la computadora. Durante una reciente disputa tecnológica, simplemente apagó la máquina y encendió PBS y Charlie Rose. “Ver ese programa mantiene mi mente activa”, dijo. Después de tomarse el tiempo para desestresarse, pudo resolver el problema tecnológico.

Hall encuentra alguna excusa para salir de su casa todos los días. A veces, hace un recado, o se encuentra con un amigo para almorzar. Como amante de las aves, podría sentarse en un parque escuchando pájaros cantando. “Si puedo combinar un lugar agradable con el sonido de las sinfonías de aves, soy un campista feliz”, dijo.

Esta es la versión de Hall de lo que algunos expertos llaman “atención plena”. La atención plena, que a menudo implica una respiración profunda y lenta que tiene como objetivo reducir el ritmo cardíaco y calmarlo, puede ser muy eficaz en personas mayores y con problemas, según dijo Franco. “Es simple. No cuesta nada, puedes hacerlo y nadie sabe que lo estás haciendo”.

ancianos
La verdadera clave de la felicidad no son las cosas materiales, sino la gratitud por las simples bendiciones de la vida. (Crédito: Pixabay)

Hay otra cosa que a menudo funciona como magia: ayudar a los demás. “Una vez que comienzas a dar a los demás, tiendes a no quedarte atrapado en tus propios dolores y molestias”, dijo Franco.

Anne McKinley lo sabe de primera mano. Incluso a los 85 años, sigue siendo voluntaria para un grupo de defensa de la tercera edad y forma parte de su junta directiva.

McKinley hace frente a los efectos debilitantes de la escoliosis de por vida. Ella también lucha contra el glaucoma, y ​​sus dificultades con la percepción visual afectan su equilibrio. Le han reemplazado ambas rodillas y más recientemente necesitó una cirugía de emergencia por una infección que contrajo en el hospital después de una cirugía de paratiroides, que también afectó sus cuerdas vocales.

La residente de Evergreen, Colorado, dijo que mantener una actitud muy positiva, y comunicarse constantemente con familiares y amigos, la mantiene contenta.

“Sentir que tengo el control de mi vida es muy importante”, dijo. “La clave es no sentirse apurado. Puedo lograr una cosa en un día y sentirme bien por eso”.

Ha sido un camino difícil desde que su esposo, Cameron, murió hace cuatro años después de 59 años de matrimonio. Pero con su maestría en trabajo social y su experiencia en este campo, sabía cómo utilizar los servicios sociales para las personas mayores en su comunidad. Eso incluye un servicio que realiza tareas domésticas y otras tareas por una tarifa modesta.

McKinley todavía visita a su familia en Florida, aunque debe usar un bastón o un andador para moverse. Sus nietos con frecuencia vienen a visitarnos, “y nos damos un festín cada vez que lo hacen”, dijo. Sobretodo con las galletas y pasteles que le encanta hornear. Pero lo más importante es que ella siempre sale de la casa. Se corta el pelo todas las semanas. “Es lo que más bonito tengo todavía”, dijo.

Luego, está su gato siamés, Frankie, que se une a McKinley todas las noches a las 6 p.m. para ver las noticias de la noche mientras ella se prepara un aperitivo y un martini. “Mi parte favorita son las aceitunas”, dijo.

Ella expresa cuán particularmente agradecida está por lo que tiene, incluida una casa con un techo de 20 pies de altura en un sitio de 18 acres, donde puede mirar por cualquier ventana y ver la belleza circundante.

La verdadera clave de la felicidad en todas las edades y en todas las etapas, especialmente en la vejez, no son las cosas materiales, sino la gratitud por las simples bendiciones de la vida, como la risa entre amigos o ver un atardecer con un ser querido, dijo Lehmann, el médico de Johns Hopkins. “Son las pequeñas cosas en la vida las que terminan importando más que nada”.

Bruce Horovitz es periodista independiente y escribe regularmente para Kaiser Health News, que primero publicó este artículo. La cobertura de KHN relacionada con el envejecimiento y la mejora de la atención de los adultos mayores está respaldada en parte por la Fundación John A. Hartford.

Origen: LagranEpoca