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Tribulaciones de un porteño acuartelado

Los encierros nunca son saludables. Aunque el decreto presidencial haya apelado a la presuntuosa fórmula “Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio”, uno no deja de sentirse preso de esas paredes en su departamento, casa o ” La cueva del chancho”, somo solía mentar el inolvidable Geno Diaz en su novela homónima. Uno de los textos mas impactantes  referidos a la imprevisible codianeidad porteña, que nos brindó la generación de los ´60.

Historia coral, relatada en tres partes con personajes que confluyen en el impredecible final, asemeja en varios de sus pasajes sensaciones similares a las que genera el actual martilleo de “quedate en casa”, que más allá de su razonabilidad, genera muchas veces efectos contraproducentes. Por ejemplo, el vecino de Santa Rita, o Saavedra, y sin ir mas lejos Belgrano (que ya es bastante lejos, según se mire), puede gozar de arboledas abundantes y frescas, casas con fondo, jardín de entrada y espacio suficiente para ver el sol o la lluvia, hacer ejercicios, caminar, y otras actividades tranquilizadoras. Si se combina con actividad literaria, melómana o culinaria, son paliativos atendibles, comparados con aquellos hacinados en dos o tres ambientes, con hijos o no, que terminan alquilando el perro del vecino para respirar un rato de aire puro.

O en algún infimo balcón tratan de simular las largas caminatas de tiempos libres, hasta bordear la enajenación. Primer fallo de la normativa en el ámbito de la ciudad: faltó relevar las características urbanísticas de cada zona para implementar la medida. Incuyendo las villas, que con sus modalidades siguen coexistiendo en un entorno de riesgo y falta de recursos. Pero vayamos a las franjas etáreas alcanzadas por el DNU en cuestión. No se ha constatado fehacientemente que los adultos mayores de 60, sean los mas vulnerables al virus.

No todos al menos. Hace rato que la llamada tercera edad se constituye en una suerte de “segunda juventud”, muchas veces  vital y exenta de riesgos que los más jóvenes. De hecho, la verificación de la morbomortalidad del virus indica que alcanza desde bebés, adolescentes y jóvenes tanto como ancianos. Solo la manipulación estadística de las enfermedades preexistentes (no genéticas, sino adquiridas) puede hacer que mucha gente sana y activa, baje en horarios casi reglamentados, con la sensacion de Richard Kimble,

El Fugitivo, para ir al supermercado o la verdulería. Segunda falla, no haber consultado a especialistas (gerontólogos, psiquiatras, psicologos) para segmentar las consecuencias del desvalimiento en una situación como la actual. Cabe consignar que Buenos Aires, así como es la ciudad del Cono Sur de mayor cantidad de mascotas por habitantes, también es la que cuenta con  mayor cantidad de adultos mayores que viven solos. Muchos, ya habituados, tienen rutinas que el abrupto corte los dejó, además, desolados.

Buena iniciativa los voluntarios colaboradores, pero poco eficiente. Y todas las actividades “on line” propuestas por el jóven ministro de Cultura porteña, el cuarentón Enrique Avogadro, resultan inaccesibles para quienes tecnológicamente no han aquirido las habilidades necesarias, pese a los millonarios presupuestos de la ciudad para cursos, seminarios y otras actifidades vinculadas a tal fin. Y finalmente, llegamos a las “excepciones”, punto cúlmine del compendio de absurdos del decretón fernandiano. Inviables las páginas oficiales, ya por saturación o escasa capacidad logística, todo queda librado a la buena voluntad de patrones y otorgantes. Por ejemplo, no tener una impresora en el hogar, puede ser causal de carecer de esta especie de salvoconducto que al menos permite transitar por las calles desiertas con alguna inquietud menor a enfrentar la voracidad recaudatoria del Estado porteño, o afrontar algún uniformado intempestivo.

La ASPO está siendo exitosa por una conciencia social, que es superior al disciplinamiento que buscaron sus autores, apelando a los todavía perceptibles resabios del Proceso, cuando se pretendió mandar a toda la sociedad a “Cuarteles de Invierno”, como reflejó aquella otra gran novela, del tandilense Osvaldo Soriano, no menor que la citada al comienzo. Es cierto que reaparecieron algunas conductas superadas de entonces, como la delación, el abuso , la prepotencia, la irrespetuosidad, pero todas en menor proporción. Salvo algún episodio anecdótico (un surfer, algún empresario, policías bonaerenses “bailando” vecinos), prevaleció el trato civil con dignidad. Con responsabilidades asumidas. Raro experimento social este confinamiento. Quizá cuando termine, podremos mirarnos a los ojos con el vecino como si fuera la primera vez. Quizá podremos ver a Buenos Aires con sus bellezas y miserias, más clara y transparente, “tan eterna como el agua y el aire”,  en los versos borgeanos.

Origen: LaPrensa

Suecia, un país serio

Alejandro A. Tagliavini

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Estocolmo está en paz y libertad. Hay gente, hay vida en las cafeterías y adolescentes charlando en los parques. Las autoridades aconsejan el distanciamiento social, el trabajo en casa, que las personas mayores de 70 años se aíslen y que las reuniones se limiten a 50 personas. Está prohibido estar de pie en los bares, pero dan servicio en mesas. Las escuelas secundarias y universidades están cerradas, pero no las preescolares y primarias.

“Suecia es un caso atípico”, dijo Johan Giesecke, de la Agencia de Salud, “Otras naciones han tomado medidas políticas desconsideradas en lugar de las dictadas por la ciencia”. Coincidiendo con muchos científicos, como Lawrence Gostin, de Georgetown, que asegura que las cuarentenas nunca son efectivas. La cuarentena obligatoria – impuesta por el Estado policial- no es real porque se puede contagiar desde el balcón, en el ascensor, etc., y los recluidos son…

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Coronavirus: ¿Se aplana la curva de contagios o se informal mal?

Por

Marcos Novaro 

¿Por qué se testea tan poco, el Estado que nos cuida es confiable?

“El número de casos de coronavirus viene por debajo de lo esperado”, dijo el sábado el ministro de Salud Ginés González García. Pareció tentado de decir a continuación: “¡Estamos ganando!”.

¿Realmente se está aplanando la curva de contagio? ¿Y eso sería porque la cuarentena se cumple a rajatabla y es un rotundo éxito político o porque se testea a muy poca gente? Y tan importante como lo anterior: ¿Eso pasa porque el Gobierno no tiene los recursos necesarios y se organiza mal o porque se armó un “INDEC sanitario” para dar buenas noticias?

Hasta acá en la Argentina se han hecho 64 tests por cada millón de habitantes. En Ecuador en cambio se hicieron 339, en Perú, 312, en Uruguay 608 y en Colombia 188. En los Estados Unidos, pese a todos los dislates de Donald Trump, se realizaron 1650. Estamos peor que México, que además informa muy mal sobre sus testeos, y que Paraguay, y apenas un poco mejor que Bolivia.

El manejo de la información sobre los tests ha sido de lo más desprolija y confusa desde el comienzo. Varias veces se comunicó desde oficinas gubernamentales que se los había descentralizado, que además del Instituto Malbrán ya había varios laboratorios haciéndolos. Aunque algunas versiones hablaban de cuatro centros, otras de 19 y hasta de 35. Y ahora se viene a saber que todavía el asunto está en veremos.

No es el único tema en el que el Gobierno camelea o se enreda, difundiendo versiones supuestamente tranquilizadoras que generan más incertidumbre y angustia cuando la realidad las desmiente. Desde Salud se dijo sobre un tema crítico como es el de las camas de terapia intensiva que “no había de qué preocuparse”.

Según los funcionarios en el país no habría menos de 11.000, y seguían contando. Si fuera cierto tendríamos el doble que Japón, un caso ejemplar en el mundo, con 13 cada 100.000 habitantes. En vez de hacer cuentas raras podrían haber consultado un detallado estudio realizado el año pasado, de todo el sistema de salud de la Argentina, que reporta poco más de 4.000. Es decir, alrededor de ocho cada 100.000 habitantes.

El kirchnerismo en especial y muchos peronistas en general tienen la costumbre de hacer de cualquier problema de gestión una ocasión para dar batallas ideológicas e ilustrar que, aunque las cosas les hayan salido mal y les sigan saliendo mal, la razón siempre está de su lado. Ahora están empecinados en afirmar que la emergencia va a probar la utilidad y disimular los vicios de su peculiar versión del estatismo. Una que promueve el uso irracional de los recursos, el engorde de las plantillas y el caos administrativo. Y que el mundo entero “hace peronismo” cuando lanza planes de asistencia económica.

Repone así discusiones viejas, sin haber aprendido mucho de las crisis previas en las que se plantearon. Ya quedó bien a la luz que lo que necesitamos no es un Estado inflado y desarticulado, que se ocupe de todo o casi todo. Sino uno fuerte y eficiente, capaz de hacer frente a distinto tipo de problemas. Uno capaz de reunir información precisa sobre las cuestiones a resolver y de hacer el mejor uso posible de los recursos con que cuenta, compatibilizando objetivos en tensión. En este caso el combate del virus, la supervivencia de la economía y los derechos de los individuos.

En lugar de eso la actual gestión parece haberse vuelto un “gobierno sanitario” que actúa brutalmente para frenar los contagios, porque no cuenta con instrumentos para hacerlo en forma más quirúrgica e incruenta. Y se mueve con distinto grado de racionalidad y sentido común en distintos terrenos. Reunió a médicos que saben y se deja asesorar por ellos pero no hizo lo mismo con los economistas.

Aunque se encontró un par de veces con los opositores no creó con ellos ningún mecanismo regular de consulta. Tampoco lo hace con los actores económicos. Por lo que sus decisiones parecen estar cada vez más sesgadas en contra de la prevención de males mayores en la economía, y sus medidas sanitarias se vuelven cada vez más amenazantes en los otros terrenos a atender. Algo que le sucede también a otros países, pero aquí parece adquirir una gravedad particular.

Este no es el motivo principal por el que se extenderá la cuarentena, pero esta decisión es también ilustrativa de las deficiencias de nuestro Estado. ¿Por qué sería necesaria esta extensión, si la Argentina parece haberse anticipado al estallido de los contagios y la circulación generalizada del virus, y el ministro de Salud considera incluso que estaríamos logrando “aplanar la curva”? Porque para hacer una política mejor, más focalizada, con muchos más testeos y el seguimiento de los grupos de riesgo y las cadenas de contagio, haría falta un Estado más eficiente. Que no tenemos y ahora nos falta como nunca antes. El cierre total de las fronteras y la decisión de frenar las repatriaciones obedece a la misma lógica.

La verdad es que nunca se supo muy bien qué hacer con los controles en el aeropuerto internacional de Ezeiza y se realizaron cosas absurdas y contradictorias. A muchos viajeros procedentes de países con circulación del virus no se los evaluó ni aisló hasta bien avanzado marzo, y aún después de la cuarentena general se cambió varias veces de criterio sobre qué hacer con ellos.

A los porteños por momentos se los mandó a su casa y por momentos a hoteles, para asegurar el respeto de la cuarentena. Mientras que a los residentes en el interior se les aplicaron en forma inversa este o aquel criterio, y pueden haber terminado recluidos en unidades de Gendarmería o haber sido enviados a sus casas sin ninguna supervisión según el avión en que viajaron. Nadie sigue sus casos porque el Estado no tiene ni la organización ni el entrenamiento para hacerlo. Un caos.

Por algo finalmente se tomó la decisión draconiana de cerrar todo, prohibiendo las repatriaciones salvo casos excepcionales, que tampoco se ha aclarado cuales son, porque no se sabe muy bien qué criterio adoptar. Incapaces de planificar y fijar criterios claros y razonables, se “cortó por lo sano”. Parecido a las privatizaciones de Carlos Menem. Eso sí, dando la impresión de estar muy apurados y decididos, de que “no nos temblará el pulso”, una expresión que no es casual que Alberto Fernández haya reflotado.

Si alguien en el Gobierno esperaba sacar de esta crisis ciertas ventajas para fortalecer al Presidente como piloto de tormentas y para consolidar su “victoria cultural” sobre el siempre denostado liberalismo (al que se alude siempre anteponiéndole el prefijo “neo”, un subterfugio para hacer la tarea más fácil), ojalá ya se haya desayunado de que no va a ser tan fácil.

Mientras más tiempo pasa y se agrava la crisis sanitaria y económica, más queda en claro que los países que mejor lidian con la emergencia no son las dictaduras estatistas ni los populismos radicalizados. Sino las democracias con estados eficientes, en general con planteles mucho más reducidos que los nuestros y mucho más ágiles para adaptarse a cambios de circunstancias.

Con más autoridad y legitimidad sobre sus ciudadanos y mayor capacidad técnica para emprender tareas delicadas como regular el tráfico en las fronteras, identificar a personas enfermas, aislarlas y atenderlas. En ellos las cuarentenas generalizadas no hicieron falta, o van a ser breves. En vez de darles cátedra esmerémonos en imitarlas en lo que esté a nuestro alcance. Ya que aún estamos a tiempo.

Origen: Periódico Tribuna de Periodistas

“Si no nos mata el virus, nos mata el hambre”: el riesgo de salir a trabajar en la cuarentena

Marilín Luján, es una vendedora de bebidas dulces en Maracaibo, Venezuela [Foto: Gustavo Ocando Alex, VOA].
MARACAIBO, VENEZUELA — Marilín Luján, venezolana, madre de siete hijos, revuelve varios litros de papelón con limón que almacena, junto a grandes trozos de hielo, dentro de su balde verde en una esquina de la avenida Los Haticos.

Una veintena de personas se agolpa en una fila a sus espaldas, bajo la sombra de un árbol, a la espera de un bus del transporte público. El centro de Maracaibo está ajetreado a pesar de la cuarentena por el virus del PCCh (Partido comunista de chino).

Marilín, mientras, agita con un cucharón su bebida dulce para servirle un vaso a una señora quincuagenaria que se desploma, acalorada, agotada, en un banquillo de plástico, muy cerca de ella.

Es su décima venta de la mañana de este martes. “Me he ganado 200.000 bolívares”, dice, feliz. Ya tiene planes para ellos: comprará un kilo de arroz, verduras varias y un chorrillo de salchichas colombianas, que en Venezuela se conoce como “manguerita”.

La mujer, vestida con un suéter deportivo de capucha, a pesar de las altas temperaturas, piensa en sus hijos mientras cobra su última transacción.

Porta un tapabocas de tela blanca y negra que ella misma confeccionó, pero que, por los momentos, guinda de su cuello, cual corbata.

“Sí temo por mi salud y la de mis hijos, pero, si no trabajo, no comen”, dice, en relación con la cuarentena decretada en Venezuela hace una semana y media por la pandemia del virus del PCCh.

El presidente en disputa Nicolás Maduro anunció el 15 de marzo el inicio inmediato del aislamiento colectivo en Zulia y otras seis regiones de Venezuela para prevenir el brote del nuevo virus del PCCh.

Esa noche, al escucharlo en la televisión, Marilín lloró sin parar. En su alacena, solo había un kilo de arroz y otro de lentejas al momento del discurso de Maduro.

“Pensé en mis hijos. ¿Qué les doy de comer? No tengo trabajo fijo”, comenta, antes de batir su infusión frente a un par de potenciales clientes que, sedientos, se acercan a preguntar sus precios.

Un país “frágil”

Las restricciones de tránsito y de actividad económica para prevenir el contagio del virus del PCCh en Venezuela han empeorado la ya crítica situación económica de miles de hogares, como el del Marilín.

Las autoridades locales de estados como Zulia, el de mayor densidad poblacional del país, han limitado las operaciones comerciales formales e informales entre la madrugada y las 2:00 de la tarde.

Jesús Casique, economista y director de la firma Capital Market Finance, destaca que el Instituto Nacional de Estadística no ha presentado un reporte oficial en meses.

El Fondo Monetario Internacional estimó antes de declararse la pandemia del virus del PCCh que el desempleo en Venezuela rondaría el 50 por ciento al cierre de 2020.

Casique valora que el indicador de la desocupación venezolana incluye a entre el 56 y el 60 por ciento de la población.

“Se ha venido incrementando. Hay profesionales que tuvieron que dedicarse a ofrecer servicios no relacionados con su profesión, como la venta de tortas, la mecánica o el transporte privado”, indica.

El economista anticipa que los efectos globales y locales de la pandemia del nuevo virus del PCCh atizará la hiperinflación. Opina que perjudicará particularmente a quienes en Venezuela ofrecen servicios distintos a la prioridad del momento: la alimentación.

“El país no está preparado para esta crisis. Venezuela es el único país del mundo que acumula seis años sin crecer su economía y con hiperinflación. El virus del PCCh agarró al país en condiciones muy frágiles”, advierte Casique.

“Ya estoy en crisis”

Hugo Ávila, mecánico, de 43 años, agita su mano para llamar la atención del chofer de una camioneta que cruza la calle Cecilio Acosta a las 8:30 de la mañana. No se detiene.

El hombre, padre de seis hijos y responsable de un hogar que también incluye a su esposa y su suegra, solo ha reparado dos carros en los últimos 10 días, es decir, desde que inició la cuarentena.

Durante los últimos ocho años, había brindado servicios a entre ocho y 10 clientes a la semana.

Él y decenas de mecánicos más copan la avenida 14A de la ciudad, usualmente repleta de talleres a puertas abiertas y clientes frecuentes. Este martes, reinan la soledad, el silencio, el desempleo.

Ávila admite que su familia no come tres veces al día, sino una, desde que arrancó la cuarentena.

“Estoy tratando de estirar la plata, pero ya estoy en crisis. Si no nos mata el virus del PCCh, nos mata el hambre. ¿De dónde vamos a sacar pa’ comer y eso?”, se pregunta.

La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida reflejó que el venezolano en situación de pobreza ha perdido 13 kilogramos de peso corporal, en promedio, debido a sus limitaciones para adquirir comida desde 2017, cuando arreció la crisis económica en 2017.

El mismo sondeo, realizado por investigadores de tres universidades, determinó que 89,4 por ciento de los venezolanos cree que sus ingresos son insuficientes para garantizar la alimentación familiar.

Luis García, encargado de un quiosco de venta de cigarrillos, pasapalos y refrescos de soda de la avenida Bella Vista de Maracaibo, dice que el anuncio de la cuarentena fue “un balde de agua fría”.

Su familia, dice, tiene comida para resistir 10 días de claustro doméstico, pero no más. “Vivimos del (ingreso) diario”, insiste.

En el cruce de la avenida Delicias de Maracaibo con la calle Doctor Portillo, coinciden las mismas necesidades de una docena de hombres entre los 20 y los 40 años.

Venden matamoscas, polvos contra las cucarachas, forros de cuero para volantes y frascos de vidrio repletos de merey (nuez).

Bryan Reyes, de 34 años, padre de dos niños, pedalea en bicicleta desde el municipio La Cañada de Urdaneta, a una hora y media de distancia, para ofrecer allí sus productos en plena pandemia.

“Eso es mentira que alguien va a tener un mes ‘guardao’ de comida porque el gobierno dijo que había cuarentena de la noche a la mañana”, refunfuña.

Asegura que el anuncio lo pilló desprovisto. “Nosotros podemos mantenernos uno o dos días, pero después hay que salir. La plata no rinde”, explica.

Dice entender la gravedad del virus del PCCh, pero, añade, le resulta “peor” escuchar el clamor de sus dos hijos dentro de una casa cuya estantería permanece semivacía en la cuarentena.

“Bravo es que lleguéis a la casa y el hijo o la hija tuya te digan: ‘papi, tengo hambre’”, expresa, mascando la molestia y la tristeza en un mismo bocado, ante el asombro de sus colegas de oficio.

Venezolanos aseguran que sus dineros se evaporan rápidamente si tienen dos o tres días continuos sin trabajar. [Foto: Gustavo Ocando Alex, VOA].
Venezolanos aseguran que sus dineros se evaporan rápidamente si tienen dos o tres días continuos sin trabajar. [Foto: Gustavo Ocando Alex, VOA].

Fuente: Voz de América

Cuarentena total y tercera edad: cómo impacta el encierro en la gente mayor

Es importante estar atentos a las personas de la tercera edad que están solos durante esta pandemia (Shutterstock)

Es importante estar atentos a las personas de la tercera edad que están solos durante esta pandemia (Shutterstock)

La pandemia del coronavirus está poniendo en jaque a la humanidad. Con el paso de los días y tras el anuncio de la cuarentena obligatoria en Argentina y en otros países como Italia o España, el confinamiento lleva a un cambio de hábitos que pueden provocar un malestar tanto físico como psicológico.

El mensaje fue claro: toda la población debe permanecer en sus casas. Si bien hay excepciones, hay una porción de la población a la que la cuarentena obligatoria puede afectar más que a otros: los ancianos.

“El hecho de estar en confinamiento es un cambio importante para los individuos, ni hablar para los abuelos. La tercera edad es una población más vulnerable, por eso es vital que se tomen medidas prontas en cuanto a la estimulación de las mismas para que no los afecte e impacte negativamente en sus vidas”, dijo a Infobae Pablo Bagnati, médico psiquiatra (MN 63538) del servicio de neurología del Fleni.

Los estímulos electrónicos facilitan el contacto con los mayores Shutterstock

Los estímulos electrónicos facilitan el contacto con los mayores Shutterstock

El especialista explicó que la generación que hoy transita la tercera edad suele tener una actitud “espartana” para resistirse a ciertos cambios pero que también puede desarrollar conductas de aislamiento que se amplifican demasiado por el confinamiento obligatorio, lo que puede llegar a ser peligroso. “Por suerte hoy contamos con tecnologías que permiten una mayor conexión social que se encuentran al alcance de la mano y posibilitan un acercamiento a esa persona en todo momento”, explicó Bagnati.

En este contexto, el profesional recomendó promover conductas resilientes como retomar lecturas postergadas, terminar una serie o simplemente reponer fuerzas en el sillón y así estimular lo conductual. “Es importante ser cautelosos con la sobreinformación, ya que tantas noticias como cantidad de muertos, infectados y demás cuestiones relacionadas que sobrepasan los límites necesarios y ponen a la persona en un estado de alerta continuo desgastando el bienestar psíquico”, apuntó el profesional.

El hecho del confinamiento es similar a vivir un duelo, ya que aunque sea algo transitorio, de acuerdo al profesional, las personas atraviesan un proceso similar: “En la primera etapa se enojan y hasta pueden tener ira. En la segunda pueden pasar por un poco de depresión y finalmente se supera cuando se empieza a valor más lo que tiene a su alrededor de lo que el encierro le privó”.

La tercera edad, una de las más vulnerables ante la cuarentena obligatoria Shutterstock

La tercera edad, una de las más vulnerables ante la cuarentena obligatoria Shutterstock

En cuanto a los hábitos a los que “invita” la cuarentena, el especialista también apuntó a los hábitos sedentarios y que es importante evitarlos a toda costa: “El encierro nos lleva a abandonar en muchos casos los buenos hábitos alimenticios, el ejercicio físico y también mental por eso es importante no perder el equilibrio y tener en cuenta que la cuarentena es un factor sostenido en el tiempo y hay que volver de a poco a la rutina”.

“Es importante que el entorno de la persona mayor tenga un mensaje positivo para darle a ese abuelo o abuela, no sobreinformarlos ni tener una actitud alarmista sobre el tema. Por otro lado, siempre recomendar que si la persona está con algún síntoma, la cuarentena no significa no concurrir al médico, estar muy atentos”, enfatizó el profesional.

A pesar de que la tercera edad es una población más estoíca y acostumbrada a estar solos o a pasar más tiempo con menos estímulos, es una población de riesgo a la que, según el especialista, debemos estar atentos ya que el peligro está en que tienden a aislarse, a ser sedentarios por eso es vital el rol del entorno para con esto.

Origen: Infobae

La solidaridad solo puede ser voluntaria

Por

Rogelio López Guillemain 

Liberalismo en tiempos de Coronavirus

Sin egoísmo racional, tanto la solidaridad como la caridad son impracticables. La solidaridad es un acto de profundo egoísmo racional.

¡Es tiempo de ser solidarios y dejar de ser egoístas! ¿Seguro?

Sin dudas el primer impulso que tenemos es a estar de acuerdo con esta idea, pero si queremos ser eficaces en la superación de momentos críticos como el actual, de nada sirve ponernos emotivos. Es tiempo de tener la cabeza caliente y el corazón frio. El margen de maniobra que tenemos como país es pequeño y el equivocarnos resultaría muy costoso en dinero y principalmente en vidas. Las buenas y nobles intenciones pueden convertirse en muy malas ideas.

Primero lo primero. Solidaridad y egoísmo no son contrapuestos. Al menos desde la noción del egoísmo racional, concepto que no tiene nada que ver con la avaricia, la codicia o la arrogancia.

Podemos definir al egoísmo racional como el amor propio o la auto estima desarrollada en su justa medida y que se expresa en la búsqueda del interés personal.

La externalización del egoísmo racional es la modestia (palabra que proviene de medida, la exacta ponderación), su vicio por defecto, es la humildad (que viene de humus, postrado en la tierra) y su perversión por exceso la soberbia (quien se auto percibe por sobre el resto).

La solidaridad sólo puede ser voluntaria, su imposición u obligatoriedad desvirtúa su naturaleza y la transforma en un eufemismo que disfraza de “bondadosa” a la arrogancia y al despotismo de quien la impone (gobernante).

Por ello, la base ética y moral del ejercicio de la solidaridad se encuentra en la filantropía (amor al hombre). La solidaridad es la realización práctica de la filantropía.

La filantropía (y su efector la solidaridad) es el sentimiento del que se ve humano y por ende, similar a otro humano; por ello, nada de lo humano le es ajeno a su persona (Terencio II A.C.) y es en esa comprensión, que practica la empatía y la solidaridad para con el otro.

La solidaridad, desde la filantropía y más precisamente desde el egoísmo racional, se basa en el poder mirarse uno mismo reflejado en el otro, como si fuese un espejo, y en ese reflejo, entender que mi propio bienestar está condicionado por el bienestar del prójimo. La ética que guía nuestros actos nos inclina a realizar lo correcto. Si no poseemos valores éticos no seremos egoístas racionales (más bien seremos pasionales), no seremos filantrópicos y por ende, no seremos solidarios (valor moral).

La filantropía no es auto sacrificio, no es un tema de desprendimiento absoluto. Valorar y tener consideración para con otro no significa sacrificarse, sino más bien auto valorarse para poder valorar al otro.

Nada es gratis y todos nuestros actos están sometidos a este principio, incluso los solidarios. Pero debemos diferenciar lo que es el costo (inversión no exclusivamente económica) incluido en las acciones que llevamos adelante en la búsqueda de un bien superior (el beneficio pretendido necesariamente será mayor que el costo invertido), y otra muy distinta es la cultura del sacrificio, la que alienta a resignar un bien de valor superior por otro inferior.

Sin egoísmo racional, tanto la solidaridad como la caridad son impracticables. La solidaridad es un acto de profundo egoísmo racional.

¿Y dónde encaja lo del Liberalismo en tiempos de Coronavirus? En comprender que la solidaridad no puede ser impuesta.

Debemos darnos cuenta que la única regla de convivencia necesaria, es el respeto por los derechos del otro. Debemos entender que vulnerar esos derechos, no solo es injusto, sino que golpea con más fuerza a los más necesitados. Medidas que afectan el derecho de propiedad (por ejemplo los precios máximos) terminan indefectiblemente en desabastecimiento y en el desarrollo de un mercado negro inseguro y muchísimo más caro.

Coaptar el libre tránsito de quienes están sanos, en lugar de sancionar de modo exprés y con todo el peso de la ley a quienes deben estar en cuarentena por ser posibles portadores; no solo es injusto, sino que generará una caída brutal de la actividad económica, un parate en la prestación de bienes y servicios, con una consiguiente pérdida de ingresos que afectará principalmente a los trabajadores en negro, a los cuentapropistas y a los dueños de PYMES.

La caída de la actividad económica va a generar muchísima más pobreza, muchos pobres pasarán a ser indigentes y la pobreza se expresa en la imposibilidad de comprar abrigo, remedios o alimentos. Todo eso implica más enfermedades, menos posibilidades de enfrentarlas y más muertes, y las posibilidades de reacciones desesperadas e ilegales por parte de los más afectados, es una posibilidad cierta.

Por supuesto que es mucho más fácil y es políticamente correcto decir que todos debemos quedarnos en casa para combatir el Coronavirus. Y a pesar de considerar contraproducentes estas decisiones, debemos cumplir la cuarentena y las medidas económicas porque esta es la estrategia sanitaria que se está llevando adelante e incumplirla aisladamente es una postura aun peor que cumplirla.

Pero ello no implica que uno pueda estar en desacuerdo con estas medidas y que procure anticipar los efectos que las mismas van a ocasionar en nuestra sociedad. “Entendería” esta estrategia si fuésemos un país rico que tiene un “colchón” que le permite asumir las pérdidas. Pero la Argentina actual no sólo no tiene “colchón” ni “cama” ni “dormitorio”, sino que tiene un déficit terrorífico y una deuda inusitada.

Repito, creo que las medidas tomadas por el gobierno, no solo son ineficaces sino contraproducentes. El tiempo dirá quién tiene razón, espero, de todo corazón, estar equivocado.

Origen: Periódico Tribuna de Periodistas

¿Te desespera el encierro? secretos en los submarinos nazis que sirven para sobrellevar la cuarentena 

El más recomendado por los sicólogos es mantener la rutina y convertirla en el mejor aliado para evitar la claustrofobia. Esta situación la refleja la pelicula Das Boot el Barco,es un largometraje alemán de cine bélico y dramático de 1981, dirigido por Wolfgang Petersen y basado en la novela homónima de Lothar-Günther Buchheim. El Político […]

Origen:  El Politico

Wuhan vuelve a empezar: cómo será la vida luego de la cuarentena en la ciudad donde se originó la pandemia

El confinamiento en la ciudad china de Wuhan, origen de la epidemia de Covid-19, comenzará a flexibilizarse el 8 de abril, anunció el martes el gobierno chino

El confinamiento en la ciudad china de Wuhan, origen de la epidemia de Covid-19, comenzará a flexibilizarse el 8 de abril, anunció el martes el gobierno chino

Por Flavia Tomaello

Mientras algunos países se enfrentan los inicios de la pandemia, allí donde todo comenzó, la normalidad se asoma. Los 11 millones de habitantes del epicentro del coronavirus comienzan a retomar sus vidas

Sigue…

Origen: Infobae

El modelo Singapur para enfrentar al coronavirus

Un ciudadano argentino residente en el país asiático cuenta la experiencia de cómo se trabajó allí para enfrentar al Covid-19 sin la necesidad de paralizar todas las actividades.

Por Juan César Bertoldi (*)

Llevamos viviendo en Singapur desde hace poco más de un año, un recién llegado a los ojos de la extensa comunidad de expatriados que viven aquí, con lo cual mi conocimiento de la sociedad de este país y de su idiosincracia es todavía limitado, mezcla de algunas experiencias de primera mano y de los lugares comunes y estereotipos que tan fácilmente se transmiten y adoptan cuando uno llega a un nuevo pais.

Pasamos las fiestas en Argentina y volvimos en los primeros días de enero, en lo que hoy parece un mundo lejano. En esos momentos el coronavirus empezaba a ganar espacio en los medios y a los pocos días apareció el primer caso en Singapur, poniendo en marcha lo que ha sido una respuesta continua y eficiente que ha permitido a Singapur mantener al virus medianamente bajo control. Hoy, mientras escribo esto, Singapur tiene un número de 432 casos, una incidencia de 74 casos por millón de habitantes, de los cuales 140 han sido dados de alta, 2 han fallecido y unos 290 permanecen todavía hospitalizados. En los últimos días ha habido un repunte de los casos, pero representan en una mayoría, alrededor del 80%, casos importados, ciudadanos que vuelven de Europa o Estados Unidos. Las escuelas han seguido funcionando, y si bien se ha reducido mucho la actividad, la gente sigue haciendo vida normal aunque quizás con un mayor cuidado, saliendo menos, evitando los lugares concurridos, y tomando las precauciones lógicas. 

¿Qué hizo Singapur para “controlar” el virus, o al menos para reducir el contagio y mitigar su impacto, y para que hoy este relativamente mejor, luego de casi dos meses del primer caso? Desde mi punto de vista, como un residente y no como un experto en políticas publicas, la respuesta de Singapur ha sido decisiva y contundente, y destacaría tres ejes principales:

Preparación. Ademas de una infraestructura de salud del primer mundo, la experiencia de SARS en 2003 y de la gripe A en 2009 fue utilizada por Singapur para crear un sistema nacional de respuesta a epidemias, llamado DORSCON, que establece los protocolos y medidas a seguir de acuerdo a la gravedad de la epidemia. Ademas de predefinir muchas de las medidas a tomar, el sistema también permite crear el necesario sentido de urgencia en la población para tomarlas.

Información y transparencia. Singapur puso rápidamente en marcha un sistema de comunicación, usando distintos canales, desde television hasta WhatsApp, compartiendo cada una de las medidas que iba tomando el gobierno y también comunicando el cambio de conductas que era necesario de parte de la población. En un momento, donde es cada vez mas difícil separar la información rigurosa de las fake news, establecer un canal de comunicación confiable es fundamental.

Agilidad en la definición e implementación de las medidas. Singapur ha implementado muchas de las medidas que hoy están tomando el resto de países, como las restricciones de viaje, cierres de fronteras y aislamientos y cuarentenas. La gran diferencia ha sido el timing de las medidas y el vigor y disciplina con que se han implementado. Desde el principio, Singapur implementó el protocolo de contención: detección de los casos, hospitalización del 100% de los pacientes, incluyendo los casos leves, y luego el rastreo y aislamiento de las personas que habían estado en contacto con los infectados. Canceló los vuelos desde Wuhan a los dos días de haber aparecido el primer caso, limito los viajes de China, y comenzó a hacer un screening de todos los pasajeros que llegaran de destinos con casos, como China, Corea o Italia.

Rápidamente implementó cuarentenas para las personas que vinieran de zonas de contagio, ejerciendo controles de que se estuvieran cumpliendo, y eventualmente imponiendo penas severas, incluyendo el retiro del permiso de trabajo, y consiguiente orden de dejar el país a mas de 20 extranjeros. El sistema de screening (que consiste fundamentalmente en un cuestionario y en tomar la temperatura) se extendió rápidamente a todos los edificios de oficinas y escuelas. Estas medidas han sido tomadas en forma progresiva, en función de la evolución de la crisis, y tratando de balancear los riesgos de la epidemia con las restricciones y el impacto en la vida diaria.

Es imposible trasladar la receta de Singapur y aplicarla en forma integral en otros lugares, porque cada país tiene su contexto, sus instituciones y su cultura. Singapur es una ciudad-estado, lo cual le permite actuar con mayor rapidez al no tener que coordinarse la respuesta entre dos o tres niveles de gobierno como en otros países, es una sociedad muy asiática, donde existe una mayor consideración al bien común por sobre el individual, y donde también se acepta con mayor naturalidad las intervenciones del Estado en la vida individual. La gente confía en el Estado, y este, con su capacidad y competencia para formular políticas públicas, recompensa esa confianza.

Sin embargo, a pesar de estas particularidades, la experiencia de la gestión de esta crisis en Singapur permite rescatar principios útiles para cualquier país: invertir en preparación, en la infraestructura necesaria y en los protocolos de respuesta; comunicar en forma efectiva y transparente, recreando y afianzando la confianza publica ; adelantarse a la crisis, tomar las medidas necesarias e implementarlas con todo el vigor y la efectividad.

No tengo dudas de que esta pandemia se va a superar, con mucho dolor y sufrimiento de todos, y con un balance de vidas perdidas cada día mas escalofriante. Ojalá también que podamos aprovecharla, que nos sirva para mirarnos en el espejo, darnos cuenta de nuestra fragilidad y trazar una nueva hoja de ruta.

(*) Licenciado en Administración de Empresas. Consultor independiente.

Origen: LaPrensa

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