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Pegar un plátano, por Cristina Dreifuss

“El sábado 7 de diciembre, alrededor de la 1:45 p.m., una persona se comió un plátano. No tiene nada de extraordinario, mucha gente lo hace, pero en este caso, se trataba de parte de una obra de arte, valorada en US$120.000”. (Ilustración: Víctor Aguilar)

“Quien pague los US$120.000 lo hará por un papel que representa haber estado ahí, en el momento en el que dichos objetos estuvieron expuestos”.

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Origen: comercio.pe

Entre el arte, la historia y la tecnología: 17 actividades imperdibles de la Noche de los Museos

Así se verá el Obelisco, según Julio Le Parc

Así se verá el Obelisco, según Julio Le Parc

Hoy, a partir de las 20 y hasta las 3 de la mañana, 280 espacios públicos y privados abrirán sus puertas de manera gratuita. En esta nota, un itinerario posible para disfrutar del evento que se realiza desde hace 15 años en la Ciudad de Buenos Aires. La Televisión Pública transmitirá en vivo

Después de décadas investigando la luz y el movimiento, uno de los grandes representantes del arte cinético y contemporáneo, Julio Le Parc, el multifacético artista argentino, utilizará por primera vez la técnica mapping para proyectar una gran cantidad de obras y de efectos en uno de los mayores emblemas porteños. Se trata de un hecho inédito que, en el marco de la Noche de los Museos, y dentro del homenaje nacional Julio Le Parc-Un visionario, organizado por el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Será un hecho cultural gratuito e inédito en el espacio público.

Exhibiciones en el Cabildo

El Cabildo no se queda afuera y cuenta con varias exposiciones. Lo principal son las seis salas para conocer uno de los períodos más importante de la historia argentina, desde los tiempos coloniales hasta la Revolución de Mayo y sus consecuencias.

Luego, La Conspiración: una experiencia visual y sonora a partir de una historia real. Se trata de una muestra basada en la “Conspiración de Álzaga”, episodio que sucede en Buenos Aires en 1812. La muestra narra el devenir de esta historia a partir de dispositivos sonoros y dibujos en clave de cómic, invitándonos a pensar en los cambios que produjo la Revolución de Mayo en la sociedad porteña.

Un prototipo de exhibición, La pava de hornillo. En el marco del proyecto #RadiografíasDelTrabajo, en el hall del museo hay un nuevo espacio de construcción, diálogo y debate colectivo. Un prototipo de exhibición sobre uno de los objetos de la colección del museo: la pava de hornillo.

Otra propuesta: Excavación arqueológica. Sé testigo de una excavación en el patio del Museo para buscar los antiguos muros del edificio original. Además de ver el trabajo que realiza nuestro arqueólogo, en el hall podrás encontrar algunas de las piezas halladas (restos de metal, cerámica, mayólicas, vasijas y ladrillos antiguos).

De Revolución en Revolución. Juan Carlos Romero en el Cabildo: Con esta obra gráfica, el artista argentino Juan Carlos Romero (1931-2017), homenajeó la Revolución Haitiana, la más radical de todas, en el contexto de los bicentenarios de las independencias latinoamericanas.

* Museo Histórico Nacional del Cabildo y la Revolución de Mayo, Bolívar 65.

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Origen:Infobae

“Yo he legalizado cocaína gracias al arte”

Cocaína, las FARC, Pablo Escobar: hablamos con Edinson Quiñones, el narco-artista colombiano

magen superior: Alba Muñoz/ El resto de fotografías pertenecen a obras de E.Quiñones.

Edinson Quiñones apoya sus dos dedos anulares sobre la mesa. Son más delgados que el resto: “Yo he luchado, he sangrado en Popayán. Perdí un dedo en 1995 y otro en 2005, por cortes de machete”. Se explica: “ Los colombianos hacemos esgrima con machete. Es una derivación marginal de lo que nos enseñaron los españoles. Aprendí de niño y he sido buen peleador. Como puede ver, estoy sano”.

Quiñones se ha convertido en un artista conocido por utilizar la coca —en todas sus facetas— como materia prima para sus obras. Para su performance Entre Polvo y Piel en una galería colombiana en 2013, utilizó a una modelo desnuda como mesa para dibujar con polvo blanco. Seguidamente, el mismo artista y parte del público se hicieron unas rayas.

Antes de ser un narco-artista, Quiñones fue recolector de esta planta, trabajó en un laboratorio de procesado droga, fue delincuente y pandillero. Y ahora no puede ser más oportuno: dos días después de que ganara el “no” al acuerdo de paz con la guerrilla en su país, Quiñones se encuentra en Barcelona. La ciudad está repleta de paneles publicitarios sobre la serie de Pablo Escobar.

“Donde yo vivo un gramo de cocaína cuesta 3.000 pesos (1 euro)”

El verdadero motivo de su visita es que este fin de semana se estrena la funciónEl perico tumba la paloma, de Marc Caellas, que bebe de la obra del colombiano, y en la que el mismo Edinson Quiñones participa.

Nació en Villa Losada en 1982. Lo primero que aparece al buscar en pueblo en Google es “masacre”.

Está en el departamento del Huila. Mi familia tuvo que desplazarse por la violencia otra vez, ya que mi padre ya fue desplazado por la violencia cocalera en los años 80. Dejé mi casa con 13 años.

¿A dónde fueron?

A Popayán, a la ciudad. Pero llegamos en una época muy complicada. En 1983 había habido un terremoto muy fuerte, se cayó todo Popayán. Mis padres aprovecharon y construyeron una casa invadiendo terrenos del Estado. De ahí nace toda mi obra.

¿De las ruinas?

De mi pérdida de conexión con la tierra. Mientras vivimos en Bolívar-Cauca, mi padre cultivaba la coca. Mi abuela era indígena. Empecé a entender la planta, a trabajarla. Allí era lo más natural, no se sabía nada de lo que ocurría después. Más tarde la procesábamos, lo que también era natural. La problemática la entendí en la ciudad, cuando vi que la gente consumiendo polvo blanco y amarillo.

Cuando fue a la ciudad, ¿siguió cultivando?

Era un trabajo común y corriente. De hecho, cuando ya empecé a estudiar artes en la universidad, iba todas las tardes a un sector cocalero del sur. Cosechaba y sembraba. También estuve en un laboratorio. Una vez no me pagaron con plata, sino con el mismo producto, que también era dinero. Por entonces había trueque y era moneda de cambio.

¿Qué hizo con la cocaína?

Tuve curiosidad y la probé. En Colombia el consumo es muy normal, es demasiado económica. Donde yo vivo cuesta 3.000 pesos el gramo (1 euro). Pero también empecé a hacerle fotos, a escribir cosas sobre el perico.

“Para mí, un robo sin violencia es una obra de arte”

¿Lo que ha marcado su obra es la pérdida de la inocencia respecto la planta que cultivaba con su familia en el campo?

Yo narro toda mi vida con mi arte y la coca es una parte muy importante. Sobre todo me han pasado cosas malas. No tuve infancia, de niño conocí la violencia, y pronto entré en un correccional, a los 11 años.

¿Por qué?

Agredí a otro en una pelea del barrio. Pero en la cárcel conocí el arte. Recuerdo mi primer grafiti en la celda, siempre escribía el mismo texto: “En este lugar donde reina la tristeza, no se castiga el delito sino la maldita pobreza”.

¿Cree que su detención fue injusta?

Yo estaba allí por no tener abogado. Había gente que había cometido delitos graves y salía muy pronto. Me daba rabia, agredía la pared. Era algo que hacían todos. Todos se manifestaban en silencio. Porque en la cárcel las cosas no se hablan, uno mismo se sana.

¿Por qué dice que aprendió el arte en la cárcel?

Yo había herido a una persona por miedo, pero en la cárcel aprendí el delito. Todos los que estaban allí eran artistas. Eran como mi abuela cuando me contaba el cuento del Guando, un cuento tradicional indígena. Había hombres que contaban cuentos contemporáneos sobre sus hechos y fechorías. Eran capaces de reunir a mucha gente en un círculo, eran mayores, poseían el conocimiento.

¿Aquellos presos fueron sus maestros?

Conocí abogados que no eran abogados, filósofos que no eran filósofos. Nunca formados, sino en la vida. Para mí era importante leer los libros que caminan. Cuentan de forma expresiva y honesta lo que les sucedió. Eso cura, se vuelve filosofía, te sana a ti y a otros. Ese es mi ejercicio en el arte.

¿El objetivo de su obra es sanar a los demás?

A mí me pasó de todo, fui delincuente. Otros muchachos pueden hacer arte y apartarse de la violencia. Vengo de un barrio marginal donde esto es necesario.

Después de muchos años con un tatuaje del Dios de la coca en el hombro, decidí arrancármelo. Se volvió un dios de la cocaína

¿Qué opciones tienen los chicos de su barrio?

En Colombia tenemos tres opciones en la vida. El delito es uno: narcotráfico, sicariato, robo. Está ahí desde que somos niños. Después está el servicio militar. Los pobres son los que prestan servicio militar, nunca los ricos. En mi época la tercera opción era ir a España. Yo probé las tres.

¿Qué pasó?

Mis padres querían que viniera a España a ganarme la vida. Por esa época yo ya tenía enemigos, pero me negaron la visa y no pude viajar. Ahora lo agradezco. Del servicio militar me echaron por ser tan casposo.

¿Qué significa?

Yo había manejado armas. Si te pasan un AK-47 y una persona te jode la vida con ese poder que tú tienes… Tener un arma es como si te creciera el pene, eres más fuerte. ¿Cómo me voy a dejar? Apunté y ya.

Entonces me echaron, dijeron “este man nos mata”.

Y terminó yendo a la universidad por eliminación.

Era mi última opción, la que no quería. No gasté mucho dinero durante la carrera porque me lo inventaba todo. Entendía que yo sabía mucho más que ellos. Tengo experiencias consagradas porque me han dolido demasiado.

¿Cuáles son?

La pérdida de mis abuelos. Cuando nos desplazamos los perdí, mi abuela murió y no fui capaz de grabarla. Solo recuerdo sus historias de la naturaleza, su conocimiento de las plantas. Nos tuvimos que ir por una violencia absurda y terminamos en el Cauca, con más violencia absurda. Perdí todo.

Eso enlaza con la performance de 2012 en la que te arrancaste un tatuaje. Te arrancaste la piel.

Me dolió muchísimo que mi mamá entrara en un profundo silencio después de que la abuela muriera. Prefiero que me peguen a que no me hablen. Después de muchos años con un tatuaje del Dios de la coca en el hombro, decidí arrancármelo. Para mí se volvió un dios de la cocaína. Pero lo hice para que mi mamá me curara la herida, para tener contacto con ella.

¿Qué otras vivencias dolorosas han pasado a tu arte?

La limpieza social. El Estado soluciona las cosas haciendo desaparecer o matando a la gente; contrataba a un ejercito camuflado de civil para que ejecutara personas de barrios marginales, mataban pelados que no tenían nada que ver con el conflicto. Muchos de mis amigos murieron. Eso generaba aún más violencia.

¿En qué sentido?

En el Huila actuó la guerrilla y también estaba metido el ejército. Al Cauca llegamos los desplazados del campo. Y cuando la limpieza social llega a los sitios marginados y se mata a gente que viene de la violencia campesina, la gente se vuelve un monstruo.

A mí me afectó mucho. Pasé por pandillas, muy resentido con el centro. Entendía que ellos eran los que nos mandaban la policía, pagaban para que nos mataran, crecía con resentimiento hacia los ricos.

¿Ya no lo siente?

Me logré salvar alejándome un poco, con otros amigos y perspectivas. Pero mis hermanos viven con un resentimiento muy fuerte. Por eso les digo que hagamos arte. Yo no tengo necesidad de disparar un arma si puedo hacer algo que me manifieste.

La vida del bandido es muy corta. ¿Por qué no puedo ser un bandido del arte?

¿Qué opina del “no” al acuerdo de paz con la guerilla?

Yo vengo de un departamento donde todo el mundo dijo sí. Tiene que venir Medellín, Bogotá, las capitales que nunca estuvieron afectadas, a votar no. La gente que vive realmente el conflicto no es escuchada.

Pero ya nos quitaron el miedo a morir. La gente ya convive con eso, con el guerrillero, con el paramilitar. Nosotros heredamos la violencia, somos violentos por naturaleza. Solo el arte es la esperanza.

Todo el mundo critica al que te roba el celular o una cadena, pero nadie critica al que te roba la educación

¿Está ayudando a sus amigos?

Ya tengo a 10 detrás que se están formando. Y son del barrio. Con un pelado que yo salve él salva a otros diez. Piensa que no había oportunidades, yo logré tener una y trato de jalar a los demás.

Todo el mundo critica al que te roba el celular o una cadena, pero nadie critica al que te roba la educación.

¿Cómo les convences de hacer arte?

Yo fui un delincuente y ahora soy artista. Les digo que con el delito hago arte. “Bueno huevón, ya me aburrí, perdí toda mi infancia. Pasé la mitad en la cárcel y la otra mitad huyendo de una persona que quería matarme. Y todo por una bicicleta que me robé”. He peleado, he sangrado. ¿Cómo no me van a creer?

Nosotros también somos importantes. Hay una sabiduría, una honestidad. Somos víctimas de un conflicto y podemos generar algo positivo.

¿Está a favor de la legalización de la cocaína?

En el Cauca todo el mundo vive de la coca. Fue Bayer, la farmacéutica, la que lo cambió todo. Creó la heroína, y después la cocaína para paliar la adicción a la heroína. Robaron el conocimiento indígena para sintetizarlo. Tiene todos los componentes químicos, las semillas, la patente, tiene todo regulado. El veneno siempre lo ha tenido Bayer.

Pero en las farmacias ya no se vende cocaína.

Está en la lidocaína, en anestésicos. Como el trago, como el cigarrillo, si se regula y se vende en cada esquina deja de ser tanto negocio. Creo que sería una solución y Colombia crecería, porque de la coca no solo se saca el polvo blanco, hay harinas, aceites.

No creo que se legalice porque el negocio es demasiado redondo. Ya lo dice el mito indígena: el día que el hombre blanco toque la hoja de coca sagrada, será la perdición.

“¡El arte es mágico como la cocaína! Todo lo legitima. Se puede hablar de cosas que ni siquiera el periodismo puede tocar”

¿Qué hay del mito de Pablo Escobar? ¿Sigue vivo?

Para los comunes sí, claro, para las élites no, porque les hizo daño. Escobar salió de lo marginal también, era un pelao muy inteligente.

¿Se identifica con él?

Me identifico con su forma de pensar, cómo su malicia lo llevó a un punto fuerte. Puedo ser un delincuente y un narcotraficante, pero también puedo ser un artista. La vida del bandido es muy corta. ¿Por qué no puedo ser un bandido del arte?

Yo veo una estética en un robo sin violencia, sin sacar un arma. Para mí eso es una obra de arte. He visto cómo entrenan en la cárcel, como un pintor que pinta todos los días. La estética marginal es bella.

¿Trata de democratizar el arte llevándolo al mundo marginal?

El arte es de la élite social. El pobre no compra arte, pero la realidad es de él. Trato de crear una historia periférica caucana, porque es universal. El delito es universal, la droga es universal, la muerte es universal. Como una cancha de fútbol.

Ha llevado cocaína a Alemania, Noruega y Suecia para sus exposiciones. ¿Ha tenido problemas?

Hago visible lo que todo el mundo sabe que está y se esconde. Nunca tuve problemas.

Ha dicho alguna vez que el arte revaloriza lo ilegal. ¿Le parece un mundo hipócrita?

He legalizado cocaína gracias al arte. El arte le da valor a la coca, la revaloriza, la vuelve legal. ¡El arte es mágico como la cocaína! Todo lo legitima. Se puede hablar de cosas que ni siquiera el periodismo puede tocar.

Algunas de sus obras son realmente perturbadoras. Filma autopsias, utiliza huesos humanos, cuerpos momificados, automutilaciones, sangre. Un día esnifó una ralla de su propia sangre.

Cuando consumes financias una bala, un desplazamiento. Yo soy muy consciente de eso: esa línea blanca, en Colombia es de sangre. Y acá para la gente es sólo felicidad. Mi trabajo es mostrar e incomodar con las consecuencias. Yo soy una consecuencia.

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El tatuador errante | el TOQUE

Fotos:Yariel Valdés.

A Leodanys Castellón lo criaron sus abuelos en Santo Domingo, un municipio conocido por su ron en el centro de la isla. Creció en un barrio marginal llamado “El paradero” donde tuvo que aprender a ganarse a vida. Con 26 años pesa solo 110 libras y recuerda con dolor el servicio militar cuando tuvo que cargar por obligación pesadas traviesas de líneas al sol del mediodía.  

Empezó a estudiar en la Escuela de Instructores de Arte pero le “regalaron” la baja a los pocos meses. No quería seguir allí, y tampoco lo dejaban ir por ser uno de los alumnos más integrales. Se decidió, entonces, por un técnico medio en agronomía. Tomó la guitarra y comenzó a hacer canciones con la esperanza de que alguien lo descubriera algún día. Y alguien lo vio y lo llevó a cantar a la capital provincial.

“No me interesaba ser instructor de arte. Me importa el body art. Ese es mi sustento, porque la música no me da el plato de comida todavía. Hay muchos artistas en Cuba que deberían estar más alto y no lo están”.

Para vivir decorosamente, Leodanys viaja hasta muchas provincias del país con su equipo a cuestas. Tatúa por aquí y por allá. Tiene clientes fijos y, de paso, aprovecha para tocar sus temas en alguna que otra peña de los “socios trovadores”.

Fotos de Yariel Valdés

“Los materiales para tatuar los consigo con amistades que están fuera del país. Les das el dinero y ellos te los traen. Son caros, no vayas a pensar que no. Las agujas se usan y luego hay que botarlas. Una caja de esas cuesta 500 pesos y una onza de pintura más o menos 10 CUC. Debería existir en Cuba un mercado para esos productos”.

Este muchacho prefiere el estilo asiático para dibujar. Según explica, porque contiene trazos más sueltos y busca el movimiento del boceto. “Si quieres ser buen tatuador tienes que tatuarte a ti mismo”, agrega, aunque no es de los que exhiben “un periódico en su cuerpo”.

“Yo empecé con este negocio en el servicio militar, para buscarme la vida. Ahora lo veo de una forma diferente, como arte”.

Fotos de Yariel Valdés

“No entiendo por qué la Asociación Hermanos Saíz, a la que pertenezco, no considera el tatuaje como arte. Estoy decidido a fajarme por esa causa. Puedo mostrar ejemplos de que sí lo es. Yo no tengo por qué usar el lienzo o el papel como un soporte. Mi forma de ser la muestro en la piel de los que vienen a mí porque les gusta como trabajo”.

En las provincias orientales, Leo sube montañas, atraviesa ríos y va a tatuar a quien lo solicita. Manzanillo, Pilón, Niquero, Contramaestre, Bayamo… ahí están sus plazas preferidas. Allí también se nutre también de ritmos diferentes para sus canciones. Pasa gran parte del año encima de ómnibus y camiones.

Fotos de Yariel Valdés

“Los mejores tatuadores están en Oriente y trabajan, incluso, con pocos recursos. Tengo buena aceptación con mi obra plástica, pero la musical es muy importante también. Quiero que mis canciones digan la verdad. Lo digo en mi tema Sé morir aquí: este es mi país, una burbuja flotando en el aire, una sonrisa para no llorar. Este es mi país, una trinchera bajo el fuego y la metralla, una mirada en falso entre dos aguas. Este es mi país”.

“Para vivir tengo que inventar mucho en la calle, crecerme entre los que ya están crecidos. Con mis canciones yo no pretendo cambiar en mundo. Solo quiero demostrarles a muchas personas que no existe quien no luche por el arte verdadero. Las decisiones de los que tienen el poder de hacerlo, han hecho que se escuche música banal en la mayoría de los lugares. No quiero funcionar como los demás y eso sale caro”.

Origen: El tatuador errante | el TOQUE

Las fotos desconocidas de León Trotski en Guerrero | Verne México EL PAÍS

  • El fotógrafo francés Gilles Walusinski heredó los negativos de su padre, quien tenía amigos en común con Trotski
  • El ideólogo comunista pasó sus últimos años en México, donde fue asesinado en 1940

M. CRUZ / VÍDEO: A. MORA / O. SÁNCHEZ 3 MAR 2016 – 12:34 ART

La web francesa de crítica de arte y cultura Délibéré ha publicado recientemente 18 fotografías (17 de ellas inéditas) de unas vacaciones de León Trotski, su familia y amigos en Taxco y las Grutas de Cacahuamilpa, en el norte de Guerrero. El viaje tuvo lugar en 1939, cuando el líder comunista vivía en Ciudad de México.

Las imágenes son propiedad del fotógrafo francés Gilles Walusinski, quien nos autorizó publicarlas. Él heredó los negativos de su padre, un militante del movimiento comunista en Francia, que tenía amigos en común con Trotski. Probablemente uno de ellos le entregó el material, según cuenta Walusinski en el artículo de Deliberé. El autor de las imágenes es desconocido.

De izquiera a derecha: Alfred Rosmer, Natalia Sedova, Esteban Volkov, Léon Trotski y Marguerite Rosmer probablemente en la zona de la Grutas de Cacahuamilpa, 1939. Cortesía de ‘délibéré’, de la colección personal de Gilles Walusinski

Volkov, Marguerite, Sedova, Trotski y Alfred en Taxco, 1939. Cortesía de ‘délibéré’, de la colección personal de Gilles Walusinski

“Su padre sabía perfectamente qué contenían los negativos pero él era un maestro de matemáticas y nunca supo qué hacer con ellos. Por eso se los dejó en herencia a su hijo, un fotógrafo”, comenta René Solis, editor de Délibéré, en entrevista telefónica. Walusinski es dueño de los negativos desde 1979, pero hasta hace pocos años no había revelado las fotografías.

Walusinski y Solis se conocieron en París, en un evento junto a Leonardo Padura. El autor cubano escribió la novela El hombre que amaba a los perros, que cuenta la historia de Trotski y su asesino, el español Ramón Mercader. Allí, Walusinski les mostró las imágenes y se las oferció al editor, que tenía planeado viajar a México en 2015 para conocer a Esteban Volkov, nieto de Trotski que también aparece en las fotografías.

“Cuando vi la fotografías reconocí Taxco, pero tuvimos la confirmación absoluta cuando el señor Volkov las vio. Él se acordaba de ese viaje”, dice Solis. Volkov confirmó a Verne su encuentro con Solis, la autenticidad de las fotografías y los derechos de Walusinski sobre éstas.

Durante su encuentro con Solis, Volkov mencionó que la mayoría de las imágenes probablemente fueron tomadas por Marguerite Rosmer, una de las personas que acompañó a Trotski al viaje y que llevaba una cámara. Rosmer y su esposo Alfred, eran líderes del movimiento marxista en Francia y conocieron al político ruso entre 1914 y 1916 en Paris. El padre de Walusinski también era amigo de la pareja.

No todas las imágenes son inéditas. En 2012, Walusinski publicó en Mediapartuna en la que aparecen Trotski, su esposa Natalia Sedova y Volkov posando en un balcón en Taxco. Gracias a una serie de cartas de su padre, testimonios de Volkov y documentos sobre Trotsky, el fotógrafo descubrió que el viaje se realizó en 1939 y que Trotski tenía una casa vacacional en esa ciudad guerrerense.

Trotsky fue uno de los líderes e ideólogos de la Revolución bolchevique de 1917. Fue exiliado de la Unión Soviética por oponerse al gobierno de Iósif Stalin y encontró asilo político en México en 1936. Vivió un tiempo con el muralista Diego Rivera y Frida Kahlo en la Ciudad de México. Más tarde se mudó a una casa en Coyoacán, donde fue asesinado en 1940. El edificio ahora es el Museo León Trotsky.

Los Trotski y los Rosmer en la casa de León en Taxco, 1939. Cortesía de ‘délibéré’, de la colección personal de Gilles Walusinski

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Origen: Las fotos desconocidas de León Trotski en Guerrero | Verne México EL PAÍS

Open Cuba: La Torre de Tatlin

 

El pincel levantado de Sir Joshua Reynolds parecía que dibujaba, en un color ocre subido casi rojo, la espiral inclinada en el patio frontal de la Academia Real de las Artes de Londres, solo que su pincel era de piedra y la espiral un modelo a escala de la «Torre de Tatlin», que anunciaba la exhibición «Construyendo la Revolución: Arte y Arquitectura Soviéticas 1915 – 1935».

Para entonces la «revolución» – entiéndase, la revolución bolchevique – ya habia pasado, solo quedaban los pilares artísticos inspirados en el asalto al «Palacio el Invierno», y que forman hoy el tejido invisible, intenso, que nutre el arte moderno.

Iba a ser llamada el «Monumento a la Tercera Internacional». La estructura de cristal, hierro y acero de cuatrocientos metros de altura iba a ser una declaración al mundo de que la Unión Soviética era más grande, mejor y mucho más moderna que cualquier otro lugar, y en especial mucho más que la burguesa París y su insignificante Torre Eiffel, de solo trescientos metros. La intención era construirla en la orilla norte del río Neva, en San Petersburgo, y que la estructura ladeada, parecida a un andamio ahusado, apuntase al mundo en un agresivo, aunque elegante, ángulo de sesenta grados. Tenía tres niveles, hechos con las típicas formas geométricas constructivistas del arte de Tatlin. Abajo estaría su «cubo», del que el artista decía que daría una vuelta sobre su eje una vez al año. Encima habia colocado una estructura piramidal más pequeña, que daría una vuelta una vez al mes. Y encima de ella, la torre tendría un nivel cilíndrico, que emitiría propaganda al mundo, que iba a girar 360 grados cada día.

El proyecto arquitectónico, que el artista ruso sí creía posible, iba a reunir a todas las artes visuales, luces, proyección, pintura y arquitectura. No se cansaba de decir Tatlin que ellos no eran artistas, sino «productores». Pero el proyecto murió en un país que construía el socialismo con hambre, un hambre atroz, sobre un camino de cadáveres y una guerra civil que costó millones de vidas humanas, todas segadas en nombre del proletario y de la unión de los pobres.

Lejos, en el Caribe y a unos cuantas décadas de distancia en el tiempo, también existió un profeta con las mismas pretensiones de los líderes del bolchevismo. También pretendió construir una nueva torre, esta vez sin la ayuda de Tatlin.

En el fondo, sin embargo, tengo la sospecha que lo que se propuso fue el desmontaje de un país, muy lejos de su posible construcción, la huida en masa de su fuerza intelectual, de su inteligencia. La historia de las últimas décadas en Cuba se asemeja al aplanamiento de aquella espiral del constructivista ruso. Lo que fue el despojo de La Habana del glamour y el placer hasta convertirla en la del verde olivo y la austeridad, retorna con paso furtivo, leve, con sandalias de seda, para convertirse en el refugio isleño del turismo exótico, y del regreso vacacional de su fuerza productiva nativa, exportada, expulsada, lanzada al macrocosmos del mundo para la construcción de alguna vieja sociedad, como todavía se puede leer en combativos manuales pre-gorbachovianos en la isla, y que plácidamente retornaría con su poder financiero para sostener el paraíso del turismo a su lugar de origen.

En algún momento el narcisismo les hizo soñar levantar la «Torre de Tatlin» o para llamarla con su verdadero apellido, la «Torre de Castro». La historia de Cuba se puede visualizar en su materialidad, simbólicamente, en el resultado de lo que fue la construcción del edificio del CAME en La Habana, que hubiera estado ubicado en lo que hoy son las ruinas de sus cimientos, al lado de la terminal de ómnibus nacionales, muy cercana a la «espalda» de la edificación de concreto del «Consejo de Estado», que nunca fue construido por los soñadores idealistas de la «Torre del CAME» y cuyo objetivo primario tampoco era servir al poder, sino de cómodo resguardo de la papelería y la memoria martiana.

Quedó «guardando» y simbolizando al castrismo.

La mitología constructiva popular de la «Torre del CAME» alcanzó perfiles pantagruélicos. El símbolo ultraterreno de la conexión Moscú-Habana decían que iba a tener 24 pisos de concreto, otros citaban una estatura más elevada. ¡Quién sabe! Todo quedó en rumores y dos maltrechos pisos de paredes desnudas de concreto convertidas en un cementerio de oficinas estatales. También decían que iba a ser el único edificio que tuviera su parqueo en sus dos últimos pisos. No entiendo mucho sobre arquitectura moderna, desafía a veces hasta las fantasías más arriesgadas de mi inteligencia, especialmente la arquitectura socialista, pero ¿cuál es la lógica de colocar en la mejor posición de alcanze visual a automóviles en vez de a los hombres? ¿Por qué parqueos y no oficinas? ¿Por qué autos y no personas, piezas de tecnología mecánica en vez de seres humanos?

La ilógica suprematista socialista tal vez podría sugerirnos que estarían reservados para la flota de Mercedes del «querido líder». O, tal vez, la muy sutil y sui géneris sensibilidad artística constructivista neo-criolla habia llegado a la conclusión de que se podría parquear una flota numerosa de esos adminículos oscuros acristalados, para privilegiados ideológicos, como la envoltura futurista idónea de la moderna oficina del burócrata urbano del castrismo.

¡Quién sabe!

La mitología no guarda ninguna relación coherente con el realismo, mucho menos como el arte pictórico moderno lo guarda con la realidad circundante. Pero esto era lo que muchos decían en aquellos tiempos. Por supuesto, el proyecto babélico incluía el necesitado «elevador de carros». Otra muy sugerente creación pictórica criolla.

De cualquier forma, el incendio de la «Torre del CAME» ocurrió muy cercano en el tiempo con el del otro muy sonado incendio de la planta de teléfonos de Aguila y Dragones, antigua subsidiaria americana de los tiempos de la república, y del icónico «Restaurante Moscú», enclavado más abajo en el camino hacia el malecón habanero.

Algunos vieron en esa sucesión crónica de incendios el reinicio de guerra al sistema. Olieron pólvora enemiga, guerra incendiaria ideológica, bombas, destrucción, sabotaje, imperio. El lenguaje oficial fue de «cortocircuitos», empleados con rabia vengativa personal provocada por expulsiones laborales, e injerencia de sencillos agentes circunstanciales eléctricos. Nada humanamente reprobable con la ideología y contra la burocracia sistémica. Unos pocos se apresuraron a declarar el retorno de los petardos y las rebeldías locales. Nada más lejos, todo quedó en la crónica roja del incendio temporal, del constructivismo.

La muerte de la torre babélica del Tatlin criollo yo la interpreto como la muerte del suprematismo caribeño en nuestra arquitectura. Que me perdonen los críticos de arte, los directores de galerías tan famosos como la Tate de Londres, que me perdone Will Gompertz y cualquier otro, no soy un fanático de los constructivistas rusos ni de suprematistas bolcheviques. Entiendo a Malévich y trato de conocer a Tatlin en su ideal proyección artística, conozco un poquitín de pintura e historia del arte moderno, pero aquella torre para la III Internacional yo la encuentro como la hermana mayor, entusiasta, de nuestro reparto Alamar.

En el apacible y solitario reparto del este habanero esas «cajas de bacalao», como le llamamos los cubanos, se levantan sobre una estructura prefabricada desnuda donde los muros y las vigas que sostienen el techo, como los huesos desnudos del cuerpo enfermo de un tuberculoso hecho de hierro y concreto, sobresalen en ángulos, cornizas y balcones, para antojárseme el resultado de un «artista» anónimo criollo, armado de la técnica bastarda del constructivismo y el suprematismo ruso-soviético, puro bolchevismo en arquitectura. Vamos, ¡a mandarria pura!

La desgracia es que todavía lo podemos ver. La argamasa gris, fría, descuartizada de colores y adornos, porosa como las escamas de un gigantesco reptil paleocénico, puede ser la transcripción fiel de lo que Malévich o Tatlin deseaban para el arte. Nada de adornos burgueses, nada de afeites aristocráticos, servilismo de la realidad y del proletario.

Pues, ¡ahí lo tenemos!

Sobreviven. Llenos de humedad y grietas, y de miles de personas que no tienen otro lugar donde guarecer sus vidas de las inclemencias naturales. El rostro proletario feo de nuestra arquitectura suprematista. Sobreviven en el este de La Habana, lejos del centro, del hervidor de civilización, lejos de mercados, cines, centros de artes y cultura. Enclavados en la prehistoria de nuestra civilización revolucionaria. No en balde le llamamos «Siberia». ¿No era allá donde enviaban a los «enemigos del pueblo», donde construían GULAGs?

Pues, sí, los incendios de la «torre del CAME», del «Moscú» y de la planta de teléfonos fue nuestro Reischtag a la cultura abstracta revolucionaria del socialismo real. No fue nuestra, fue también la ruptura incendiaria del gobierno. No más CAME, no más alianza obrero-campesina, no más socialismo real. Vuelta al turismo, la civilización y occidente. A echar a la calle a los cubanos y «¡Welcome back, yankees!».

El narcisismo nos quiso deslumbrar desde el nacimiento de este engendro. Ibamos a ser la nación más «culta del planeta», la que supiera más idiomas, la que leyera más y todo lo que usted pueda inventarse, el listado de deseos es inverosímil. Hemos terminado siendo, sin embargo, la nación que más huye de sí misma, aun sin que cayeran bombas como en Siria o se despoblara, como lo hizo Etiopía, por el desierto y la sequía. Cuba tiene una población con el nivel educacional dos veces por encima del de Haití, con un ritmo de escape elevado al cuadrado del de la isla empobrecida nación caribeña.

El país que no quería hablar el inglés y reclutaba el ruso, para retornar hoy a su mismo origen occidental, a fuerza de deconstruirse ella misma, o no ella, pero sus deconstructores, los mismos que idearon la construcción-deconstrucción del mismo piélago.

Expulsaron a la burguesía para abrazar al obrero. Y sus obreros no trabajan.

Se fue el campesino y convirtieron el remanente en obrero asalariado de la tierra, expropiada en koljoses caribeños. Tampoco la agricultura sobrevive.

Expulsaron al intelectual, al artista de pensamiento alternativo para construir el «suprematismo» tatlinista de estado. El intelectual articulado al poder, que reinventa y reconstruye el mensaje oficial; articula el artificio ideológico de la elocuencia banal del sistema; santifica la neo-lengua con el neo-pensamiento; confeciona el manual del perfecto instrumentador artístico, ese que reconstruye la realidad de acuerdo a la idea que sobre la realidad que debe existir pero que no es. Nadie entiende este trabalenguas, pero es así como se vive en la realidad intelectual en aquel lugar.

El artista comprometido cubano es el ideal suprematista, el fruto fértil de la idea y la ficción sobre la realidad reinante en sus calles. En Cuba tenemos el santuario perfecto de Tatlin, la idea más que el objeto, el idealismo más que su materialidad. No fue el transplante del realismo socialista, neo-mágico o neo-soviético, fue el reinado del suprematismo elegíaco originario de Tatlin, Popova y Ekster lo que fomentaron nuestras escuelas de artes, nuestras instituciones culturales, nuestro movimiento intelectual, el MINCULT, las asociaciones de escritores jóvenes, los premios litearios nacionales y regionales, los círculos literarios, las escuelas de arte y la educación artistica.

La «Torre de Castro» dejó de ser, proponiéndoselo, la «Torre de Tatlin», porque el ruso pensaba e ideaba un arte de liberación total, aunque se pusiera inicialmente al servicio del bolchevismo. Fue el triunfo temporal de la izquierda intelectual, bolchevique, sobre el occidente amanerado, aun el de Kandinsky y del pos-cubismo.

La evolución del propio creador del constructivismo, Vladimir Tatlin, es un ejemplo del empobrecimiento del arte libre cuando se fosiliza en los muros de una ideología. Luego del fallido intento de crear la torre que derrotaría a la parisina Eiffel, se dedicó a la enseñanza. En 1923 creó el Museo de la Cultura Artística donde produjo e instaló, que es la palabra adecuada para abordar la obra de este soñador, el poema de Velimir  Khlebnikov «Zangezi». Su final fue la obra conocida como «Letatlin», un pájaro mecánico impulsado por el esfuerzo humano, una especie de resurrección del Da Vinci alado del renacimiento. Para entonces el «constructivismo» habia quedado enterrado, y el artista habia retornado al óleo, a pintar flores, en el más tangencial y «tradicional» estilo expresionista. Lejos, muy lejos del arte abstracto y constructivista, que fue y ha sido su legado. Su retorno a la pintura al óleo define su derrota ante el «realismo socialista», el triunfo de la tradición conservadora frente a la revolución en las artes, a las masas.

En Cuba, tal vez, pudiéramos encontrar el pastiche de los dos ismos rusos, el suprematismo Malevichiano y Tatliniano con la más fervorosa fosilización ideológica del arte. Lo encontramos en Kcho y sus construcciones de madera, en la que el «Cristo de Francisco», su más reciente engendro, demuestra en qué ha quedado el suprematismo criollo.

Kcho reconstruye ideológicamente la deconstrucción castrista de Cuba. El Cristo de las Balsas y Remos es el Cristo de la huida, del escape, de la deconstrucción social de Cuba. La codificación pictórica subliminal de este «productor» es la marginación de la causa para romantizar el efecto, la sangría poblacional del país, especialmente de su membresía profesional joven.

El arte no esconde, aunque puede hacerlo, pero puede decodificar o reconstruir una realidad. No la transforma, pero sí la puede transfigurar, desvestirla de su realidad, idealizarla en sus peores argumentos. Y esto es lo que nos queda en la «Torre de Tatlin» cubana. Un instrumento propicio a la transfiguración chovinista de la realidad, la ingerencia del cartel político de gobierno en la sublimidad artística. Es el viaje en retroceso a la vida del artista ruso, un viaje que atrapa a los utilitarios que encuentran la moneda facil en el empleador del poder monopólico familiar de Cuba.

Tatlin elevó el cartel político a Arte, y lo secundaron una decena de seguidores. En Cuba, el Arte oficial se redujo a cartel político. Es decir, Kacho. Sencilla cuenta aritmética, suprarealismo socialista de estado. El edificio del CAME, o para no reconstruir la realidad, sus cimientos, amaneció un día como una gigantesca hoguera, incendiado, dicen algunos que por un «cortocircuito provocado por uno de sus equipos acondicionadores del aire», prendidos en pleno especial período de miseria, o eso contaron entonces. Tal vez haya sido la constructiva reconstrucción de la torre tatliana de la ideología, que se resistía a hacerse realidad y quedar solo en un sueño.

Tal vez.

Porque a veces la misma realidad supera hasta las propias Artes, incluyendo las pictóricas.

 

Origen: Open Cuba: La Torre de Tatlin

Mick Jagger, con vestido y maquillaje | Estilo | EL PAÍS

La foto forma parte de una colección de imágenes de la fotógrafa Brigitte Lacombe que se expone en Londres

Mick Jagger y su exesposa Jerry Hall en una imagen de 1996. / BRIGITTE LACOMBE (CORTESÍA DE PHILLIPS)

El estilo de Mick Jagger es de todo menos el típico arquetipo de roquero. Más bien se podría definir como andrógino. Su look sigue cautivando a miles e inspirando a las nuevas generaciones. Sin embargo, esta semana una imagen del vocalista de la banda The Rolling Stones, con vestido y maquillaje, ha sorprendido al mundo del entretenimiento.

La instantánea forma parte de una exhibición de las mejores instantáneas de la reconocida fotógrafa Brigitte Lacombe. Phillips, la casa de subastas londinense, asegura que el compendio fotográfico que incluye imágenes de Robert De Niro, Gwyneth Paltrow, James Rebhorn, Matt Damon, Martin Scorsese y Leonardo DiCaprio, entre otros, muestran la visión que la artista tiene del mundo del cine.

En la imagen se ve al músico británico intercambiando roles con su entonces esposa, la modelo Jerry Hall. En la foto, tomada en 1996 enChateau de la Fourchette, Jagger aparece con vestido de encaje y maquillaje, mientras Hall luce una gabardina negra y pantalón y posa en una actitud masculina. “Mick aceptó hacer una fotografía. De repente apareció todo maquillado. El vestido fue su idea. Pensó que sería divertido. Amo esa imagen porque es muy genuina”, declara sobre la instantánea su autora.

Durante sus 40 años de carrera, es la primera vez que Brigitte Lacombe presenta una exposición enfocada en su visión de la industria del cine. Sus retratos, tanto en color como en blanco y negro, intentan transmitir la intensidad de todo lo que ocurre detrás de las cámaras durante un rodaje.

Origen: Mick Jagger, con vestido y maquillaje | Estilo | EL PAÍS

Maitena: “Me pasó un tsunami por encima” | Babelia 

La historietista argentina reúne en Lo peor de Maitena sus cómics eróticos. Es mi versión chica punk , afirma

La dibujante argentina Maitena.

 

 

La archiconocida historietista argentina acaba de reunir en Lo peor de Maitena (Sudamericana) sus cómics eróticos, dibujados en tiempos de “historietas llenas de hombres ganadores y mujeres objeto” y antes de convertirse en “una humorista seria”.

—¿Lo peor de Maitena es su versión “chica mala”?

—Es mi versión chica punk, que era lo que era cuando dibujaba estas historietas sobre sexo en los años ochenta y noventa. Igual el título juega con el de mi libro Lo mejor de Maitena, que es una selección de las viñetas que ya conocen.

—¿Qué rescata a nivel creativo de esos años vividos a lo bonzo?

—Las ganas de dibujar mil horas todos los días y, sobre todo, todas las noches. El libro es como un cuaderno de estudiante: muestra el paso por muchos estilos diferentes y prefigura lo que sería después mi dibujo para Mujeres alteradas. Más allá de buenos o malos, quería que los dibujos estuvieran vivos, y lo están. Algunos me sorprendieron, como esa historieta de dos páginas en la cual un hombre se enamora de una travesti pensando que es una chica… y se casa con ella.

—La mujer como sujeto de deseo —“predadora” la llama en el prólogo— era difícil de digerir cuando dibujó estas historietas. ¿Cambió eso?

—Cambió todo. Las ideas de lo femenino y lo masculino ya no son categorías para definir a hombres o mujeres. Los hombres cocinan, cuidan a los cachorros, son coquetos y lloran cuando están heridos. Las mujeres toman la iniciativa, manejan el taladro, juegan al fútbol y mantienen a su familia si hace falta.

—Ya tiene una nieta. Debe ser poderoso ver en blanco sobre negro las fantasías sexuales de la abuela, ¿no?

—Es muy chica para eso, pero creo que no va a ser un tema. Mis hijos mayores vivieron toda esta época en la que dibujaba estos cómics mirando mi trabajo sobre el tablero cuando llegaban del colegio y lo tomaron con naturalidad. Yo usaba revistas porno para dibujar desnudos y ellos me las robaban. Aunque las más violentas, comoBarrio Chino, las escondía.

—Los lectores de Rumble, su primera novela, esperan la próxima. ¿Está escribiendo?

—Me está costando escribir porque me pasó un tsunami por encima: tuve que irme del paraíso uruguayo donde vivía para volver a Buenos Aires, la ciudad de la furia; me separé después de 20 años; traje a mi hija mayor recién separada y a su beba a vivir conmigo; me metí en una historia de amor que no tiene futuro… De tener una vida supersólida, estoy viviendo en un presente continuo. Pero por eso mismo tal vez es que necesito urgentemente escribir.

Origen: Maitena: “Me pasó un tsunami por encima” | Babelia | EL PAÍS

Miami tiene ansias de cultura 

Desde el Museo de Arte Pérez hasta los murales de Wynwood, la ciudad de la Florida suma centros de exposiciones, conciertos y nuevos espacios formativos.

El New World Center, diseñado por Frank Gehry.Foto:Corbis

En una de esas tardes agradables de febrero que atrae en multitudes a los adultos mayores de regiones frías al sur de la Florida, me separé de la muchedumbre vacilante que obstruía el Lincoln Road Mall de Miami Beach y viré una cuadra en dirección norte hacia el New World Center. La sala de conciertos de vidrio y acero, diseñada por Frank Gehry abrió sus puertas en 2011, e inmediatamente convirtió a South Beach en un destino cultural. Un grupo de asiduos concurrentes formaban un mar de cabellos blancos frente a la boletería donde me enteré que las localidades para el programa de esa noche, un concierto de un trompista de la New World Symphony, estaban agotadas. Si bien se trataba de un espectáculo gratuito, había que reservar lugar con antelación, y Dominic Rotella, el músico, era, al parecer, uno de los más aclamados de la ciudad.

“Haga la fila”, dijo un señor bien entrado en canas, señalando la cola informal de desafortunados que tenía a su alrededor. “Usted es el número siete”.

El hecho de que se agoten las localidades para un concierto de un miembro de la Sinfónica del New World Center indica que Miami tiene ansias de cultura. En la actualidad, gracias a una economía robusta y al legado del Art Basel -el popular encuentro del arte que se instauró en 2002 y regresó del 3 al 6 de diciembre últimos – Miami ha acumulado un volumen importante de atracciones culturales. Desde el Museo de Arte Pérez de Miami hasta el próspero barrio muralista de Wynwood, Miami añadió un complemento inteligente a la tradicional seducción de sus playas. Y eso no es todo. En abril se espera la inauguración del Faena Forum, un centro de exposiciones de un poco más de 4600 m2, diseñado por Rem Koolhass; y para el próximo otoño boreal reabrirá sus puertas el Bass Art Museum, cerrado en la actualidad por reformas, con un 50% más de espacio repartido en cuatro nuevas galerías. Con el aporte de los recién llegados se nutren la rica actividad cultural fuera de la temporada del Art Basel.

No es la mía. En visitas anteriores a Miami, hacía todo lo que estaba a mi alcance para sumergirme en algo más profundo que no fuera un balde de arena como, por ejemplo, la excursión a pie para recorrer la arquitectura de South Beach, organizada por la Miami Design Preservation League (una organización ambientalista que brega por el diseño y la construcción sustentables), o la visita al Museo Wolfsonian para contemplar su colección de arte decorativo, actividades que, a ritmo pausado, podrían llevar un día. Cuando una amiga, que vive en un rascacielos reluciente del barrio céntrico de Brickell, me prometió que no extrañaría la playa durante un fin de semana el invierno pasado en lo que ella llamó la “nueva Miami”, tuve que aceptar ese desafío. Además, en mi lugar de residencia hacía 20º menos.

Pérez, un espacio alegre

El Museo Pérez, de 18600 m2, se inauguró hace dos años
El Museo Pérez, de 18600 m2, se inauguró hace dos años.Foto:Corbis

Además del placer de descongelarme durante el trayecto de 15 minutos en auto del aeropuerto al Mueso de Arte Pérez, estaba la bienvenida del Pérez en sí misma, rodeado por generosas terrazas que invitan a mecerse en sillas hamaca y contemplar el canal Government Cut entre la visita de una galería y otra.

Este museo céntrico de 18600 m2, de 131 millones de dólares, emplazado en el antiguo Museo de Arte de Miami, se inauguró a fines de 2013 en un edificio con movimiento, construido por el estudio de arquitectura suizo Herzog & de Meuron, que parece invitar al visitante tanto a sus ambientes interiores como a sus espacios al aire libre. Comparte el Parque de los Museos, de 12 ha, en una época descuidado, con el Museo de Ciencias Patricia y Philip Frost, actualmente en construcción, cuya inauguración se espera para el próximo verano boreal.

Al participar de una visita guiada por un docente por el Pérez, que acaba de obtener la certificación LEED de Oro (otorgado por el Consejo de la Construcción Ecológica de Estados Unidos), me enteré de que fue inspirado en Stiltsville, un grupo de casas que se elevan en el mar sobre pilotes en la bahía Biscayne. Paneles de hormigón esculpidos y ventanales que van del piso al techo envuelven el edificio por dentro, ventanas parcialmente sombreadas inundan las galerías del segundo piso de luz y vistas de los enormes maceteros colgantes que rodean la entrada.

“Es un espacio muy poroso”, comentó la guía, Rosie Gordon-Wallace, que también dirige una galería dedicada a artistas latinos y caribeños. “Te lleva a salir y a entrar. Es alegre. Dan ganas de correr por las terrazas”.

Diseñado para reflejar el conglomerado de inmigrantes de Miami, el Pérez se centra en el arte moderno y contemporáneo de las culturas de la Cuenca del Atlántico, que incluye América latina, África y Europa. En su interior, un grupo de alumnos de nivel primario, sentados en el piso, hacían dibujos frente al “Western Sun” (el Sol Poniente), un amanecer naranja representado con tubos de luz por el artista Mark Handforth. Pocos artistas individuales como Gary Simmons, cuyo mural “Frozen in Time” (Congelado en el Tiempo) cubre toda una pared, tienen galerías propias. En los salones más grandes disfruté conocer al especialista en collage William Cordova, a través de 100 pequeñas obras montadas una sobre otra en homenaje al fallecido cineasta afrocubano Nicolás Guillén Landrián.

Muestra callejera

Como lo demuestra la calidez exterior del Pérez, el clima no es central solo para la seducción de las playas de Miami. Sirve para forjar la escena artística. En el barrio de Wynwood, al norte del centro, el clima sofocante y la paleta tropical de Miami se fusionan en Wynwood Walls, una muestra callejera de arte en constante cambio esparcida a lo largo de casi 7500 m2 de paredes exteriores en las que confluyen más de 40 artistas. El urbanista Tony Goldman, a quien se atribuye el resurgimiento de South Beach, así como el SoHo de Nueva York antes de la su muerte, comenzó el proyecto de murales en 2009, para lo cual invitó a artistas de la calle a que usaran los depósitos industriales bajos como lienzos.

“Su objetivo era convertir el barrio de Wynwood en un polo artístico”, expresó Jessica Goldman Srebnick, su hija y directora ejecutiva de Goldman Properties, mientras tomábamos el té en el Wynwood Kitchen & Bar, repleto de murales. “Es un museo de la calle. No es intimidante. La escala es amigable”.

Wynwood Walls da a la Segunda Avenida con un mural de Shepard Fairey que representa al Sr. Goldman con los brazos extendidos en un gesto de bienvenida, junto con retratos de grandes figuras, desde el Dalai Lama hasta Jimi Hendrix. Se enfrentan con personajes de dibujos animados alegres y amorfos, creados por Kenny Scharf en una pared cercana. Un grupo de artistas de Wynwood trabaja en un predio vecino sobre paredes y puertas de garage en una amplia y sorprendente variedad de estilos, desde el decorado con plantillas en capas de Aiko hasta el fotorrealismo de un paisaje urbano de Logan Hicks y los retratos de Vanessa Alice Bensimon, también conocida como Miss Van.

Goldman Properties invitó a artistas a decorar más de 30 edificios concentrados en alrededor de 20 cuadras de mucho movimiento. Los recorrí con Ryan Ferrell, guía de turismo y artista local, quien señaló los graffitti que todavía marcan el barrio, pero que evitan que desfiguren los murales. “Una buena noticia para Wynwood”, dijo, “aunque para el mundo del graffitti ésta es la meca.”

Como herramientas para el desarrollo urbano, los murales han transformado el barrio en un destino que atrae a tiendas, restaurantes y cervecerías locales. La combinación de entretenimiento y cultura se suma a las muestras de pintura, especialmente las caminatas de arte de los sábados a la noche, que se hacen todos los meses y atraen a carros de comida, músicos y miles de amantes de las galerías de arte.

Encuentros rejuvenecidos

De regreso a South Beach, el New World Center brinda su propio espectáculo nocturno a través de una pantalla gigante que pasa películas y conciertos al aire libre en transmisión simultánea. También organiza conciertos sinfónicos nocturnos con luces de disco y D.J. Se ofrecen conciertos cortos y a veces gratuitos destinados al público más joven, que teme comprometerse con espectáculos clásicos largos que no le dejan tiempo para zambullirse en la cercana Bodega Taquería y Tequila, un bar de tacos y club nocturno escondido detrás de una puerta de un baño portátil falso.

Desde las butacas curvas del auditorio principal hasta las salas de ensayo y lobby vidriados, el centro parece estar diseñado para rejuvenecer los encuentros de música clásica, comenzando por su inquilino principal, la New World Symphony, dirigida por Michael Tilson Thomas como un posgrado virtual para los egresados de los conservatorios de todo el país. La sede de la sinfónica, el New World Center, ofrece una variedad de conciertos fuera de la temporada sinfónica. En una visita posterior al festival de poesía O, Miami -encuentro anual que expresa la profundidad literaria de Miami- pesqué un quinteto de intérpretes de música barroca de origen francés y vi la película de Bill Murray St. Vicent en la silla plegable y una multitud más serena en el césped.

Cuando me las arreglé para conseguir una entrada para el concierto, me sumé a un público cautivado que escuchaba de todo, desde “La Llamada Interestelar” de Bach hasta “De los cañones a las Estrellas” de Olivier Messiaen, realizado con una excelente presentación de diapositivas. Sentada a mi lado en el concierto, Hilary Glen, en aquel entonces, violonchelista de primer año en la Sinfónica, y recién llegada a Miami Beach, confesó su escepticismo inicial sobre la hospitalidad cultural de la ciudad.

Elaine Glusac/ The New York Times

Traducción de Andrea Arko

Visitas y cronogramas

-El Pérez Art Museum Miami (1103 Biscayne Boulevard; pamm.org) cobra 16 dólares la entrada e incluye visitas guiadas frecuentes, de una hora de duración, para ver las obras de arte y la arquitectura del museo.

-Los murales de Wynwood Walls (2520 Northwest Second Avenue; thewynwoodwalls.com) constituyen el centro de atracción del barrio, y si bien las visitas son gratuitas, los horarios cambian, se puede recorrer desde las 11 hasta la medianoche los viernes y los sábados.

-Las Wynwood Art Walks (paseos de arte) se llevan a cabo el segundo sábado de cada mes, con visitas guiadas que parten desde los 20 dólares. Para más info: Wynwoodartwalk.com.

  • El New World Center (500 17th Street; nws.edu) alberga a la New World Symphony, que ofrece conciertos desde octubre hasta abril, a menudo proyectados en su pantalla gigante exterior.
  • Además de patrocinar a un escritor durante su residencia, el Betsy Hotel (1440 Ocean Drive; thebetsyhotel.com) ofrece sesiones de lectura de y salones literarios programados con regularidad. Los salones parten desde los 265 dólares.

  • El festival de poesía O, Miami (omiami.org) se lleva a cabo durante todo el mes de abril.

Origen: Miami tiene ansias de cultura – 13.12.2015 – LA NACION  

Graffiti, Skate y Amén | Cultura | EL MUNDO

La Iglesia Skate, tras la reforma del artista urbano Okuda CHURCH BRIGADE
  • JULIA MENÉNDEZ QUÍLEZ

El grafitero Okuda llena los espacios que pinta con piezas artísticas muy personales e iconográficas, uniendo cuerpos grises y formas orgánicas que podrían catalogarse como Surrealismo Pop.

El escenario: una Iglesia abandonada durante años y que en 2007 fue comprada por Jernest, quien decidió darle vida gracias al skate

Desde 1912 la Iglesia de Santa Bárbara en Llaneras (Asturias) no ha hecho más que ir de mano en mano. Ahora, el artista urbano Okuda San Miguel ha decidido darle vida de nuevo con sus pinturas geométricas y sus estampados multicolores. El interés por el edificio le hizo desplazarse hasta el lugar y contactar con el colectivo Church Brigade, que gestiona el terreno desde su compra en el 2007 y que lo dedica exclusivamente al skate y a las actividades que este hobby necesita; un espacio repleto de materiales y estructuras para rodar y saltar en un ambiente único.

Tiene historia para rato y sus paredes ya susurran los anales que guarda entre sus 300 metros cuadrados de planta de estilo neorrománico y detalles neogóticos. Nunca fue propiedad del Vaticano; por eso, en 2007 Ernesto Fernández Rey, más conocido como Jernest y padre de la asociación sin ánimo de lucro Church Brigade, compró el terreno. “Mi idea fue comprarlo para levantar una empresa multiservicios, pero con la crisis se paralizó el proyecto y decidí dedicar el espacio a mi hobby: el skate“,cuenta Ernesto, que completó su sueño compartiéndolo con sus amigos.

El arquitecto asturiano Manuel del Busto dio a luz a esta basílica en 1912. Entre finales del siglo XIX y principios del XX, la Segunda Revolución Industrial se hizo eco en los alrededores de Santa Bárbara. Las grandes fábricas y la cantidad de rendimiento que necesitaban para tener una enorme producción hizo que los trabajadores, para acrecentar la productividad y sus condiciones vitales, vivieran en complejos cercanos a estas grandes factorías. Con el último reducto republicano aguardando el ataque por parte del bando ‘nacional’ en Asturias, la Guerra Civil fue un azote que hizo que la iglesia acabara en ruinas, sin padre y sin madre y con miles de marcas que esconden la época más oscura del último siglo en España.

El grafitero Okuda llena los espacios que pinta con piezas personales e iconográficas, uniendo cuerpos grises y formas orgánicas que podrían catalogarse como surrealismo pop. Emprender este proyecto para él ha sido todo un reto: “Vi una foto en Internet de la Iglesia y los chicos haciendo skate dentro y me pareció increíble que esos mundos estuvieran unidos. Me informé de quien era el dueño que gestiona el espacio y me puse en contacto con Church Brigade. Ya conocían mi trabajo y no nos costó ponernos de acuerdo. Cuando conocí el lugar me enamoré un poco más y decidimos emprender este proyecto”.

Hemos tenido que rehabilitar las estructuras de la iglesia, como las grietas, las paredes debilitadas, la balconada de arriba que era de madera, las cristaleras, que muchas de ellas estaban rotas… No hemos cambiado muchas ventanas pero sí el altar, para el que he diseñado algunas vidrieras con mi gráfica” dice Okuda. “Fue muy rápido todo. Ésta es mi primera obra en formato interior de estas características. Hemos tardado siete días entre tres asistentes: Misterpiro, Pablo Hat y Pablo Mares“. Gracias a los mecenas que han ayudado a que este proyecto saliese adelante, la organización que lleva todo el terreno quiere aumentar sus actividades para atraer a más gente y tener un público más amplio abriéndose al mundo más allá del skate, aunque siempre manteniendo la esencia.

Origen: Graffiti, Skate y Amén | Cultura | EL MUNDO