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“Pero si los cubanos no salimos a la calle a hacer colas nos morimos de hambre…” * Por Eso Me Fui De Cuba

En Cuba, los seres cubanos, tenemos que hacer colas para cualquier cosa. El cubano vive y muere pidiendo el último y preguntando: ¿Qué sacaron? ¿Qué van a vender? Por eso la dictadura castro-comunista es también sinónimo de tumulto, aglomeración, filas, gaznatones, malas palabras, sudores, desesperación, empujones y obscenidades. Las colas castristas son las más largas …

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Cuba-Miami: cuando la distancia se refleja en el lenguaje

La diferencia entre los que llevan tiempo exiliados y quienes llegaron ayer, o hace unos meses, tal vez un par de años, es bien notable (Cuba)

Ernesto Pérez Chang

Cubano mira al horizonte desde el malecón en la Ermita de la Caridad del Cobre, Miami (Foto: The New York Times)

MIAMI, Estados Unidos. – Existen modos de hablar en Cuba que pudieran diferenciarse de los de Miami. Puede notarlo quien, después de vivir en la isla durante años, llega a la Ciudad del Sol y presta oídos a las formas de hablar de los cubanos. También pudiera percibirlo así quien haga el viaje en sentido opuesto, entonces La Habana le parecerá un universo lingüístico muy diferente al que dejó atrás en el tiempo.

No solo frases y acentos nos identifican como de una región u otra de la Isla sino que la diferencia entre los que llevan tiempo exiliados y quienes llegaron ayer, o hace unos meses, tal vez un par de años, es bien notable.

No tanto por los que han incorporado el inglés como lengua de lo cotidiano, mientras han conservado el castellano para el ámbito privado, sino por quienes, conscientemente o no, solo por haber salido de Cuba a inicios de los años 60, se encargaron de conservar aquellos modos del habla de cubanos y cubanas que no sucumbieron a la ofensiva “ideologizadora”, convertida en política oficial como “trabajo ideológico sistemático”, contra todo lo que tildaron peyorativamente de “rasgo burgués”.

Los que se fueron en aquellos tiempos y los que permanecieron en la isla, todos, quedaron divididos no solo por el Estrecho de la Florida, los embargos, la Guerra Fría, las rupturas familiares, la “intransigencia revolucionaria”, la ausencia de comunicaciones telefónicas y de puentes aéreos y marítimos, por los desfases tecnológicos y las amenazas de cárcel por “claudicar a los pies del enemigo” sino que fueron obligadas a convertirse, digamos, en dos “especies” de cubanos, tal como diferenciamos hoy a coreanos del Norte y del Sur por el lenguaje y, además, por las huellas físicas y psicológicas que dejan los contextos con sus peculiaridades.

Las décadas de aislamiento no solo sembraron diferencias ideológicas entre unos y otros sino que se expresaron incluso en los cuerpos. La estatura promedio de los cubanos residentes en la isla, de generaciones más recientes, se ha visto reducida notablemente. Hay más de un estudio biométrico al respecto.

Algo similar ha pasado con el repertorio léxico de un sector importante de la población dentro de la isla y sus modos de expresarse verbalmente.

Basta con salir a las calles de La Habana e intentar entablar conversación con personas jóvenes para percatarnos de que algo de cierto llevaría en lo que afirmo, aunque sin otras pruebas que mi experiencia personal como conversador más que periodista.

Para nada intento lanzar una tesis en la que establezco con alocada certeza que en uno u otro lado, en Miami o en La Habana, se habla mejor o peor. Lo único que deseo hacer notar es que, al menos en las comunidades de cubanos exiliados en los Estados Unidos se pudieran haber conservado, y hasta dado en herencia, normas de habla y repertorios léxicos que dan cuenta de un panorama diferente del actual en la isla.

Podemos hallar las diferencias que señalo, por ejemplo, cuando vemos una película cubana de los años 50 o cuando escuchamos una grabación de la misma época, y a la vez comparamos nuestra experiencia acústica con nuestro entorno actual.

En Cuba solo una parte de la población de mayor edad conserva no solo aquel modo pausado y fluido que definía la norma más extendida entre todas las clases sociales. No importa si ricos o pobres, si de una provincia u otra, si blancos, amarillos o negros.

En Miami sucedería algo parecido a Cuba pero me arriesgo a decir que es posible notar cierta distancia léxica, expresiva, comunicativa entre las nuevas generaciones, que han recibido en herencia esos matices que los distinguen de sus contemporáneos quienes crecieron y alcanzaron la mayoría de edad en Cuba.

Al menos mi oído no los percibe igual y los diferentes modos de hablar dicen mucho sobre el tiempo que alguien lleva en los Estados Unidos.

“La gente va frenando la velocidad habitual del cubano al hablar”, me ha respondido un amigo a quien compartí mi apreciación pero me advierte que Hialeah, donde se concentra la mayor cantidad de cubanos, no siempre es el lugar ideal para notar las diferencias que descubres en otras zonas de Miami porque “allá hay muchos cubanos recién llegados. Pero en los que llevan más tiempo, quizás diez, quince o veinte años puedes notar cambios”. Es posible.

Nos comprendemos, reconocemos la mayor parte de los vocablos que nos definen culturalmente, pero los usamos y hasta los pronunciamos con diferencias bien notables.

Una buena parte de quienes arriban desde la isla traen ese ritmo de “carretonero” que no es más que ese hablar atropellado, que recorta las frases, incluso las palabras, y que gusta de sustituir vocablos e ideas con la gestualidad, el manoteo, la sobreactuación, las onomatopeyas y hasta con el contacto físico-visual extremo.

Otra diferencia importante es que en Cuba hasta se pudiera hablar de “generaciones del susurro”.

Los de la isla, a fuerza de silencios y censuras, incorporamos el susurro a nuestras conversaciones y, hasta pudiéramos decir que la pantomima —muy similar al lenguaje de señas de los presos— nos facilitó la vida en algunos momentos.

Aprendimos a hablar mal de Fidel Castro casi en clave, acariciándonos el mentón como forma de aludir a su icónica barba; a nombrar a los “verdaderos culpables” sin nombrarlos, solo con levantar el dedo índice al cielo y acotar que son “los de allá arriba”, o tocándonos el hombro como sinónimo silencioso de “jefe” en una sociedad militarizada hasta el tuétano, donde las órdenes se cumplen y jamás se discuten.

El lenguaje fue uno de los principales objetivos donde hicieron su tarea quienes pretendieron alguna vez darle vida al “hombre nuevo” del socialismo a la cubana.

Corrían los terribles años setenta y en los avales que debía presentar una persona para solicitar un puesto de trabajo o una matricula en un centro de estudios, era usual que las llamadas “organizaciones políticas y de masas” se interesaran por nuestro lenguaje.

Así algún vecino podía vetarnos con el argumento de que “suena demasiado fino o fina” o “habla un poco aburguesado”, con lo cual en muchas ocasiones elevaban a la condición de “atributos revolucionarios” la vulgaridad y la chabacanería.

“Señor” y “señora” fueron desplazados por “compañero” y “compañera”, incluso “camarada”, hasta años recientes en que las necesidades de vivir del turismo —y presentarse al mundo como un “totalitarismo actualizado” o de “nuevo tipo”, con bendición papal incluida—, los obligó a desempolvar incluso el “señorita”, el “gracias a Dios”, que estuvieron entre las primeras palabras y frases en ser estigmatizadas.

Tanto quisieron cambiar y aniquilar que con la oleada de turistas las prostitutas “renacieron” como “jineteras” mientras “el hombre que alquilaba su cuerpo a otro hombre” se convirtió en “pinguero”, tal vez como un modo de imponer la ”incuestionable virilidad” del falo comunista a ese “hombre nuevo” demasiado rosa, demasiado “traidor” a su propio sexo, en una tierra de machos.

En los momentos más críticos de la cruzada antiburguesa incluso dar los buenos días, responder “gracias”, articular las palabras y hablar pausadamente se transformaron en “chealdad” y “picúencia”, más para las generaciones que fueron entrenadas mentalmente en ese igualitarismo social que busca confundir la igualdad de derechos con políticas populistas donde se exacerban odios y mediocridades con nefasta intención.

No es posible articular el pensamiento si antes no dominamos el lenguaje. Iremos tan lejos en nuestras ideas y nuestros modos de interpretar el mundo que nos rodea como tan complejas sean nuestras capacidades lingüísticas.

Limitar el repertorio léxico —empobrecerlo, amoldarlo a una ideología extrema, impedir que como individuos tengamos nuestra propia y particular experiencia cognitiva—, mediante el “filtraje” de absolutamente toda la información que recibimos por nuestros sentidos, es quizás de las maniobras más efectivas y a la vez crueles empleadas por el Partido Comunista en Cuba durante más de medio siglo. Los límites del lenguaje marcan las fronteras del pensamiento.

Ahora se ha visto cómo llaman “filtraje de contenidos” a la censura, cómo nombran “sociedad civil” a las “organizaciones políticas y de masas” del Partido Comunista, cómo un interrogatorio policial se transforma en una “entrevista”, así como el que pretende coartar y fiscalizar tu libertad de pensamiento es un “compañero que te atiende” y no un oficial que te reprime.

De igual modo rehabilitan palabras como “propiedad privada” en un país donde no le permiten existir; “alcalde”, “gobernador”, “presidente”, “concejal” y una lista extensa que nos tuerce la cabeza de tan confusa, sobre todo para quienes intuimos cómo funciona “la cosa”.

No existe otra explicación lógica para tales “recuperaciones”, casi arqueológicas, que no sea el intento de proyectar una mejor imagen ante la opinión pública sin tomarse la molestia de realizar cambios en profundidad.

Al desenterrar las viejas denominaciones están creando espejismos sobre una realidad que no existe. Juguetean con los nombres de las cosas sabiendo que la “libre traducción” de la realidad cubana permitiría que esta sea asimilada por miradas distantes, foráneas, bajo una apariencia de normalidad que desarmaría los cuestionamientos más letales.

El mensaje que envían al mundo es tan sencillo como “somos un país como otro cualquiera” cuando en realidad se trata de una “singularidad” tan rara como lo puede ser Corea del Norte, pero sin armas nucleares.

Una singularidad en muchísimos aspectos de lo ideológico, lo económico y lo político, pero incapaz de proveer al ciudadano de a pie de los alimentos que necesita para crecer y pensar o de las libertades individuales que requiere para progresar por el bien de él, de su familia y su país.

Los del Partido Comunista, con sus egoísmos ideológicos, han logrado que una buena parte de los cubanos de la isla hayan integrado en sus esquemas mentales el fárrago de consignas que los acosan en lo cotidiano.

Examínese el repertorio de frases hechas que les sirven como respuesta ante una pregunta sobre “la realidad cubana” y nótese cómo pudiera predominar quien no se esfuerza en pensar y suelta un “Pa´lante” o “Pa´lo que sea”, ya ni siquiera por marcar o remarcar que son “integrados al proceso revolucionario”, aunque no lo sean en realidad, sino por el “ejercicio”, convertido en hábito, de esquivar los mil y un modos de “meterse en candela” cuando se vive en un país donde las libertades individuales han sido secuestradas por unos pocos.

Todo en nombre de una patria que, lejos de crecer, se esfuma lentamente en cada amigo o familia que se va de Cuba, aunque se repitan una y mil veces para sí que la patria se lleva por dentro.

(Ernesto Pérez Chang, residente en Cuba, se encuentra de visita en EEUU)

Origen: Cubanet

Destierro a la cubana

Cientos de cubanos han sido desterrados de manera forzada

Cientos de cubanos han sido desterrados de manera forzada

Rodrigo Díaz de Vivar paso su exilio en las tierras de la Alcarria y los valles de Jalón y de Jiloca, en Castilla. Allí tuvo lugar el destierro de un héroe. Con su honra pública mancillada y sus tierras confiscadas, recupera ambos con el botín arrancado a los moros y así alcanza el perdón real. Ello a su vez por medio de la conquista de Valencia, lo cual facilitó la reconciliación con el rey Alfonso.

Es el Poema del Mío Cid, el mayor de los cantares de gesta españoles de la Edad Media y una de las obras clásicas de la literatura. Pues el régimen cubano actual evoca la práctica, no únicamente medieval, del destierro. En realidad, la recrea.

Es curioso, se usan como tal pero exilio y destierro no son sinónimos. El primero se refiere a la necesidad de escapar de una persecución. El segundo tiene fuerza legal, una orden del Estado que obliga a partir. Ambos vulneran derechos, pero el destierro se superpone con la noción de desplazamiento forzoso, si bien por lo general es de carácter individual.

Precisamente, una reciente denuncia de la ONG “Cuban Prisoners Defenders” muestra un patrón represivo del régimen cubano: el destierro.

En el informe “Expatriaciones forzosas masivas en Cuba”, se documentan 77 casos, 35 victimas de expatriación forzosa y 42 víctimas de amenazas de expatriación forzosa.

El informe se basa en testimonios recogidos tan solo entre el 11 y el 18 de junio de este año, lo cual permite inferir que se trata de una pequeña muestra de la magnitud de dicha metodología represiva.

Todos los casos documentados son acerca de activistas de derechos humanos.

El menú de abusos adicionales, asociados a la expatriación, es el esperable en la larga historia represiva del régimen: intimidación, amenazas de muerte y/o prisión, golpizas, represalias contra los familiares, incentivos económicos. En varios casos el régimen les dio dinero, financiando el viaje, y les indicó dónde comprar el boleto de avión. Todo ello con un alto grado de hermetismo, típico de un régimen totalitario.

La mayoría de los vuelos de expatriación se realizaron con destino a Guyana, Trinidad y Tobago, y Nicaragua. El gobierno de Cuba viola la Declaración Universal de Derechos Humanos y una larga lista de convenios y pactos internacionales que se derivan de ella. El destierro forzoso es una pena inaceptable en el derecho internacional.

En algunos casos la policía política los llevó por la fuerza hasta dentro del avión. Ello siempre en una aeronave de la empresa venezolana Aruba Airlines, cómplice en una violación continuada de derechos y que virtualmente actúa, en los hechos, como “coyote” en el tráfico de personas.

Además Aruba Airlines infringe las normas que regulan el transporte comercial internacional. Entre ellos, la Convención de Varsovia sobre Transporte Aéreo Internacional, de 1929, modificada en 1955 en La Haya y en 1975 en Montreal, y la Convención de Montreal de 1999. Esta última es la norma fundamental que gobierna IATA, la Asociación Internacional de Transporte Aéreo, fundada en 1945, suprema ironía, en La Habana.

Leo que Arturo Pérez-Reverte lanzará en septiembre una nueva novela, “Sidi”. Es la historia de un guerrero que, forzado al destierro, lucha por sobrevivir en un territorio hostil, fluctuante, caracterizado por fuerzas en conflicto. Evoca al Cid Campeador, naturalmente.

Un avance nos habla de “Profesionales de la frontera, sabían luchar con crueldad y morir con sencillez…rostros curtidos de viento, frío y sol, arrugas en torno a los ojos”, continúa, “no eran malos hombres. Ni tampoco ajenos a la compasión. Solo gente dura en un mundo duro”.

No podía dejar de pensar en los desterrados cubanos, gente obligada a ser “dura en un mundo duro”, el mundo que les impone el criminal régimen castrista.

Origen: Infobae

Uruguay-Llegan 4.600 cubanos y colapsan los trámites

 

La regulación lleva demoras de casi un año y la Cancillería está reprogramando la agenda.

La puerta de la Cancillería uruguaya, esa que está sobre la calle Cuareim, amanece con una postal repetida: una treintena de ciudadanos cubanos hacen fila a la espera de un turno. La escena se reanuda de lunes a viernes, y eso que van cambiando los personajes y que la Policía los intimó a retirarse por “obstruir el paso en la vereda”.

Todo sea por un documento, un simple papel que los habilita a trabajar y a tramitar la cédula de identidad. Pero quienes llegan hoy están recibiendo turno para el año que viene. ¿El motivo? En los primeros ocho meses de 2018 han ingresado a Uruguay, con la aparente intención de quedarse a vivir, unos 4.600 cubanos —la misma cantidad que había llegado desde que comenzó el siglo XXI. Y el sistema no da abasto.

Madeliane Marrero (43) está hace casi cinco meses en Montevideo, pero le fijaron la audiencia para marzo de 2019. Ayer, tras una nueva protesta en la puerta de la Cancillería, le adelantaron la fecha para noviembre aunque, le aclaró un funcionario de la cartera, “la agenda es inviolable y con seguridad el turno no será antes del año que viene”.

Sigue…

Origen: El Pais 

El estigma de ser cubano Cubanet

 

El estigma de ser cubano (radiorebelde.cu)

“Los cubanos son tan nobles que no les importa. Se conforman con poco, son felices así”

LA HABANA, Cuba.- “Los cubanos son tan nobles que no les importa. Se conforman con poco, son felices así”, me discutía hace unos días cierto conocido corresponsal de prensa extranjero mientras conversábamos sobre las leyes cubanas. Aunque intenté demostrarle mi posición opuesta a la de él, poco logré.
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Cubanos hicieron disparar solicitudes de refugio en Uruguay

 

Agustina nunca pensó que se embarcaría en la “aventura” en que acabaría convirtiéndose su vida hasta que el 2 de febrero su hijo, de 21 años, llegó con la idea de abandonar Cuba para emigrar a Uruguay. “Él vivía bien allá y yo también, pero quiso venir y yo lo acompañé para cuidarlo y protegerlo porque soy su mamá”, dijo esta mujer de 53 años, quien hasta entonces nunca había salido de la isla caribeña.

A ese viaje se sumaron su hermana y su cuñado, quienes decidieron probar suerte en Uruguay guiándose por los comentarios favorables que se pasan de boca en boca en la isla. “En Cuba se dice que aquí es lo mejor para vivir, que esto es una maravilla. A nosotros nos fue bien, pero no es para nada como lo dicen, hay que romperse el lomo como en cualquier lugar”, cuenta la mujer.

Apenas 33 días después de que la posibilidad de migrar a Uruguay fuera conversada por primera vez, los cuatro cubanos iniciaron una travesía de 7.000 kilómetros y siete días para ingresar al país a través de la frontera seca de Rivera—Santana Do Livramento.

Sucede que los cubanos requieren de visa para ingresar a Uruguay, la cual solo puede ser entregada por razones de turismo o negocios. Por eso eligen viajar a Guyana –único país de América del Sur que no les exige visa a los cubanos-, cruzar ilegamente la frontera con Brasil y desde allí viajar por tierra o avioneta hasta Livramento, desde donde ingresan a Uruguay.

Del viaje de Agustina y su familia se hizo cargo una organización integrada por guayaneses, quienes los esperaron con una camioneta en la puerta del aeropuerto Cheddi Jagan, ubicado a pocos kilómetros de Georgetown. En esa camioneta cruzaron la frontera hacia Brasil y atravesaron la selva. Una vez en territorio brasileño montaron en un avión hasta Porto Alegre, donde eran esperados por otras personas de la organización, quienes los acercaron hasta Santana Do Livramento.

Por esa travesía, debieron pagar US$ 1.500, aunque Agustina estima el costo total del viaje, entre el boleto de avión que los trasladó a Guyana y el taxi que debieron pagar para entrar a Rivera, así como el ómnibus que los trasladó después a Montevideo, en unos US$ 2.000.

La organización encargada del traslado de la familia se ocupa del viaje, el pago de alojamiento en las distintas paradas, así como de la comida que reciben. Una vez en Rivera, los cuatro cubanos siguieron las instrucciones que les habían dado los integrantes de la organización que los trajo a Uruguay: presentarse en la oficina de migraciones de la ciudad fronteriza y solicitar al Estado uruguayo que los ampare como refugiados.

Esta práctica se ha dado con frecuencia en los últimos años, según dijo la directora de Migraciones Myriam Coitinho en la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado. Sucede que según la ley 18.076 que establece el “derecho al refugio y a los refugiados”, los funcionarios de migraciones están obligados a recepcionar las solicitudes de refugio que se presentan en la frontera, para derivarla luego a una comisión dependiente del Ministerio de Relaciones exteriores que evalúa si es pertinente o no aprobarla. Para tomar una resolución, la Comisión de Refugiados, tiene un plazo de 90 días.

Durante ese período, los solicitantes pueden quedarse en Uruguay legalmente a la espera de una respuesta. Sin embargo, según explicó Coitinho, como los ciudadanos cubanos saben que su solicitud será rechazada, porque el argumento que presentan para migrar a Uruguay es de carácter económico y no político, entonces viajan a Montevideo, renuncian al trámite para ser refugiados, e intentan regularizar su situación aprovechando las facilidades que ofrece la ley de migración uruguaya.

Este método para obtener la residencia uruguaya se extendió hasta tal punto entre los cubanos, que se dispararon las solicitudes de refugio en Uruguay. En 2015 se presentaron 9 de estas solicitudes, en 2016, 370; en 2017, 2.146; y en lo que va de 2018, 2.025, por lo que se espera un nuevo record para este año.

Según dijo Coitinho, este incremento se explica básicamente por la llegada de cubanos que en la mayoría de los casos hacen el trámite en la frontera seca. Asimismo, 3.980 cubanos de los 4.365 que solicitaron refugio entre 2015 y 2018, renunciaron a ese trámite para solicitar la visa y regularizar así su situación. En la mayoría de los casos (2.770) fueron aprobadas.

Este lunes unos cuarenta cubanos hacían fila frente al Ministerio de Relaciones exteriores para solicitar la visa uruguaya. Asimismo, según dijeron a El Observador desde la ONG Idas y Vueltas, en la última semana, decenas de cubanos se acercaron a esta organización que apoya a inmigrantes para solicitar ayuda. Agustina, que llegó el 13 de marzo, fue una de esas personas. A través de esta ONG consiguió trabajo cuidando a un adulto mayor, al tiempo que su hijo y cuñado trabajan como deliveries y su hermana como empleada doméstica.

Esta madre de 53 años, planea quedarse entre cinco y seis años en Uruguay, hasta tanto su hijo se termine de asentar en el país en el que eligió vivir. El joven planea estudiar veterinaria en la Universidad de la República, y según Agustina, está convencido de la decisión de dejar atrás la isla que lo vio nacer.

Red de trata

La Policía del Crimen Organizado investiga una red de trata de personas que se encarga de traer a Uruguay a ciudadanos cubanos que ingresan al país a través de la frontera seca con Brasil, informó Telenoche y confirmó El Observador. Esta organización, está integrada por personas de Cuba, Guayana, Brasil y Uruguay.

Origen: Cubanos hicieron disparar solicitudes de refugio en Uruguay

SIETE TRAUMAS DE LOS CUBANOS QUE VIAJAN AL EXTRANJERO

Siete traumas de los cubanos que viajan al extranjero

No importa si es un viaje corto, una misión oficial, visita por unos meses o salida definitiva. Una vez que un cubano pone un pie en un aeropuerto internacional —e incluso antes— se activan en su cerebro una serie de mecanismos psicológicos que lo acompañarán durante toda su estancia fuera del país. No importa cuántos cuños tenga tu pasaporte, nivel educacional, número de visas o kilómetros recorridos, tus condicionamientos mentales siempre van a estar ahí. Incluso, cuando crees que ya los has superado.

Trauma del mal de ojo: Es un trauma pre-viaje. No decir el plan “para que se dé”. Los miedos y rezagos de épocas pasadas se trastocan en una poderosa superstición que le atribuye al silencio la calidad de amuleto protector contra accidentes del destino, envidias, “hijeputadas” y cualquier otra cosa que pueda impedir el tan anhelado viaje. Y es que todavía, para la mayoría de los cubanos, salir del país –de la forma que sea y por el tiempo que sea- es sinónimo de algo anormal, extraordinario, e incluso, con tintes de incorrecto.

Trauma del culpable: Vivir en un país donde se coexiste a diario con la ilegalidad y lo sancionable tiene sus efectos sobre la psiquis y estos afloran en cualquier lugar, pero sobre todo en los aeropuertos. “Estoy haciendo algo malo”, “Algo va a pasar a última hora”, “No me van a dejar salir o entrar”, “Voy a tener algún problema en el equipaje o los documentos”. Paranoias que se disparan ante el más rutinario de los controles y te ponen el corazón a cien hasta que sientes que el avión levanta vuelo.  Incluso, estando ya fuera del país no deja de rondarte la idea de que harás algo malo que pueda fastidiar el viaje a la mitad.

Trauma de la conversión monetaria: Molesta y complicada compulsión a convertirlo todo de la moneda del país visitado a la moneda que circula en el tuyo. Esto es algo que le ocurre a cualquier extranjero, solo que en el caso de los cubanos se agrava por tres factores: 1- Porque hay que convertir a TRES monedas: dólares, CUC y peso cubano, y también entre ellas, lo cual, en medio de una tienda, te puede volver loco; 2- Porque somos de los pocos turistas que viajamos para comprar productos comunes, ya que en nuestro país se venden a precios excesivamente caros, de calidades inferiores o no existen; y 3- Porque algunas de las cosas que compramos son para vender en Cuba, recuperar los gastos del viaje y obtener alguna ganancia, así que hay que jugar con los precios de las tiendas estatales y del mercado negro.

Trauma del maltrato: Ya estamos tan acostumbrados al maltrato en los establecimientos de servicios en Cuba –sin importar la moneda en que pagues, ni la forma de propiedad-, que ante la amabilidad y atención en una tienda o restaurante nos sentimos mal. Unas veces nos da pena, porque confundimos buen trato con sumisión y nos sentimos algo incómodos de que “nos atiendan tan excesivamente bien”. Otras, hasta nos acomplejamos porque pensamos que la encargada que nos acompaña por toda la tienda y no deja de preguntarnos ¿en qué puedo ayudarlo señor? –aun cuando se nota que no vamos a comprar nada- puede comportarse así porque piensa que queremos robarnos algo.

Trauma del cao: El cao es un ave a la que se le atribuye la cualidad de llevar para su nido todo lo que encuentra. No hace falta explicar más la alegoría. Jabitas, rollos de papel sanitario, envases con formas bonitas, adornitos, tornillos, posibles piezas de repuesto, ropas o zapatos con los que “todavía se puede tirar”… cualquier cosa por impensable que sea puede ir a parar a la “maleta-nido” de un cubano, en tanto quepa dentro de las libras permitidas por la Aduana. En Cuba cualquier cosa resuelve o puede servir para cumplir con alguno de los tantos nombres de la lista de compromisos que llevamos durante el viaje.

Trauma aduanal: El principal dolor de cabeza desde que sales hasta que regresas. Estudiar las resoluciones de la Aduana exige más esfuerzo mental y dedicación que algunos doctorados. Requiere conocimientos de leyes, matemáticas, distribución del espacio, y también… calle, picardía. Te tiene tenso durante todo el vuelo. Una vez ante la fatídica báscula no sabes si sonreír (porque puedes parecer sospechoso) si ponerte serio (porque puedes parecer nervioso)… Durante todo el viaje te preparas un guion mental, tanto que a veces puedes encontrarte en el medio de una tienda con un artículo en la mano hablando solo y gesticulando: “Si me dicen esto, le respondo aquello”. “Cuando me diga que estoy pasado, le saco el cálculo que lo traigo hecho en una hojita y las regulaciones de la Aduana que las tengo en el teléfono y con copia en el Tablet,” “Si me dicen que no puedo entrar la cafetera, la tiro contra el piso….” En fin, nos montamos una película similar al cuento del gato, que en ocasiones por suerte no tenemos que estrenar, pero en otras… para qué hablar, pues ahí los traumas pueden tornarse irreversibles. Si salir del país nos pone tensos, regresar es mucho peor.

Trauma de Cuba: No por último, el menos importante. Todo lo que haces, todo lo que disfrutas, también todo lo que sufres y te privas, lo haces pensando en Cuba, en la familia, en las personas que dejaste atrás. “Si pudieran comer esto, ver aquello, compartir conmigo este momento…”. La presencia constante en la cabeza de las personas que quieres y no pueden acompañarte, hacen que cualquier felicidad sea incompleta.

Pero también hace que duelan menos los lugares a los que dejas de ir para ahorrar el dinero, la pena de tener siempre que preguntar dónde se compra más barato, de leer los menús de los restaurantes de derecha a izquierda, de cargar con las “ofertas” de las tiendas como si fueras a abastecer una comunidad, de ser el único en el aeropuerto con cinco maletines inmensos. Duele menos porque sabes que lo haces por una causa mayor. Porque un viaje nunca es para uno solo. Porque el viaje de un cubano nunca es una cuestión de turismo, placer, o trabajo solamente. Es un asunto económico, estratégico; una especie de tabla de salvación con gran incidencia en su futuro y en el de otros.

En fin, son traumas con los que aprendes a convivir, a reírte de ellos, y que eres capaz de tolerar siempre que ello signifique que el viaje se repita. Incluso, hasta aprendes a sacarles provecho, sabiendo que son mecanismos de defensa que activa tu cerebro y que una vez que regreses a tu entorno cotidiano entrarán en stand-by, quedando latentes hasta la próxima aventura y cediendo el lugar, entonces, a otros traumas igual de persistentes e inquietantes: a los traumas de los cubanos que regresan del extranjero.

Emigrar sigue siendo la meta para miles de cubanos

Pasaporte cubano

Salir en busca de las oportunidades que su propio país les niega constituye un objetivo para gran parte de la población de la isla, aunque la decisión implique un alto costo económico y humano

Por IVÁN GARCÍA

LA HABANA.- Cuando pareciera que se cerraron todas las puertas para emigrar a una nación del Primer Mundo; que el pasaporte cubano de color azul no es bienvenido en la mayoría de las fronteras, o que tirarse en una balsa rumbo a Estados Unidos es un acto más suicida que inútil, Mayra, estudiante universitaria, fragua su estrategia migratoria “navegando” muchas horas por diferentes sitios de internet en busca de un boquete de salida.

Desde 1962 a 1994, la forma más tradicional de los cubanos que querían irse ilegalmente de Cuba, era construir una precaria embarcación de madera, capaz de soportar la poderosa corriente del Estrecho de la Florida y anclar o ser rescatado por algún guardacosta estadounidense, lo que automáticamente le concedía el estatus de residencia en los Estados Unidos.

Después del verano de 1994, tras los acuerdos migratorios firmados por Bill Clinton y Fidel Castro, se intentó poner orden y seguridad a la emigración marítima ilegal. Se acordó autorizar 20.000 visas anuales por concepto de reunificación familiar. Y, para frenar el éxodo de los balseros -aún se desconoce el número de muertos que yacen en el fondo del Estrecho de la Florida- funcionarios de Washington idearon la llamada “ley pies secos, pies mojados”, una versión bastante cínica de la benevolencia americana.

Si un balsero era atrapado en altamar, se devolvía a Cuba con el compromiso de que no iba a ser encarcelado. Si de alguna manera pisaba territorio estadounidense, ¡bingo!, se le abría la puerta giratoria de entrada al paraíso.

En enero de 2017, Barack Obama derogó la política pies secos, pies mojados. Tras la flexibilización migratoria de las autoridades comunistas de la Isla, a partir del invierno de 2013, además de por mar o tierra (cruzando fronteras), a Estados Unidos comenzaron a llegar cubanos por vía aérea.

Entre 2013 y 2017, si a los 80.000 cubanos que emigraron por reunificación familiar (20.000 por año), sumamos los que recorrieron miles de kilómetros desde Ecuador o Centroamérica hasta la frontera sur de Estados Unidos, veremos que alrededor de 800.000 cubanos emigraron de su país en los últimos cuatro años.

En las redes sociales comenzaron a aparecer instrucciones de cómo evadir ciertos trayectos peligrosos y decenas de trucos para esconder el dinero. Todo comenzaba en una sala de internet o parque con wifi en cualquier provincia de la Isla. Los futuros emigrantes contactaban con coyotes o cubanos que los asesoraban en la travesía.

Las personas empezaron a quemar sus naves. Conseguían el dinero vendiendo sus casas, automóviles, motos, electrodomésticos o ahorrando las ganancias obtenidas en pequeños negocios privados. A no pocos, sus parientes en Miami les giraban los dólares por la Western Union.

Pero después del 12 de enero de 2017 se detuvo el maratón terrestre hacia Estados Unidos. Donald Trump, un presidente que bate récords enviando tuits, por los supuestos ataques acústicos a diplomáticos estadounidenses radicados en La Habana, retiró al sesenta por ciento de los funcionarios consulares.

Ahora, los que pueden emigrar por reunificación familiar, tienen que viajar a Colombia, disparando enormemente los costos de ese trámite. En un año, el ingreso de cubanos a Estados Unidos ha caído dramáticamente. Más de 50.000 cubanos ingresaron a Estados Unidos en el año fiscal 2016 y según el Departamento de Estado, en 2017, la nueva política redujo la inmigración irregular procedente de Cuba en un 64% con respecto a 2016.

Pero el deseo de emigrar de miles de cubanos no se detiene. Tres veces a la semana, la universitaria Mayra rastrea por internet, a ver si encuentra “una beca estudiantil o un curso de verano, cualquier cosa que me permita viajar al extranjero, preferentemente a una nación del primer mundo, y luego allí, valorar la posibilidad de radicarme temporal o definitivamente”.

El mundo académico cubano es lo más parecido al hundimiento del Titanic. Al compás de las canciones laudatorias a Fidel Castro, mientras el barco naufraga, cientos de profesores, masters, doctores y científicos, intentan conseguir por cuenta propia una pasantía o asistir a una conferencia organizada por una institución de altos estudios.

“Es el sálvese quien pueda. De una forma u otra, todos aquellos que tienen contactos, los activan para obtener una beca o un trabajo en una universidad foránea. Lo ideal es el circuito académico estadounidense, de primerísimo nivel. Pero tampoco está mal una plaza en una universidad alemana, suiza o de los países nórdicos. Incluso en Chile, que está de moda Chile, por su estabilidad económica. Y México, con todo sus problemas de violencia, durante muchos años ha sido el destino de numerosos intelectuales y profesores universitarios cubanos”, comenta un académico.

Especialistas en informática, cibernética, software y control automatizado también por su cuenta gestionan oportunidades de superación y contratos laborales a distancia. Los que no poseen títulos universitarios igualmente buscan atajos. Es el caso de Luis Mario, mecánico automotor. En su opinión, “aunque la caña se ha puesto a tres trozos, y emigrar a Estados Unidos es casi una quimera, hay que seguir buscando en el mapamundi otras opciones viables y largarse de Cuba. Yo estoy explorando cuatro opciones: un contrato de trabajo por dos años en Uruguay, en República Dominicana o en Chile, porque las autoridades chilenas son bastante permisivas con los cubanos. Y si ninguna de esas tres se me dan, la cuarta opción sería un posible matrimonio con una ‘yuma’ que vive en Kansas”.

El cubano promedio no se encasilla con un destino específico. Desde luego que Miami o Madrid es lo ideal. “Pero si no se puede entrar a Estados Unidos se buscan variantes. España no es un mal destino, pues aunque los cubanos que estamos llegando somos ilegales, la policía migratoria española anda tras los africanos y árabes. A España se puede llegar a través de Italia. En Cuba compras un paquete turístico de una semana en Italia, cuya embajada te concede una visa europea por un mes y luego, en tren, viajas a Madrid o Barcelona. España está que arde, pero es diez veces mejor que Cuba”, indica Silvio, un pinareño que lleva un año residiendo con su esposa en la localidad madrileña de Valdedebas.

Yeni, que se dedicaba a la prostitución, de vacaciones en La Habana, asegura que “el sueño de cualquier “jinetera” es marcharse de Cuba. Gracias a mi novio chileno, hace seis meses me establecí en Valparaíso”.

En lugares tan distantes como Canberra, la capital de Australia, o un kibutz israelí (cooperativa de producción), usted puede ubicar a un cubano. “El problema es adaptarse a los idiomas, comidas y tradiciones. Llevo siete años viviendo en Qatar, y te digo que no lo cambio por ningún país del mundo”, asegura César, oriundo de Bayamo.

Aunque, si pudieran escoger un destino, los miles de cubanos con planes de emigrar prefieren Estados Unidos y allí una ciudad, Miami. La misma cultura, el mismo clima y dos millones y medio de compatriotas hablando en voz alta en los supermercados Publix. Y si te paras en el faro de Key West, afirman algunos, percibes hasta el olor de La Habana.

Origen: Emigrar sigue siendo la meta para miles de cubanos

Rescatan en Panamá a dos cubanos víctimas de tráfico humano

Panamá (ACAN-EFE).- Las autoridades panameñas rescataron a dos ciudadanos cubanos que eran víctimas de tráfico de personas.

El operativo fue llevado a cabo por el Servicio Nacional de Fronteras (Senafront) de Panamá, que capturó este domingo a dos panameños con 162 paquetes de cocaína en una embarcación en la selva del Darién, fronteriza con Colombia.

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Origen: Rescatan en Panamá a dos cubanos víctimas de tráfico humano

Dos cubanos se casan en Argentina, donde el matrimonio gay sí es legal

Edel Reina (i) y Henry Alpízar (d) después de contraer matrimonio. (CLARÍN

Los cubanos Edel Reina Palacios y Henry Alpízar Palma se casaron este martes en Buenos Aires, donde sí está permitido el matrimonio homosexual, informa el diario Clarín.

Alpízar, de 36 años, emigró a EEUU hace dos años, a donde llegó por la frontera de México y donde se acogió a la prebenda de la recién cancelada política de “pies secos/ pies mojados“, que daba estatus legal a todos los cubanos que llegaran a cualquier frontera de EEUU.

Ahora, Alpízar quiere pedir visa a EEUU para su pareja y necesitaba los papeles de matrimonio.

La relación sentimental de ambos hombres se remonta a hace 14 años: “Se conocieron en la ciudad de Cienfuegos. Hace dos años Henry pudo salir de la isla y se mudó a Miami, pero Edel se tuvo que quedar en Cuba”, contó Gustavo Michanie, vicepresidente de la entidad Judíos Argentinos Gays (JAG/LGBT), que ayudó a la pareja con los trámites para poder casarse en Argentina.

Según explicaron los cubanos, Reina Palacios tenía planes de acogerse a la política de “pies secos/ pies mojados” también, pero tuvieron que cambiar los planes y ahora pedirán una reunificación familiar ante las autoridades de EEUU.

“La única opción que les quedó para poder vivir juntos, entonces, era contraer matrimonio. Se pusieron entonces a averiguar en qué país podían hacerlo y después de un tiempo llegaron a la conclusión de que Argentina era la mejor opción”, precisa Clarín.

“Somos uno de los pocos países que acepta el casamiento para turistas. En marzo empezaron con los trámites. Yo tuve que enviar a la embajada argentina en Cuba una carta de invitación para que dejaran salir a Edel. Lo autorizaron por una semana, así que después solo quedó sacar los pasajes y reservar turno en el registro”, dijo Michanie.

Después de la boda, Alpízar regresará a Miami para comenzar los trámites para el viaje de Reina Palacios.

“Una vez que esté de vuelta en Miami yo voy a presentar los papeles para iniciar el proceso llamado de reunificación familiar. Apenas lo aprueban el va a poder viajar. Queremos formar el hogar y la familia que ya teníamos en Cuba. La distancia no es una opción. Nos gustaría tener hijos”, concluyó Alpízar.

El matrimonio entre parejas del mismo sexo está permitido en cinco países de América Latina: Brasil, México, Argentina, Uruguay y Colombia.

Chile tiene un Acuerdo de Unión Civil que regula jurídicamente las uniones de parejas homosexuales y heterosexuales que no han contraído matrimonio. Y Ecuador dio categoría de estado civil a las uniones de hecho entre dos personas sin importar el sexo.

En Cuba, nada de lo anterior es posible.

Mariela Castro, hija del general Raúl Castro, está al frente del estatal CENESEX desde donde ha intentado lavar la imagen del régimen en la represión durante décadas de la comunidad LGBTI.

El CENESEX es criticado con frecuencia porque su defensa de los derechos de la comunidad LGBTI no alcanza a los grupos críticos y a opositores al régimen.

Algunos de los reclamos de la comunidad LGBTI al Gobierno son el reconocimiento legal del matrimonio igualitario así como de las familias que formen, y la adopción de niños por parte de parejas gay. Estos reclamos no han sido conseguidos por el CENESEX.

En una reciente entrevista, la hija de Raúl Castro se escudó en que “las leyes no logran modificar los prejuicios ni las conciencias” para justificar la ausencia de una legislación para el matrimonio entre parejas del mismo sexo en la Isla.

 

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