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Estebán Fernandez-Sorry ,el libro que nunca saldrá

Sí, les voy a hablar de mi fantasmagórico libro que nunca va a publicarse y les explico el motivo: A través de muchísimos años cientos de cubanos me han tratado de entusiasmar para que yo recopile mis escritos y haga un libro.

Los que me han embullado durante mis 50 años escribiendo siempre han basado sus buenos deseos en que YO CONOZCO MUY BIEN LA IDIOSINCRASIA CUBANA y puedo explayarme al respecto.

Y yo respondo que es al revés: es precisamente por conocer tan bien a mis compatriotas que no me lanzo a publicar el libro. Porque el 90 por ciento de los cubanos no compra libros. Al 7 por ciento que leen libros, les encanta que se los presten y si son amigos del autor entonces aspiran a que se los regalen y se los dediquen. Y un tres por ciento – donde supongo está usted que me está leyendo en este instante- me lo compraría.

De los que durante medio siglo me han tratado de empujar a producir un libro se han muerto por lo menos un 70 ciento. Sólo quedan varias docenas de simpatizantes míos que todavía insisten en que me lance en ese esfuerzo.

¿Cómo se debe hacer un libro? ¿Cuál es la forma correcta?: Hay que ser verdaderamente famoso y poseer algo súper importante que contar y entonces que una empresa editorial diga: “Le voy a dar un adelanto de las ganancias, tráigame todo el material, nosotros hacemos el libro, le hacemos propaganda, lo vendemos y le damos un elevado por ciento de las ganancias”. De lo contrario, lo que yo haría es un “Vanity Book” al contrario del que hizo Barbara Bush sobre su perra Millie y fue un best seller.

Yo hice un libro sobre mi pueblo. Se llamó “Güines de mis Recuerdos”, me gasté un par de miles de dólares, me desgañité asistiendo a cuanto acto cubano, reunión, convivio, fiestas particulares, bodas, bautizos y cumpleaños. Hasta fui a un “Baby Shower”. Yo solito andaba proponiéndoselo a todo el que me encontraba.

Fui a Miami a vendérselo a mis coterráneos, y les cuento que era una época donde nuestro exilio estaba atestado de patriotas y pululaban las actividades cubanas. Vendí 400 libros -a puro pulmón- y perdí unos 600 dólares.

Para ponerles un buen ejemplo de alguien que es mejor escritor que yo, Roberto Luque Escalona, y lo hago para que ustedes vean cómo funciona la cosa entre nosotros los cubanos.

Roberto escribió un libro sobre Rolando Masferrer, Alberto Barco lo compró en Florida y lo leyó, se los prestó a Carlos Hurtado, Carlos lo leyó y me lo envió para acá, yo lo leí y se los pasé a 15 amigos. Es decir que lo leímos como 18 personas y Luque debe haber recibido 5 dólares más o menos.

Lo más cerca que estuve de lanzarme en esa empresa fue por una proposición de Zoé Valdés, simplemente porque ella es una triunfadora en ese género y sabe cómo se hace inteligentemente este proceso. Pero la cosa no cuajó. No recuerdo el motivo, pero estoy seguro que la culpa fue mía por mi eterna indecisión al respecto.

Si por casualidad hay alguien que discrepe de mí, que confía en el éxito seguro de mi libro, PUEDE INVERTIR EN EL PROYECTO VARIOS MILES DE DOLARES. Y YO LE DARIA UN TREMENDO POR CIENTO DE LAS las pingües ganancias. LOL.

De lo contrario yo siempre les indico a mis hijas que “Esa es su herencia y que dentro de 21 años cuando me muera encuadernen mis escritos y se los venden a los siete patriotas cubanos que queden vivos”.

CARTA A CUBA. Por Esteban Fernández

Cuba, mi Cuba, mi amor eterno: se han cumplido 56 años sin verte y te adoro más que nunca. Jamás he dejado de quererte, ni ha pasado un solo día de mi vida sin que de alguna forma te recuerde.

Siento que yo debía estar en un libro de récords como la persona que más ha mencionado o escrito tu nombre, hablado en público sobre ti, y añorado más.

He corrido pequeños peligros tratándo de salvarte, de liberarte de los que te tiranizan. He dedicado toda una vida a odiar a los que te han destruido. Y no me arrepiento, en realidad hubiera querido que los riesgos hubieran sido mayores.

He criticado a quienes te olvidan, te desprecian, y a los que no te han defendido. Pocos han ofendido públicamente al monstruo que se adueñó de ti más que yo.

Ni un solo centavo ha llegado a las manos de tus opresores por conducto mío. Ni directa ni indirectamente. Y tampoco he recibo un solo dólar por mi labor, completamente altruista, en favor de tu emancipación.

Jamás he permitido que tu destrucción física,  ni el adoctrinamiento de tus pobladores, me lleven a sentir desprecio hacia ti. Yo -en la distancia- con las casas despintadas y cayéndose, con los baches en tus calles, con Comités de delatores en cada cuadra, con tantos hijos del diablo que han nacido dentro de tus entrañas, yo te sigo observando como una vez te vio Cristóbal Colón: “Como la tierra más hermosa que ojos humanos han visto”.

No, no te visito, ni te visitaré jamás, mientras que tenga que pedirle permiso a la banda de criminales te han llenado de oprobios.

56 años ignorando a todo aquel que -aunque sea llenos de buena fe- me han pedido que me olvide de ti.

Evito a todo el que intente decirme: “No pienses más en Cuba, olvídate de esa Isla que solamente está en tus recuerdos, esa Cuba ya no existe” porque son palabras que recibo como latigazos en mi espalda.

Contra viento y marea, a mi no me sale de lo más profundo aceptar tu disolución como país, y me mantengo firme creyendo que Dios no podrá permitir eternamente que no vuelvas a reinar entre los países más prósperos y libres del planeta.

Te quiero Cuba, aunque por ese amor quieran colocarme dentro de una minoría de cubanos en extinción, aunque me llamen “dinosaurio”, y aunque llegara a ser el último que te venere.

Sé que es imposible físicamente poder volver a vivir otros 56 años sin verte, pero si eso fuera posible te seguiría queriendo igual, queriéndote más.

Y si la reencarnación existiera, y volviera a nacer, con todos los defectos que muchos te achacan, con todas las críticas que tengo contra las nuevas generaciones, quisiera VOLVER A NACER SIENDO CUBANO.

Cuba, tú has sido mi madre, mi novia más querida, mi primer y más grande amor, la tierra que no olvido. Mi devoción absoluta para todos los que han anegado con sangre tu fértil tierra tratando se salvarte, y mi rencor eterno contra todo aquel que sus botas te han pisado esclavizándote.

Y todos los que no te quieran, todos los que le ha dado las espaldas a tu sufrimiento, todos los que de alguna forma cooperan con tus opresores, todos los que no quieran oír y leer nada de ti, aléjense de mí, quítense de mi camino, ignórenme, que yo no los quiero en mi vida, no los necesito, no me interesan su amistad.

Si bien mi cuerpo salió y se alejó de ti, mi corazón siempre se quedó allí, porque Cuba -y quiero que te quede muy claro- jamás te he dicho “Adiós”. Hoy, mañana  y siempre te dije, te digo y te diré “Hasta Luego”. Esteban Fernández Gómez

Estados Unidos de Norteamerica

Muchísimas personas -entre ellos yo- admiramos a los Estados Unidos de

Norteamérica. A la mayoría les encanta esta nación por razones obvias, por las que se ven a simple vista.

Este es un país bello, donde se gana mucho dinero, que se practica la democracia, que existen todos los derechos humanos. ¿Ustedes no han notado que hasta un perro y un gato aquí tienen más atenciones que muchos ciudadanos de otros países? El veterinario es uno de los profesionales que más dinero gana aquí.

¿En qué lugar del planeta se cuida más a los discapacitados que en USA? En ninguno.  El que no me crea que le dé un garnatón a un anormal para que vea en el lío que se mete.

El cocinero en un restaurante quizás tenga un carro del año en el parqueo. Los que tienen un oficio viven muy bien. Un plomero gana más dinero que un alcalde o un médico de un pueblo en cualquier país.

Un preso en los Estados Unidos come mejor, ve mejor televisión, hace más ejercicios y tienes mejores desodorantes y pasta de dientes, que el 99% de mis compatriotas en Cuba.

Usted visita cualquier hogar de un amigo y hay tres televisores, uno en cada cuarto, y dos carros (a veces hasta cuatro) al frente de la casa.

El que trabaja, y no es vago, prospera en esta bendita nación. Peloteros cubanos que allá andaban en bicicletas ahora tienen Mercedes y Cadillac. La persona emprendedora tiene los brazos abiertos aquí.

Al que comete un delito hay que leerle sus derechos constitucionales y presentarlos ante un juez lo antes posible: “Miranda Rights” y Habeas Corpus son el pan nuestro de cada día en U.S.A.

Y ¿todo esto es lo grande de Norteamérica? No, lo verdaderamente grandioso es que este mundo no es completamente absorbido por los malos porque saben que tiene que batirse con la Primera Potencia del mundo para lograrlo.

¿Cuanto le demoraría a ejércitos poderosos lanzarse a la guerra contra las naciones más humildes si no existieran los Marines y los Navy Seals?

Cuestión de horas le llevaría a Rusia, a China, a Irán, adueñarse de Costa Rica, por ejemplo. ¿Qué los para? El temor a enfurecer a los Estados Unidos.

Todos los países del orbe saben hasta la saciedad que no pueden enfrentarse a las gloriosas fuerzas armadas estadounidense. Saben dónde dice “peligro” y “stop”.

Estados Unidos es como un tigre dormido que el resto de las naciones teme despertarlo. Por eso los enemigos tratan de subvertirlo internamente, con cientos de subterfugios, sin darles el frente.

Y si bien esto logra nuestra admiración, al mismo tiempo produce el odio y la envidia de cuanto derelicto humano pulula en la tierra.

Detrás de todas las críticas contra los americanos está el desespero y la impotencia de los que quisieran quitarlos de enfrente y poder crear un gobierno mundial y no pueden.

Recuerdo que en 1959 le pregunté a mi padre: “Papá, y ¿por qué es este odio de Fidel Castro contra los Estados Unidos?” Yo era tan iluso que pensaba que era porque el presidente Franklin D. Roosevelt no le había enviado los 10 dólares que él le pidió en una carta.

Pero mi viejo me aclaró algo que hoy me da pie y origina este escrito. Me dijo: “Porque es la única fuerza que se le va a anteponer a sus ansias hegemónicas y a su delirio de grandeza. A él Cuba ya le queda chiquita y quisiera ser el “Emperador del Continente” y sólo los Estados Unidos pueden detener al loco este”.

 

Esteban Fernandez-Mi relación con Dios

Yo no soy una persona que se considera religiosa, pero creo y respeto la existencia de un Ser Supremo. Y sinceramente vivo convencido de que es Todopoderoso

No me paso la vida diciendo “¡Alabado sea el Señor!” pero le doy las gracias cada vez que me despierto y estoy vivo.

A través de mi vida puedo contar con los dedos de mis manos las veces que le he pedido algo. Y siempre me ha complacido. Han sido pedidos de extrema importancia para mí.

Evito -y decididamente no lo hago- pedirle boberías como, por ejemplo: “Dios mío te pido que hoy ganen los Dodgers de Los Angeles o los Marlins de la Florida”.

En primer lugar, porque no creo que Dios esté pendiente de un juego de pelota con lo ocupado que debe estar. Además, es poner a Dios en una encrucijada, porque hay 50 mil fanáticos de cada lado haciéndole opuestos y encontrados pedidos.

Jamás he hecho una apuesta donde involucre a Dios. Hasta pena me daría decirle: “¡Dios ayúdame, me jugué los últimos 20 pesos que tenía en la carrera de caballos, consigue que gane el caballo el número 23!”

Ni pidiéndole que adivine en la Lotto. ¿Cómo voy a pensar que Dios está involucrado en los juegos de azar, ni apurando a un caballo en el hipódromo?

Nunca lo trato de “tú”, siempre lo trato de ”usted’. Pienso que si a cualquier pelagatos lo llamo de “usted” ¿Cómo voy a tratar de “Tú” al que me hizo y al que todo lo puede?

No le pido imposibles, ni cosas como “Procura la paz mundial”, ni “Logra que todos los seres humanos sean buenos”. Ya perfectamente sé que eso es parte del libre albedrío que les otorgó a los hombres.

Tampoco le pido que me conceda los talentos que no he tenido en el pasado, como, por ejemplo: ¡Dios mío, te pido encarecidamente cantar mejor que Plácido Domingo, ni batear más que Albert Pujols!”

No le pido que me cure -ni cure a mis seres queridos- de enfermedades comunes y corrientes como un catarro o una descomposición de estómago. Tienen que ser dolencias muy grandes y graves.

Trato -y lo hago- de no hacer tonterías peligrosas que de antemano imagine que me van a llevar a pedirle auxilio. No es como que me voy a subir a la montaña más grande del mundo y bajarla a toda velocidad montado en un par de esquíes. Tampoco generalizo en mis rezos, mis pedidos siempre han ido directos y al grano.

Nada parecido al dueño de una botica en Miami donde yo adquiría mis recetas y me decía siempre: “Anoche recé por ti”. Y un día intrigado le pregunté: “¿Tú le pediste directamente por el bienestar de Esteban Fernández?” y me dijo: “No, yo le pido por todos y cada uno de mis clientes”. Es decir, que si me voy para la Farmacia Navarro, me deja fuera de sus rezos.

Y muy importante: No participo en esas “cadenas” de pedirle algo a Dios, o a un Santo, y querer que uno se lo pase a 20 personas y después amenazan con: “Te pasará algo malo si rompes esta seguidilla”. Porque sinceramente tampoco me da la sansación de que Dios esté delante de una computadora ni sea miembro de Facebook.

NO ES MI MEMORIA por Esteban Fernández

Algunas personas le dan crédito a mi memoria y a mis recuerdos de la Cuba de ayer. Se sorprenden que yo -por haber salido a los 17 años de la Isla- me acuerde de un millón de cosas. La gran verdad es que yo nunca salí de la CUBA DE AYER. Sí, salí de Cuba PERO NUNCA ABANDONÉ A LA CUBA DE AYER.

Mientras en Cuba intentaron y lograron barrer con nuestro pasado, en el exilio muchos cubanos -quedándo solamente un pequeño grupo dándole el frente a la causa cubana- les dieron las espaldas a la Patria y se ocuparon de sus nuevos trabajos, de sus familias y de mil cosas más.

El gran triunfo cubano -del cual tan orgullosos estamos- trajo aparejado que un 99 por ciento de mis compatriotas en el exilio olvidaron completamente quien fue -PARA PONER UN EJEMPLO ENTRE MILES- “Pedro Guach y Palanganovich” el personaje interpretado por Jesús Alvariño en “La Taberna de Pedro”.

¿Qué importancia tenía ese “polaco Pedro” (y como él muchísimos personajes ficticios y reales) dentro de las agendas de los que estaban obligados a labrarse un porvenir, y el de susseres queridos, en tierras extrañas? Para que ustedes sepan: Yo me he encontrado con compatriotas que habiendo vivido 50 años en California no vieron nunca un periódico “20 de Mayo”.

 

Pero un muchachito llamado Estebita se quedó estancado mentalmente en los poquitos años que vivió en Güines. Y no crean que me quedé solo. Estuve rodeado por cubanos sabios en la materia y expertos en nuestro pasado.

 

 

Hoy en día tal parece -porque han desaparecido nuestros verdaderos historiadores- que soy un maestro, pero me he pasado toda una vida siendo un alumno.

 

Aquel joven que se pasó por lo menos cinco de los 17 años vividos en Cuba frente a un destartalado televisor Zenith de 17 pulgadas viendo los programas, los noticieros, ha llegado el momento en que puedo recitarles de memoria hasta los anuncios comerciales.

 

Sin menospreciar un vetusto radio donde escucha diariamente desde “Los Tres Villalobos” hasta “la Novela del Aire y Divorciadas” pasando por “Leonardo Moncada” su caballo “Lígero” y su perro “Campeón”.

 

Y aquí he pasado 55 años -aunque hoy las muertes y el alzheimer han mermado extraordinariamente mis fuentes de información- teniendo a mi disposición a la flor y nata de la sabiduría cubana, a el historiador José Duarte Oropesa, Luis Conte Agüero, a Andrés Nazario, a Carlos Zárraga, a Rosendo Rosell, a Agustín Tamargo, a Hugo y Mario Byrne, a Aldo Rosado, a José Ignacio Rivero, a Humberto Medrano y a muchos más. Sin olvidar a Ángel Torres Navarro quien me impartió conocimientos sobre nuestro béisbol por medio siglo.

 

Solamente tenía que coger el teléfono, marcar determinados números, y tenía a 100 personas dispuestas a orientarme. Y en el terreno güinero tenía a Tomás Bolado, Efrén Besanilla, a Panchito Arocha y 20 más y todavía me quedan Orlando Aris Caso y Enrique Bin para ilustrarme.

 

Y ahora prácticamente sin la ayuda de mis antiguos mentores pero con un saco de conocimientos adquiridos y recuerdos personales en mi cerebro me he dado a la tarea de tratar de ilustrar a los que llegan de allá y a los que estuvieron aquí desde un principio pero han olvidado muchos detalles.

No, no tengo la mejor memoria del mundo, nada más alejado de la verdad. Sólo que he dedicado absolutamente toda mi vida a pensar, aprender y a dar a conocer las cosas agradables y las malas de Cuba.

 

Cuando vamos al médico y el doctor nos cura la dolencia nadie le dice: “Doctor, que memoria usted tiene ¿Cómo se acuerda de la medicina apropiada para mi molestia?” Sin embargo, ese galeno sólo ha dedicado 20 años a su carrera, y yo lo he dedicado 60 a mi obsesión.

 

Y el que dude de mis palabras pueden preguntarle a mi ex esposa Rina Fernández quien estuvo a mi lado por más de 20 años y puede atestiguar que nunca logré sacar de mi cabeza -aunque fuera por un ratito- a la CUBA DE AYER.

Esteban Fernandez-Cuba ,pueblo sin pasado

La revolución se robó e intervino todo en Cuba, pero bajo ningún concepto ese es su peor crimen, lo increíble es que le ha robado a la juventud cubana SU PASADO.

Usted le pregunta a un cubano menor de 35 años: “¿Tú sabes que en nuestro país hubo un programa de televisión llamado ‘Aquí todos hacen de todo’ y que el juez era Arturo Artalejo?” y responde: “Arturo… ¿qué?”.

Una dictadura que ha logrado que la gente no sepa quienes fueron Trespatines, ni Chicharito, ni Mamacusa, ni Rosendo Rosell, ni Gaspar Pumarejo, ni Otto Sirgo, ni Minín Bujones, ni Manolo Coego, ni Carlos Badías, ni Edmundo Amorós.

Usted pregunta: “¿Alguna vez escuchaste hablar del Cabaret Regalías o de Jueves de Partagás?” y dicen: “Creo que mi abuelita mencionó eso una vez”.

No saben quienes fueron Roberto Ortiz, ni el “Jiquí” Moreno, ni Carlos Paula, ni Camilo Pascual, ni Pedro Ramos. Ni los libros ni los periódicos han mencionado a Orestes Miñoso ni a Kid Chocolate, ni a Kid Gavilán en casi 50 años.

Hasta los sagrados nombres de nuestros equipos de béisbol como Almendares, Habana, Cienfuegos y Marianao son “un misterio del oprobioso pasado”. En una Cuba libre hay que repartir miles de libros de Angel Torres. A los políticos los tiraron a todos en un saco de “ladrones y malversadores” y jamás mencionan a ninguno de ellos a no ser en una crítica colectiva.

El único individuo que la gente puede reconocer su nombre es Fulgencio Batista y eso es porque la tiranía lo necesita para justificar sus inicios de alguna manera.

Y no saben quienes fueron Carlos Prío, ni Grau San Martín, ni Menocal, ni Machado, ni Tony Varona, ni Carlos Hevia, ni inclusive Pardo Llada. ¡No hay un solo cubano menor de 37 años que pueda decir el nombre de un solo Vicepresidente de la nación! No saben quienes fueron los ex jefes del Ejército, ni saben quien fue Agapito Mayor, ni Rafael Noble, ni Willy Miranda, no saben que existió allí un Tito Hernández, desconocen que hubo un polifacético comediante llamado Jesús Alvariño, no tienen la menor idea de quién fue Rolando Ochoa, ni Eduardo Egea, ni Armando Roblán.

No saben nada de Carlos Márquez Sterling, ni de Guas Inclán, desconocen a Mimí Cal, a “El Jiniguano”, no han escuchado jamás el nombre de Miguel Ángel Quevedo y no tienen ni la menor idea de que fue el director de la revista “Bohemia”.

Nombres de famosos escritores y periodistas como Gastón Baquero, Sergio Carbó, Humberto Medrano, José Ignacio Rivero, les son totalmente ajenos. ¿Quienes fueron Rolando Laserie, Gustavo Roig, Andrés Fleitas, Herminio Portell Vilá, Perucho Formental, Aureliano Sánchez Arango, Lilia Lazo, Blanquita Amaro, Alberto González Rubio, Luis Conte Agüero, Adolfo Luque, Adolfo Otero?. No saben.

Inclusive la historia “moderna”, la única que el gobierno acepta e inculca, la historia que comienza con el desembarco del “Granma”, esa también está llena de lagunas, de misterios, de nombres eliminados y tachados. Borrados del mapa histórico han sido Huber Matos, Pedro Luis Díaz Lanz, Manolo Ray, José Miró Cardona, William Morgan, Jesús Carreras, Raúl Chibás, Felipe Pazos, Nino Díaz. Cuando se habla de la famosa batalla del Uvero ignoran increíblemente a Jorge Sotús. El primer Presidente que tuvo la revolución, Manuel Urrutia y Lleó, no existe en la historia contemporánea cubana…

Es una amnesia colectiva a la cañona (un crimen de lesa humanidad) que solo permite reconocer a varios nombres como los de Fidel, Raúl, él Che, Alicia Alonso, Rosita Fornés y quizás alguno que otro artista o deportista del pasado que se vistió de miliciano.

Esteban Fernandez-Las Apariencias Engañan

Me las doy de ser muy observador, sin embargo, he aprendido que en la vida muchas observaciones a primera vista chocan contra una celebre frase que dice “Las apariencias engañan”.

Ted Bundy, un tipo bien parecido, alto, elegante, fino y cortés al hablar, brillante estudiante de Derecho, graduado de sicología, pero les estoy describiendo a uno de los peores asesinos en serie que ha dado esta nación

¿Quiénes fueron mis mejores clientes durante los 14 años que estuve de manejador de una casa de cambios de cheques? Casi todos fueron los que en un principio prácticamente -y a primera vista- yo hubiera deseado que desaparecieran del negocio.

Tuve dos “Hells Angels” que llegaron separadamente y en diferentes momentos a la casa de cambios. Tatuados, haciendo un escándalo con sus motocicletas, uno venía con un perro pastor alemán que asustaron (el perro y el motociclista) a los clientes.

En ambos casos hice esfuerzos descomunales por no cambiarles sus cheques. Entre los dos dediqué casi media hora tratando de demostrar que los cheques eran falsos. No encontré nada malo con ellos. Y a regañadientes y con temor se los cambié. Una semana estuve asustado esperando a que los cheques rebotaran. No fue así.

A la segunda vez que regresaron ya no tenía excusas para evitarlos como clientes. Los dos estuvieron llegando al establecimiento más de cinco años. Y resultaron estar entre los mejores clientes que tuve en California Quick Check.

Mientras tanto llegaron hombres en trajes, con portafolios, agradables, atentos, educados y muchas veces metieron cheques sin fondos.

Tuve una muchacha preciosa, rubia, de ojos azules, parecía una princesa. Piense en Ivanka Trump y es el mejor reflejo de esta joven. Resultó ser tremenda delincuente y estafadora. Y les digo -hasta con pena- que era tan bella que todavía me enternece el recuerdo de esta bandida.

Se apareció un detective encargado de fraudes. Me preguntó por ella, le di la descripción que ya les di a ustedes sobre la estafadora. Le dije: “Cuando la conozcas en persona te va a costar mucho trabajo querer tirarla en prisión”. Se sonrió y me dijo “No se preocupe, yo soy un profesional que no se lleva por las apariencias personales”. ¿Me creen si les digo que terminó casado con ella?

El racismo también es una tontería que choca con la misma brillante expresión de “las apariencias engañan”. Hay quienes se creen que ser negro es sinónimo de ser malo. Y mi experiencia tratando con el público me permite asegurar que también entre MIS MEJORES, FIELES Y HONRADOS CLIENTES tengo un montón de negros. Hoy en día han dejado de ser mis clientes (trás mi retiro) pero siguen siendo mis amigos.

Conozco un compatriota que es multimillonario, es dueño de varios negocios. Fue al dealer de la Cadillac, con un pulóver empercudido, un pantalón de mezclilla que tenía como cinco años y una sandalias viejas. Ningún vendedor se le acercaba, todos lo ignoraban, sólo logró la atención de unamulatica vendedora y esta le señaló donde estaban los carros usados y viejos. Y él sacó la chequera y le dijo: “Quiero esos dos Cadillac nuevos de paquete, el rojo y el negro, uno para mí y otro para mi mujer”. Y todos los vendedores le cayeron en manada para congraciarse con él.

Personalmente yo vi a un joven faltarle el respeto en la pista de baile de la Casa Escobar de la Cienaga, en Los Ángeles, a un infeliz ancianito que estaba con una escultural muchacha. Y tremendo susto que pasó el atrevido cuando los guardaespaldas del viejo mafioso casi lo sacaron a patadas del lugar.

¿Ustedes no han visto a famosísimos artistas de cine que van a entrevistas televisivas y lucen unos andrajosos? El que no los reconozca pensará que son unos homeless.

Sí, mis estimados amigos, es magnífico ser buen observador, pero siempre hay que estar claros en que un chinito flaquito y desgarbado puede ser cinta negra de Karate, una enanito puede usar una ametralladora y un limonero puede ser un Howard Hughes en potencia.

Esteban Fernandez-“Soy Tio de mis Nietos”

 

 

Alguien dijo el otro día que le daba la sensación (incluido a él) de que la mayoría de los abuelos están tan compenetrados con sus nietos que hubieran preferido ser abuelos primero y padres después.

Es que los abuelos disfrutan de las cosas buenas, agradables y simpáticas de los niños pero en el mismo instante en que comienzan a ponerse majaderos y pedantes llaman sus hijos y les gritan en la distancia: “¡Sandy, corre, ven para acá, que tú hijo está insoportable!”

A mí me encanta ser abuelo, pero desde que tenían tres años de nacidos yo comencé a inculcarles que “Si en nuestro entorno entra una mujer preciosa deben llamarme tío”. El más chiquito ni espera a que entre en escena una belleza y constantemente me llama “Uncle Stevan”.

Los nietos son fuente inagotable de una dulce y cariñosa venganza con nuestros hijos. Nada más agradable que ver a una hija quejarse cuando sus muchachos hacen las mismas majaderías que hacía ella.

La misma que salía al patio debajo de un aguacero invernal en enero completamente desabrigada hoy la escucho quejarse de que su niñito no se abriga suficiente.

Las mismas que cuando yo les hablaba en español me contestaban en inglés hoy desean fervientemente que sus hijos sean bilingües.

La misma que siempre ha vivido orgullosa de que yo nunca la he tocado ni con el pétalo de un flor, hoy me dice: “¡Papi, tú tienes que ser más fuerte con Jaxon!”

Yo, que jamás en mi vida me he quitado la edad ahora lo hago con mis nietos, les quito años de encima, y nunca admito que tengo ya una nieta que tiene más de 20 años.

Siempre me parece que mis hijas desean que los suyos crean que ellas de niñitas eran unas santas que se portaban mil veces mejor que sus hijos. Y en mi caso yo me divierto diciéndoles: “¡Muchachos si ustedes vieran las cosas que hacía tú mamá!”

Dicen que siempre hay competencia con los otros abuelos, pero en mi caso no es así porque cuando en una reunión llega Francisco Navarro y la gente no sabe que somos abuelos de los mismos muchachos yo le digo a todo el mundo: “¡Quiero que sepan que este señor tiene lo nietos más bonitos, simpáticos y chéveres del pueblo!” Y viceversa, a veces él dice lo mismo.

En el caso del otro nieto que tiene otro abuelo, yo lo he enseñado -no delante de él, desde luego- que en Las Vegas vive el abuelo “Ugly american” y aquí el abuelo “handson cuban”.

Andre y Lissete Navarro que tienen un padre patriota -llamado Frank Navarro- se sienten 100 por ciento “cubanos”, Jaxon que tiene un padre judío dice que “él es Qban-jewish”. Y yo riéndome y gozando.

Nunca pensé que habría nada ni nadie que yo fuera a querer más que mis dos hijas y ¡me equivoqué!

ENVIDIA Y CELOS A LA COSA NUESTRA por Esteban Fernández

En México, durante toda la vida, siempre se ha disfrutado de la música cubana. Y viceversa. Celia Cruz, Benny Moré, Olga Guillot y muchísimos más triunfaron en Ciudad México. Dámaso Pérez Prado prácticamente vivía en México.

Mientras tanto, nosotros sólo teníamos que sintonizar el Cabaret Regalías o Jueves de Partagás para ver y escuchar cantar a Jorge Negrete y a Pedro Infantes. Tito Guízar era muy querido en mi tierra. Y Pedro Vargas vivía la mayoría del tiempo en La Habana. Constantemente yo iba al cine Ayala a ver las películas de Miguel Aceves Mejías. ¿Se acuerdan del trío cómico Los Tex Mex? Estaban a pupilo en la televisión cubana.

A nosotros siempre nos encantaban las melodías mexicanas y los mariachis, mientras en la capital mexicana (y creo que todavía existen) habían lugares dedicados a bailar y a aprender a bailar nuestra música. No había tormento, ni envidias ni resquemores.

Es aquí, y gracias a Univisión y Telemundo, donde surge el “estira y encoge” producto de una labor de ocultamiento y de envidia de todas las cosas cubanas. Me orino de la risa y al mismo tiempo me encabrona cada año cuando anuncian el premio “Lo Nuestro” porque, sin verlo, ya de antemano sé que de “nuestro” no va a tener nada. Hace años yo hice un escrito llamándolo “El Premio Lo Tuyo”.

 

En esas empresas, y en la radio también, la música cubana brilla por su ausencia, y cuando la ponen ocultan su origen, y la llaman Tropical o salsa, y cuando la bailan una pareja lo que parece es un acto de acrobacia del Circo Ringling. A veces hay que escuchar barbaridades como que “José Martí fue el autor de La Guantanamera”.

Una famosa cantante mexicana (como es natural sin complejo alguno) cuando la entrevistaban en Univisión dijo: “Lo que más me gusta de venir a Miami es poder disfrutar de la comida cubana, me encantan las croquetas y las papas rellenas” los entrevistadores (par de cubiches sumisos) se quedaron impávidos, sin saber que contestar, y sólo atinaron a decir: “Oh, sí, tú te refieres a la comida que se come por acá, que es muy sabrosa”.

 

Pálidos se quedaron cuando la bella actriz mexicana Mariana Seoane estaba participando en un programa y todos la estaban colmando de guataquerías y de pronto la muchacha sorpresivamente dijo: “Uno de mis mayores orgullos en la vida es el gran amor que mi abuelo Benito sentía por Güines su pueblo natal en Cuba”. Ahí, desde luego, aterrados le cambiaron la conversación.

Recuerdo que una noche yo estaba de visita en una casa y tenían puesto el programa “La Belleza Latina”. Ese día ganó el certamen una linda cubanita llamada Greydis Gil, aquello fue apoteósico, toda la familia y simpatizantes de la muchacha con banderas cubanas, de pie aplaudiendo. Pusieron un anuncio y les dije a todos los presentes: “¿A qué cuando regresen del comercial no se van a ver más banderas nuestras?” Y efectivamente así fue .

 

Premios a la “música regional mexicana”, premios a “la música de banda”, mientras al cha cha chá, a la rumba, al mambo, a la guaracha, al son, al danzón, al guaguancó, los tiran junto a todos los ritmos provenientes de nuestro archipiélago, en un saco sin fondo al que llaman “ritmos tropicalísimos”. Nada más irritante que cuando algún pelagato dice : “Las melodías que se escuchan por la calle 8”.

Otra deshonrosa forma de desvirtuar nuestros ritmos es llamándolos “Música antillana y música caribeña”. Hasta quisieron quitarnos la famosa novela “El Derecho de Nacer”, tergiversaron la vida de Celia Cruz, y poco a poco le quitaron su título de “La Guarachera de Cuba” por el de “La salsera del mundo”.

 

Y como les dije hace poco, cuando estaba José “Mantequilla” Nápoles ganando peleas le encasquetaban el sombrero de charro tras cada victoria, el día en lo tumbaron de una trompada el periódico La Opinión (otra cloaca) puso un cintillo en primera plana diciendo: “Perdió EL CUBANO Mantequilla Nápoles”.

Sí ya sé, y no me lo tienen que decir, que ustedes no ven esos mierderos canales . Yo tampoco, yo estoy completamente abonado en Fox News, pero eso no quita para que de Pascuas a San Juan les dé un vistazo para estar al tanto de su mal proceder y poder salirles al paso.