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Mi recuerdo de Borges

En vista de que el sábado pasado fue el aniversario de Borges, reproducimos una columna de Alberto Benegas Lynch (h) consignada en el atelier del escultor Pedro Baliño.

Cuando era rector de la Escuela Superior de Economía y Administración (ESEADE) los alumnos me pidieron tenerlo a Borges entre los invitados. Intenté el cometido por varios caminos indirectos sin éxito, incluso almorcé en su momento con mi pariente Adolfo Bioy Casares con quien en aquel entonces éramos miembros de la Comisión de Cultura del Jockey Club de Buenos Aires, pero me dijo que “Georgie se está poniendo muy difícil de modo que prefiero no intervenir en este asunto”. Finalmente decidí llamarla por teléfono a la famosa Fanny (Epifanía Uveda de Robledo) quien actuaba como ama de llaves en la casa de Borges desde hacía más de un cuarto de siglo. Ella me facilitó todo para que Borges fuera a hablar a ESEADE y arregló los honorarios conmigo.

La velada fue muy estimulante y repleta de ironías y ocurrencias típicamente borgeanas todo lo cual se encuentra en la filmación de ese día en los archivos de esa casa de estudios, acto al que también nos acompañó por unos instantes Adolfito antes de ir a la regular sesión de masajes para aliviar su dolor de espalda. Cuando nos dirigíamos al aula Borges me preguntó “¿Dónde estamos Benegas Lynch?” y cuando le informé que en el ascensor me dijo “¿por qué ascensor y no descensor?”.
Cuando lo dejé en su departamento en la calle Maipú me invitó a pasar y nos quedamos conversando un buen rato atendidos por Fanny que nos sirvió una taza de té que al rato repitió con la mejor buena voluntad. Hablamos de los esfuerzos para difundir las ideas liberales y las dificultades para lograr los objetivos de la necesaria comprensión de la sociedad abierta. Se interesó por la marcha de mis cátedras y especialmente por la reacción de los estudiantes. Volvió a sacar el intrincado tema del arte objetivo o subjetivo que habíamos tocado en el automóvil cuando lo buscamos con María, mi mujer, ocasión en la que al intercalar la relación entre el arte y la religión señaló que la referencia religiosa más sublime que había escuchado era que “el sol es la sombra de Dios”.
Sé que María Kodama ha tenido serias desavenencias con Fanny (y con algunos allegados y allegadas a Borges) pero no quiero entrar en esos temas, sólo subrayo que con María tenemos una muy buena relación y ella me invitó a exponer en el primer homenaje a Borges que le rindió la Fundación que lleva su nombre junto al sustancioso y extrovertido español José María Álvarez y a otros escritores. Mi tema fue “Spencer y el poder: una preocupación borgeana” lo cual fue muy publicitado en los medios argentinos (a veces anunciado equivocadamente como Spenser, por Edmund, el poeta del siglo xvi, en lugar de aludir a Herbert Spencer el filósofo decimonónico anti-estatista por excelencia). Con Maria Kodama nos hemos reunido en muy diversas oportunidades solos y con amigos comunes pero siempre con resultados muy gratificantes.
Son muchas las cosas de Borges que me atraen. Sus elucubraciones en torno a silogismos dilemáticos me fascinan, por ejemplo, aquel examen de un candidato a mago que se le pide que adivine si será aprobado y a partir de allí como el consiguiente embrollo que se desata no tiene solución. Por ejemplo, su cita de Josiah Royce sobre la imposibilidad de construir un mapa completo de Inglaterra ya que debe incluir a quien lo fabrica con su mapa y así sucesivamente al infinito. Por ejemplo, la contradicción de quienes haciendo alarde de bondad sostienen que renuncian a todo, lo cual incluye la renuncia a renunciar que significa que en verdad no renuncian a nada.
He recurrido muchas veces a Borges para ilustrar la falacia ad hominem, es decir quien pretende argumentar aludiendo a una característica personal de su contendiente en lugar de contestar el razonamiento. En este sentido, Borges cuenta en “Arte de injuriar” que “A un caballero, en una discusión teleológica o literaria, le arrojaron en la cara un vaso de vino. El agredido no se inmutó y dijo al ofensor: ésto señor, es una digresión; espero su argumento” y la importancia de saber conversar a la que alude Borges quien ilustra la idea con la actitud hospitalaria y receptiva de Macedonio Fernández que siempre terminaba sus consideraciones “con puntos suspensivos para que retome el contertulio”, a diferencia de Leopoldo Lugones que “era asertivo, terminaba las frases con un punto y aparte; para seguir hablando con él había que cambiar el tema”.
Siempre me ha parecido magnífico el modo en que Borges comienza “La biblioteca de Babel”: “El universo (que otros llaman la biblioteca)…”. Una afirmación que encierra el secreto de toda biblioteca bien formada que representa un fragmento de la cultura universal, una porción de los amigos del conocimiento, un segmento de los alimentos más preciados del alma.
A mis alumnos les he citado frecuentemente el cuento borgeano de “Funes el memorioso” para destacar la devastadora costumbre de estudiar de memoria y la incapacidad de conceptualizar y de relacionar ideas. Recordemos que Funes, con su memoria colosal después del accidente, no entendía porque se le decía perro tanto a un can de frente a las cuatro de la tarde como a ese animal a las tres y de perfil.
Es casi infinito el jugo que puede sacarse de los cuentos de Borges (un periodista distraído una vez le preguntó cuál era la mejor novela que publicó, a lo que el escritor naturalmente respondió: “nunca escribí una novela”). Las anécdotas son múltiples: en una ocasión, al morir su madre, una persona, en el velorio, exclamó que había sido una lástima que no hubiera llegado a los cien años que estuvo cerca de cumplir, a lo que Borges respondió “se nota señora que usted es una gran partidaria del sistema decimal”. Con motivo del fútbol en una ocasión se preguntó en voz alta la razón por la que ventidós jugadores se peleaban por una pelota: “sería mejor que le dieran una a cada uno”. Un joven se le acercó en la calle y con gran euforia le entrega un libro de producción propia y Borges le pregunta por el título a lo que el peatón responde Con la patria adentro, entonces el escritor que siempre rechazó toda manifestación de patrioterismo exclamó “¡qué incomodidad amigo, qué incomodidad!”. En otra ocasión se arrima una joven entusiasta que afirma casi a los alaridos “Maestro, usted será inmortal” a lo que Borges respondió “no hay porque ser tan pesimista hija” y cuando Galtieri era presidente argentino le dijo que una de sus mayores ambiciones era parecerse a Perón: Borges (seguramente conteniendo sus primeros impulsos) replicó lo más educadamente que pudo, “es imposible imponerse una aspiración más modesta”. Poco antes, en esa misma época militar, se convocó a una reunión de “la cultura” a la que lo habían invitado reiteradamente por varios canales y a la salida los periodistas le consultaron sobre el cónclave a lo que Borges contestó con parquedad y con un indisimulado tono descalificador: “no conocía a nadie”. A poco de finiquitada la inaudita guerra de las Malvinas, Borges publicó un conmovedor poema donde tiene lugar un diálogo entre un soldado inglés y uno argentino que pone de manifiesto la insensatez de aquella guerra iniciada por Galtieri al invadir las mencionadas islas (tantas personas perdieron el juicio en esa guerra que un miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas de Argentina sugirió se lo expulsara al premio Nobel en Economía F. A. Hayek como miembro correspondiente de la corporación debido a que declaró con gran prudencia y ponderación que “si todos los gobiernos invaden territorios que estiman les pertenecen, el globo terráqueo se convertirá en un incendio mayor del que ya es”…afortunadamente aquella absurda e insólita moción no prosperó).
Borges tenía una especial aversión por todas las manifestaciones de los abusos del poder político por eso, en el caso argentino, sostuvo en reiteradas ocasiones (reproducido en El diccionario de Borges compilado por Carlos R. Storni): “Pienso en Perón con horror, como pienso en Rosas con horror” y por eso escribió en “Nuestro pobre individualismo” que “El más urgente de los problemas de nuestra época (ya denunciado con profética lucidez por el casi olvidado Spencer) es la gradual intromisión del Estado en los actos del individuo” y en el mismo ensayo concluye que “el Estado es una inconcebible abstracción”.
Pronostica Borges (lo cual queda consignado en el antedicho diccionario) que “Vendrán otros tiempos en que seremos ciudadanos del mundo como decían los estoicos y desaparecerán las fronteras como algo absurdo” y en “Utopía de un hombre que estaba cansado” se pregunta y responde “¿Qué sucedió con los gobiernos? Según la tradición fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos. La realidad sin duda habrá sido más compleja que este resumen”.
Borges nos arranca la angustia del absurdo perfeccionismo al intentar la administración de la pluma en el oficio de escribir cuando al citarlo a Alfonso Reyes dice que “como no hay texto perfecto, si no publicamos nos pasaríamos la vida corrigiendo borradores” ya que un texto terminado “es fruto del mero cansancio o de la religión”.
Y para los figurones siempre vacíos que buscan afanosamente la foto, escribió Borges en El hacedor“Ya se había adiestrado en el hábito de simular que era alguien para que no se descubriera su condición de nadie” y también, en otro tramo de esa colección, subrayaba la trascendencia de la teoría al sostener que “La práctica deficiente importa menos que la sana teoría”. Se solía mofar de la xenofobia y los nacionalismos, así definió al germanófilo en la segunda guerra, no aquel que había abordado a Kant ni había estudiado a Hoelderin o a Schopenhauer sino quien simplemente  era “anglófobo” que “ignora con perfección a Alemania, pero se resigna al entusiasmo por un país que combate a Inglaterra” y, para colmo de males, era antisemita. En el ensayo anteriormente mencionado sobre el individualismo enfatiza que “el nacionalismo quiere embelesarnos con la visión de un Estado infinitamente molesto”.
Sus muy conocidos símbolos revelan distintas facetas del mundo interior. Los laberintos ponen de manifiesto el importante sentido de la perplejidad y el asombro como condición necesaria para el conocimiento y el sentido indispensable de humildad frente a la propia ignorancia. Los espejos -cuando se mira en profundidad la propia imagen- “atenúa nuestra vanidad” y, simultáneamente permite ver que “somos el mismo y somos otros” en el contexto de las variaciones que operan en el yo a través del tiempo. Los sueños como anhelos y como fantasía. La manía borgeana por los tiempos circulares si se partiera de la premisa que todo es materia y el universo finito, lo cual conduce a permutaciones repetitivas (noción que, entre otros textos, la adopta en “La biblioteca total”, en conformidad con una conjetura que comenta Lewis Carroll dado “el número limitado de palabras que comprende un idioma, lo es asimismo el de sus combinaciones posibles o sea el de los libros”). Y, por último, el color amarillo del tigre como su primer recuerdo “no físicamente, sino emocionalmente” que se une al color que frecuentemente veía en su ceguera.
Ante todo, Borges se caracterizó por su independencia de criterio y su coraje para navegar contra la corriente  de la opinión dominante y detestaba “al hombre ladino que anhela estar de parte de los que vencen” tal como escribió en la antes menciona nota sobre los germanófilos…“a un caballero solo le interesan las causas perdidas” recordó con humor nuestro personaje en el reportaje conducido por Fernando Sorrentino.
En el prólogo a unas pocas de las obras de Giovanni Papini (otro cuentista y ensayista extraordinario con una prodigiosa imaginación) dice Borges: “no se si soy un buen escritor; creo ser un excelente lector o, en todo caso, un sensible y agradecido lector”.
Edwin Williamson, Victoria Ocampo, Rodríguez Monegal, Norman Thomas di Giovanni, María Esther Vázquez, Alicia Jurado y tantísimos otros han escrito sobre Borges y otros tantos lo han entrevistado (apunto al margen que le dijo a Osvaldo Ferrari que “cuando uno llega a los ochenta y cuatro años uno ya es, de algún modo, póstumo”) y una cantidad notable de tesis doctorales producidas en todos los rincones del orbe sobre este firme patrocinador del cosmopolitismo. De cualquier manera, no por reiterado es menos cierto y necesario decir que este autor constituye una invitación portentosa y renovada a la pregunta y al cuestionamiento creador.

Origen: LibertadyProgreso

Somos borgeanos hasta la médula sin saber si es bueno

 

El teclado de la computadora me mira como preguntándome ¿y ahora, de qué te vas a disfrazar? Me respondo “de nada, nunca me gustaron los disfraces”. Y la verdad es que mi teclado tiene un poco de razón, no sé sobre qué escribir que ya no haya escrito y la realidad nacional me aburre y me harta sobremanera.

Leyendo un excelente artículo de opinión de mi compañero de diario Gustavo García, “Economía argentina, un experimento borgeano”, un párrafo me llamó la atención: “Si no fuera por lo dramático de la situación podríamos decir que esta Argentina es como un cuento fantástico, un relato que mueve a asombro y que más de las veces nos llena de preguntas sin respuestas. Casi como un experimento borgeano”.

Es una más que interesante visión que casi podría servir como diagnóstico del país hoy visto como un paciente aquejado de un mal indefinible. El escrito de García alude básicamente a la economía y su desesperante estado, pero deja abierta la imagen de lo “borgeano” como una manera de entender por qué nos pasa lo que nos pasa. Para comenzar podemos decir que un argentino puede pararse frente a todos los espejos de la tierra pero no se verá reflejado en ninguno de ellos.

Somos diferentes, únicos, raros. Estamos obsesionados con mantener la mente no dispuesta para que entren en ella las verdades, las otras opiniones. De pronto nos descubrimos que una buena parte de nosotros murmura que tiene miedo de que vuelva el populismo por aquello de la venganza y de los perdones a los delitos, sin pensar que en realidad es el olvido la única venganza y el único perdón que debemos considerar.

Somos a no dudarlo una metáfora de nosotros mismos, una continua contradicción y en especial negadores sistemáticos en querer reconocer las responsabilidades no asumidas. Muchas veces no nos quejamos ante situaciones que lindan lo dramático y aceptamos los hechos porque en el fondo, suponemos que no son reales. Escapamos por los laberintos de nuestras propias mediocridades y buscamos en el otro, la culpa y el error sin advertir que “el otro” también somos nosotros.

Si nos miramos con detalle nos parecerá que el genial Jorge Luis Borges, tenía razón cuando sostenía que a veces nos olvidamos que todos somos hombres muertos que estamos conversando con hombres muertos. Porque nos entregamos con facilidad a la victimización, a ser “los pobres” de la película, los castigados. Pero no reaccionamos, ante una realidad que si bien es cierto no siempre en probable o posible, cuando aparece de verdad nos lastima, nos duele y por momentos de nuestra historia nos masacra.

Vemos sentados en el sillón de observadores preferenciales como los argentinos nos resignamos cada día a nuevas abominaciones y pronto “solo quedarán bandidos”. En estos tiempos de fragor electoral, etiquetamos con la facilidad de los que carecen de remordimiento y entonces decimos que tal o cual candidato puede ser enemigo del país y esto es francamente una falacia porque está claro que un hombre puede ser enemigo de otros hombres, de los momentos de otros hombres, pero nunca de un país. Vemos como también tenía razón el escritor ciego cuando sostenía que la democracia es un abuso de las estadísticas y en estos días no hacemos más que leer y leer encuestas sobre porcentajes de “sí” o “no”, pero creemos en ellas y las discutimos como si fuese la palabra numérica de algunos sabios matemáticos comprometidos con la adivinación contaminante.

No leen el futuro, no saben nada sobre eso, el futuro no tiene otra realidad que la esperanza presente y allí hay que radicar las energías. Sin dudas la intuición de Gustavo García es correcta, somos borgeanos por donde se nos mire o por donde nos miremos. Analizando el aquí y ahora es de desear que nunca queramos ser libres de los gobiernos, aunque hay que pensarlo, hay que repensarlo. Sin caer en el pesimismo disimulado, otra virtud de Borges, hay que dejar pasar el tiempo que corre inexorable como el futuro que es “inevitable y preciso, pero puede no ocurrir. Dios acecha en los huecos”.

V. CORDERO

Origen:  La Prensa

La ubicuidad de Borges

Ahora, los europeos, rabiosamente, lo creen suyo. Si él está en la Argentina, es por que se les ha ido de entre las manos, y a distancia lo ven como ese entrañablemente amado fantasma europeo que anda suelto por Buenos Aires.

Por Germán Arciniegas *

Se ha celebrado en París una gran fiesta en ocasión del número de los cuadernos de L”Herne que acaba de publicarse en homenaje a Jorge Luis Borges. Posiblemente es la primera vez que algo semejante se hace en torno a un escritor de nuestra América. Los cuadernos de L”Herne aparecen dos veces al año. Son grandes volúmenes, de cerca de cuatrocientas páginas, dedicados a un solo autor. Al reseñar la fiesta anotaba “Le Figaro”: “Jorge Luis Borges es considerado por los especialistas como uno de los diez grandes escritores vivos que hay en el mundo. Los invitados, un tanto desconcertados por la ausencia del autor, tomaron champaña delante de su retrato y de sus obras, que estaban expuestas en la vitrina”.

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Origen:  La Prensa

Aniversario del nacimiento de Borges: 119 años ficticios, ¿no?

PlanetadeLibros

Este 24 de agosto sería el cumpleaños de Jorge Luis Borges. Argentino de nacimiento que murió en Ginebra. El visionario, ciego en sus últimos años de vida, fue uno de los intelectuales más influyentes de la literatura del siglo XX.

Su nombre sonó durante más de un cuarto de siglo como candidato al Premio Nobel, aunque nunca se le otorgó el galardón. Algunos y algunas afirman que fue por sus ideas ‘derechistas’, otros y otras que fue simplemente porque no le tocaba ganarlo. Lejos de la polémica, queremos destacar su laborioso trabajo en el campo del ensayo, el cuento y la poesía.

“La duda es uno de los nombres de la inteligencia.”

Una figura con una obra de alta complejidad que ha intrigado a filólogos, semióticos, filósofos y hasta a matemáticos. La reflexión y la perplejidad ante la duda fueron siempre su leitmotiv. Pasó por diferentes etapas, en las que se situó desde el vanguardismo –muy anclado a su poesía– hasta conrear un estilo propio que recogería en su prosa y ensayo.

Su literatura es de corte fantástico y filosófico. El juego con el lenguaje y las referencias literarias son constantes, y no deja de ofrecer textos simples e extraordinarios equilibrados en una balanza de papel. Algunos de sus temas más recurrentes son el tiempo, el infinito, la realidad o la identidad. Conceptos que se pelean con sus metáforas de laberintos y espejos, como si nadie pudiera escapar del Minotauro.

“Somos nuestra memoria, somos ese museo quimérico de formas cambiantes, ese montón de espejos rotos.”

En 1938 recibe un golpe en la cabeza, chocando contra una ventana, que casi lo conduce a la muerte por septicemia. De este mal trance, y aún con el miedo a las secuelas por parte de doctores, sale con una mente lúcida y capaz de escribir sus más importantes obras en prosa.

Más tarde también recibiría una dolorosa herencia de su padre: progresivamente empezó a perder la visión, hasta quedar completamente ciego. Una patología que su progenitor había intentado combatir y que fue la causa de que, por ejemplo, la familia entera se trasladara  a Europa desde Argentina para seguir un tratamiento específico. La enfermedad acompañó a Borges hasta su muerte, provocada por un cáncer hepático. En su lecho de muerte, pronunció el Padrenuestro en cinco idiomas distintos.

“En mi próxima vida intentaré cometer más errores.”

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Origen: Aniversario del nacimiento de Borges: 119 años ficticios, ¿no?

Recuperarán la histórica sede de la Biblioteca Nacional, donde trabajó Borges

El edificio, de estilo Beaux-Arts, fue inaugurado en 1901 y alojó a la institución hasta 1992; invertirán $ 50 millones en la restauración de salas, vitrales y mampostería; tardarán al menos un año y medio

Virginia Mejía

El frente del centenario edificio de la calle México 564

El frente del centenario edificio de la calle México 564. Foto: LA NACION / Fernando Massobrio

Los estantes de la ex Biblioteca Nacional volverán a estar repletos de libros. El público podrá sentarse a leer bajo su cúpula vidriada o recorrer el primer piso, donde el escritor Jorge Luis Borges tuvo su despacho cuando fue su director, el más célebre de la historia. El edificio del barrio de San Telmo, una joya de la arquitectura porteña declarada monumento histórico nacional, es tan bello que incluso Borges quiso quedarse a vivir allí. Sin embargo, con el transcurso del tiempo quedó abandonado. Ahora, para evitar un mayor deterioro, será puesto finalmente en valor con una inversión de $ 50 millones, adelantó a LA NACION el director de la Biblioteca Nacional, Alberto Manguel.

Las obras empezarán en agosto de este año y comprenderán un plan de recuperación integral del palacio estilo Beaux-Arts de la calle México 564, cuyo aspecto remite a una iglesia o a un templo, creado por el arquitecto italiano Carlos Morra, marqués de Monterocheta, a fines del siglo XIX. Si bien en el año 2015 se había anunciado la restauración de un sector del primer piso, se avanzó poco con el proyecto. Hay grietas en las paredes, humedades, daños en los pisos de madera y cerámica, los estucos perdieron brillo y una media sombra negra cuelga del techo para contener la caída de mampostería.

Entre los elementos de valor patrimonial se destacan las farolas de la entrada, la escalera de bronce, los mármoles y la gran cantidad de vitrales por los que se filtra la luz exterior en las cuatro plantas. Especialmente, en la sala de lectura de la planta baja, llamada Sala Williams, donde un vitraux barcelonés, que representa una noche estrellada y que alumbró a miles de lectores durante la primera mitad del siglo XX, se esconde tras una lona.

Morrá -autor, además, de más de una veintena de escuelas emblemáticas de la ciudad, entre ellas, la Presidente Roca, a metros del Teatro Colón, y del ex Hotel Palace, en el microcentro- supo darle rasgos únicos de modernidad a la obra: aún se aprecia el sistema de relojería, uno de los más avanzados de su época, con un cable utilizado para poner en hora todos los relojes del edificio.

La mudanza de la institución, que empezó en 1992, aceleró el deterioro. No se le destinó dinero para conservar la construcción y empezaron a funcionar en el lugar compañías de danza y música, para las que se acondicionaron algunas salas y se instaló un piano. Los salones de la ex Biblioteca son lugar de discordia entre distintos elencos: la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos, el Ballet Folklórico Nacional y la Compañía Nacional de Danza Contemporánea. Ante la falta de un lugar propio, tuvieron que acomodarse como pudieron en un sitio originalmente destinado a los libros, cuyas delicadas paredes parecen soportar cada vez menos las vibraciones constantes del sonido.

“Los dos cuerpos de danza continuarán funcionando en el edificio, mientas que la Banda de Ciegos será trasladada a Sánchez de Bustamante 75, una vez concluidas las obras de acustización de ese inmueble”, informó el Ministerio Cultura de la Nación.

Uno de los interiores dañados de la histórica sede
Uno de los interiores dañados de la histórica sede. Foto: LA NACION / Fernando Massobrio

La sala principal

Durante la restauración, uno de los lugares que demandará mayor inversión es la sala principal de lectura de la planta baja, llamada Sala Williams, donde aún se conservan las estanterías, vacías, con carteles que anuncian “Hipócrates”, “Cervantes” o “Derecho”. También se acondicionará un depósito y en el primer piso se acondicionará la Sala Borges, el llamado Tesoro y el Depósito de Libros. Según Manguel, la recuperación de estos salones y del resto del edificio durará al menos un año y medio. “El monto de la inversión surge de lo estipulado en el presupuesto nacional para 2018. Las nuevas obras exceden el proyecto anterior, que sólo alcanzaba las salas históricas del primer piso”, aclaró.

En ellas, contiguas con vista a la calle, funcionaban las oficinas del director; Borges ocupó ese puesto entre 1955 y 1973. El segundo piso estaba destinado a la vivienda de quien presidiera la institución. Allí habitaron Paul Groussac y Gustavo Martínez Zuviría. “A Borges le gustaba tanto que quiso venir a vivir acá. Pero su madre, Leonor Acevedo, le dijo que no, que se sentía anciana como para mudarse”, contó Laura Rosato, una de las encargadas de la preparación del Centro de Estudios y Documentación Jorge Luis Borges, que funcionará en las salas una vez terminadas. Si bien este sector empezó a ser restaurado con el impulso de la gestión anterior, falta terminar de recuperar la vieja sala de reuniones, con su boiserie de lujo, su chimenea, un empapelado con palmeras y el cuadro del holandés lector.

Rosato trabaja junto al especialista Germán Álvarez en la reconstrucción de la “Galaxia Borgeana”, una biblioteca ideal, una compilación de libros leídos por el escritor, diseminados por diferentes lugares, en los que dejó anotaciones, marcas y subrayados. “Una vez acondicionadas las estanterías, estos libros serán trasladados desde la actual sede de la calle Agüero. También los de la biblioteca personal de Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares, recuperados gracias a donaciones”, adelantaron los expertos.

La primera sede de la Biblioteca fue un departamento de la Manzana de las Luces. La segunda fue la de la calle México, originalmente pensada para albergar a la Lotería Nacional; por eso la escalera de mármol aún conserva el pasamanos decorado con los bolilleros de bronce.

Cuando estaban a punto de inaugurar allí la Lotería, Groussac, por ese entonces director de la Biblioteca, envió una carta al presidente Julio A. Roca en la que argumentó que si un edificio tan elegante se usaba como sede de la Lotería, poco promisorio sería el futuro de un país donde, por otro lado, los libros se arrumbaban en un pequeño espacio. Roca accedió y el flamante palacio pasó a ser, en 1901, sede de la Biblioteca Nacional. Años después, la construcción también empezó a quedar chica para la biblioteca. En 1960 se realizó un concurso para el proyecto de Agüero, ganado por Clorindo Testa, pero recién inaugurado en 1992.

Un tesoro en el subsuelo de la calle México

En el subsuelo del edificio de la calle México al 500, ex sede de la Biblioteca Nacional, una antigua impresora de 1901, llamada Minerva, se niega terminar sus días siendo una simple pieza de museo.

Al fondo del pasillo, luego de descender por una pequeña escalera y atravesar sillas arrumbadas, escritorios patas arriba, libros y materiales imposibles de clasificar, Alberto Fortunato imprime en la Minerva algunos programas de los 200 espectáculos de música o danza que tienen lugar anualmente en el edificio. La Minerva es una máquina tipográfica alemana de pequeñas dimensiones, utilizada desde fines del siglo XIX. Este tipo de impresora fue la más popular hasta que aparecieron las primeras prensas cilíndricas, a mediados del siglo XX, en las que el papel se coloca sobre un cilindro que ejerce la presión sobre el molde, y permite mayor rapidez y tamaño.

“Cuando llegamos aquí, hace 16 años, la imprenta no estaba funcionando. Se veía cubierta de tierra y mampostería. Me contrataron para recuperarla y hoy está en movimiento con todas sus piezas originales, de época, y en perfecto estado”, asegura con orgullo Fortunato.

Si bien la Minerva es una joya de singulares características, este no es el único elemento de valor patrimonial con el que cuenta el subsuelo. También hay una máquina de linotipo, otra impresora americana de 1920 y una guillotina manual de 1901. “El objetivo es que todo esto continúe funcionando”, dice el imprentero mientras coloca papel sobre el cilindro.

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Una sucesión de acontecimientos aislados-Cultura -El Pais 

Ni la falsificación histórica ni el uso de la mentira política son nuevos, pero sí la escala que han alcanzado con la emergencia de redes y agregadores

PATRICIO PRON

Jorge Luis Borges, durante una entrevista en 1985.

Jorge Luis Borges, durante una entrevista en 1985. BERNARDO PÉREZ

“Los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres”, cita Adolfo Bioy Casares; cuando alguien (llamémoslo Jorge Luis Borges, por ponerle un nombre cualquiera) le pregunta de dónde ha sacado la frase, éste le responde que del artícu­lo sobre Uqbar de The Anglo-American Cyclopedia: van a la enciclopedia, buscan el artículo, no lo encuentran. Pero no se olvidan del asunto. Al día siguiente Bioy Casares revisa su ejemplar de The Anglo-American Cyclopedia y da con él fácilmente: allí está Uqbar (y su país imaginario, Tlön), con sus ríos y montañas. Cuando visitan una biblioteca para obtener más información, esa misma noche, no encuentran nada, sin embargo: ni una sola referencia.

‘Tlön, Uqbar, Orbis Tertius’ fue publicado en la revista Sur en mayo de 1940 e incluido en uno de los libros seminales de BorgesFicciones (1944); su tema es, para Jaime Alazraki, el “creciente escepticismo” de la ciencia del siglo XX, y, para Frances Weber, “la naturaleza conjetural de todo conocimiento y representación”: sus protagonistas intentan obtener información sobre Uqbar, pero cada nuevo descubrimiento que realizan (el undécimo tomo de A First Encyclopaedia of Tlön, la inscripción Orbis Tertius estampada en él, un objeto cónico de extraordinario peso) vuelve más compleja, más difícil de responder, la pregunta inicial. Una sociedad secreta “de astrónomos, de biólogos, de ingenieros, de metafísicos, de poetas” bautizada como Orbis Tertius ha estado creando durante siglos a Tlön para demostrar la superioridad del idealismo filosófico sobre el materialismo; también ha inventado un país al que atribuir esa creación, y ese país es Uqbar.

Uqbar y Tlön pertenecen a ese tipo de regiones que sólo existen en libros y a las que se llega leyendo. (Cosa que no las vuelve imaginarias, por supuesto, sino reales de una forma ligeramente distinta a, digamos, Bután). Muy rápidamente, la segunda excede esa condición, sin embargo: un día Borges encuentra una brújula con una inscripción en la lengua de Tlön; más tarde, tropieza con una de sus imágenes religiosas; un tiempo después, un periodista estadounidense descubre los 40 volúmenes de la Primera Enciclopedia de Tlön: no pasa demasiado tiempo antes de que su “idioma primitivo” sea introducido en las escuelas, su historia (“armoniosa y llena de episodios conmovedores”) reemplaza a la enseñada hasta el momento, las disciplinas científicas son reformadas al hilo del nuevo saber. El mundo deviene Tlön, y la fabulación de “una dispersa dinastía de solitarios” reemplaza a la verdad y a la historia.

Vivimos tiempos confusos pero (quizás) también incorregibles. “¿Cómo no someterse a Tlön, a la minuciosa y vasta evidencia de un planeta ordenado?”, se pregunta Borges. ‘Tlön, Uqbar, Orbis Tertius’ es un cuento acerca de la imposibilidad de saber y la necesidad imperiosa de hacerlo en momentos históricos que (como el nuestro) están presididos por la incertidumbre. Fue la estratega republicana Kellyanne Conway la que a comienzos de este año acuñó el término “hechos alternativos” para defender la afirmación (falsa) de que el acto de asunción de Donald Trump como presidente de Estados Unidos había sido el más popular de la historia; antes y después de ello (y al tiempo que se ponía de manifiesto la compleja relación de Trump y sus seguidores con la realidad), los “hechos alternativos” y las fake news comenzaron a multiplicarse: Conway afirmó que Barack Obama había paralizado el otorgamiento de visas a refugiados iraquíes (falso) y que dos inmigrantes habían perpetrado una inexistente “masacre de Bowling Green”, la noticia (falsa) de que Hillary Clinton sería parte de una red de pederastia dirigida desde una pizzería de Washington DC (¡!) llevó a que un joven abriese fuego contra ella en diciembre de 2016, etcétera.

Ni la falsificación histórica ni el uso deliberado de la mentira política son nuevos, por supuesto (el término fake news fue empleado por primera vez en 1994 en relación con la noticia de que Microsoft habría comprado la Iglesia católica, por ejemplo); pero sí la escala que estos han alcanzado con la emergencia de los agregadores de noticias y el recurso a las redes sociales para informarse por parte de numerosos usuarios, así como con la crisis de resultados y propósito de la prensa tradicional. Y tampoco son fenómenos estadounidenses: casi cualquier país con tendencias totalitarias o trazas dictatoriales (China, Rusia, Filipinas, Polonia, Israel, Irán, Siria, Hungría) se vale de ellos, y tampoco escasean en países como Italia, Reino Unido (donde fueron decisivos en la votación por el Brexit), Francia y España: desde hace algún tiempo, el periódico francés Libération dedica una sección diaria al desmentido de noticias falsas, y EL PAÍS cuenta con un blog que hace lo mismo. Hechos.

No es fácil exagerar la necesidad de herramientas como estas, pero tampoco es sencillo calcular su impacto: el “creador de noticias falsas” Paul Horner declaró a The Washington Post que únicamente se puede informar de aquello en lo que las personas quieren creer; según varios estudios científicos, sólo otorgamos credibilidad a las noticias que refuerzan nuestras ideas preconcebidas en lugar de cuestionarlas. En Tlön, escribe Borges, el tiempo es pensado como una sucesión de acontecimientos aislados, lo que inhibe toda posibilidad de acción; esa inhibición es la que vivimos en nuestros días y sus consecuencias son el final de todo aquello en lo que creíamos, todas las posibilidades esbozadas en una Declaración Universal de los Derechos Humanos que todavía espera ser puesta en práctica. Desde algún lugar en la imaginación de unos hombres, Tlön se aproxima bajo el disfraz bien conocido de la mentira, la manipulación y el engaño

Se anunció el “rescate” de la biblioteca personal de Borges 

Se trata de un plan de restauración de los libros que leyó el escritor y que se encuentran en la Fundación que preside María Kodama; LA NACION impulsó la propuesta

LA NACION

Frigerio, Kodama y Ortiz Batalla y Mario Morando, del Banco Ciudad, que dona los fondos para la restauración

Frigerio, Kodama y Ortiz Batalla y Mario Morando, del Banco Ciudad, que dona los fondos para la restauración. Foto: Mauro Alfieri

La biblioteca personal de Jorge Luis Borges , integrada por más de dos mil volúmenes, entrará en los próximos días en etapa de restauración. La tarea estará a cargo de un equipo de especialistas en conservación preventiva de bienes culturales y se realizará en la Fundación Internacional Borges. El “rescate” de este patrimonio universal, de valor incalculable, fue impulsado por LA NACION, con el apoyo de la Fundación Banco Ciudad.

Ayer, en la sede de la Fundación y el Museo Borges, en Anchorena 1660, se anunció el acuerdo de cooperación en un acto encabezado por María Kodama; Norberto Frigerio, director de Relaciones Institucionales de LA NACION; Javier Ortiz Batalla, presidente del Banco Ciudad, y Mario Morando, presidente de la Fundación Banco Ciudad. El programa, que se desarrollará a lo largo de un año, contempla la digitalización de los libros para que puedan ser consultados por investigadores.

“Quiero agradecer esta alianza para mantener la biblioteca de Borges, formada por los libros que él leyó durante toda su vida: muchos son títulos de escritores ingleses y norteamericanos, además de textos de filosofía, historia y religión, disciplinas que tanto le interesaban a Borges”, dijo Kodama. Y feliz por la iniciativa, contó una anécdota que refleja el afán con el que cuida el legado del escritor: “Cuando Borges publicó la primera edición de su obra completa, le dio un ejemplar a su madre y le pidió que no lo sacara de su cuarto. Su madre cumplió y ese ejemplar jamás se movió de lugar”.

Libros anotados

Como Borges solía hacer intervenciones en los libros, muchos de los ejemplares a restaurar conservan las frases que anotaba con su letra minúscula. “Esas anotaciones constituyen un testimonio precioso para el estudio de la psicología de la creación. Fueron el combustible que alimentó su propia obra literaria”, comentó Morando, en nombre de la Fundación Banco Ciudad. “Es un gran honor poder viabilizar con nuestra donación la restauración y luego el buen mantenimiento de la colección con la que Borges se solazaba e inspiraba leyendo. Son libros en varios idiomas, incluyendo la colección de su abuela inglesa”, completó.

Frigerio, por su parte, resaltó: “Celebro que podamos acompañar esta gestión para proteger, cuidar y atender esta enorme y valiosa biblioteca”. Antes de la firma del acuerdo, Ortiz Batalla remarcó que el Banco Ciudad tiene una función social, además de comercial: “Es una gran oportunidad para concretar esa clase de proyectos”.

“Realizar trabajos de conservación y de restauración siempre es una enorme satisfacción porque así se garantiza la existencia del material para futuras generaciones. En este caso, tomar contacto con la biblioteca que perteneció a uno de los escritores más importantes del mundo es una gran responsabilidad que está presente en todo el equipo”, evaluó Viviana Mallol, la conservadora al frente del equipo que asumirá el desafío de realizar el tratamiento de preservación de los libros de Borges.

En una primera etapa, los especialistas realizarán un diagnóstico del material para determinar el estado de la colección. “Se va a establecer una política de conservación preventiva en forma integral. Cuando se quiere garantizar la preservación de libros y documentos, no solo hay que tener en cuenta los factores de deterioro del propio material sino también los factores externos producidos por el medio ambiente, como la temperatura y la humedad. Se deben realizar monitoreos permanentes para luego adoptar las medidas necesarias para garantizar un ambiente estable”, explicó la especialista.

El diagnóstico consiste en revisar cada volumen, página por página, para establecer el criterio de intervención. Es una ardua tarea que se realiza en forma manual, con pinceles y guantes, en perímetros delimitados; es casi un procedimiento quirúrgico.

¿Cómo se preservarán las anotaciones? Responde la experta: “Cuando hablamos de conservación también nos referimos a los contenidos. Por eso es importante realizar la digitalización del material. Si aparecen marcas o anotaciones se registran en una base de datos indicando la página o el tipo de nota. Si hay alguna hoja suelta debe permanecer en el mismo lugar que se encontró; si se toma el criterio de retirarla, se debe registrar donde se encontró y no perder así la asociación con el libro”, completó la conservadora.

La biblioteca personal de Borges, además de ofrecer un panorama directo de su faceta de lector, puede deparar gratas sorpresas para el mundo de las letras. La tarea recién comienza.

Origen: Se anunció el “rescate” de la biblioteca personal de Borges – 22.06.2017 – LA NACION

Escritores creen que Jorge Luis Borges mintió sobre su ceguera

Guillermo Cabrera Infante, Andrés Trapiello, Juan Cruz o Miguel Postigo forman parte de una serie de creyentes que aseguran que Borges, en realidad, no sé quedó ciego en 1956

De la misma forma en que es difícil conversar con un gallego sin que se te pegue su acento, es imposible pensar en Jorge Luis Borges sin caer en la adjetivación insólita de su prosa, en las intricadas bromas que constituyeron su literatura.

Es por ello que esta historia resulta, tal vez, más borgiana que Borges.

La tesis la planteó por primera vez Guillermo Cabrera Infante —el desbordante narrador cubano— en un artículo de El País, y luego la recogieron con distinto éxito otros como Andrés Trapiello, Juan Cruz y un joven escritor, de nombre Miguel Postigo, que supo presentar pruebas verdaderamente inquietantes.

La propuesta de todos ellos, con ciertos matices, es fácil de resumir: que Borges no estaba ciego (o que, en palabras de Postigo, su ceguera no era «sino otra de sus pérfidas ficciones literarias»).

En su texto de 1986, Cabrera Infante cuenta la manera en que sucedió la revelación. El escritor cubano se encontraba acompañando a Borges en uno de sus viajes por Londres cuando decidió poner a prueba su visión:

«Llevé a Borges hasta el medio de la calle y lo dejé allí con un pretexto ad hoc. Vi los taxis venir, eludir a Borges apenas y seguir raudos. Borges no se inmutaba. Seguramente que, discípulo de Berkeley, los taxis no le concernían porque no existían al no verlos. Corrí a llevar a Borges a un sitio seguro y ni siquiera mencionó mi ausencia. Pero luego, de regreso al hotel, me señaló la línea amarilla junto al bordillo y me dijo: “Usted sabe, yo no veo nada ya. Solamente el color amarillo me es fiel. Esa raya que está ahí es lo único que veo de la calle”».

Andrés Trapiello, en otro artículo de ese mismo año, sostiene haber visto a Jorge Luis Borges realizar una maniobra similar ante el hotel Palace de Madrid.

Y de ser cierta esta anécdota, solo caben dos posibilidades: o Borges era primo de Daredevil, o no estaba tan ciego como había afirmado en sus poemas, ensayos e intervenciones públicas.

«Se lanzó a la calzada como Edipo en busca de su destino, temeraria, ciegamente. A éste, pensé, lo van a matar los coches. Daba la impresión de César camino del Senado. Iba a una muerte segura. Pero no. Cada vez que se aproximaba un coche, a una u otra mano, Borges se detenía y le dejaba pasar. Le silbaban en los flancos, pero no lograron ni acercársele».

Jorge Luis Borges atrae a las anécdotas —sean falsas o verdaderas— de la misma manera en que la llama lo hace con las polillas: primero las ilumina, luego las quema.

Las historias que cuentan Trapiello y Cabrera Infante tienen, en primer lugar, un carácter paródico típicamente borgiano: el hombre que defendió que la literatura y la vida son indistinguibles habría fingido su ceguera para incorporarse al selecto club al que pertenecen aquellos que contemplaron la “Verdad” (Tiresias, Edipo, Homero).

Ambos escritores vieron a Borges, o lo imaginaron, en mitad de una carretera tomada por coches, que el argentino sorteaba gracias a su habilidad secreta.

Borges fingía desconocer la modernidad pero evitaba sus embestidas al igual que, en apariencia sin quererlo, cegado por el destino, lograba anticipar en su obra muchos aspectos de la filosofía y la literatura posmodernas sin dejarse atropellar por ellos.

Las historias de Cabrera Infante y de Trapiello tal vez fueran ciertas, pero en cualquier caso parece bastante claro que el autor de Ficciones sí se quedó ciego en algún momento de su vida: así parece sugerirlo el historial clínico de su familia, toda las biografías y bibliografía secundaria escrita sobre Borges, y la gestualidad típica de las personas ciegas, que el escritor poseía y que puede comprobarse en las entrevistas.

Sin embargo, en uno de los capítulos del libro Precipitados de Miguel Postigo, llamado «El inverosímil impostor Jorge Luis Borges», puede leerse una teoría más plausible (y que ofrece algunas pruebas, si no definitivas, sí curiosas) sobre la ceguera de Borges.

Según Postigo, el argentino no habría perdido su visión por completo en 1956 (fecha oficial de su ceguera)sino más tarde.

Pero «sabiendo más allá de toda duda razonable que su destino era la ceguera» — dado que la vista le había dado problemas desde siempre y que su padre estaba ciego por una enfermedad hereditaria— decidió anticipar su llegada al momento en que le concedieron el puesto de director de la Biblioteca Nacional Argentina.

Por aquello de la «magnífica ironía» de Dios que Borges alababa en «El poema de los dones», la broma sublime que le daba a la vez «los libros y la noche».

En definitiva, por las risas.

Son tres pruebas las que aduce Miguel Postigo en su ensayo: la primera, que en una entrevista Borges confesó que cuando preparó su libro híbrido El hacedor revisó personalmente sus archivos para encontrar inéditos porque «entonces podía ver». Y El hacedor data de 1960, cuatro años más tarde de la llegada de la supuesta ceguera.

Las otras dos pruebas son ligeramente más endebles: la capacidad que Borges mantuvo hasta varios años más tarde para escribir a mano —cosa prácticamente vedada a los ciegos— y la forma en que describía la ceguera propia en sus textos, que durante los años 50 se ajustaba a una idea prototípica de lo que supone estar ciego (oscuridad, etc.) y que más adelante se va transformando en una visión más precisa (ver algunas formas, algunos colores…).

Sea esta teoría cierta o no, hay algo que hoy por hoy resulta indiscutible: que Borges fue un maestro del humor.

Si no se quedó ciego y fingió durante años haber perdido la vista con el fin exclusivo de hacer una bromita a sus fanáticos, merece un monumento al chiste más punk de la época.

Pero si, por el contrario —como sugiere al final de su artículo Miguel Postigo— Jorge Luis Borges sí se quedó ciego en 1956, pero decidió sembrar en su literatura estas dudas para que hoy nosotros releyésemos su historia de forma irónica… entonces, no podemos hacer otra cosa sino callar y reírnos por dentro.

Porque entonces es posible que (de una forma extraña) Borges sí que fuera capaz de ver, como Tiresias, el futuro.

Origen: Los miembros de esta secta creen que Jorge Luis Borges mintió sobre su ceguera

Con el Tiempo te das Cuenta… / Jorge Luis Borges.

 

1d5

” Después de un tiempo,uno aprende la Sutil diferencia

entre sostener una Mano

y encadenar un ALMA;

Y uno aprende que el AMOR no significa acostarse,

y que una compañia no significa seguridad,

y uno empieza a aprender…

Que los besos no son contratos y los Regalos no son

promesas,

y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza Alta

y los ojos Abiertos,

y uno aprende a construir todos sus Caminos en el Hoy,

porque el terreno de mañana es demasiado Inseguro para Planes…

y los futuros tienen su forma de caerse por la Mitad.

Y uno aprende que si es demasiado

hasta el calor del SOL puede quemar.

Así que uno planta su propio Jardin y decora su propia ALMA,

en lugar de que alguien le traiga Flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar,

Que uno es realmente fuerte,

que uno realmente Vale,

y uno aprende y aprende…y así cada día.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien

porque te ofrece un buen Futuro,

significa que tarde o temprano querrás Volver a tu pasado.

Con el tiempo comprendes que sólo quién es capaz

de Amarte con tus Defectos y sin Pretender Cambiarte

puede Brindarte toda la FELICIDAD.

Con el tiempo aprendes que si estás con una persona

sólo por acompañar tu soledad,

irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.

Con el Tiempo aprendes que los verdaderos Amigos son CONTADOS

y quién no lucha por ellos, tarde o temprano,se verá sólo…

Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en momentos de IRA

siguen hiriendo durante toda la Vida.

Con el tiempo aprendes a disculpar, cualquiera lo  hace

pero Perdonar es atributo sólo de ALMAS grandes.

Con el tiempo comprendes que si has herido a un AMIGO duramente,

es muy probable que la amistad nunca sea igual.

Con el tiempo te das cuenta que aún siendo FELIZ con tus amigos,

lloras por aquellos que dejaste ir.

Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro,

sino el momento que estabas viviendo justo  en ese instante.

Con el tiempo verás que aunque seas FELIZ con los que están a tu lado,

añorarás a los que se marcharon.

Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo…”

Jorge Luis Borges. Aprendiendo.

Poesía contra el olvido: el Borges apócrifo de “Y uno aprende”

Espero que los posibles lectores de “Aguja de marear” me disculpen esta pequeña excentricidad de filólogo en red. La historia es la que sigue: mientras echaba un vistazo a la página web de la Asociación Española de Lectura y Escritura (AELE), dedicada al fomento de la lectura y a los recursos didácticos en las aulas de Primaria, encuentro este poema firmado por Jorge Luis Borges (1899-1986). Puesto que no lo conocía, lo leo con cierto interés, aunque pronto me invade una sensación extraña, porque no reconozco el estilo del maestro argentino en estas palabras. No me saben a Fervor de Buenos Aires, Luna de enfrente, Cuaderno de San Martín o, el más reciente, Conjuros. Está exento de la simbología borgiana y de las referencias culturalistas que campan en estos libros. De hecho, es un poema mediocre si lo comparamos, por ejemplo, en su selección léxica, grado de elaboración de la sintaxis y uso de técnicas literarias con “Juan, I, 14”, donde aparece el conocido verso sobre “la misteriosa devoción de los perros”. Entonces, busco más información en otras páginas que lo reproduzcan. Muchas no citan al autor, otras lo consideran de Borges y otras se lo atribuyen sin reconocer su origen. En los comentarios de estas últimas leo varios debates abiertos sobre su autoría, que la ponen en duda con argumentos semejantes a los que he esgrimido antes. Además, señalan que en otros lugares aparece firmado por Shakespeare, lo cual nos da la pista de que pudiera ser una traducción del inglés, no muy buena, por cierto, que explicaría esa sensación extraña del principio motivada, tal vez, por la falta de pericia en el lenguaje. Vuelvo a leer el poema y, no sólo descubro algunas estructuras agramaticales en castellano, sino que el tema y las unidades temáticas en que se apoya no son propias de un hombre maduro ni de un joven con una formación literaria comparable a la de Borges o Shakespeare. El tono pretende ser lírico, pero el resultado es amanerado y prosaico, como si estuviera escrito por un adolescente que se compadeciese de sí mismo. Con estas nuevas reflexiones, reemprendo la búsqueda, esta vez, poniendo especial atención en los comentarios que traten de posibles traducciones. No tardo mucho en hallar la solución: su autora es Veronica A. Shoffstall, que a los 19 años escribió el original en inglés, “After a while”, del que pululan numerosas traducciones en varios idiomas y fragmentos anónimos por la red.
Esto es tan sólo un ejemplo de la falta de rigor en internet a la hora de citar obras ajenas. El menosprecio por la propiedad intelectual y el vicio de copiar contenidos de páginas ajenas, sin preocuparse por comprobar sus fuentes, ocasionan, a veces, malentendidos que ponen en entredicho la credibilidad de personas e instituciones dedicadas a la divulgación y a la docencia. Por tanto, cita siempre tus fuentes después de comprobarlas.

“Y uno aprende…

Después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano y encadenar un alma.Y uno aprende…
que el amor no significa acostarse
y una compañía no significa seguridad.

Y uno empieza aprender…
Que los besos no son contratos
y los regalos no son promesas.

Y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos.Y uno aprende…
a construir todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes,
y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.

Y después de un tiempo uno aprende…
que si es demasiado, hasta el calorcito del sol quema.Y aprende…
a plantar su propio jardín y decorar su propia alma,
en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.

Y uno aprende…
que realmente puede aguantar,
que uno realmente es fuerte,
que uno realmente vale.Y uno aprende y aprende…
y con cada adiós uno aprende.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro,
significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que solo quien es capaz de amarte con tus defectos,
sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
Con el tiempo te das cuenta de que si estas al lado de esa persona solo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados,
y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado solo de amistades falsas.
Con el tiempo también aprendes que las palabras dichas en un momento de ira
pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace,
pero perdonar es solo de almas grandes.

Con el tiempo te das cuenta de que aunque seas feliz con tus amigos,
algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen
ocasionará que al final no sea como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro,
sino el momento que estabas viviendo justo en ese único instante.Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado,
extrañarás inmensamente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.
Y aprendes que hay 3 momentos en la Vida que uno no puede remediar:
La oportunidad que dejaste pasar,
la cita a la que no asististe,
la ofensa que ya pronunciaste.

Con el tiempo también aprendes sobre El dinero… y entonces comprendes que:
Puedes comprarte una Casa, pero no un Hogar,
Puedes comprarte una Cama, pero no hacerte Dormir,
Puedes comprarte un Reloj, pero no te dará el Tiempo,
Puedes comprarte un Libro, pero no Conocimiento o lo que necesitas aprender,
Puedes comprarte una Posición, pero no sirve para tener Respeto,
Puedes comprarte Medicinas y pagar la consulta al médico, pero no te da Salud,
Puedes comprarte Sangre, pero no Vida,
Puedes comprarte Sexo, pero no Amor.Con el tiempo también aprendes que la vida es aquí y ahora,
y que no importa cuantos planes tengas, el mañana no existe y el ayer tampoco.

Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo,
ante una tumba, ya no tiene ningún sentido.Pero desafortunadamente, todo esto lo aprendes sólo con el tiempo. ”

Fuente:http://agujademarear.blogspot.com.ar/2008/06/poesa-contra-el-olvido-el-borges.html

El Aleph de Pablo Katchadjian| DW.COM 

Kodama, viuda y heredera del gran escritor argentino Jorge Luis Borges, demandó al autor de una obra que “interviene” el cuento El Aleph. El lunes se dictó el procesamiento del autor y estalló el debate ¿Arte o plagio?

En 2009 Pablo Katchadjian publicó El Aleph engordado. Una obra – en rigor una intervención – en la que el autor “trabaja sobre” el emblemático cuento del escritor argentino Jorge Luis Borges. El objetivo es construir intencionalmente un terreno difuso, en el que no se pueda reconocer qué parte le corresponde a cuál de los autores. “Si bien no intenté ocultarme en el estilo de Borges, tampoco escribí con la idea de hacerme demasiado visible: los mejores momentos, me parece, son esos en los que no se puede saber con certeza qué es de quién”, dice Katchadjian en el final de la posdata. Pero a María Kodama, viuda y única heredera de las obras de Borges, el experimento no le gustó y presentó una querella penal por plagio. El lunes (22.11.2016) se abrió un proceso contra Katchadjian.

En esta “reescritura”, el autor le agregó 5600 palabras a las 4000 del cuento de Borges. Son unas 50 páginas, publicadas por una editorial chica (Imprenta Argentina de Poesía) con una tirada de tan solo 200 ejemplares. El autor ya había jugado de este modo con otro clásico de la literatura argentina, el Martín Fierro de José Hernández. Agarró sus versos y los reordenó, esta vez de modo alfabético. Su objetivo era “abrir” al clásico, resignificarlo. Lo mismo que intentó con el Aleph.

Pero Kodama reaccionó en 2011 con virulencia e inició acciones legales contra el autor por defraudación de los derechos de propiedad. “Estamos defendiendo la obra de Borges. Nuestro objetivo es evitar que cualquiera pueda faltarle el respeto alterándola. Se trata de reivindicar la integridad material y moral de la obra”, dijo en diálogo con la DW el abogado de Kodama, Fernando Soto.

La Justicia

Katchadjian fue sobreseído en primera instancia. Kodama apeló, y la Cámara confirmó el sobreseimiento con mayor firmeza que la primera vez. Kodama y su abogado decidieron entonces volver a apelar y esta vez la Cámara de Casación les dio la razón. Así, el juez decidió procesar al escritor por “defraudación”. La decisión derivó en un embargo por 80 mil pesos (casi 5 mil euros).

En agosto de 2015, la justicia ordenó realizar un peritaje de las obras. La conclusión fue clara: “Pablo Esteban Katchadjian defraudó los derechos de propiedad intelectual que le reconoce la legislación vigente a María Kodama en relación con la obra literaria El Aleph”. Y agrega: “Surge en forma palmaria la alteración del texto de la obra de Borges por parte del evaluado, dejando caer por tierra el descargo intentado por este último, en cuanto pretende explicar que la publicación de El Aleph engordado obedece simplemente a una experimentación literaria”.

Argentinien Buenos Aires Schriftsteller Jorge Luis Borges (picture alliance/Effigie/Leemage)

La Deutsche Welle se comunicó con el escritor pero dijo que prefería no hablar del tema.

Los escritores

El caso movilizó a los círculos literarios argentinos. En julio de 2015 se realizó un acto en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires – que dirigió el propio Borges entre 1955 y 1973 – y se recolectaron firmas en rechazo a la denuncia.

En ese contexto, florecieron columnas de opinión en los principales medios argentinos. Entre ellas, la del escritor Martín Kohan para el semanario Perfil. Dice: “(El Aleph engordado es) una gran interpretación de Borges, porque la apuesta borgeana consistía en contraer, compactar, reducir, resumir; pero también en pensar que en un punto de máxima concentración (concretamente, El Aleph) podía caber el universo entero. Y Katchadjian retomó El Aleph (El Aleph de Borges, ¿cuál otro?) para expandirlo: produjo en la escritura de Borges (¿dónde, si no?), por medio de la propia escritura (¿y cómo, si no?), una lectura borgeana de Borges”.

Consultada por la DW, la escritora y periodista Sonia Budassi sostiene que Kodama “parece una policía de la obra y, en su excesivo resquemor, termina cercenándola en lugar de permitir que siga expandiéndose. El mismo Borges practicaba desde su literatura aquel concepto que sostiene que escribir es reescribir, de que reescribir es leer (recordemos el enorme cuento Pierre Menard, autor del Quijote en que un personaje borgiano que, justamente, reescribía El Quijote), y lo que hace Kodama parece ir muy en contra de aquellos preceptos”.

Origen: El Aleph de Pablo Katchadjian | Cultura | DW.COM | 24.11.2016