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En su día, y dedicado a todas las madres, esta memorable historia de amor 

Aún después de muerta su madre, Leonor Acevedo, Jorge Luis Borges siguió cumpliendo una promesa religiosa a pesar de ser agnóstico

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Jorge Luis Borges y su madre Leonor Acevedo
Jorge Luis Borges y su madre Leonor Acevedo

Doña Leonor era una mujer creyente y piadosa, y su célebre hijo advirtió que su desdén por la religión la herían profundamente.

Tanto, que vivía perturbada por una amenaza mucho más letal que aquellas que recibía por teléfono desde una fracción política opuesta a sus ideas: la perdición del alma de su hijo, en lugar de la salvación eterna.

Tenía que hacer algo, y lo hizo. Cierto día le preguntó: “Hijo, ¿qué es eso que he oído por ahí? “¿Eres agnóstico?” “¿En verdad dudas de la existencia de Dios?”

Borges vaciló, pero salió del paso con su proverbial ingenio repentista: “Lo que pasa, madre, es que el infierno y el paraíso me parecen desproporcionados. Los actos de los hombres no merecen tanto”.

Doña Leonor le tomó la mano y le imploró: “Prométeme que recitarás un Ave María todas las noches, cuando te retires a dormir. Hazlo, aunque yo no esté físicamente a tu lado, como si me dieras el beso de las buenas noches”.

Borges intentó una defensa: “Sabes, madre…, creo que es mejor pensar que Dios no acepta sobornos”

Ella calló un largo rato, y le dijo: “Entonces tengo que admitir que me has sobornado muchas veces, cuando me dabas un beso antes de pedirme algo”.

Tiempo después, Borges confesó que, por amor a su madre, jamás olvidó recitar todas las noches esa oración: “Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo…”.

(Post scriptum: este episodio fue narrado por Borges a un anciano sacerdote, y éste lo transmitió a un amigo del escritor)

Borges cumplió el pedido de su madre: rezar una Ave María cada noche. Aunque era agnóstico, lo hizo por amor
Borges cumplió el pedido de su madre: rezar una Ave María cada noche. Aunque era agnóstico, lo hizo por amor

Origen: En su día, y dedicado a todas las madres, esta memorable historia de amor – Infobae

Borges, siempre un libro abierto

Se acababa de celebrar el aniversario 117 del nacimiento de Borges y Alina Diaconú me comentaba algunas de las alternativas del encuentro, entre ellas una impresionante torta semejando un libro antiguo abierto, en el que podía leerse algún verso del homenajeado. En la comida del día siguiente, entre licuados de limón y menta y hamburguesas de hongos, recordaba ella los treinta años que llevaba ya su amistad con María Kodama, nacida después de la muerte del escritor. Escritora ella misma, autora de reconocidos títulos -Relámpagos es el más reciente-, Alina había conocido antes a Borges, a quien incluso había entrevistado. En uno de esos reportajes, la charla derivó hacia uno de los bellísimos poemas borgeanos, ese en el que el autor confiesa “He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer/ No he sido feliz …”. Sin renegar de él -según memora ahora Diaconú- Borges bajaba el tono, de alguna manera, a esos versos escritos en un momento muy particular, dos días después de la muerte de Leonor Acevedo, su madre. Y lamentaba no haber sido, en un sentido, lo suficientemente bueno con ella. Ocurre que sus problemas de vista lo habían obligado a varias y diversas operaciones, en las que la mujer depositaba grandes expectativas, interrogándolo con ansiedad acerca de los resultados. Las respuestas del hijo eran desalentadoras, y referían a un irremediable empeoramiento. Y años después, se lamentaba él. “Debería haber sido más bueno con ella”, para agregar una verdad contundente, irrefutable, letal: “En definitiva, siempre hablamos con un muerto”.

Silvia Fesquet

sfesquet@clarin.com

Origen: Borges, siempre un libro abierto

La literatura del siglo XX, enjuiciada en el banquillo borgeano 

El autor de Ficciones tuvo opiniones contundentes sobre muchos clásicos de su tiempo

El mítico escritor, Jorge Luis Borges. Foto: Archivo

LA NACION

Sus sus narraciones, poemas y ensayos, amén de sus performances como conferencista y entrevistado permanente en sus últimos años de vida, Borges fue un promotor de la lectura como sistema independiente de la literatura.

Muchos de sus personajes son lectores: algunos ingenuos; otros, transustanciados con aquello que leen; otros, perspicaces y agudos como detectives. Entre 1936 y 1939, Borges colaboró para la revista familiar El Hogar con reseñas de literatura extranjera, apuntes sobre la vida literaria y biografías de autores. Enrique Sacerio-Garí y Emir Rodríguez Monegal compilaron esos escritos en el genial Textos cautivos, editado por Tusquets en 1986, año de la muerte del escritor argentino. No sin afán estratégico, Borges incluía en esa sección ensayos más extensos sobre algunos de sus intereses.

Esos escritos, tan ingeniosos como iluminadores sobre obras, movimientos literarios y escritores del siglo XX, han sido leídos retrospectivamente como indicios de una obra en formación.

Virginia Woolf: “Virginia Woolf ha sido declarada el primer novelista de Inglaterra. La jerarquía exacta no importa, ya que la literatura no es un certamen, pero lo indiscutible es que se trata de una de las inteligencias e imaginaciones más delicadas que ahora ensayan felices experimentos con la novela inglesa”.

Carl Sandburg: “Hay en Carl Sandburg una fatigada tristeza, una tristeza de atardecer en la llanura, de ríos barrosos, de recuerdos inútiles y precisos, de hombre que siente noche y día el desgaste del tiempo”.

¡Absalón, Absalón!, de William Faulkner: “Faulkner gusta de exponer la novela a través de los personajes. El método no es absolutamente original –El anillo y el libro, de Robert Browning (1868), detalla el mismo crimen diez veces, a través de diez bocas y diez almas-, pero Faulkner le infunde una intensidad que es casi intolerable. Una infinita descomposición, una infinita y negra carnalidad hay en este libro de Faulkner”.

James Joyce: “El culto de Ibsen lo movió a aprender el noruego. Los primeros libros de Joyce no son importantes. Mejor dicho, únicamente lo son como anticipaciones del Ulises o en cuanto pueden ayudar a su inteligencia”.

Pasaje a la India, de E. M. Forster: “La intensidad, la lúcida amargura, la omnipresente gracia de A Passage to India son indudables. También, el agrado de su lectura. Sé de lectores muy austeros que han dicho que nadie los convencerá de la importancia de un libro tan ameno”.

E. E. Cummings: “Lo primero que llama la atención en la obra de Cummings son las travesuras tipográficas: los caligramas, la abolición de signos de puntuación. Lo primero, y muchas veces lo único. Lo cual es una lástima, porque el lector se indigna (o se entusiasma) con esos accidentes y se distrae de la poesía, a veces espléndida, que Cummings le propone”.

Franz Kafka: “Nadie ha dejado de observar que las obras de Kafka son pesadillas. Los son, hasta por sus pormenores estrafalarios. Así, el ajustado traje negro del hombre que en el capítulo inicial de El proceso detiene a Josef K «está provisto de hebillas, presillas, botones, bolsillos y un cinturón que le dan un aire muy práctico, aunque no se entiende muy bien qué servicio prestan»”.

André Breton: “El marxismo (como el luteranismo, como la Luna, como un caballo, como un verso de Shakespeare) puede ser un estímulo para el arte, pero es absurdo decretar que sea el único. Es absurdo que el arte sea un departamento de la política. Sin embargo, eso precisamente es lo que reclama este manifiesto increíble”.

Lytton Strachey: “Era uno de esos caballeros ingleses que desdeñosamente carecen de biografía, acaso porque «no les interesa su propia vida» (como a nuestro Almafuerte) o porque les interesan más las vidas ajenas que pueblan la literatura o la historia”.

Origen: La literatura del siglo XX, enjuiciada en el banquillo borgeano – 15.06.2016 – LA NACION  

El clásico universal que caminaba por Buenos Aires 

De irritarse ante la pregunta “¿cómo se puede escribir después de Borges?” a reconocer que su sombra es “más nutricia que paralizante”: el escritor visto por Brizuela, Sacheri, Oloixarac, Mairal, Gusmán y Libertella

Leopoldo Brizuela —premiado y traducido por Inglaterra. Una fábula, novela, y los cuentos de Los que llegamos más lejos— a veces ha perdido la paciencia cuando algunos colegas europeos le preguntaron:

—¿Cómo se puede escribir después de Borges?

Tal como ustedes escribieron después de William Shakespeare —se ha visto obligado a contestar—. Mucho mejor de lo que habrían escrito sin él.

Esa pregunta reiterada le resulta rarísima, dijo a Infobae. “Como si Borges hubiera sido una especie de tsunami —ya se sabe, propio de estos fines de mundo— y no la eclosión de un fenómeno eterno, como la aparición de Shakespeare”.

¡Dan ganas de matarlos a los argentinos! Abominan de sus grandes íconos culturales…

También lo fastidia que cierto esnobismo argentino lo niegue. “Una amiga centroamericana me decía hace un tiempo: ‘¡Dan ganas de matarlos a los argentinos! Abominan por principio de sus grandes íconos culturales. Acá, si queremos escribir literatura infantil, no tenemos a ninguna María Elena Walsh antes; si queremos cantar folklore, no tenemos a ninguna Mercedes Sosa; si queremos escribir no tenemos a ningún Borges. Pero los argentinos se quejan; lamentan no haber tenido a Michel Houellebecq o a Charles Bukowski'”.

Borges, el contagioso

El crítico estadounidense Harold Bloom, que incluyó a Borges en su canon de la literatura occidental, escribió que su obra y su figura tuvieron “más fuerza de contaminación” que nadie más en el siglo XX. “Si se lee a Borges con atención y frecuencia, cualquiera se convierte en borgeano, porque cuando se lo ve se activa una conciencia de la literatura en la que él ha ido más lejos que ningún otro”.

Acaso por eso Eduardo Sacheri, autor de La pregunta de sus ojos(que Juan Carlos Campanella filmó como El secreto de sus ojos y ganó el Oscar a la Película Extranjera en 2009), agradeció haber contado con “la bendición de inocencia de haberme formado, a nivel universitario, en otra disciplina que Letras”. Como licenciado en Historia gozó de una libertad de lecturas literarias que le permitió elegir (y por ende, omitir) literarias de otra amplitud. PeroBorges estuvo entre sus elegidos.

La literatura argentina actual asume a Borges como un dato ineludible e inmodificable (Eduardo Sacheri)

“Creo que la literatura argentina actual cuenta con Borges, asume a Borges como un dato ineludible e inmodificable”, dijo el autor recientemente premiado por su novela La noche de la usina. Con una ventaja: “Suficientes años nos separan de su muerte. Y esos años y la dimensión de su obra lo ubican en un Olimpo, tal vez, magnánimo. Creo que todos, más o menos, crecemos a su sombra. Pero se trata de una sombra más nutricia que esterilizante”. 

Borges es un antepasado genial, como Sarmiento (Oloixarac)

Pola Oloixarac (Las teorías salvajes, Las constelaciones oscuras) se acercó al maestro con libertad similar: “Borges es un antepasado genial, como [Domingo] Sarmiento. Pero creo que Sarmiento y Borges pertenecen al mismo pasado heroico, y podemos elegir estar tan lejos o cerca de ellos como querramos”.

Igual que haber vivido con Kafka en Praga

Como a ella, a Pedro Mairal (El año del desierto, La uruguaya) le encanta el hombre que se perfila en el libro que salió de los diarios de Adolfo Bioy Casares: el tema de la amistad entre ellos y las rencillas internas del mundo literario le devuelven una figura de carne y hueso.

Supongo que Borges escribió “Insomnio” en una sentada y me parece un poeta enorme (Mairal)

No obstante, desde que en la adultez se internó en los ensayos de Borges —”en la adolescencia me quedaban medio grandes”— pensó en el azar de haber tenido tan cerca en el tiempo y la geografía a un autor tan fascinante. “Leí Discusión ya con otros ojos, habiendo pasado por Letras, y sigue deslumbrándome en sus distintos niveles: Borges tiene un nivel directo y también unos niveles de complejidad grandes”.

También la poesía de Borges tardó en llegarle: “Siempre me había parecido demasiado controlada… Pero ahora encuentro poemas como “Insomnio”, el primer poema de El otro, el mismo, y me impresiona mucho: supongo que Borges lo escribió en una sentada y me parece un poeta enorme”. Siento que nosotros tuvimos la suerte de ser casi contemporáneos de un escritor enorme, como haber sido contemporáneo de Franz Kafka en Praga o haber nacido en Aracataca en la misma época que Gabriel García Márquez.

Borges es el lenguaje en que escribimos, incluso para desacordar con él (Brizuela)

—Eso no siempre pasa.

—Uno lee y admira escritores que están lejos, en otro país o en otra época. Y Borges es un escritor enorme que se murió hace poco, que habla de Palermo y conocemos Palermo, que habla de personajes y de formas de ser que conocemos de cerca. Eso es un privilegio enorme para los argentinos.

Para Brizuela —también poeta, Fado, y traductor— Borges se ubica más allá del plano de la influencia. “Una influencia para los escritores de mi generación pudieron haber sido, según los casos,César Aira, Raymond Carver, Sara Gallardo, etc. Borges es mucho más: es el lenguaje en que escribimos, incluso para desacordar con él; incluso, a veces, para maldecirlo. Hasta la menos borgiana de las cosas que he escrito, hasta aquella narración que escribí sin pensar ni una vez en él, es, fatalmente, muy en lo profundo, borgiana”.

Luis Gusmán (El frasquito, La rueda de Virgilio, Villa, La casa del Dios oculto) opinó que basta con citar “El escritor argentino y su tradición” para encontrar una pista: Borges se refiere allí al momento en que escribió “La muerte y la brújula” y dijo: “Pienso allí en el Paseo Colón y lo llamo Rue de Toulon, pienso en las quintas de Adrogué y las llamo Triste-le-Roy”. Esa manera de escapar al color local, señaló Gusmán, sumada a la lectura retroactiva —”la influencia de Kafka en [Herman] Melville, con lo cual la linealidad de la lectura de una tradición queda abolida; los anacronismos, la atribuciones erróneas, la idea de hacer una historia de la literatura sin nombrar un solo autor”— dan por resultado el problema de ese padre: “El argumento supera el ingenio. Borges propone otra manera de leer”.

El virus de todos los libros

Sabemos qué es lo borgeano incluso sin haberlo leído (Libertella)

Mauro Libertella es el más joven de los autores que consultóInfobae: nació en 1983, tenía tres años cuando Borges murió. “Hubo dos cuestiones que hicieron que, para mi generación, Borges sea un escritor puramente disfrutable y no una sombra terrible”, dijo el autor de Mi libro enterrado —sobre su padre, también escritor, Héctor Libertella— y El invierno con mi generación. “La primera es el hecho de que, a esta altura de las cosas, ya se nos presenta filtrado por la generación del sesenta, setenta y la del ochenta: Borges es sus textos pero es también el modo en que lo leyeron Ricardo Piglia, Alan Pauls, Sylvia Molloy y Carlos Gamerro, por nombrar algunas de las lecturas más gratificantes. En ese sentido, nos guste o no, Borges ya está en todos lados; sabemos qué es lo borgeano incluso sin haberlo leído; ya no es necesariamente un faro que te deja ciego sino un virus que está en todos los libros”.

—¿Y la segunda cuestión?

—La segunda cuestión es, a mi entender, la aparición de un hito en la historia editorial: el Borges de Bioy. Ese libro inmenso, que presenta a un Borges caricaturesco, hilarante, juguetón, zarpado, fue el golpe de gracia para que Borges pase de ser una vaca sagrada, un escritor perfecto e inalcanzable, a un abuelo copado que queremos tener siempre cerca.

Brizuela leyó a Borges desde muy chico, “sin entenderlo, pero enamorado de ese trabajo con las palabras, de su propio amor por las palabras”. Pero aunque lo sabía cotidiano, nunca intentó conocerlo, ni siquiera aquella vez que por casualidad quedó a pocos centímetros en una presentación de libro.

—¿Qué pasó?

No encontraba palabra que valiera la pena hacer llegar a sus augustos oídos para romper un silencio que, terminé por comprender, sólo a mí me resultaba incómodo. Estaba viejo y ciego, hundido vaya uno a saber en qué cosmos. Pero ahí está la obra. Escribir es honrarla.

Testimonios recogidos por Gabriela Esquivada  gesquivada@infobae.com

Origen: El clásico universal que caminaba por Buenos Aires – Infobae

El escritor y la Patria: Borges, aniversario y Bicentenario 

La coincidencia entre el 30º aniversario de su muerte y el Bicentenario es un buen pretexto para reflexionar sobre la paradoja de quien decía querer ser “suizo” nos haya dejado algunos de los más conmovedores poemas patrióticos

Jorge Luis Borges, polémico en sus opiniones políticas, al punto de llegar a decir que le hubiera gustado ser suizo, era casi insuperable en el acendrado patriotismo que asomaba en algunos de sus textos. Como Sarmiento, capaz de proponer “no ahorrar sangre de gauchos” porque “es un abono útil para la tierra” y de describirlo luego como nadie en su Facundo.

Borges, el que además se decía agnóstico, escribió:

La patria, amigos, es un acto perpetuo

como el perpetuo mundo. (Si el Eterno

Espectador dejara de soñarnos

un solo instante, nos fulminaría,

blanco y brusco relámpago, Su olvido.)

Esos versos son parte de la imperdible “Oda escrita en 1966″.

Desde siempre, Borges admiró el coraje y la entrega ajena, escrutó en su árbol genealógico todas las proezas y las muertes gloriosas posibles para exaltarlas en la poesía, quizás con la secreta envidia de no haberlas podido encarnar él. Pero, como coraza a esos sentimientos profundos que expresaban sus versos, en cada ocasión que podía, se mostraba irónico respecto a estas mismas hazañas que su genio literario inmortalizaba.

Se decía agnóstico, pero nos advertía respecto de la rectitud moral que debe tener un hombre, porque “en las grietas está Dios, que acecha” (“Poema dedicado al I King”).

En la Oda antes citada, dice:

Nadie es la patria, pero todos debemos

ser dignos del antiguo juramento

que prestaron aquellos caballeros

de ser lo que ignoraban, argentinos,

de ser lo que serían por el hecho

de haber jurado en esa vieja casa.

Somos el porvenir de esos varones,

la justificación de aquellos muertos;

nuestro deber es la gloriosa carga

que a nuestra sombra legan esas sombras

que debemos salvar.

Nadie es la patria, pero todos lo somos.

Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante,

ese límpido fuego misterioso.

Borges había renegado de algunas de sus páginas iniciales, muy anteriores a esta Oda (de la década del sesenta), como las del famoso prólogo a su segunda recopilación de ensayos, El tamaño de mi esperanza, publicada en1926, que lo revela como un joven con inquietudes nacionalistas, crítico de Sarmiento, y defensor de Rosas e Yrigoyen, y cuya reedición prohibió.

Unas líneas permitirán entender que el espíritu de aquella esperanza contradecía la pose incrédula y algo cínica que fue la suya posteriormente. Nótese, de paso, la criollización de algunas palabras:

“A los criollos les quiero hablar: a los hombres que en esta tierra se sienten vivir y morir, no a los que creen que el sol y la luna están en Europa. Tierra de desterrados natos es ésta, de nostalgiosos de lo lejano y lo ajeno: ellos son los gringos de veras, autorícelo o no su sangre, y con ellos no habla mi pluma. Quiero conversar con los otros, con los muchachos querencieros y nuestros que no le achican la realidá a este país. Mi argumento de hoy es la patria: lo que hay en ella de presente, de pasado y de venidero. Y conste que lo venidero nunca se anima a ser presente del todo sin antes ensayarse y que ese ensayo es la esperanza. ¡Bendita seas, esperanza, memoria del futuro, olorcito de lo por venir, palote de Dios! (…)

Sarmiento (norteamericanizado indio bravo, gran odiador y desentendedor de lo criollo) nos europeizó con su fe de hombre recién venido a la cultura y que espera milagros de ella. (…)

No quiero ni progresismo ni criollismo en la acepción corriente de esas palabras. El primero es un someternos a ser casi norteamericanos o casi europeos, un tesonero ser casi otros; el segundo, que antes fue palabra de acción (…), hoy es palabra de nostalgia (…). No cabe gran fervor en ninguno de ellos y lo siento por el criollismo. Es verdá que de enancharle la significación a esa voz —hoy suele equivaler a un mero gauchismo— sería tal vez la más ajustada a mi empresa. Criollismo, pues, pero un criollismo que sea conversador del mundo y del yo, de Dios y de la muerte. A ver si alguien me ayuda a buscarlo.”

Aunque luego renegó de este nacionalismo juvenil –al punto de querer ocultarlo-, muchos de sus poemas y textos breves posteriores están llenos de reconocimiento a los hombres que murieron por la Patria; no sólo aquellos referidos a los próceres, como el famoso “Poema conjetural” sobre Laprida, sino incluso los que hablan de sucesos contemporáneos como la guerra de Malvinas. Basta recordar el genial por todos conocido “Juan López y John Ward”.

Se mostraba escéptico pero, según su propia confesión, el último libro que leyó antes de perder del todo la vista fue El mendigo ingrato, de Léon Bloy, escritor francés que le gustaba “muchísimo”: un católico ortodoxo y un apasionado de Napoleón Bonaparte e, irónicamente, un autor citado por Eva Perón en La razón de mi vida

Amante de las paradojas, Borges fue una en sí mismo. Se empecinó en un discurso de renegado, fue a morir lejos, pero es uno de nuestros escritores más nacionales y una de nuestras marcas en el mundo.

El Nobel le fue esquivo no tanto por sus posiciones ideológicas como por la influencia que sus admirados anglosajones tienen sobre el comité que lo otorga: ellos no se confundieron, Borges fue demasiado argentino.

Entrevistado por Matías Méndez para Infobae, Carlos Gamerro dice que Borges apelaba a una erudición a veces ficcional, a veces “en solfa o jodona”, que tenía que ver, entre otras cosas “con jugar a ser un argentino medio trucho cuando en realidad no lo era”.

La última frase del prólogo a El tamaño de nuestra esperanza, parece escrita por Borges para sí mismo: “Nuestra famosa incredulidá [sic] no me desanima. El descreimiento, si es intensivo, también es fe y puede ser manantial de obras”.

Que no nos desanime entonces a nosotros la “incredulidad” de Borges. A 30 años de su muerte celebrémoslo junto a la Patria por la que tantas veces desenvainó la pluma.

Nota: El dibujo que ilustra esta nota fue realizado especialmente por Enrique Breccia para este homenaje a Jorge Luis Borges en Infobae

Origen: El escritor y la Patria: Borges, aniversario y Bicentenario – Infobae

Borges para todos: una gran muestra le rinde homenaje

Todas las dimensiones del universo del escritor reunidas en una exposición multidisciplinaria.

Que Jorge Luis Borges sigue vivo en su obra y que su legado se expande en inacabables dimensiones ya nadie lo duda. Del arte pictórico a la ilustración, de la literatura al videoarte, del cine al haiku, del paisajismo al tango, de la fotografía a los seres imaginarios, de la enciclopedia a Internet, por mencionar algunas de las que componen la megamuestra que lo tendrán como eje en el Centro Cultural Kirchner, a partir del próximo miércoles. Pero que a 30 años de su muerte –que se conmemoran este martes– el argentino más universal defina el ser nacional constituye una verdadera sorpresa.

Desde una marquesina brillante, en la parte superior de la fachada del CCK, se reproducirá un verso de la “Oda de 1966”. Ayer a la tarde, desafiando el frío glacial, un grupo de técnicos colocaba las palabras que se verán hasta noviembre: “Nadie es la patria pero todos lo somos”. Así de rotunda la voz poética de Borges borra de un plumazo más de una década de un relato político excluyente. Los seis ejes que atraviesan la exposición de 2900 m2 conducen a un objetivo: el goce estético, intelectual y espiritual.

La megamuestra abarca 12 de las 59 salas que, además de multidisciplinaria, es polifónica. Dialogan el pasado con el presente, el hoy y el mañana, las voces de artistas, escritores, curadores, cineastas, contemporáneos del autor de “El Aleph” con sus pares del siglo XXI, en una suerte de continuum que es nada menos que el título de la exposición: Borges. Ficciones de un tiempo infinito. La directora de Arte del CCK y coordinadora de la muestra, Gabriela Urtiaga, encabezó ayer un recorrido.

El público podrá organizar su itinerario como quiera. Borges comienza a desplegarse ante los ojos del visitante desde la obra de Norah Borges, su hermana, y sus contemporáneos en la pintura. Curada por la historiadora del arte Ana Martínez Quijano, se observan obras de exquisita belleza. Todas las contribuciones de los coleccionistas y artistas a las salas de artes visuales son de enorme valor. Clarín consultó al ministro de Medios y Contenidos Públicos, Hernán Lombardi, y a la secretaria de Contenidos, Gabriela Ricardes, sobre el costo de la muestra, pero el dato no está disponible a raíz de muchos aportes ad honorem.

En la sala dedicada a “Borges y el cine”, el cineasta Andrés Di Tella y Andrés Levinson montaron en formato GIF las 17 películas que Borges reseñó como crítico. En medio de la sala se ve un viejo proyector, casi como un objeto poético, dice Di Tella. Un espacio recoge todas las formas posibles del laberinto borgeano. Allí el Minotauro gigante del artista Tadeo Muleiro invita a un recorrido que se completará en 15 días cuando se inaugure el “Laberinto” de Andrea Moccio. Hay una maqueta explicativa del símbolo borgeano así como los laberintos de Edgardo Giménez y Matilde Marín. Pasamos del laberinto al Atlas de Borges y María Kodama, cuyas fotografías se completan con un video que dinamiza ese itinerario. En la sala que vincula a Borges con la fotografía, curada por el embajador en Egipto Sergio Baur, se contraponen la Buenos Aires del artista Horacio Coppola y la mítica de Borges bajo la lente de Alberto Goldenstein, entre otras.

El espacio que recoge la amistad con Xul Solar sigue provocando la misma emoción que en el Museo homónimo. La curadora Gabriela Rangel armaba ayer vitrinas con el panajedrez, el Tarot y las cartas astrales de Xul. La sala donde se cruzan la ciencia y los artistas tecnológicos recoge voces de 14 científicos reconocidos. Colgado de una escalera el artista Leo Muñoz se empeñaba en colocar centenares de cablecitos en una gran pantalla. La gente podrá usar una máquina de escribir del siglo XX y verlo en un panel electrónico. La instalación se inspira en “Funes, el memorioso”. Contigua, la cinta de Moebius, de Martín Bonadeo, escribirá una y otra vez binomios de palabras del universo borgeano.

El primero de los ejes “Borges y las letras” ofrece un abordaje múltiple. Primeras ediciones, un original de Prisma, la revista mural que los hermanos pegaban por las calles de Buenos Aires, documentos, fotografías, hasta la instalación de Guillermina Mongan y Mathilde Ayoub que trabajaron las lecturas de Borges a partir de la palabra “biblioteca”. Para la parte de las ilustraciones, Hermenegildo Sábat hizo una especial. En la Gran Lámpara, Leandro Erlich vuelve a seducir con su concepto lúdico del arte. Su obra site specific “Ascensores” invita a descubrir al “otro”. En agosto, el Minotauro de Marta Minujín sumará valor a la megaexposición desde la plaza seca, bajo la panza de la Balleza Azul.

Origen: Borges para todos: una gran muestra le rinde homenaje

Beatriz Sarlo: “Es fundamental romper con Borges”

La ensayista dará mañana una clase magistral que se podrá seguir en directo por Internet.

Un largo vínculo. Beatriz Sarlo viene trabajando sobre Borges desde hace treinta años.

“Tener un escritor como Borges es un peso demasiado fuerte para una literatura”, dice a Clarín la ensayista Beatriz Sarlo. Lo dice poco antes de la clase magistral que dará mañana a las 19 sobre el autor en El Cultural San Martín (las 270 entradas están agotadas, pero la charla se transmite en directo por la página de Facebookelculturalsanmartin). La figura del escritor Jorge Luis Borges sonará sin pausa en estos días: el 14 se cumplen 30 años de su muerte, en Ginebra.

¿Qué, de todo el mundo borgiano, elegirá Sarlo para este aniversario? Para empezar, recordará una idea que el autor desarrolló en “Kafka y sus precursores”: que cada escritor “crea” a sus precursores. Porque a partir de ellos se lee a algunos de los que vinieron antes de manera distinta. Algo parecido, dirá Sarlo, hace Borges con sus antepasados. “Existe una historia de los Grandes Jefes, digamos las historias clásicas de Belgrano y San Martín que escribió Mitre. A ella, Borges la duplica, en paralelo, con una historia familiar de soldados“, dirá la crítica.

¿Por qué Sarlo elige hablar de esto?  “Borges ha sido tan atravesado por todas las líneas que abre que uno queda atraído por aquello que puede parecer más caprichoso. Creo que ‘Kafka y sus precursores’ es uno de los ensayos más brilllantes como tesis de historia literaria. Esa idea, con esa claridad, no había sido formulado nunca: que todo nuevo escritor reordena hacia atrás la historia literaria que conocemos“.

Hasta ahí, un ensayo que se conoce. Ahora, el aporte: “Trato de decir que Borges hace el mismo movimiento con todos los miembros de la elite criolla de la emancipación y las guerras civiles que encuentra en su linaje. Constituye a sus abuelos y bisabuelos en precursores. Pero Borges dice que él nunca va a estar a la altura de quienes fueron sus precursores. Y es sincero: hay un Borges racionalista pero también hay un Borges romántico, que siente nostalgia por el pasado“.

Parece ser que la Historia, en Borges, se acerca a la historia de la familia. Sarlo cree que algo de eso hay: “Tiene una proximidad real con la Historia, a partir de sus abuelo y biscabuelos, que ninguno de los que venimos de la migración podemos tener. Nuestra relación con la Historia es libresca, no hay patriotismo ni nacionalismo que compensen ese vínculo. Borges tiene una relación real, hay recuerdos materiales de esos soldados, objetos, en la casa donde él ha nacido”.

Pero aun conectado con la Historia, Borges no pertenecía a una familia rica: ” Uno de  sus abuelos renunció a los terrenos fiscales con que se hicieron las grandes fortunas argentinas. El pertenece a esa elite pero, como la familia de Sarmiento, son criollos no ricos, vecinos decentes pero no ricos”.

Después de treinta años de trabajar sobre el autor, Beatriz Sarlo se ha volcado a la poesía de Borges, a la que encuentra compleja. Igual que a los cuentos, quizás lo más reconocido de la literatura de Borges: “Quiero señalar que los argumentos de Borges son complicadísimos, dan la falsa ilusión de que son racionales y son complicados porque tienen pequeños desvíos. Una enorme complejidad de detalles menores. Quizás de eso dependa la fascinación que nos causa. Borges es difícil de leer, tal vez por eso las citas que conocemos vienen de los reportajes”.

En la literatura argentina -y tal vez en la del siglo XX- Borges parece ineludible. ¿Qué hay después? “Tener un escritor como Borges es un peso demasiado fuerte para una literatura, es demasiado poderoso, es de esos escritores que definen una literatura, por eso para los escritores es fundamental romper con Borges, escribir fuera de las posibilidades que él creó”, dice Sarlo. “Lo hizo Manuel Puig y en parte Juan José Saer, por la importancia que tienela percepción física para él”.

¿Cómo hubiera sido la literatura argentina sin Borges? Sarlo alguna vez lo imaginó: “Si no hubiera existido, la centralidad hubiera pasado a Oliverio Girondo, la ampliación de la experimentación lingüística hubiera pasado a él”, dice. Sobre esto, supo escribir: “Probablemente nadie habría releído a Evaristo Carriego, como lo hizo Borges, y la poesía argentina tendría en su centro operaciones más ‘vanguardistas’, como las de Girondo. Y en lugar de las orillas porteñas, el barrio y las calles rectas hasta el horizonte, estaría el paisaje fluvial y fluyente de Juan L. Ortiz”.

Los criticos, dice, también deberían romper. ¿Cómo? “Para un crítico, la forma sería quizás no volviendo a él, lo que sería una pérdida y una liberación. Las literaturas que son marcadas por un escritor, como Dante, Shakespeare, Víctor Hugo, transportan un peso”.

Origen: Beatriz Sarlo: “Es fundamental romper con Borges”

Borges después de Borges –

Borges en las calles de Roma. Foto: Marcello Mencarini.

LA NACION

Podría empezarse con el relato de una simple anécdota. En una conversación con Bioy Casares, Borges describe el por entonces reciente artículo de un filósofo argentino. Allí -según su versión- se sostiene que unir y separar son las dos operaciones esenciales, tal vez la única actividad verdaderamente humana. Borges saca entonces de la manga uno de sus sorprendentes remates paradójicos: “Es un presocrático -dice-. Tiene todo el pasado por delante”.

La frase figura perdida en un rincón de Borges (2006) -la selección del diario de Adolfo Bioy Casares que se atiene a las entradas en que aparecía el autor de El Aleph-, pero hizo secretamente escuela. Se la puede encontrar camuflada en más de un texto contemporáneo posterior sin citar la fuente. La tentación es comprensible: sirve para ironizar con eficacia no sólo sobre lo lejos que le quedarían a aquel filósofo Kant o Hegel, sino también para burlarse, por poner un ejemplo cualquiera, de un fanático del primer jazz que desprecia a Charlie Parker.

Borges es uno de las pocos que sorteó el limbo en que suelen quedar temporalmente varados muchos escritores después del adiós. En su caso, se podría sostener que su perfil de autor siguió creciendo, adquiriendo nuevos relieves, incluso modificándose por medio de agudeza. Cuando murió, hace ya casi treinta años (el 14 de junio de 1986), su figura era reconocida urbi et orbi por su obra y la originalidad filosófica de su imaginación. Para sus lectores argentinos era sinónimo, entre otras cosas, de los dos gruesos volúmenes de las obras completas publicadas por Emecé: el tomo de cubierta verde (de 1974) para los libros en solitario; el de cubierta marrón (1979) para los que escribió en colaboración. Por aquellos días estaba dando a conocer una colección que se distribuía en quioscos, la Biblioteca Personal, libros que había elegido según sus gustos y prologaba con una economía verbal inimitable. De los cien títulos propuestos llegaría a escribir más de sesenta prefacios, que serían reunidos en libros en 1988 y pasarían a formar parte del cuarto volumen de sus obras completas. La actividad de prologuista fue una constante en la carrera de Borges, que se volvió mucho más visible cuando él ya no estaba: a aquellas introducciones, se le sumaría pronto otra compilación, Prólogos de la Biblioteca de Babel (1995), que volvió a poner en circulación los que produjo para la elegante colección publicada por el editor italiano Franco Maria Ricci.

Borges, el volumen póstumo de Bioy que se citó al comienzo de la nota, con sus más de 1600 páginas, es una pieza nodal para conocer al escritor desde otro ángulo. “Borges come en casa”, frase que inaugura muchas de las entradas, es una contraseña de intimidad para este retrato escrito por un amigo y testigo privilegiado. Hay que confiar en la fidelidad del escriba. Las idas y vueltas de Borges por consideraciones literarias son a veces sorprendentes, pero siempre llevan su sello (como cuando sostiene que, de ser un español contemporáneo, Quevedo seguramente hubiera sido franquista). Hay lugar para el inevitable chismorreo, que deja observar el campo literario en que se movía Borges, y también para expresiones (alguna mala palabra inocua) que nunca se permitía en público y que lo vuelven por un instante más terrenal. El tono sobrador, la malicia de algunos pasajes entre los dos amigos levantaron alguna crítica al momento de su publicación, sin tomar en cuenta el registro informal, distendido de lo que se registra. Bioy, en todo caso, parece retratar a su amigo con una dedicación similar, quizá algo más ambigua, con la que James Boswell retrató al Doctor Johnson (ese genio dieciochesco que los dos admiraban) y dejó una obra que el tiempo sólo puede seguir mejorando.

Otros de los perfiles de Borges que han quedado en evidencia con los años es su vínculo con el periodismo, específicamente el cultural. Era bien sabido que Historia universal de la infamia, su primer libro de relatos, había surgido de una serie publicada en el diario Crítica. Continuó publicando artículos en revistas o diarios, pero el verdadero alcance del trabajo de Borges en los medios, allá por sus comienzos, resultó una revelación cuando se dio a conocer Textos cautivos, aparecido en 1986, meses después de su muerte. La antología reúne muchos de los textos de la sección “Libros y autores extranjeros” que escribió entre 1936 y 1940 para la revista El Hogar. La mayoría de las entregas semanales constan del perfil de un escritor (Karel Capek, Eden Philippots, Jules Romains) y reseñas breves de libros recientes en otros idiomas. Si el medio es sorprendente (El Hogar era una publicación de entrecasa), más lo es la destreza sintética a que lo obligaba el formato, a tal punto que no es exagerado considerar hoy Textos cautivos uno de sus libros fundamentales. Después vendrían otros ejemplos (Borges en Revista multicolor, 1995; Borges en Sur, 1999; Borges en El Hogar, 2000) para confirmar hasta qué medida el periodismo fue uno de sus laboratorios literarios.

Escribir hablando

Desde que tímidamente, alentado por Victoria Ocampo, comenzó a dar conferencias, hasta el final, cuando su figura no escapaba a los medios, la oralidad de Borges pasó a ser una extensión natural de sus libros. De hecho, publicó alguna de esas intervenciones: Siete noches (1980, donde habla de La Divina Comedia, la Cábala oLas mil y una noches) o Borges oral (1979). Algunas muestras de esa actividad no escrita a veces terminan desembocando -lícitamente, porque ahí están los giros propios de Borges, que por momentos parecía escribir hablando- en nuevos libros.

El tango. Cuatro conferencias -que se da a conocer en estos días- es uno de ellos. Recopila cuatro charlas de 1965 sobre uno de los temas, la música porteña, a los que el escritor retornaba de manera cíclica. La historia de su publicación tiene algo rocambelesco (se trata de unas cintas que poseía un coleccionista en España), pero son Borges en estado puro, con sus disquisiciones sobre los orígenes del género, sus recitados de versos olvidados y sus inducciones perfectas (como cuando al analizar unos versos del Martín Fierro que hacen rima en “ango” concluye que el término “tango” no existía en 1872, fecha de publicación del poema).

También El aprendizaje del escritor se basa en una grabación (la de un seminario que Borges dio en la Universidad de Columbia en 1971 en compañía de su traductor al inglés, Norman Thomas Di Giovanni) en las que constan preguntas de los estudiantes (“Si yo pudiera escribir en inglés del siglo XVIII -responde cuando se le pregunta por la pureza del lenguaje-, ese sería el ideal para mí. Pero no puedo. Uno no puede ser Addison o Johnson deliberadamente”).

Borges profesor -una edición cuidada por Martín Arias y Martín Hadis- reunió por su parte los cursos de literatura inglesa que el escritor daba en la UBA (en este caso, las 25 clases de 1966). En vez de las grabaciones, que se perdieron, se utilizaron las transcripciones realizadas por estudiantes. Borges parte de los poetas anglosajones y llega, tras un largo y minucioso recorrido, hasta su amado Robert Louis Stevenson. La reconstrucción de los investigadores, que reponen citas, da lugar a lo que podríamos llamar un gran libro involuntario.

El paso del tiempo, curiosamente, no fue sólo ganancia para el conocimiento de Borges. Algunos libros ajenos (los diálogos con Osvaldo Ferrari o Borges el memorioso, el volumen de conversaciones con Antonio Carrizo) salieron de circulación. Las obras en colaboración sufrieron una suerte parecida. Si los cuentos de Bustos Domecq (escritos junto con Bioy) resultan difíciles de conseguir, más cuesta hallar el Manual de Zoología fantástica o la Introducción a la literatura norteamericana (1967). La invisibilidad de esos libros, tan presentes en otros tiempos, forman un vacío sorprendente en el canon borgeano actual.

Como contrapartida, están los tres volúmenes de Textos recobrados (que van de 1919 a 1986), una colección amplia y heterogénea que recopila toda clase de textos dispersos, muchos de ocasión, y también la nueva publicación de los ensayos de los años veinte:Inquisiciones (1925), El tamaño de mi esperanza (1926)y El idioma de los argentinos(1928). En vida, Borges se negó de manera férrea a que se reeditaran (llegó incluso a negar su existencia), tal vez porque encontraba en ellos, en su discurso criollista, no un error sino una ingenuidad insalvable. Contra todo, a veces no está mal contradecir a los mayores. Basta perderse en sus páginas -donde se habla de versos y autores, pero también del idioma y de la amistad- para encontrar lo más parecido a la felicidad juvenil. “A los criollos les quiero hablar: a los hombres que en esta tierra se sienten vivir y morir, no a los que creen que el sol y la luna están en Europa”, escribe al comienzo de El tamaño de mi esperanza. Por supuesto: el Borges mayor renegaría del final de la frase, pero hoy deja leer con mayor profundidad, por contraste, las ideas de “El escritor argentino y la tradición”, aquella clave meditación posterior donde reclamaría la posibilidad, gracias a nuestra condición periférica, de valernos de cualquier tradición.

Suena contradictorio sugerir que se puede leer mejor hoy al primer Borges que en vida, pero es una de las tantas consecuencias de ir volviéndose definitivamente clásico: un clásico, como bien entendía su Pierre Menard, no es algo fijo. En el futuro, quién sabe, alguien puede incluso llegar a considerar -una simple hipótesis- que el mejor de sus cuentos es “La memoria de Shakespeare”, ese relato que, como llegó al final, sigue pasando casi inadvertido.

Origen: Borges después de Borges – 29.05.2016 – LA NACION  

La lectura como desafío

Siempre escuche hablar de Jorge Luis Borges, el escritor argentino que tanto mencionaban en los corrillos intelectuales en Cuba.

Jorge Luis Borges

Escrito por Eloy A. González.

Siempre escuche hablar de Jorge Luis Borges, el escritor argentino que tanto mencionaban en los corrillos intelectuales en Cuba. Era uno de esos escritores proscritos, sus libros eran verdaderas piezas raras en manos de intelectuales escurridizos que se negaban a compartirlas. Nunca pude leer una línea de este escritor cuando vivía en Cuba y ahora, en este Exilio de acabado enojo, me veo ojeando un libro de su autoría en la Biblioteca pública cercana.

Se trata de su Obra Poética completa, considerada así por el autor quien preparó la edición. Decido solicitar el libro para leerlo, es tan sencillo como un acto de libertad. Eso quiero leer y voy a hacerlo, algo tardío por cierto.

La lectura es por definición, el proceso de la recuperación y aprehensión de algún tipo de información o ideas almacenadas en un soporte y transmitidas mediante algún tipo de código, usualmente un lenguaje, ya sea visual, auditivo o táctil, otros tipos de lectura pueden no estar basados en el lenguaje. Pero más que una definición la lectura es placer  y sobre todo desafío.

Nunca olvido mi primer encuentro con los libros, esto ocurrió cuando entré a la Biblioteca de la residencia de un conocido senador de la época pre-revolucionaria, para decirlo de alguna forma. Corría el año de 1962 y cerca de cien estudiantes habíamos llegado a aquella inmensa mansión que seria mi Escuela Secundaria por los próximos meses. La Biblioteca se conservaba muy bien, aún no había llegado a ella la barbarie de aquellos años. Fue una experiencia única encontrarme con aquellos estantes llenos de libros y revistas y aquellos asientos cómodos y relucientes. Recordando a Borges, quien imaginó el Paraíso como una Biblioteca; aquella Biblioteca se convirtió para mí en un oasis de placer y contemplación por 7 largos meses.

Sorprendido por tantas experiencias tempranamente amargas, fueron los libros fuente de sosiego y paz en mi adolescencia y juventud. Cada día tenia a mano un libro que me proporcionaba un encuentro único, era como un amigo que espera.

De tal manera que me fui haciendo de algunos  libros que atesoraba en un pequeño librero casi vacio, confiado siempre en llenarlo en poco tiempo, nunca lo logré. Pero allí fueron a parar el primer libro que compré con mis ahorros: La Edad de Oro y un libro de Gramática española que obtuve a muy bajo precio en un viaje que hice a un poblado cercano. Lo demás eran  los libros que pedía prestado a la Biblioteca de la Escuela. Por aquellos días leí casi toda la obra de Julio Verne que pudo caer en mis manos.

Sobrecogido por la soledad y el hastío de  tiempos aciagos, siempre encontré en los libros una fuente de conocimientos  y avenencia que me han acompañado durante toda la vida. Aún hoy que el fastidio es otro, un libro me causa ese encanto especial que me provocaba en la juventud ya remota.
El teólogo alemán, Tomas de Kempis, afirmaba: He buscado el sosiego en todas partes, y sólo lo he encontrado sentado en un rincón apartado, con un libro en las manos. Así es de cierto hasta el mismo momento en que escribo estas líneas, a mi lado, el libro de poemas de Borges espera para producirme la misma placidez que he experimentado con otros libros.

Hay un encanto  inmediato cuando usted toma un libro en las manos, hay siempre algo familiar en la cubierta; cuando los dedos pasan por las páginas hay una comunicación casi instantánea. Se establece una relación casi mágica en el mismo momento que usted toma el libro y decide leer.

Pero sobre todo el leer es un acto de libertad. Esto lo sabemos cuando hemos vivido bajo una dictadura. Hay libros prohibidos y la sola idea nos hace desafiar y buscar aquellas lecturas que a los déspotas le son opuestas. De manera que cada acto de leer aquellos libros que a los autócratas no les gusta es un acto de libertad, es un reto que se asume con resolución.

No olvido la primera vez que tuve en mis manos un libro, que por  los 60’s resultaba prohibido y como guardé con ardor y orgullo los tres libros que llegue a tener y que no podía mostrar. Más que la lectura de esos libros, disfrute del desafío de tenerlos. Eran parte de mi libertad. Si como se afirma: saber leer es saber andar; ya por aquellos años convulsos de los 60’s  había comenzado a andar con pasos apresurados y libre.

La lectura es tanto un placer como un desafío lingüístico, cognitivo y estético. Y un hecho privado, a la vez que una experiencia a compartir. Esta afirmación es muy amplia. Considero que, sobre todo, el acto de leer es un acto privado. Nunca he participado en lecturas colectivas, no creo que pueda concentrarme bien en lo que se está leyendo. Si de compartir se trata, la lectura no pasa más allá de recomendar un libro. Queda de parte del otro el aceptar o no la lectura. Una lectura que en un momento dado nos resulta una revelación, para otros puede ser aburrida y carente de interés. No insistamos en endosarle a otros lecturas que nos han conmovido.

Que la lectura nos completa, es cierto; pero necesita una buena dosis de experiencia y de andar. Lo demás es un reto que nos conmueve. Buscar un libro que no recomendaban algunos y que consideraban peligroso  pero que se precisaba leer, resultó un desafío que nunca olvido. ¡Que bueno era encontrar aquellos libros que se decía de ellos que tenían problemas ideológicos!

Hoy reto a todos los que evitaron que muchos no alcanzáramos los libros que queríamos leer. A esos que quitan libros de los estantes, que no los publican y que niegan el derecho a la libertad de información. Lo siento, los he desafiado siempre.

Ahora me preparo para leer a Borges, ése, el prohibido. Acerca del él solo oíamos necedades pero ahí estaba en sus libros, esperando. Aún esta esperando, nadie podrá evitar que lo leamos, a éste como a muchos otros autores. Es un acto de desafío, ahora y siempre. De manera que lo siento por los represores.

Hoy, con la tarde, ha llegado mi nieta con una sonrisa que arranca la tristeza; me voy con ella al Patio por el cual se derrama el cielo en la casa, siempre es conmovedor el ocaso. Con ella de la mano no hay falsía ni cesan los sueños. También  me traigo los versos recién leídos, que definen el ocaso y esta tarde:

Ya casi no soy nadie
soy tan solo ese anhelo
que se pierde en la tarde.

©2008* Columnista. Panorama de Nuevos Horizontes. Hispanic Newspaper. 16-sep-08. Fort Worth, TX. E-mail:eloy_gnzlz@yahoo.com

Origen: La lectura como desafío – Conexión Cubana

Jorge Luis Borges, el homenajeado en la 42ª Feria del Libro de Buenos Aires 

En junio de 2016 se cumplen 30 años de la muerte del autor de “Funes el memorioso”, desde la Fundación El Libro se organizaron diversas actividades para recordarlo a él, sus textos y pensamientos.

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo, reconocido internacionalmente como Jorge Luis Borges y como uno de los más destacados escritores del siglo XX tendrá, nuevamente, un lugar especial en la 42ª edición de la Feria del Libro de Buenos Aires; que abre sus puertas al público el próximo jueves 21 de abril.

Nota relacionada: Llega la 42ª Feria del Libro en Buenos Aires con Coetzee y Vargas Llosa

Iniciándose el martes 26 de abril se desarrollará el Certamen Lecturas Argentinas (con otras fechas el jueves 28 de abril, martes 3 y domingo 8 de mayo) en el que los postulantes podrán inscribirse para responder una serie de preguntas de especialistas sobre la obra y figura de Borges, con público presente.

Desde el 29 de abril hasta el 1 de mayo se llevará a cabo el encuentro internacional “Un Borges para el siglo XXI” en el que diversos especialistas debatirán sobre la obra y vigencia del escritor.

Además habrá diversas actividades vinculadas con la figura faro del autor de El Alephcomo “El enigma Borges: sus Dioses y sus mujeres”.  Aproximación a los grandes interrogantes de la vida de Jorge Luis Borges (27 de abril, 16:30 hs) ; la mesa redonda “La Biblia en la obra de Borges” (7 de mayo, 20 hs) y diferentes perspectivas sobre la literatura del escritor.

Origen: Jorge Luis Borges, el homenajeado en la 42ª Feria del Libro de Buenos Aires – Diario Registrado

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