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Madre no hay más que una

 

Madre, abuela y nieta.

Estos inútiles que nos gobiernan se creerán que el permiso de 5 semanas de paternidad es la panacea ante la catástrofe demográfica. No cuela. Porque no lo hacen por fomentar la maternidad, sino para posturear de igualdad, ese camelo.

¿Alguien cree seriamente que gracias al nuevo permiso de paternidad va a aumentar la tasa de fertilidad de España, (1,33 hijos por mujer) una de las más bajas de Europa?

Sobre todo porque la medida no es para fomentar la maternidad sino para posturear de igualdad -dogma feminista que no admite discusión, bajo pena de anatema-. No viene mal que el padre disfrute de una semana más de paternidad y que se repartan las cargas con la madre, pero que no nos vendan la medida como la panacea, porque en realidad responde a un camelo ideológico. Como ha dicho muy bien Leonor Tamayo en Actuall, “No puedes equiparar lo que no es igual”.

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Origen: Madre no hay más que una

¿Madre o incubadora humana? 

 

Un niño no puede ser objeto de consumo ni de compraventa, aun cuando la búsqueda de un hijo encierre una historia dramática

Al permitir la disociación entre gestación y maternidad, las nuevas técnicas de procreación artificial ampliaron el debate sobre cuestiones tan trascendentes como la maternidad y la paternidad, con fuerte impacto en muchos niveles, incluso aquellos ligados a la explotación de la mujer y al tráfico de menores de edad. La llamada “voluntad procreacional” no es un pasaporte libre, pues puede terminar albergando múltiples formas de egoísmo que no siempre prioricen una crianza generosa que contemple el interés del niño.

En el plano jurídico, el reformado Código Civil y Comercial de la Nación no aprueba y no legisla sobre el contrato de alquiler de vientres, por lo que, para nuestra ley, la madre de un bebe es quien lo dio a luz. De hecho, lo correcto sería hablar de “madre” de alquiler y no de “vientre” de alquiler.

La norma tampoco permite hacer un contrato que fije los términos del intercambio en estos casos. Se trataría de un contrato nulo, por ser nulo su objeto: no se puede alquilar una persona ni parte de ella durante nueve meses. De un contrato nulo no pueden surgir derechos, pero, en caso de darse uno ilícito, aun cuando no se lo pueda impedir sí es posible actuar sobre sus consecuencias.

Con frecuencia se utiliza la palabra “concebir” aplicada a los pretendidos papás varones, dicho esto con todo respeto por la elección, pero la primera acepción del Diccionario de la Lengua Española define: “Dicho de una hembra. Empezar a tener un hijo en su útero”. Siendo esto biológicamente imposible para los aspirantes a papás, resulta totalmente razonable que nuestra ley civil atribuya la maternidad a la mamá que gestó y dio a luz a la criatura. Los varones tienen otros recursos para llegar a una paternidad legal, como es la vía adoptiva, que es a todas luces legal y no contraría ni violenta a la naturaleza.

Hay casos en los cuales alguno de los papás o mamás aporta su propio material genético, pero de aprobarse la ley que regula ese contrato se extendería incluso a dos varones, casados o convivientes, que compran un óvulo fecundado, esto es un embrión, sin aporte de espermatozoides de ellos y luego se convierten en comitentes que alquilan un vientre para alojarlo durante el plazo de gestación. Una vez que la madre lo alumbra, ella queda fuera y se convierten ellos en los padres legales, en una secuencia francamente asombrosa y por demás peligrosa que abre la puerta a manejos lesivos para la dignidad de las mujeres que, por distintos motivos, accedan a estas prácticas.

Los interrogantes jurídicos que abren estos “contratos” son innumerables. ¿Qué ocurre si la gestante se arrepiente después del parto y decide no cumplir, oponiéndose a entregar al bebe? ¿Y si son los comitentes quienes se arrepienten durante el embarazo? Si le piden a la gestante que aborte, pero ella se niega ¿qué ocurre? También puede acontecer que mueran los comitentes durante el tiempo del embarazo. En otro orden de supuestos, ¿quién cobraría la asignación familiar prenatal, la mamá o los papás que subrogaron su vientre? ¿Quién sería el representante legal de la persona “por nacer” durante el embarazo?

Las imprevisibles consecuencias de este contrato demuestran que las personas, precisamente por no ser cosas, no pueden ser objeto de él.

Con la misma mentalidad amplia con la que la sociedad asoma a estas nuevas y delicadas cuestiones se ha de aceptar que los límites que la biología impone no son arbitrarios y que un niño no puede ser objeto de consumo ni compraventa aun cuando la búsqueda de un hijo encierre una historia dramática.

Se trata simplemente de aceptar que no es factible torcer los designios de la sabia madre naturaleza y es por tanto necesario que las leyes la respeten hasta donde sea posible. No existe otra forma más prudente de priorizar al niño y mantener el buen orden social.

Origen: ¿Madre o incubadora humana? – 25.08.2017 – LA NACION

Mundos íntimos. Luego de seis años de no hablar con mamá, nos vimos y pude disculparla por haberme hecho la vida tan difícil

Si te vas, me mato. Frases de este tipo escuchaba la autora durante su adolescencia. Luego de mucho esfuerzo, logró alejarse. Pero para recomponer la relación con bases más sanas hubo que esperar.

Mundos íntimos. Luego de seis años de no hablar con mamá, nos vimos y pude disculparla por haberme hecho la vida tan difícil

Resiliencia. Jennifer aprendió que las dificultades no deben anular el futuro.

La madre está al borde de las líneas del metro, a punto de lanzarse. La hija se acerca intentando rescatarla, pero la madre salta después de decirle que es culpa suya. El personaje despierta con la imagen del cuerpo destrozado de su madre y las manchas de sangre esparcidas por el cemento. Con este sueño empieza mi novela “Ella”, o más bien con esta pesadilla.

Sin embargo, yo no inventé esa escena: la soñaba todas las noches en versiones ligeramente distintas. Me pasé casi diez años despertando sobresaltada para correr a la habitación de mi mamá y comprobar que todavía estuviera durmiendo. En mis sueños mi mamá saltaba de puentes, se abría las venas con navajas de afeitar, tomaba demasiadas pastillas como para sobrevivir, se pegaba un tiro en la cabeza. Mientras tanto, en la realidad, mi mamá lloraba y me amenazaba. Si te vas, me mato. Si no te quedas conmigo, dejarás de ser mi hija. Fingía desmayos y predecía que iba a morirse cada vez que discutía conmigo. Decía que sufría muchas enfermedades, pero la única verdadera era mental. Tomaba doce miligramos de ansiolíticos al día, y yo me encerraba con la computadora, con los audífonos en los oídos, tratando de no escuchar sus golpes en la puerta y los gritos suplicando que saliera. Una mañana despertó con la boca manchada de un polvo blanco, casi inconsciente, balbuceando incoherencias. El blíster de pastillas vacío, una cantidad desconocida de ansiolíticos en el interior de su cuerpo. Comencé a llorar. Llamé a una ambulancia y esperé a su lado, tomándole la mano. ¿Era mi culpa? Era el año 2000, yo tenía dieciséis años y esto recién comenzaba.

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¿Cuándo fue que la salud mental de mi mamá se quebró? Sin duda fue durante ese año. Ella siempre había tenido problemas con mi abuela. Por eso, para ella su tía Olga era su verdadera madre. Le decía mi Mita, diminutivo de la palabra “mamita”. En el 2000, Mita sintió un dolor conocido, un dolor insoportable en el pecho que le indicaba que estaba teniendo su tercer infarto. Entonces llamó a mi mamá. Ella llegó rápido, pero no pudo ayudarla y la vio morir en sus brazos.

Mundos íntimos. Luego de seis años de no hablar con mamá, nos vimos y pude disculparla por haberme hecho la vida tan difícil

Jennifer con su mamá, hace poco, luego del reencuentro.

Todo el apoyo emocional que Mita le daba cada día se desvaneció en ese momento. No podría llamarla cada mañana ni contarle sus problemas. No se volvería a reír con sus ocurrencias. Mi mamá cayó en una fuerte depresión. Y su pérdida hizo que se aferrara a mí. Comenzó a tener miedo a salir a la calle, pero también a quedarse sola en casa. Tres años después, una infección generalizada por una mala operación casi termina con su vida. Desde ese momento, nunca más volvió a sentirse físicamente bien. Se había convertido en una enferma sin cura. Iba a diferentes médicos, pero todos le decían que nada fallaba en su interior. Pero algo no estaba bien. Su obsesión por retenerme a su lado crecía de manera desmesurada.

Cuando publiqué “Ella”, en 2012, ya había dejado de hablar con mi mamá un año antes. En la historia, la madre muere; la hija, de sesenta años, que ha pasado todo ese tiempo encerrada junto a su madre, recuerda su vida como un perpetuo sometimiento a la manipulación y obsesión materna, y al daño irreparable que no le permite ser libre ni siquiera después de su muerte.

Mi propia madre también me hizo daño. Durante una década se dedicó a controlar cada uno de mis movimientos: me llamaba sin parar, acosaba a mis amigos y colegas de trabajo para saber dónde estaba, me esperaba en la ventana hasta que llegara, sin importar la hora. También propició que mi hermano y yo termináramos distanciados, sin dirigirnos la palabra durante muchos años, porque inventó que yo era indiferente a sus continuos problemas de salud, mientras que a mí me decía que él la insultaba sin parar y siempre le hablaba mal de mí.

Mundos íntimos. Luego de seis años de no hablar con mamá, nos vimos y pude disculparla por haberme hecho la vida tan difícil

En Lima. Jennifer con su mamá cuando estaba aprendiendo a caminar.

El personaje de mi novela llegó a odiar a su madre y le deseaba la muerte. Yo solo sentía dolor y vergüenza de mí misma por sucumbir ante sus amenazas. Pero, a diferencia de mi personaje, logré escapar. Tenía veinticuatro años y había encontrado a alguien con quien quería compartir mi vida, alguien por quien sería capaz de marcharme sin decir nada o apagar el teléfono para que las continuas llamadas de mi mamá no interrumpieran los momentos que pasábamos juntos.

Me voy, le dije a mi mamá con firmeza. Me voy de la casa. Mi mamá no se suicidó, pero tiró a la basura mis libros, colecciones de discos, ropa, casi todo lo que me pertenecía, antes de que yo pudiera llevármelos conmigo a mi nueva casa. Lo mismo había hecho años antes con las cosas de mi papá, que lanzó por la ventana cuando decidieron separarse. Cada vez que me llamaba, lloraba sin parar pidiéndome que volviera. Varias veces apareció en la casa donde vivía con Francisco, mi pareja, y golpeaba la puerta sin parar.

Yo, cobarde y aterrorizada, me encerrada en el dormitorio, mientras Francisco le pedía que se fuera. Seguía haciéndome daño; seguía sintiéndome culpable por dejarla. ¿Qué iba a pasar conmigo si ella se lanzaba del tercer piso o se provocaba una sobredosis? Sus crisis continuaron. Hasta que un día dejé de hablarle. Francisco y yo habíamos trabajado mucho para conseguir una beca e irnos juntos a estudiar un doctorado en Estados Unidos. Incluso después de recibir la aceptación de la universidad, tuve miedo de que nos negaran la visa. Se lo conté a mi mamá por teléfono. Ella me dijo: te van a negar la visa y te vas a quedar aquí. Sus palabras me dolieron muchísimo: mi mamá quería que nuestro futuro se destruyera; necesitaba que todo se quebrara para mantenerme a su lado. No quiero saber nada más de ti, le dije y colgué.

No hablé con ella durante los siguientes seis años. Pero en todo ese tiempo me escribió un cantidad enfermiza, innumerable, de correos. Siempre decía que era la peor hija y que yo le debía todo por haberme dado la vida. La bloqueé de mi correo y guardé silencio. En ese lapso de tiempo publiqué mi novela, y en las entrevistas defendía al personaje de la hija porque en realidad me estaba defendiendo a mí misma. Siempre repetía: uno no tiene que querer a alguien que te hace daño, no importa que sea tu madre. Algunos lectores me confesaban que habían pasado por lo mismo o conocían a alguien con una madre similar a la de la novela. Y yo les respondía, con cierto cinismo, que no podía creer que existieran madres así, cuando bien conocía a una muy parecida: la mía.

¿Tu mamá ha leído la novela?, me preguntaban a veces los periodistas culturales. ¿Cuánto hay de realidad en “Ella”? Es ficción, una ficción exagerada, ¿quién no se ha peleado con sus padres alguna vez?, respondía. Pero ocultaba que había escrito esa novela con los ojos llenos de lágrimas. Pensé que nunca podría perdonarla no solo por la forma en que me había dañado, sino porque reconocía que muchos de mis defectos se los debía a ella. Quizá me parecía a ella más de lo que quería admitir. Mi descontrol cuando me molesto. Mi depresión que nunca termina de curarse. Mi adicción a las pastillas. Mi necesidad de encontrar culpables cuando algo me sale mal. Quizá mis ojos son lo único que le debo a ella y me gusta. Esos ojos que son sus ojos, se reflejan en el espejo y me miran como ella me miraba a mí: a veces con ternura, otras con desaprobación.

No sé por qué hace unos meses decidí volver a hablarle. Quizá porque el año pasado mi papá estuvo a punto de morir de cáncer. Quizá porque que mi tía Frieda, a quien consideraba mi segunda madre, sufrió un infarto cerebral y murió un día después de mi cumpleaños. Quizá porque, después de seis años en Filadelfia, Francisco y yo habíamos terminado el doctorado y nos íbamos a mudar a una nueva ciudad. Íbamos a volver a comenzar. ¿Podía realmente volver a comenzar sin arrastrar conmigo las cicatrices del pasado? Quizá la insistencia de mi hermano, que me seguía en Twitter y trataba de contactarme por ese medio, me hizo pensar que podía reconciliarme con ellos. Pero creo que lo más importante fue que ya no necesitaba que mi mamá me pidiera perdón. No necesitaba escuchar esa palabra porque en el fondo, muy en el fondo, ya la había perdonado. Le escribí un correo. Voy a ir a Lima en dos semanas, le dije. Nos vemos en Lima. Francisco, que se iba a quedar en Filadelfia, estaba preocupado. ¿Vas a verla justo la única vez que no voy contigo? ¿Estás segura?, me preguntó. Le dije que sí. Que estaba segura. Subí al avión pensando que iba a volver a verla. Nunca creí que eso hubiera sido posible.

Cuando llegué a Lima, mi papá me comentó que no le parecía una buena idea. Tú mamá está loca, me dijo. Puede hasta matarte.Por eso prometió que iría conmigo. Sin embargo, por primera vez en muchos años, iba a verla sin tenerle miedo. Esperaba que se pusiera a llorar y me reclamara por el abandono prolongado, que me dijera lo mala hija que había sido por el silencio que parecía que nunca iba a terminarse. Pero no fue así: mi mamá me recibió con una sonrisa, me besó quizá con temor, me preparó el almuerzo, me enseñó su nuevo departamento. Ella, al igual que yo, había escapado de la casa en que antes habíamos vivido.

Después de muchos años lastimándonos, mi mamá y yo nos reímos juntas otra vez. Y en un momento de silencio, inesperadamente me tomó las manos y me pidió perdón. No sentí que fuera necesario. La estábamos pasando bien, eso era lo que importaba. Ya la había perdonado. No vamos a hablar de cosas negativas, le dije. Y, por primera vez en seis años, la abracé. Ya no quise alejarla de mi lado: no sentí repulsión, no sentí miedo, no sentí dolor. La había perdonado de verdad.

Mi mamá no es una persona normal. Todavía tiene problemas psicológicos, pero ha mejorado mucho. Lleva una vida sencilla y ordenada: lee –por ejemplo mi novela en cada una de sus ediciones–, pinta mandalas, ve programas de televisión que la entretienen, intenta dejar de fumar. Me escribe varias veces al día y yo le respondo porque ya no me molesta escribirle para que sepa lo que me está pasando. Habla sin parar y me cuenta varias veces lo que ya me ha dicho antes. A veces tengo que decirle que no esté repitiendo lo mismo todo el tiempo. Quizá no se da cuenta. A veces su acoso me llena de ansiedad, por eso aun no estoy preparada para darle mi teléfono.

Todavía toma pastillas, pero menos que antes. Sin embargo, sé que toda mejoría será siempre incompleta. Mi mamá no es normal, nunca va a serlo. Todavía sigue llamando compulsivamente a personas que ella supone pueden informarle sobre mí, gente con la que en muchos casos ni siquiera tengo mayor relación. Por eso casi nadie le contesta el teléfono. Ahora le aconsejo: no acoses a la gente, no me escribas diez veces al día porque ya sé que me has escrito y voy a responderte cuando pueda, deja tranquilo a mi hermano porque él tiene menos paciencia que yo. A veces extraño su fuerza, aunque no creo que la haya perdido del todo. A veces pienso que quizá alejarme de ella fue lo mejor. Sané. Dejé de tenerle miedo. Y ella se dio cuenta de sus errores. Quizá ahora que las pesadillas se han desvanecido lo que me falta es aprender a quererla sin pensar que el algún momento volverá a dañarme. Quizá después de seis años al fin sea posible.

——–

Jennifer Thorndike nació en Lima en 1983. Es escritora y académica. Actualmente vive y enseña literatura en Illinois. Se doctoró en Estudios Hispánicos en la Universidad de Pennsylvania. Ha publicado las novelas “Ella”, “Esa muerte existe” y los libros de cuentos “Cromosoma Z” y “Antifaces”. Ha participado en diversas antologías y sus cuentos se tradujeron al portugués, francés e inglés. Fue elegida por la FIL-Guadalajara como uno de los veinte escritores latinoamericanos más destacados nacidos durante los ochentas. Le gustan los juegos de video, colecciona “Stormtroopers” y lee todo el tiempo. Además de escritora, es gamerfriki y nerd.

Origen: Mundos íntimos. Luego de seis años de no hablar con mamá, nos vimos y pude disculparla por haberme hecho la vida tan difícil

Verdugos de ISIS obligan a madre a comerse a su propio bebé | El Diario NY

Le dan plato de “comida” que en realidad contenía los restos de su hijo
Verdugos de ISIS obligan a madre a comerse a su propio bebé
Se desconoce la identidad de las víctimas.
FOTO: GETTY IMAGES

Una esclava yazidí del Estado Islámico (ISIS) fue obligada a comerse a su propio hijo de un año, informaron fuentes del gobierno iraquí.

El activista y abogado Vian Dakhil dijo que los yihadistas le llevaron a la mujer un plato que parecía ser comida cuando en realidad eran los restos del menor.

La madre había estado por días sin comida en una celda.

“Después le trajeron un plato con arroz y carne”, indicó este lunes Dakhil a medios televisivos de acuerdo con Middle East Media Research Institute.

“Ella se comió el ‘alimento’ porque estaba muy hambrienta. Cuando terminó, le dijeron: ‘Nosotros cocinamos a tu hijo de un año, y eso es lo que acabas de comer’”, relató el activista.

No se ha divulgado la identidad de las víctimas ni la fecha del incidente.

Miles de miembros de esta minoría religiosa milenaria han sido ejecutados por ISIS en los últimos años.

Las Naciones Unidas (ONU) reconoció el genocidio cometido contra este grupo entre el 2 y 3 de agosto de 2014, en la ciudad de Sinja, en Siria. Al menos 5,000 hombres y niños fueron asesinados y más de 7,000 mujeres y niñas corrieron el mismo destino.

El yazidismo es una religión minoritaria que se remonta al año 2,000 a.C. Tiene sus orígenes en el Zoroastrismo o en las enseñanzas del profeta iraní Zoroastro.

La mayoría de sus seguidores habita en Irak.

Origen: Verdugos de ISIS obligan a madre a comerse a su propio bebé | El Diario NY

 Atrapada con cinco hijos en España

Angi cuida en Leganés a cinco hijos, uno minusválido, con unos ingresos de 440 euros

Angi Viteri, con tres de sus hijos al fondo.

Atrapada en España con sus cinco hijos. Así es como se siente Angi Viteri 17 años después de emprender viaje desde su Quito natal. Le habían explicado que aquí los sueldos eran muy altos y creyó que merecía la pena dejar atrás un buen empleo de auxiliar contable en Ecuador. Sus padres necesitaban ayuda económica. Como muchos de sus compatriotas, empezó con en la huerta murciana.
«Cada mañana había que ‘echarse’. Si tenías suerte te cogían y si no, no ganabas nada. Había que soportar malos tratos y un trabajo infernal», recuerda. ‘Echarse’ era intentar que te cogieran las furgonetas clandestinas que transportaban esa mano de obra tan barata.

LA TRAGEDIA DE LORCA

Hasta que un día vio la muerte de cerca. España se conmocionó el 3 de enero del 2001 con el fallecimiento de 12 ecuatorianos arrollados por un tren en Lorca. Angi tenía plaza reservada en esa furgoneta pero los patronos quisieron llevarse también a una amiga suya, que justamente se había comprometido a cuidarle el bebé. «Sin nadie con quien dejarlo tuve que quedarme en la casa», recuerda. Su amiga murió y ella se marchó al poco.
Ahora vive en Leganés, un suburbio de Madrid, haciendo piña con sus pequeños. La mayor, Lil, la bebé de Lorca, tiene ya 16 años, Alison cuenta 12, Marc 7 y Ashly 18 meses. En medio, Mike, con 8 años, es el centro de toda la familia. Sufre una minusvalía del 85% desde que nació que le afecta a toda la actividad motora, especialmente a los pulmones.

Angi Viteri

«Quise apuntarme a un programa de retorno a Ecuador pero mi exmarido me lo impidió»

“Nació muerto, pero lograron reanimarlo”, rememora entre lágrimas. A sus ocho años apenas puede pronunciar la palabra “mamá”, pero sabe hacerse entender. Sus hermanos han aprendido a descifrar sus gestos. Les basta con una mirada.
Cualquiera que tenga cinco hijos y una renta media se las vería para llegar a fin de mes. Angi ni se acerca. Lleva en el paro más de un año y solo cobra los 440 euros de la dependencia de Mike. Le acaban de quitar la renta mínima de inserción, 580 euros, porque no ha presentado unos papeles que el juzgado tramita con lentitud cósmica.
Su exmarido nunca le ha pasado ni un euro desde que lo denunció por violencia machista. Logró zafarse de la policía durante años hasta que lo detuvieron por otro delito. Sólo sabe que está en Barcelona encarcelado pero tampoco le manda nada.

ARREPENTIDA DE HABER VENIDO

“¿Te has arrepentido de tener tantos niños?”, le pregunto. Pone cara de sorpresa: “¿De que serviría? De lo que me he arrepentido es de haber venido a España”. Intentó acogerse a un programa de retorno de la embajada de Ecuador pero su ex se negó a firmarle el permiso para llevarse a sus hijos. Tampoco le puede quitar la custodia por violencia machista porque retiró la denuncia por consejo de su abogado de oficio. Un hacha.
Save the Children ayuda a sus niños con clases de refuerzo y actividades lúdicas, además de con aportaciones para la comida y el equipamiento escolar. Lo hacen desde el Centro de Recursos Infancia y Adolescencia (CRIA) Colorearte creado a partir de un convenio con el ayuntamiento. Atienden a 75 familias y a 165 niños en riesgo de exclusión social.
Angi lleva a Mike a un colegio especial público pero este ha recortado muchas de las prestaciones quesu minusvalía requeriría y se atormenta porque no puede pagárselas. Hace un año estuvo a punto de entrar a trabajar en rustidero de pollos, pero cuando se enteraron de que tenía cinco hijos cogieron a otra. “Siempre tendrá uno que se ponga malo”, le explicaron sin rubor.

Origen: Pobreza infantil: Atrapada con cinco hijos en España

España nunca fue un pais para emigrar y hacerse de una buena posición,hasta los españoles se van buscando nuevos horizontes .

No conozco personas que se hayan hecho de un porvenir como comprarse una vivienda o un coche ,la mayoria que fueron ilusionados ,regresan a sus paises de origen o buscan otros horizontes .

AB

“Dame tu mano de la misma manera que yo te ofrecí la mía cuando caminaste por primera vez”

Casi todas las relaciones padre e hijo que perduran en el tiempo tienen una etapa en que el hijo piensa que sabe más que el padre sobre la vida, el amor y casi todo lo demás. Pasa cuando los niños se convierten en adultos y los padres llegan a la vejez cuando los primeros creen que se intercambian los roles. Pero no es tan así, pues muchas veces se olvidan que su madre o padre, a pesar de lo desactualizado, conservador o ignorantes que pueda parecer, son los que les enseñaron cosas importantísimas en la vida y tienen mucha más experiencia en ella.

Por eso esta mamá se sentó a escribir una nota a su hija para cuando llegue a la vejez. Este consejo te será tan inspirador que querrás llevarlo a tu propia vida.

Mi querida niña,

El día que veas que me estoy volviendo vieja, te pido que por favor tengas paciencia, pero más que todo, trata de entender por lo que estoy pasando. Si cuando hablamos repito lo mismo mil veces no me interrumpas para decir: “Ya dijiste lo mismo un minuto atrás”… Sólo escucha, por favor. Trata de recordar cuando tú eras pequeña y yo te leía la misma historia, noche tras noche, hasta que te quedabas dormida.

Cuando no me bañe no te enojes o te sientas avergonzada de mí. ¿Recuerdas cuando tenía que correr detrás tuyo, inventando excusas para meterte a la ducha cuando eras apenas una pequeña niña?

Cuando veas lo ignorante que soy respecto a las nuevas tecnologías, dame tiempo para aprender y no me mires de esa forma… recuerda, cariño, que pacientemente te enseñé cómo hacer muchas cosas cómo comer apropiadamente, vestirse, peinar tu cabello y enfrentar problemas de vida diarios… el día que veas que me estoy volviendo vieja, te pido que por favor seas paciente, pero más que todo trata de entender por lo que estoy pasando.

Si ocasionalmente pierdo el hilo acerca de lo que estamos conversando dame el tiempo para recordarlo. Y si no puedo, no te pongas nerviosa, impaciente o arrogante. Sólo tienes que saber en tu corazón que la más importante para mí es estar contigo.

Y cuando mis piernas viejas y cansadas no se muevan tan rápido como antes, dame tu mano de la misma manera que yo te ofrecí la mía cuando caminaste por primera vez. Cuando esos días vengan, no te sientas triste… sólo quédate conmigo y entiéndeme mientras llegó a la recta final de mi vida con amor. Aprecio y te agradezco por el tiempo que me regalaste y las alegrías que compartimos. Con una gran sonrisa y el tremendo cariño que siempre he tenido por ti, sólo te quiero decir, te amo… mi querida hija.

Origen: Una madre le escribió a su hija una carta tan bella sobre la vejez que te emocionará hasta llorar | Upsocl

Tiene 4 años, fue abusado y acusa a su abuelo y a su madre | Tribuna de Periodistas

PEDERASTIA: “SECRETOS DE FAMILIA”

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La historia es trágica, y lo peor, es real. En estas horas, se tramita ante la Cámara de Apelaciones en lo Penal de Instrucción de los Tribunales de Tucumán a cargo de los Magistrados Liliana Susana Vitar, Enrique Pedicone y Eudoro Ramón Albo, el pedido de elevación a juicio oral de un abuelo y la madre por ser presuntos autores materiales del delito de abuso sexual infantil “agravado por la convivencia y el parentesco en perjuicio de un niño de 4 años de edad”.

El abuelo es un conocido arquitecto de Tucumán y ex funcionario público.

Lo increíble del caso es cómo la propia criatura de tan corta edad acusa a su madre, en oposición a que la mayoría de estos delitos permanecen impunes ya sea por confabulación judicial, la presión que ejerce el depredador y la complicidad familiar.

A pesar que por disposición judicial el niño vive con su papá y que dos fiscales piden que se incluya en la elevación a juicio oral también a la progenitora por este delito aberrante, el Defensor de Menores e Incapaces de la 2º Nominación Silvio Maza Villalba insiste con que deben continuar las visitas de ésta con el niño sin la presencia de terceros.

La valentía de esta criatura para denunciar los hechos, incluso en sede judicial y la vulnerabilidad en que lo coloca el Defensor de Menores con sus disposiciones, pone en serio riesgo la integridad física y psíquica del pequeño, razón por la cual se espera con urgencia la decisión de los Magistrados de Cámara a fin de la elevación a juicio oral de ambos tal cual lo solicitan: el Fiscal en lo Penal de Instrucción de la VIIa Nominación, Dr. Arnoldo Gustavo Suasnabar y el Fiscal de Cámara de Apelaciones en lo Penal de Instrucción Dr. Alejandro Noguera.

El siguiente video Forma parte del expediente la estremecedora denuncia y defensa que el propio niño ejerce sobre sí mismo, a pesar de sus 4 años, cuando en dos diálogos diferentes con la madre la acusa de no haberlo protegido y por el contrario haberse complotado con la familia para entregarlo a su abuelo. Escuche la bravura y convicción de la criatura cuando enfrenta a la madre… El niño ya hizo lo más, ahora el Poder Judicial de Tucumán tiene que hacer lo menos.

Origen: Tiene 4 años, fue abusado y acusa a su abuelo y a su madre | Tribuna de Periodistas

El zoológico o la madre, ¿quién tiene más responsabilidad en el asesinato del gorila en Cincinnati? 

El zoológico de Cincinnati decidió matar el sábado a un gorila que arrastraba a un niño en su jaula. Ahora unos protestan por la muerte del gorila; otros acusan a la madre por negligencia.

Thane Maynard, director del zoológico de Cincinnati, durante una rueda de prensa el 30 de mayo de 2016 Credit John Minchillo/Associated Press

El zoológico de Cincinnati decidió matar a un gorila que arrastraba a un niño que había en su jaula. Parecía la decisión correcta en el momento.

Pero los defensores de los derechos de los animales organizaron una vigilia frente al zoológico para recordar al gorila, Harambe, un macho que pesaba más de 190 kilos. Y ya circulan peticiones en la red que culpan a la madre del niño por negligencia. Este lunes, dos días después de los hechos, el parque tuvo que convocar una rueda de prensa para defender su decisión ante el coro de ira desatado.

En una conversación con reporteros, Thane Maynard, el director del zoológico, rechazó lo que se está diciendo sobre la decisión de matar al gorila, una especie protegida, en vez de utilizar un dardo tranquilizador.

Después de que el niño, de cuatro años, saltara la barrera del lugar en el que se exhibía al gorila y cayera dentro de su foso, Harambe mostró mucho interés por el niño. Maynard explicó que “lo estaba arrastrando. La cabeza se golpeaba contra el cemento. No era algo agradable. El niño estaba en riesgo”.

El director argumenta que un dardo tranquilizante habría hecho perder minutos claves para inmovilizar al gorila y podría haber asustado al animal, generando una situación de mayor peligro aun. Según Maynard, el animal puede aplastar un coco con la mano y el niño tuvo suerte de que no se lo hiciera, aunque fuera sin querer, porque el gorila estaba agitado y desorientado por los gritos de la gente.

Ni el niño ni su madre han sido identificados. Pero la familia del chico publicó un comunicado a través de una empresa de relaciones públicas en el que informaba que se encontraba bien tras ser dado de alta en el hospital.

“Le estamos agradecidos al Señor porque nuestro hijo está seguro”, dijo la familia. “Extendemos nuestra gratitud de corazón a la rápida actuación del personal del zoológico de Cincinnatti. Sabemos que fue una decisión muy difícil y que lamentan la pérdida del gorila”.

Pero en Twitter, Facebook y varios foros, decenas de miles de personas han expresado críticas crueles ante la incapacidad de la madre a la hora de proteger a su hijo.

Una petición en línea ha alcanzado las 180.000 firmas para investigar a la madre del menor por negligencia. La policía de Cincinnati dijo el martes que iba a investigar lo sucedido en el zoológico. “En este momento solo queremos ver que fue lo que paso,” dijo una vocera de la policía. “No puedo decir que alguna persona va a ser acusada de algo”.

Muchos han dicho que el animal, inocente, no merecía morir.

Un comentario, firmado por Shannon Blackmer de Raleigh en Carolina del Norte, resume el sentir de muchos: “La negligencia de una mujer le costó la vida a un primate y casi cuesta también la de su hijo”.

El lunes, en las afueras del zoológico, los defensores del gorila sostenían carteles en los que se leía “Harambe descansa en paz” o “en memoria de Harambe”. Dentro había flores frente a la estatua de un gorila.

Los testigo que estaban en el zoológico cuando sucedió dicen que de alguna manera el niño pasó la barrera, se escurrió entre unos arbustos y cayó al foso.

Durante diez minutos Harambe sujetó al niño sobre él; a veces parecía de protección pero en otros momentos se movió a través del foso mientras tiraba de él con violencia agarrándole por un codo. Se oía como una mujer gritaba “mami te quiere”.

El director dice que las barreras han pasado los controles de seguridad y nadie las había pasado desde que se inauguró en 1978. “Las barreras son seguras”, dijo Maynard. “Sea cual sea la barrera siempre podrá pasarlas alguien”.

Hay gente que defiende a la madre.

Kevin Figueroa Torres, que abrió una página de Facebook en su apoyo, dice que aprendió lo complicados que son los niños al trabajar durante cuatro años en un jardín de infancia. “Me molesta que la gente actúe como si los niños no escaparan o no hicieran cosas como esa”.

Brittany Nicely afirma que estaba cerca cuando el niño cayó al foso y dijo que todo sucedió muy rápido y que la madre no actuó de manera negligente.

“Tenía otros tres niños con ella y un bebé en brazos”.

Origen: El zoológico o la madre, ¿quién tiene más responsabilidad en el asesinato del gorila en Cincinnati? – Español

‘Mis 42 años disfrazada de hombre para que a mi hija no le faltara el pan’ 

Aún hoy, vestida de hombre, Sisa trabaja de limpiabotas en las calles.

El relato de la mejor madre de Egipto

  • Me afeité la cabeza, me puse un turbante’…

  • Así fue cómo la menuda Sisa se hizo peón de albañil y limpiabotas

  • Al enviudar su familia le decía que no era respetable que una mujer trabajara

  • Ella se rebeló. ‘Cuando me descubrían me insultaban y acosaban’

FRANCISCO CARRIÓN-El Cairo

Me llamo Sisa Abu Dauh. Nací en 1950 en Al Aqaltah, un pequeño poblado de felahin (campesinos), a unos kilómetros del Luxor de los templos y tumbas de faraones que visitan los forasteros. Yo, en cambio,nunca salí de mi aldea. No fui a la escuela. No sé leer ni escribir. Era apenas una muchacha cuando me casé con un señor de Qena [ciudad y capital de una provincia del Alto Egipto, a 50 kilómetros al norte de Luxor]. No recuerdo bien la edad que tenía entonces, pero no más de 20 años. Enviudé poco después. Mi marido murió en el sexto mes de mi primer y único embarazo. Lo pensé y tomé una decisión: si nacía varón se lo entregaría a la familia paterna. En el caso de que el bebé resultara ser hembra, me haría cargo de su cuidado y educación. Lo tenía claro: le dedicaría mi vida. Y di a luz a una niña. La llamé Hoda y a partir de entonces juré que jamás le faltaría un pedazo de pan que llevarse a la boca.

Luego comprendí que cumplir la promesa no sería sencillo. Mi familia tenía otros planes para mí. Mis hermanos quisieron casarme de nuevo y por el salón de nuestro hogar desfilaron pretendientes de todas las edades. Siempre les recibí, les ofrecí un té y rechacé amablemente la oferta de una boda que me habría obligado a dejar a mi hija en el regazo de la familia de mi difunto esposo. En casa no entendían cómo una viuda indefensa y sin ingresos podría sacar adelante a su criatura. Sugerí mi intención de buscar un empleo con el que arañar unas cuantas libras. Se negaron. No era respetable -argumentaron- que una mujer saliera cada mañana a la calle para ganarse el jornal. Entonces hallé una solución. Si una mujer -me dije- no podía trabajar, no me quedaba otra que ser hombre.

La fuerza de 10 hombres

Me afeité la cabeza, me puse un turbante y oculté mi figura bajo una holgada galabiya (túnica). Y, como cualquier otro muchacho de mi pueblo, me fui a buscar un sueldo por escaso que fuera y por penoso que resultara el trabajo. Era joven y todavía tenía la fuerza de 10 hombres. Me partí el lomo como el que más. Primero me marché a Asuán, a 200 kilómetros al sur de Luxor siguiendo el curso del Nilo. Trabajé en el campo empuñando la hoz. Después me hice peón de albañil. Durante siete años fui uno más de la cuadrilla. Como el resto de mis compañeros transporté sobre mis hombros espuertas cargadas de cemento. Nunca me quejé. Y eso que me enfrenté a no pocas molestias.

Cuando descubrían mi secreto, me insultaban y acosaban. Curada de espanto, no me volví a separar de una estaca de madera. También me cargué de paciencia. Llegué a la conclusión de que me convenía ser ciega, sorda y muda. Ignoré los ataques que se mofaban de mi aspecto y de que trabajara para alimentar a mi hija. Pero he de decir que, en la mayoría de los casos, los hombres con los que compartí tareas agrícolas y faena a los pies del andamio me miraron siempre como a un hombre. Lo que cuenta es que trabaja bien, solían decir para saciar la curiosidad de los extraños. Y todos felices.

Había ocasiones incluso en las que al atardecer, concluida la jornada, me reunía con mis colegas de tajo en los cafés del pueblo. Bebíamos té y fumábamos cigarrillos. Con el tiempo, empezaron a llamarme Abu Hoda (el padre de Hoda) y aceptaron que rezase con ellos en la mezquita.

Han pasado ya 42 años desde aquella mañana en la que crucé la puerta vestida de hombre. No me arrepiento. Nunca dediqué demasiada energía a ocultarme. Cuando me flaquearon las fuerzas y aparecieron los primeros achaques, cambié la obra por un oficio más cómodo: limpiabotas. Aún sigo dando lustre a los calzados de los hombres que recorren las calles polvorientas de Luxor. Arrastro por la ciudad mi cajón de madera con betunes y trapos que hace tiempo compré por un módico precio. Gano a diario alrededor de 20 libras egipcias [alrededor de dos euros]. No es ninguna fortuna porque tengo a cargo a mi hija, su marido y seis nietos. Su esposo es también pobre y está enfermo. Soy la única que lleva algo de dinero a casa.

[“Camino con la cabeza alta. Ella no sólo es mi madre sino también mi padre y todo en mi vida. Es una mujer muy fuerte. Nunca ha aceptado ninguna humillación y es una señora muy humilde. Incluso en casa viste de hombre”, confirma a Crónica su hija Hoda].

Sisa, enfundada en ropa de hombre, recibió hace unas semanas el diploma que le distingue como madre ejemplar del año de manos del gobernador de Luxor, donde vive.

Jamás, como dije, fue mi intención camuflarme. Mis vecinos pronto supieron de mis andanzas y la historia corrió por la aldea y los alrededores. Hoy todo el mundo en Luxor, desde el niño más joven al anciano más longevo, conoce que bajo mi atuendo vive una mujer. Hace unas semanas el gobernador de la ciudad me entregó el diploma a la madre ejemplar del año y me regaló un quiosco donde poder trabajar sin tener que patearme las calles. No me siento cansada. Le doy gracias a dios por lo que me ha dado desde que opté por buscarme la vida. Quién lo hubiese imaginado. Estos días estoy en El Cairo alojada en la vivienda de unos familiares.

Pasillos de mármol

El pasado domingo el presidente de Egipto, Abdelfatah al Sisi, me recibió en su palacio. Nunca había pisado pasillos de mármol tan relucientes ni me había sentado en sillones tan lujosos. El rais me condecoró con el galardón a la madre egipcia más extraordinaria. Yo acudí a la cita como lo he hecho durante las últimas cuatro décadas: con la galabiya marrón oscuro, el turbante claro y la kufiya (pañuelo palestino) verde alrededor del cuello que mi hija me había comprado la víspera. Ella sí que es mi verdadero premio.

Al transitar por las estancias del palacio recordé que mi familia me prometió un ajuar de oro y una nueva vida si entregaba a Hoda a los parientes de mi marido. Jamás acepté el porvenir que me tenían guardado. Y cuidé a mi hija, que nunca conoció más familia que yo misma. Ella está en mi corazón y en mis ojos. Mi mayor desvelo es qué será de ella y sus retoños cuando me marche. Hasta entonces, que dios quiera que sea dentro de mí, he decidido que no le falte de nada. Seguiré llevando esta ropa. Moriré con la galabiya puesta. Me he acostumbrado. Es toda mi vida y no puedo cambiar ahora.

Origen: ‘Mis 42 años disfrazada de hombre para que a mi hija no le faltara el pan’ | Crónica | EL MUNDO

Madre de 13 está embarazada a los 65 y tendrá cuatrillizos

Madre de 13 está embarazada a los 65 y tendrá cuatrillizos

BERLÍN (AP) — A los 65 años de edad y ya con 13 hijos, una madre alemana se alista para dar a luz nuevamente, esta vez a cuatrillizos.

El diario Bild y la televisora RTL informaron el lunes que Annegret Raunigk, una maestra de Berlín que está cerca de jubilarse, espera dar a luz a los cuatro bebés en dos meses más.

Raunigk ya tiene hijos, que van de los 9 a los 44 años de edad, de cinco padres. Dijo que decidió volver a quedar embarazada porque su hija de 9 años quiere un hermanito.

Su decisión fue criticada por profesionales de la salud porque consideran que entraña un riesgo para ella y para los bebés.

“El embarazo de una mujer mayor de 45 años tiene que ser considerado de alto riesgo, cuando ocurre en una mujer mayor de 60 años el riesgo es extremo”, dijo a la agencia dpa el doctor Holer Stepan, jefe de obstetricia en la Universidad de Leipzig.

Esta vez, la mujer prefirió recurrir a óvulos donados fueron fertilizados e implantados en una clínica fuera de Alemania, informó el Bild.

“El cuerpo de una mujer de 65 años definitivamente no está diseñado para llevar un embarazo, ni el de un niño, menos el de cuatrillizos”, dijo.

Raugnik prefirió recurrir a óvulos donados fueron fertilizados e implantados en una clínica fuera de Alemania, informó el Bild.

La mujer defendió su decisión diciendo: “Pueden verlo como quieran, pero yo voy a verlo de la forma que yo creo que es la correcta. ¿Cómo debe comportarse uno cuando tiene 65 años?”.

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