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¿El aborto es siempre un crimen?

Quiero Saber

Por: Idaysi Capote

Las leyes a favor o en contra del aborto las dictan hombres generalmente; cuando el embarazo es una exclusividad femenina desde Génesis hasta este milenio, hasta este minuto.

Cuando vives en una sociedad comunista como la cubana, es común que el sexo y la creación se sientan separados; desde un lado de la vida que no imaginan los que saben de izquierdas: por discursos, libros, teorías, o viajes turísticos.

Ante una existencia caótica; repleta de “hambre, de hombres y de hembras” -parafraseando el título de Daína Chaviano- se mezclan estos tres componentes y se termina en un éxtasis a favor de la subsistencia… se intenta vivir a toda costa.

Una cama, en el mejor de los casos; un cigarrillo ocasional, y esperanzas que chocan con la frustración en cada víctima de la dictadura anticubana.

En millones de encuentros se da la intimidad como un refugio para el…

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¿Los pobres son idiotas? 

La pregunta surge luego de una conversación con un amigo mío. Creo que cada persona tiene el derecho de hacer lo que desee con el fruto de su trabajo. Consecuentemente no estoy de acuerdo con que el Estado obligue a los trabajadores a ahorrar en fondos de pensiones (no estoy en contra del ahorro, sino […]

Origen:  Libertad USA

La migración calificada, otra causa de la pobreza

 

Claves del subdesarrollo

Por Arturo Prins *

Ultimamente ocupan la atención periodística las migraciones de ciudadanos que huyen de países empobrecidos a naciones desarrolladas, en busca de una vida mejor. Gobiernos, organizaciones de la sociedad civil y la Iglesia católica, por la importancia que el papa Francisco le ha dado al tema, establecen políticas y manifiestan preocupación por tan dolorosa situación.

Juan Pablo II designó Padre de los Migrantes al sacerdote Juan Bautista Scalabrini, al que beatificó en 1997 “por su amor a los pobres y en particular hacia los migrantes, convirtiéndose en apóstol de personas obligadas a abandonar su patria, en condiciones muy difíciles. De de estas personas -concluye el Papa- Scalabrini se convirtió en padre y guía”. Inspirados en él, los padres misioneros scalabrinianos crearon el Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos.

Diego Carámbula, investigador de este Centro y doctor en Administración de Empresas (UCA), acaba de presentar su libro El círculo vicioso del talento, donde resume su tesis doctoral sobre otra migración, menos difundida y por ello más ignorada, pero de gran importancia en el desarrollo de los países: la Migración Calificada, contracara de la migración antes mencionada que sería no calificada. El libro debe ser leído por economistas y políticos, especialmente argentinos y latinoamericanos, pues analiza exhaustivamente una causa principal de nuestra pobreza.

CIFRAS QUE IMPRESIONAN

La estadística inicial impresiona: en el mundo hay unos 214 millones de migrantes calificados, con alta formación universitaria en ciencias duras, de ingenierías especialmente; juntos harían la quinta nación más grande del mundo; la migración no es sólo de sur a norte pues el 40% de los migrantes se trasladan de un país en desarrollo a otro; los extranjeros son autores de la mayoría de las innovaciones patentadas; anualmente se precisan 45 millones de nuevos profesionales en el mercado global, la mayoría de ellos jóvenes; hay 4,3 millones de estudiantes que se forman fuera de su país de origen, y uno de cada cinco lo hacen en los Estados Unidos, el país que más atrae a migrantes calificados pues tiene las mejores universidades; le siguen varios de Asia-Pacífico y nórdicos como Dinamarca, Finlandia y Noruega; Australia se destaca también por sus buenas universidades y Singapur por el comercio internacional y la inversión extranjera.

La Argentina, en cambio, sobre 60 países analizados, está en el puesto 32; consultadas 803 empresas, ocupamos el cuarto puesto entre los mercados con mayor escasez de personal calificado en el mundo.

El libro de Carámbula muestra estudios sobre la Argentina realizados por expertos en migración calificada. Para el sociólogo argentino Lelio Mármora, docente en Políticas de migraciones internacionales, nuestro país tiene la mayor emigración profesional de la región, lo que implica un costo ya que gran parte de los que se van se formó en universidades públicas gratuitas, o en privadas donde se pagó la capacitación.

Adela Pellegrino, uruguaya y doctora en Demografía histórica, dice que los argentinos, como los uruguayos, se adaptan rápidamente a otro país, a diferencia de personas provenientes de países como la India, dado que la diferencia cultural es muy grande. Agrega que los países desarrollados atraen por el entorno que ofrecen, donde se puede investigar con premios Nobel o en polos tecnológicos de avanzada.

El argentino César Milstein emigró a Gran Bretaña, atraído por el ambiente estimulante de Cambridge, de donde surgieron 12 premios Nobel; fue a investigar con Fred Sanger, de los pocos que obtuvo dos veces un Premio Nobel de Química. Milstein ganó allí el Nobel de Medicina 1984 por haber ideado los anticuerpos monoclonales, de gran importancia en la medicina actual, habiendo perdido la Argentina los enormes beneficios del país que hoy los comercializa. La de Milstein fue una muy seria emigración calificada.

Para el también uruguayo Juan Artola, doctor en Relaciones Internacionales (fallecido recientemente), la migración calificada es un fenómeno muy grave que los gobiernos latinoamericanos no miden, o prefieren no hacerlo: “En la Argentina y América del Sur -dice- vivimos el auge de las materias primas, por lo que no prestamos atención a la Economía del Conocimiento. Esto hace que muchas personas que egresan de la universidad no sepan qué hacer y terminen viendo en la emigración una esperanza”.

Leonir Chiarello, sacerdote y filósofo chileno, director ejecutivo de Scalabrini International Migration Network, observa que en la Argentina formamos personas, financiándolas con subsidios públicos que favorecen a industrias de países centrales. “Este círculo perverso se alimenta aún más -sostiene- pues los países desarrollados utilizan una lógica que restringe la mano de obra no calificada y atrae la mano de obra calificada”.

Su estudio concluye que “la migración calificada o fuga de cerebros argentinos, existe y existirá, pues se forma a potenciales desarrolladores de la industria del conocimiento, en un país que no tiene una estrategia orientada al conocimiento, sobre todo en carreras de ciencias duras que hoy se insertan en la Economía del Conocimiento”.

Finalmente, la observación de fray Chiarello es complementada por la abogada argentina Nora Pérez Vichich, docente en Migraciones internacionales, quien afirma que para saber si la emigración calificada aumentará en la Argentina, hay que razonar hacia qué contexto de país estamos yendo, es decir, si los jóvenes tendrán un futuro. Para saber el número de emigrados argentinos de alta calificación se hizo un paneo en nuestros consulados en el exterior, detectándose entre 7.000 y 8.000 científicos. Pero el número sería mayor pues los consulados sólo registran a quienes van a realizar un trámite, pues la matrícula consular no es obligatoria.

El recomendado y exhaustivo estudio aquí resumido muestra que mientras los países desarrollados atraen a la mejor inteligencia, las naciones que la desatienden, se empobrecen y, más grave aún, colaboran gratuitamente en el crecimiento de las más avanzadas.

* Director Ejecutivo de la Fundación Sales

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En Reino Unido viven 400.000 rumanos: Rumanía es la principal perjudicada

 

Protestas en Rumanía en el año 2017 por una ley que preveía despenalizar casos de corrupción EFE

La misma corrupción y pobreza que están dejando a Rumanía sin energía ni esperanza hace que se vayan del país

Claudia Ciobanu

Después de los polacos, los rumanos forman ya el segundo grupo más numeroso de ciudadanos no británicos viviendo en Reino Unido. Más de 400.000 rumanos viven en el país, lo que multiplica por más de dos el número que había antes de 2014, cuando el mercado laboral británico levantó las restricciones que impedían su ingreso (Rumanía entró en la Unión Europea en 2007).

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Las cicatrices de la esclavitud en Brasil

 

Un miembro de la escuela de samba Paraiso do Tuiuti participa en una coreografía alusiva a la esclavitud durante el Carnaval de 2018. (12.2.2018)

El fantasma de la esclavitud espanta al país sudamericano a 130 años de su abolición. En su territorio no se ha rendido cuentas por los crímenes cometidos contra millones de personas y eso le pesa a la sociedad brasileña

El 13 de mayo de 1888, la princesa Isabel I, conocida como Isabel de Brasil por ser hija del último emperador de este país, suscribió la Ley Áurea y abolió de un plumazo la esclavitud en su territorio; sin guerra civil, como la que tuvo lugar en Estados Unidos, ni rebeliones orquestadas por la población negra, como ocurrió en Haití en 1794. Pero el suyo no fue un acto de buena fe o altruismo: en Brasil se puso fin a la esclavitud cuando la economía basada en ella se agotó por completo, 43 años después de que Inglaterra le prohibiera recurrir al comercio transatlántico de seres humanos mediante la Ley de Aberdeen.

En los 350 años que duró ese sistema barbárico, la mitad de todos los africanos secuestrados y llevados al continente americano terminaron en Brasil. Casi seis millones de personas llegaron a sus costas de esa manera; de ellas, dos millones atracaron en el viejo muelle de Río de Janeiro. Uno de cada diez murió durante la tortuosa travesía. Sus cuerpos sin vida fueron lanzados sin ceremonia alguna por un despeñadero cercano al viejo puerto carioca, junto con restos de animales y los desechos de las casas. Descubierto en 1996, el llamado “Cementerio de los Nuevos Negros” fue convertido en un monumento conmemorativo.

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Un estudio ubica a Cuba como un país más pobre de lo que revelan los datos oficiales

 

Un nuevo estudio publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) reflejó que Cuba habría perdido un “poco más del 50%” de su Producto Interno Bruto (PIB) durante la grave crisis económica de los años 90, una cifra mucho más alta que la divulgada por La Habana.

Durante los años que el régimen de Fidel Castro denominó eufemísticamente “Período Especial”, el Gobierno dijo que tras perder los subsidios soviéticos y el comercio con el bloque socialista, el PIB había caído un 35%.

Sin embargo, la crisis fue aún peor, como señala el nuevo informe del BID reseñado por el diario El Nuevo Herald.

Según destaca el diario miamense, el impacto de esta crisis todavía pesa sobre la economía cubana: “el PIB cubano se ubica un 23% por debajo de los niveles de precrisis en 1989 y un 35% por debajo del nivel de 1985”.

El citado estudio, realizado por un equipo dirigido por el economista cubano Pavel Vidal muestra además que “Cuba es mucho más pobre de lo que indican las cifras oficiales, pues estas sobrestiman el valor del peso cubano al equipararlo artificialmente al dólar estadounidense”.

Cuba tiene varias monedas, el CUC (o peso convertible) y el peso. Funcionan distintas tasas de cambio para distintos sectores de la economía. Un dólar puede ser equivalente a un peso o a 24 pesos, en dependencia de si se trata del sector estatal o del privado.

De acuerdo con el rotativo, Vidal creó una fórmula para calcular una tasa de cambio promedio que toma en cuenta el significado que tiene para el PIB cada sector de la economía que se mueva en CUCs o en pesos.

Bajo estas premisas, más cercanas a la realidad, la diferencia entre el PIB per cápita que reporta Cuba y el calculado por Vidal es de más de 4.000 dólares.

Así, en 2014 el PIB per cápita fue de “3.016 dólares, mucho más bajo que el dato de 7.177 dólares que se obtendría directamente de las cuentas nacionales cubanas empleando la tasa de cambio oficial”, señala el estudio.

La cifra oficial acercaba a Cuba al PIB de Colombia ese año, mientras que el estimado de Vidal ubica a Cuba con un PIB similar al de Bolivia, El Salvador y Guatemala.

“Llevo más de 55 años estudiando la economía cubana y no hay ningún estudio que sea más importante que este”, opinó Carmelo Mesa Lago, economista y profesor emérito (retirado) de la Universidad de Pittsburgh entrevistado por El Nuevo Herald.

“Los economistas habíamos llegado a las mismas conclusiones, pero la diferencia es que él lo prueba” con datos, añadió, en referencia al aporte de Vidal, profesor de la Universidad Javeriana de Colombia.

Para Augusto de la Torre, execonomista jefe para América Latina y el Caribe del Banco Mundial y profesor en la Universidad de Columbia, en Nueva York, “cuando hay multiplicidad de tipos de cambio y la diferencia entre el tipo más fuerte y el menos fuerte es muy grande, como en el caso de Cuba y Venezuela, la distorsión de los precios relativos es fenomenal, lo que hace muy difícil medir bien las realidades económicas”.

“En este contexto, lo que hace Pavel Vidal es un trabajo heroico y súper útil. El usa indicadores disponibles para tratar de reconstruir lo que podría ser una serie de variables macroeconómicas clave”, consideró.

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Ciudad Oculta, la ruta del paco : Sin Filtros-Video

La edad de inicio en el consumo de esta devastadora droga se sitúa ya en los 10 años

Nos adentramos en Ciudad Oculta, una de las conocidas como villas miseria de Buenos Aires.  Allí recorremos la ruta del paco, como se conoce a la pasta de cocaína y que consume el 80% de sus habitantes. Una devastadora droga que provoca la muerte de decenas de menores al mes en Argentina y donde nos encontramos con casos de consumo que comienzan incluso a los 9 años.

EL PACO GENERA ADICCIÓN DESDE SUS PRIMERAS TOMAS Y SU PODER DESTRUCTIVO ES SUPERIOR INCLUSO AL DEL CRACK

La edad de inicio en Argentina en el consumo de drogas ha descendido de forma alarmante. Los datos de la Secretaría de Programación de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico estiman que ya hay menores que muestran síntomas de adicción a la pasta de cocaína entre los 10 y los 11 años.

Las consecuencias de su terrible adicción nos la enseña en su brazo Darío en un testimonio estremecedor.

Los últimos estudios de este organismo (Sedronar) indican que el 1,6% de la población escolar alguna vez consumió paco (2015). Una cifra que se eleva en en la ciudad de Buenos Aires (2016) hasta el 2%.

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Hambre, una palabra que no distingue edad, sexo, ni religión

Cada día vemos cómo más niños, adolescentes y personas de la tercera edad buscan subsistir hurgando entre las bolsas de la basura. Son unas imágenes dolorosas que advertimos en las afueras del Metro, en las plazas, detrás de los centros comerciales y, sin ir muy lejos, en las esquinas de nuestros hogares. Esta problemática social se incrementó este último año y aquí les mostramos cuatro testimonios de personas a las que las escasez y el desabastecimiento de alimentos golpea duramente.

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Berta junto con su hijo de siete años busca comida en la basura.

Berta Parra, una mujer de 45 años de edad, no dejaba de escarbar y de meter sus manos hasta las muñecas en una bolsa negra llena de restos de verduras.

Le pregunté varias veces desde cuándo busca comida en la basura y ella no se inmutaba ante mi presencia, sino que seguía como autómata, sacando pedazos de yuca.

Una que otra vez volteaba para ver a su hijo de siete años, que la acompañaba en esa dura tarea.

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Me acomodé un poco hacia su lado izquierdo y ahí fue cuando pude ver el rostro cansado y triste de Berta.

“Tengo cerca de siete meses en esto. Nunca antes lo hice”.

Su frase fue lapidaria. “Nunca antes lo hice”, repitió casi sin fuerzas, quizá por tener el estómago pegado a las rodillas quien sabe por cuánto tiempo.

A su lado tenía otras bolas en las que guardaba con celo lo poco que conseguía.

candelaria
Este es el panorama todos los días en la esquina de Candilito.

Bajo sus uñas asomaban costras de mugre debido a la tierra de las conchas y los alimentos ya en estado de descomposición. Aún así no detenía el proceso de selección.

¿Pero sí logras sacar alimentos?

—“Sí todos los días lo hago. Tengo siete hijos, el más pequeño tiene 4 años y aquí consigo algo para llevarles comida”.

Antes de llegar a esta situación casi de indigencia, Berta trabajaba limpiando en casas de familias.

“Antes lo que me pagaban me podía dar un ingreso para comer. Ahora eso no alcanza, además que ya no sale mucho trabajo. Es angustiante y uno tiene que velar por los hijos”, contó.

A ella y a su pequeño los encontramos por los lados de la esquina Candilito, en la parroquia La Candelaria.

El niño, quien no está yendo a la escuela porque está de reposo luego de que lo atropellara una moto, la ayuda acercándole las bolsas que tiran en la acera. Ninguno de los dos se ve sucio ni desaliñado.

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A eso de las 6:00 p. m. es que comienzan su peregrinaje en busca de alimentos. Procesión que no es nada fácil, pues no son los únicos que hurgan en la basura.

Según el sociólogo Luis Pedro España, 56,3 % de los venezolanos asegura que su principal problema es el acceso a la comida, esto en noviembre de 2016. De acuerdo con una investigación hecha por la Universidad Católica Andrés Bello y Ecoanalítica, denominada “Ratio Ucab”, 36 % de los venezolanos aseguró que vendió algo para poder compra comida; 30 % dijo que le han regalado comida;  8 % señaló que recoge de la basura para comer y 5 % pidió ayuda para comprar alimentos.

De hecho, casi en media cuadra de Candilito contamos a 18 personas, la mayoría adolescentes y niños, que cuando llegan las bolsas al lugar se abalanzan sobre ellas como ocurre luego del desgarre de una piñata, solo que en vez de caramelos y chupetas, los gritos de júbilo son por un pedazo de auyama o papa.

A las 8:00 p. m. todavía estas personas están revisando minuciosamente las cajas y sacos que retiran de un supermercado cercano.

Vimos cómo hay una líder que ordena los desechos y los reparte por grupos, y “como el que reparte y parte, se lleva la mejor parte”, ella saca la mejor tajada.

Los curiosos de la zona no faltan en este panorama. Transeúntes y conductores pasan y se quedan perplejos ante lo que ven.

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Ya con mucho cansancio, observamos a Berta pasarse la mano por el rostro.

¿Te has enfermado desde que estás haciendo esto?

—“Sí, agarré una bacteria en un ojo y todavía me la estoy curando. Pero es difícil conseguir los antibióticos, a veces me los regalan.

¿Y a los niños no les cae mal la comida?

—Bueno, sí, les da mucha diarrea.

La mujer contestó casi con resignación y marcó una nueva distancia entre nosotras: arrimó un poco más la bolsa hacia sus piernas y tuve que retroceder, algo me indicó que la conversación había culminado.

Me miró rápidamente y dijo: “No puedo seguir hablando, estoy muy ocupada. No quiero llegar tarde San Agustín”.

Literalmente, sí lo estaba. Pues en medio de la oscuridad —no había alumbrado público en esa acera— trataba de escoger las mejores tajadas de unas yucas, piezas que de vez en cuando olfateaba para verificar que no estuvieran podridas.

De repente se le aceró una señora que pasaba los 70 años. Tampoco estaba sucia, tenía una chaqueta y estaba peinadita. Llegó con una bolsa de plástico y una carterita. Muy disimuladamente se agachó y sacó de la caja algunas verduras.

Traté de indagar si lo hacía habitualmente y con señas me dijo que no escuchaba muy bien.

La noté nerviosa y con pena.

“Aquí viene mucha gente. Nosotros no somos indigentes, hacemos esto porque queremos comida”, atinó a decir la mujer que desde un principio identifiqué como la líder del grupo.

¿De dónde eres tú?

—“Yo vengo de El Valle. Somos varios, como ves y por la crisis me vi en la necesidad de esto. Pero mira, yo no te puedo atender. Trata de que no le tomen fotos a los niños”.

Era una joven no mayor de 24 años, vestía ropa deportiva y estaba atenta a todo lo que los comerciantes tiraban en el basurero. Fue ella quien le preguntó a Berta si quería auyama.

“En ocasiones sacamos hasta harina, eso depende de qué vendan en los locales”, comentó.

Y no solo es lo que botan los comercios, también llegan a ese vertedero improvisado los desechos residenciales que vienen mezclados incluso con papel higiénico.

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Ediana llega a Caracas desde Charallave en busca de alimentos.

Mientras la gente contempla a estas personas con curiosidad y alarma, de los edificios aledaños les lanzan hasta orine. Los vecinos no los quieren ahí. Se quejan por el chiquero y porque son personas ajenas a la zona.

No obstante, la necesidad y el hambre se imponen. Y cada vez son más los que llegan a ese punto. Muchos se acercan, recogen lo que pueden y se van, y otros hasta que no revisen la última bolsa no se quedan tranquilos.

Como ya son muchos, hay quienes prefieren probar suerte en otras esquinas. Ahí mismo en La Candelaria, pero esta vez por los lados de Ferrenquín, encontramos a Ediana González, quien desde hace 15 días decidió salir a buscar comida en la basura.

Ella estaba con otra mujer que dijo “no” a todas las preguntas y corrió a refugiarse detrás de un quiosco.

Pero Ediana, con frases cortas, relató el porqué estaban a esa hora —pasadas las 8:00 p. m.— revisando los desperdicios: “No tenemos qué comer y en mi casa somos seis niños”.

Se incluyó en la cuenta, pues a sus 17 años de edad, en realidad es una menor que aún pudiera estar bajo el cuidado de sus padres.

“Venimos de Los Valles del Tuy y allá no se está consiguiendo ni trabajo. Está todo muy duro y por eso venimos a Caracas a buscar algo. Un kilo de arroz nos lo pueden vender en más de 3000 bolívares  ¿y cómo lo compramos si no tenemos trabajo?”.

La otra mujer que estaba con ella, antes de pegar la carrera, se hallaba afanada sacando trozos de verdura. Y de vez en cuando, con el mismo periódico que sacaba del montón, se limpiaba las manos. Como si todavía no se acostumbrara a la sensación viscosa que dejan los desechos sólidos.

ferrenquín
Cualquier cosa que consigan es buena para darle alimentos a seis menores de edad.

Hacía largas pausas entre una agachada y otra, como tratando de tomar oxígeno para soportar los próximos minutos con la cara a menos de 15 centímetros de la basura.

Ediana también mostró una actitud neófita. La escasez de alimentos y no otra cosa parecen haberla empujado al mundo de los menesterosos, o así lo evidencian sus cejas tatuadas, su ropa limpia y el lápiz labial, un aspecto discordante en comparación con su entorno.

“No es fácil, los señores del aseo se pelean con nosotros. Nos insultan, imagínate, ya es suficiente comer de la basura”, comentó al tiempo que no soltaba la bolsa blanca en la que guardaba algunos de los alimentos recuperados.

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Abordar a estas personas tiene su pulso. Hay que observarlas y esperar a que agarren confianza. Decir que uno es periodista y que luego se presente el fotógrafo resulta intimidante, sobre todo para personas que se sienten aún más vulnerables debido a su situación.

Sin embargo, fue posible recoger testimonios como el de José Luis Castellanos, de 26 años.

recorrido por el centro
Este joven dijo que en el último año ha visto cómo hay más gente comiendo de la basura.

José Luis se colocó una bolsa negra como especie de delantal para comenzar a hurgar. “No todos los días me vas a ver en este punto. En las mañanas es muy difícil porque no hay tanta comida. Al mediodía y ya al final de la tarde es cuando más consigo. Pero hay que caminar”.

Castellanos, a diferencia de los testimonios anteriores, lleva tiempo en la calle. Llegó ahí por el consumo de heroína. No obstante, es un chico que habla con tranquilidad y es coherente en su discurso.

Reconoció que su situación es otra —por la adición. Y aun así, se consideró una especie de termómetro social: “No soy yo, no son los indigentes, son muchas personas que teniendo un techo donde vivir están comiendo de la basura”.

Fue exacto en la sincronía y mencionó que en los últimos siete meses ha visto cómo se ha incrementado este fenómeno, tanto que consideró que “muchos ahora se pelean por los alimentos. He visto hombres y mujeres luchando por un pedazo de pollo… Eso está feo”.

José Luis buscó entre unos desechos y ahí mismo comió. No metió nada en la bolsa, solo se fue caminando con sus manos llenas de grasa. Recorrió menos de 100 metros y se sentó frente a una patrulla de la policía.

Ahí lo abordamos para saber qué tanto lleva sobreviviendo de esa forma.

Foto: Crónica Uno / Miguel GonzálezPrefiere comer directo de la bolsa.

Me miró con unos ojos completamente idos y solitarios, y solo me pidió que le consiguiera ayuda para dejar la calle.

Este muchacho oriundo de Cumaná, estado Sucre, contó que duerme donde lo agarre la noche, e indicó que lo que más le cuesta ahora es conciliar el sueño: “Ya no quiero vivir así, sin comida, sin medicinas, en la calle…”

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La misma petición nos hizo Jhonatan Granados, de 36 años. La calle la probó hace 4 meses. Vivía en la zona José Félix Ribas de Petare. Un problema con los malandros del sector hizo que sus hermanas vendieran la casa y tuvo que emigrar.

“Mataron a mi mamá y mi hermano tomó venganza. Eso nos costó todo a todos. Nunca antes me vi así. Tengo dos hijos que están en el interior y no los veo desde hace siete meses, precisamente por todos los problemas que he tenido. Yo no viví nunca en la calle. Esto es muy deplorable, además de la inseguridad que uno ve”.

Jhonatan Granados desde hace cuatro meses come de los desechos.

Granados trabajaba como obrero y, según señaló, no le estaban cayendo contratos. Pasó tres días enteros sin comer.

“Sentía que me estaba chupando, me puse huesudo, parecía enfermo y me dije que no podía seguir así. Da pena porque la gente se le queda a uno viendo con mucho asombro, pero busqué entre la basura. Ese día comí y ahora, como no consigo empleo, me veo en la obligación de seguir haciéndolo”.

Este hombre tiene varios puntos para hurgar. Todos en el centro de Caracas. Trata de andar siempre solo y evita caer en discusiones por las bolsas.

Niños y adultos mayores los más afectados
Pasada las 5:00 p. m. en muchos sectores capitalinos este es el panorama.

“He visto hasta cómo se apuñalan, cómo se dan golpes, y no quiero eso. Fíjate, yo no ando sucio. No soy indigente”.

Ciertamente, Jhonatan a pesar de que lo vimos varias veces revisar, sacar y meter los desperdicios, no tenía mugre ni en la piel ni en la ropa.

En un envase que tenía a un lado iba acumulando los alimentos, entre los que asomaba un recorte de hallaca. A su alrededor había potes a los que ya le había hecho la limpieza con los dedos. Trataba de comer directamente de la bolsa para no perder tiempo.

Por su cabeza y ante sus ojos no pasaban las moscas ni el mal olor. El hambre, tanto como el amor, en ese momento podía con todo.

Tampoco le importaba que la gente lo viera con desagrado desde los carros y mucho menos se inquietaba ante los comentarios malsanos de los transeúntes.

“Sinceramente no quiero que esto dure mucho. Lo hago por la necesidad y porque no quiero volver a pasar hambre. Eso es muy doloroso”.

candelaria 1
La cantidad de personas jóvenes hurgando en los desechos es notable.
Recorrido por el centro de Caracas.
Además en medio de ese círculo social, según cuenta, también hay violencia.

La crisis económica, que se refleja en escasez y altos precios, ha sumado a más venezolanos a las filas de la pobreza y hace dos meses el sociólogo, Luis Pedro España, dijo que “lo del hambre es serio. Un tercio de la población pide para comer”.

Fotos: Jota Díaz

Origen: Hambre, una palabra que no distingue edad, sexo, ni religión

“El dinero del narcotráfico está manchado con sangre de los pobres” | Diario Hoy

La Comisión Nacional de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Argentina advirtió hoy que las “mafias” del narcotráficomatan a quienes consideran un obstáculo para su accionar y reclamó “depurar” las fuerzas de seguridad que hayan sido “infiltradas” por el crimen organizado y atender a las “muchas” víctimas de este flagelo.

El organismo, integrado mayormente por laicos y dependiente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, difundió una reflexión sobre “el desafío que plantea la lucha contra la expansión del narcotráfico”, al cumplirse un mes de la muerte del sacerdote tucumano Juan Viroche, cuyo deceso desde la Iglesia atribuyen a las “mafias” de la droga, pese a que hay cada vez más indicios orientados a la hipótesis de un suicidio.

“Las mafias, que lucran con la muerte al dedicarse al narcotráfico, no dudan en amenazar o incluso matar a aquellos que consideran un obstáculo a sus mezquinos intereses. Lamentablemente, ya son muchas las víctimas a lo largo y a lo ancho de nuestro país”, sostuvo en un comunicado.

“Constatamos, con alarma y con dolor, que las bandas criminales están infiltradas en distintos sectores e instituciones de nuestra sociedad”, agregó.

“El dinero, que en grandes cantidades mueve el narcotráfico, está manchado con sangre. Esta sangre es –mayoritariamente- sangre de los pobres. El narco menudeo cuestiona la cultura del trabajo y las drogas afectan gravemente la salud de muchos niños y jóvenes. Por eso ninguna lucha contra el narcotráfico podrá ser exitosa sin inclusión y desarrollo social”, aseveró.

La Comisión Nacional de Justicia y Paz destacó que las autoridades nacionales hayan asumido públicamente “el compromiso de enfrentar el narcotráfico”, pero consideró que se necesita poner “los medios para que esa lucha sea eficaz”.

“Urge que las fuerzas policiales y de seguridad y los organismos en que se hayan infiltrado los intereses del narcotráfico, sean depurados”, exigió.

“Mientras aquellos que deben hacerlo combaten el crimen organizado, que trasciende nuestras fronteras pero que ha echado raíces en nuestra patria, es imperioso no perder de vista a las víctimas”, subrayó.

El 5 de octubre Viroche apareció ahorcado en la parroquia Nuestra Señora de la Nuestra Señora del Valle, de la localidad tucumana de Ingenio La Florida, después de haber denunciado el avance del narcotráfico en la provincia de Tucumán y haber sido amenazado.

Las pericias revelaron que no hay indicios de la intervención de otras personas en el hecho.

Los vecinos del lugar se manifestaron varias veces en esa localidad tucumana para reclamar justicia y ratificaron que el sacerdote recibió amenazas de muerte por sus denuncias contra bandas dedicadas a la venta de drogas, por lo que había pedido al arzobispado de Tucumán su traslado.

Origen: “El dinero del narcotráfico está manchado con sangre de los pobres” | Diario Hoy

Una región con más de 140.000 jóvenes adictos 

Tome aire. El 22% de los jóvenes de entre 17 y 25 años de las villas y asentamientos del conurbano consumió drogas en el último mes. El 11,3% muestra síntomas de consumo problemático de alcohol. Los varones que no estudian ni trabajan triplican el promedio. La mitad sabe que en su cuadra se vende droga y un 28% reconoce que en su barrio se cocina paco. El 68% afirma que la policía bonaerense es parte del narcotráfico y el 27% señala como cómplices a los punteros políticos.

LA NACION

 

La mitad tiene un familiar o conocido que murió delinquiendo. Ocho de cada diez dicen que la droga es la principal causa de violencia en su barrio y, también, que les es “muy fácil” conseguirla. Y un último dato, el más preocupante hacia el futuro: los varones de más corta edad son los que presentan mayores niveles de consumo y quienes se aferran a las drogas más duras, como el paco.

Ese bloque de datos, que abruma pero que no puede ser presentado por fragmentos, surge del Estudio sobre las condiciones de vida de los jóvenes en villas y asentamientos del conurbano bonaerense, elaborado por los investigadores Agustín Salvia y Juan Martín Rival, del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica (UCA). La encuesta sobre la que se basa se realizó entre octubre y diciembre de 2015.

Ese estudio será presentado oficialmente en los próximos días, junto a dos informes anexos. Uno de ellos, elaborado por Juan Ignacio Bonfiglio y Solange Rodríguez Espínola, se atreve a poner en valores absolutos el flagelo de las adicciones entre los jóvenes: estima que en el conurbano bonaerense existirían 86.052 jóvenes con adicciones severas a las drogas y 86.727 con síntomas de consumo patológico de alcohol. En total, se trataría de 143.470 jóvenes que están bajo alguna de estas adicciones o incluso con una patología combinada entre alcohol y sustancias psicoactivas.

Para tener una dimensión: puestos uno al lado del otro, esos jóvenes de entre 14 y 25 años casi igualan la población de San Fernando o el barrio porteño de Flores.

El estudio de Bonfiglio y Rodríguez señala, además, que el 2,5% de los hogares del conurbano registran jóvenes con adicciones severas. En Capital, ese porcentaje cae al 1,4% y al 1,1% en otras áreas metropolitanas del país, como el Gran Rosario o el Gran Córdoba. Cuando se trata de adicción a ambas drogas, el conurbano vuelve a tener el porcentaje récord de toda la Argentina (4,3%).

Apelando a estudios previos, Bonfiglio da una pista de la evolución alarmante de las adicciones en el conurbano. “En 2010, el 28% de los encuestados en villas y barrios de clase baja decían saber que en su barrio se vendía droga. En 2015 fue el 48%, el salto más alto de todo el país”, reveló.

Drogas, educación y delito

La riqueza del estudio principal, de Salvia y Rival, pasa por el detalle pormenorizado de relaciones que establece entre el consumo de drogas y la situación familiar de los jóvenes, su hábitat, si estudian o trabajan y sus experiencias frente al delito y al sistema penal.

Con preocupación, Salvia destaca que los varones muestran índices más altos de consumo y adicción a las drogas y que, en casi todos los casos, quienes no estudian o no viven en un hogar conformado registran niveles más altos de consumo.

Y la mención no es casual, porque el estudio marca que en las villas y asentamientos del conurbano solamente un tercio de los jóvenes (33,6%) vive en un hogar nuclear biparental, sólo el 27,8% tiene estudios secundarios completos, apenas el 6,7% accedió a estudios terciarios o universitarios y sólo el 0,7% logró completar una formación superior. De hecho, el 71,2% de los jóvenes vive en hogares con clima educativo bajo, es decir, cuyo jefe de hogar no completó sus estudios secundarios.

En paralelo, apenas el 9,5% de estos jóvenes se encuentran en una situación de empleo formal no precario, mientras que el 34,9% se encuentra ocupado de forma precaria y el 26,4% está desocupado o con trabajos temporales o changas. Un tercio del total se encuentra inactivo, o sea, fuera del mercado laboral.

Dato al margen: dos de cada tres jóvenes (63%) de las villas del conurbano no se realizaron ningún tipo de control médico en el último año y, mientras una mayoría (81%) sabe dónde conseguir droga, sólo el 12% conoce de organizaciones que se opongan activamente a la venta de narcóticos. Apenas un 7% participó en programas de rehabilitación.

“Quienes tienen una red afectiva más estrecha están más protegidos. Lo mismo, quienes asisten a la escuela: la educación libera y a la vez protege. No así el trabajo al que acceden, porque es en su mayoría precario”, explica Salvia, para reforzar el punto: “Estamos hablando, en definitiva, de que en las villas y asentamientos del conurbano parecen agravarse las situaciones de extrema vulnerabilidad que colocan en riesgo a los jóvenes, que son víctimas del desapego y el desarraigo. No es la droga la que genera esas condiciones, sino que la droga ingresa frente a esas debilidades y por eso ataca peor en los más chicos, que son los que están más desprotegidos”.

Aunque a cada momento remarca el rol de víctimas de los jóvenes, el estudio encuentra una “relación estrecha entre el consumo de drogas, la participación en actividades ilegales y el vínculo con el sistema penal”. Mientras que entre los jóvenes que nunca consumieron drogas sólo el 1,8% participó alguna vez de una venta de drogas, el 3,1% en un robo o asalto y el 1,4% portó armas en la vía pública; entre quienes consumen drogas de manera intensiva las cifras se elevan al 15,1%, el 16,7% y el 10,4%, respectivamente.

Un último detalle: los investigadores reconocen que, por tratarse de situaciones socialmente negativas o autoincriminantes, podría haber un subregistro en las respuestas de los jóvenes encuestados. En otras palabras, que el panorama podría ser incluso peor.

Radiografía del conurbano profundo

Mientras el Norte se “desengancha” del Sur, la evolución de los indicadores sociales enciende una alerta

Origen: Una región con más de 140.000 jóvenes adictos – 30.10.2016 – LA NACION