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Una puerta se cierra y otra se abre-Dr.Francisco Bénard

Desde muy chiquito aprendí que una puerta se cierra y otra se abre. Esto significa ni más ni menos que no hay que perder la esperanza nunca. Esto es lo último que se pierde. Recuerdo que al recibirme de abogado el dueño de una empresa me encargó de que le consiguiera un credito en un banco. Fuí al banco en cuestión. Abría una puerta y me encontraba con alguien no muy simpatico entonces cerraba la puerta buscando una cara mas cálida o buena. La formula resultaba exitosa. Hay quienes con solo mirarle la cara a la otra parte se dan rápidamente cuenta de como son las cosas.

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La expresión de la cara es la mayor parte de sinónimo de la cara del “alma” que no la vemos pero la sentimos a través de la expresión o algunos gestos de las personas.Uno se puede equivocar al principio pero en definitiva la experiencia nos indica que no estamos alejados de la realidad.
La puerta puede estar cerrada y la otra no abrirse enseguida. Será cuestión de estar muy atentos y saber esperar, pero nunca claudicar. La oportunidad vendrá y pronto. No hay que sucumbir a los “golpes” ni a las pequeñas “derrotas”. La derrota sería no insistir y creer que todo esta perdido porque porque no salió la vez que nosotros esperábamos que saliera.
Cuando veamos que la puerta se abre asegurémonos de que sea por un largo rato, lo suficiente como para irnos si algo no nos gusta. Digámoslo de otra manera si debemos volver a recomenzar recomencemos hasta lograr lo que querramos. Nunca nos demos por vencidos, sino ese día será la gran derrota.

Un padre puede jugar muchos papeles, pero nunca dejar de ser padre 

El padre, inconscientemente, pasó de ser la figura económica y de autoridad del hogar, a ser el “manager” de sus hijos en términos de éxito y talentos.

El rol del padre ha ido cambiando con los años y en tiempos actuales no parece estar muy definido. Antes lo tenían más claro: eran los proveedores económicos del hogar y los que tnenían la última palabra. Eran la voz cantante y sonante de la autoridad, pero poco se ocupaban de la crianza de los chicos y mucho menos de las tareas domésticas. Todo parecía estar en orden.

Las últimas décadas han transformado radicalmente la figura masculina y, por supuesto, también la figura paterna. Sin embargo, hay un punto en el que, tanto antes como ahora, los padres se sienten profundamente involucrados: en el éxito de sus hijos.

Anteriormente se preocupaban por formar personas honestas y trabajadoras que se convirtieran en ciudadanos de provecho. Ahora, pero desde esa misma lógica, algunos padres han optado por convertirse en una especie de “managers” para sus hijos. No solo quieren que sean buenos ciudadanos, sino que también aspiran a que se conviertan en los mejores dentro de un área determinada. El deporte, por ejemplo.

Se aprecia con claridad en las gradas de los torneos infantiles de fin de semana. Ahí están siempre, entre bambalinas, encauzando la actividad de su hijo para que se convierta en el mejor. Se involucran tanto en esto que enfocan toda la crianza hacia estos logros e incluso administran su afecto en función de ellos. Son padres que proyectan sus fantasías de éxito hacia sus hijos y que, hasta cierto punto, dejan de ser padres para convertirse en entrenadores del talento de sus hijos.

padre e hijo

La presión directa e indirecta del padre

La visión masculina del éxito es mucho más exigente y limitada que la femenina. Por eso a muchos padres les cuesta trabajo establecer una diferencia entre criar un hijo exitoso y criar un hijo feliz. Para buena parte de ellos, lo uno es sinónimo de lo otro y por eso, de muy buena fe, enfocan la educación de los hijos hacia los logros, especialmente si implican competencia.

Estos padres quieren sentirse orgullosos de los logros de sus hijos. A veces, no pueden diferenciar su propio deseo de los deseos de sus chicos. Los hijos, por lo general, quieren complacer a estos padres y aprender a leer sus sonrisas y expresiones de satisfacción cuando alcanzan una medalla, o llegan más rápido, o hacen un gol, o sacan 10 en matemáticas. Que su padre se enorgullezca de ellos les hace sentirse seguros. Así que fácilmente se pliegan a esas aprobaciones o a esas reprobaciones.

padre e hijo

Suele suceder que si el hijo no se destaca en aquello que el padre espera, emerge una oleada de indiferencia. Quizás no los recriminen directamente, aunque muchas veces sí lo hacen. En todo caso, rara vez se ahorran las expresiones de desilusión. Y frecuentemente toman distancia de ese hijo que los decepcionó.

El padre que no ha terminado de educarse a sí mismo

Los padres que en muchos casos caen en este tipo de conductas son en realidad niños que buscan reivindicarse. Es probable que hayan sido víctimas de una educación similar: tenían altas expectativas puestas sobre ellos y quizás no las cumplieron todas. Y si las cumplieron, lo hicieron a partir de duras renuncias o grandes sufrimientos.

Sus hijos les remiten a esos chicos que ellos también fueron. Quieren reparar lo que “falló” en ellos, lo que no les permitió ser el “Messi” del equipo, o el prodigio de la clase, o el empresario más adinerado. Se sienten en deuda y trasladan esa falta a sus propios hijos. Lo hacen de manera inconsciente y con la mejor intención. En verdad creen que su deseo es el de conseguir que sus hijos sean mejores que ellos mismos, que tengan una vida más elevada.

padre e hija

El problema en toda esta ecuación es que se excluye un factor crucial: el amor genuino. Ese amor es el que es capaz de respetar los procesos, los tiempos y los errores. Es también el que, fundamentalmente, acepta al otro como es, con todo el paquete completo: aciertos, errores, triunfos y fracasos.

El amor del padre “manager” puede ser muy profundo, pero no por ello deja de ser egoísta. Un padre así está más preocupado de sí mismo y de su felicidad, que del bienestar real de su hijo. Antes que nada, un padre debe proveer una mano firme que llene de confianza a su hijo y que le proporcione una certeza: sin importar las circunstancias, es alguien valioso que merece ser reconocido tanto en los logros como en cualquier otra eventualidad de la vida.

Origen: Un padre puede jugar muchos papeles, pero nunca dejar de ser padre – La Mente es Maravillosa

La distancia más larga entre dos personas es un malentendido 

Para evitar el malentendido debemos tomar distancia de la situación, en la medida de lo posible, y percibirla como si nos fuera ajena para hacer una interpretación lo más objetiva posible

Desgraciadamente, es frecuente dejar que un malentendido empañe sentimientos genuinos y sinceros sobre personas que nos han acompañado en algún momento de nuestra vida.

Como consecuencia de esto, el mundo está lleno de individuos que esperan que regresen aquellos a los que dejaron ir, así como de gente que no se atreve a regresaraunque lo desea.

Un malentendido se genera del conflicto respecto a las intenciones, a la forma de comunicarse y a la manera de comprender la realidad.

Así, tal y como hemos escuchado en alguna ocasión:

“Entre lo que pensamos, lo que queremos decir, lo que creemos decir, lo que decimos, lo que queremos oír, lo que oímos, lo que creemos entender y lo que entendemos, existen ocho posibilidades de no entenderse”.

El enorme abismo que se crea por culpa del orgullo

En la génesis de un malentendido suelen mediar factores como el orgullo, el cansancio y la falta de confianza en los demás y en uno mismo.

Este cóctel de variables hace que, llegado el momento de interpretar un tono de voz inadecuado o unas palabras ambiguas, nuestros sentidos perciban como hostil lo que en realidad no tiene ese tinte.

Es decir, que para evitar esto, hace falta que nos concienciemos sobre la importancia de no dejarnos llevar y de valorar nuestro estado y el de los demás antes de sacar conclusiones.

Habitualmente los conflictos se ven más ligeros con la cabeza fría, pues así evitamos tanto que el orgullo obnubile nuestra razón como que emociones como el enfado o la ira enturbien nuestra reacción ante el hecho que genera malestar.

El enorme abismo que se crea por culpa del orgullo

En la génesis de un malentendido suelen mediar factores como el orgullo, el cansancio y la falta de confianza en los demás y en uno mismo.

Este cóctel de variables hace que, llegado el momento de interpretar un tono de voz inadecuado o unas palabras ambiguas, nuestros sentidos perciban como hostil lo que en realidad no tiene ese tinte.

Es decir, que para evitar esto, hace falta que nos concienciemos sobre la importancia de no dejarnos llevar y de valorar nuestro estado y el de los demás antes de sacar conclusiones.

Habitualmente los conflictos se ven más ligeros con la cabeza fría, pues así evitamos tanto que el orgullo obnubile nuestra razón como que emociones como el enfado o la ira enturbien nuestra reacción ante el hecho que genera malestar.

La diferencia entre el orgullo y la dignidad

Siguiendo en la misma línea de razonamiento, es importante diferenciar el orgullo y la dignidad. El orgullo es en sí mismo negativo y egoísta, mientras que la dignidad es el fundamento del respeto.

Es decir, el orgullo prima en exceso la consideración de las opiniones, creencias o sentimientos propios. Sin embargo, la dignidad busca un equilibrio que establezca ciertos límites emocionales que protejan el “yo”.

No obstante, cabe destacar que no siempre es fácil distinguir las actitudes de dignidad y de orgullo. Así, mientras que la dignidad pretende manejar un equilibrio e igualdad entre opiniones, sentimientos y comportamientos, el orgullo busca quedar por encima.

El logro del entendimiento

Como venimos destacando, no es fácil entenderse cuando nuestras motivaciones comunicativas responden a diferentes realidades.

Podemos estar repitiendo una y otra vez lo que pensamos o sentimos y, sin embargo, la persona que tenemos de frente no capta lo que pretendemos transmitir.

Eso no significa que la persona receptora en cuestión sea mala, sino que, simplemente, tiene un lugar distinto al nuestro y, por ende, una perspectiva muy distinta.

Como es natural, cada parte busca reafirmar sus sentimientos, opiniones y creencias y esto, mal gestionado, supone un obstáculo a la hora de favorecer un entendimiento.

Así, dado que no podemos controlar el 100% de las variables que influyen en una buena comunicación, siempre será bueno que contemplemos desde la distancia emocional qué puede estar controlando la situación de intercambio concreta.

Para ensamblar las piezas del rompecabezas del entendimiento debemos basar nuestras actitudes en el respeto y la consideración de uno mismo y de los demás.

Ser responsables de lo que decimos

La posibilidad y fuerza del enfado y del malentendido son proporcionales al grado de implicación emocional que nos supongan el asunto y la relación en cuestión.

Cuanto más unidos nos sintamos, más importante será la elaboración y la interpretación que se haga de nuestro mensaje y, por supuesto, lo que concluyamos nosotros del mensaje ajeno.

Cada persona tenderá a manejar e interpretar las palabras en relación a los lazos afectivos que le unan, así como a las expectativas, a los intereses propios y a su estado personal.

En este punto es esencial resaltar la importancia de no caer en el malestar que generan las atribuciones y tormentas ajenas.

Es decir, tenemos que poner especial atención en el que no nos conduzcan a un tornado emocional y nos ahoguen en la vorágine del protestador automático.

Los malos entendidos son muy dolorosos cuando las interpretaciones que se realizan resultan en atribuciones intencionales y emocionales negativas hacia nuestra persona o hacia los demás.

Así, en caso de tener que lidiar con malas intenciones que pretendan menoscabar nuestra integridad, lo mejor es tomar distancia emocional. Es decir, alejarnos, tolerar las diferencias y no dejar que se hagan de menos nuestras necesidades.

La mejor pista que podemos tener de las malas intenciones de los demás la obtenemos al examinar la divergencia entre actos y palabras. No obstante, siempre cabe la posibilidad de equivocarnos al escanear las actuaciones de los demás.

Por eso, es esencial que, en todo momento, seamos cautelosos y tengamos en cuenta que, muchas veces, la única certeza sobre la intencionalidad ajena nos la ofrece el tiempo.

Origen: La distancia más larga entre dos personas es un malentendido – Mejor con Salud

Un día será mujer-Francisco Bénard

Había sido un día agotador, estaba como se suele decir recansado, parecía un vivo con escasa vida, cuando de pronto advertí la presencia de un joven matrimonio con escasos años que tenía en sus brazos, a una niña de solo un año, vestida de verde. La misma edad de mi nietita Justina la hija de Luisita y Santiago.

Verde claro, de la esperanza, un color fuerte en estos tiempos y en esta vida y por demás significativo, significativo de la esperanza. Nunca había visto a una niñita de esa edad vestida con esos colores. Saqué de mi valija una agenda y una lápicera del mismo color, les dije a sus padres “es el verde de la esperanza”, estaban rechochos o como se dice recontentos.
En dicha agenda harían las primeras anotaciones, escribiría los pequeños grandes recuerdos, de este bebé de la esperanza, quizás nunca lo sepa, pero podrían  transformarse con los años en una de las grandes personalidades del siglo XXI.
Había sido invitado al lanzamiento de estampillas para personalidades del Siglo XXI, entre ellas la de uno de mis ídolos: Luis Sandrini. Este último , cómico,payaso,gran actor y gran comediante. Mirar sus películas , recordarlo es también pensar en la esperanza del futuro. Si lo hubieras conocido a Don Luis te reirías.Quizás te reirías como el solía hacerlo para darnos más fe y esperanza en la vida.
Que será de esta niña de acá a veinte años? Que será de ella cuando sea mujer? Si Dios me da la gracia de vivir muchos años quizás la vea hecha una mujer a esta niñita vestida de verde en sus brazos.

El mejor corredor ….Jorge Bernabé Lobo Aragón

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El mejor corredor no es la persona incansable que no se resiente por nada, no es aquel que tarda menos tiempo en llegar. No es aquel que olvida a sus compañeros de carrera, tampoco es el más robusto y fuerte físicamente. El mejor corredor es aquel que sencillamente… corre, con lo que puede, con lo que tiene y es; aquel que tiene un objetivo concreto de llegada. Aquel para quien la meta se hace motivo de sus sueños e ideales. El mejor corredor no es el que no se cansa ni el que llega el primero. Sino el que sencillamente… corre. Tú eres el mejor corredor de tu propia vida, tú el que sueñas con esa meta cargada de ilusiones y generosidad. Eres fuerte, valiente, tenaz y constante y… llegarás a la meta. Recuerda que no vas solo en la carrera, que otros como tú tenemos sueños e ideales que compartir contigo. Que a pesar de nuestras fuerzas físicas-psíquicas… por encima de ellas se encuentra Aquel que todo lo puede. Y aquel que todo lo puede… corre a nuestro lado. Corre, no te ancles, si no puedes ir deprisa… ve despacio, a tu ritmo. Nadie te pide que llegues a la meta ahora mismo, ni en unas condiciones concretas. Tú quieres y yo quiero que corras, sencillamente… correr. No vas solo, muchos corremos a tu lado, refresca tu sed con el alivio y consuelo de Dios. Descansa cuando sientas que tienes menos fuerzas pero… … no dejes de correr

El arrepentimiento no es solo llorar: quien se arrepiente cambia

El arrepentimiento no tiene por qué ser un acto negativo, ya que nos ayuda a conocernos y a crecer como personas. No obstante, hay que saber medirlo para que no nos ahogue

El arrepentimiento es un estado emocional que muchos utilizan a la ligera. Seguro que también tú conoces a alguien que se enorgullece al decir eso de “yo no arrepiento de nada de todo lo hecho y dicho en mi vida”.

No es lo adecuado. Si hay algo que nos aporta el arrepentimiento es la oportunidad de cambiar para aprender de un hecho concreto y poder actuar así con mayor integridad, respeto y madurez personal.

Vivir es, al fin y al cabo, asumir errores y descartar alternativas para avanzar de forma más sabia. Quien no se arrepiente de nada es porque no acepta muchos de sus propios fallos, vivencias, ofensas o relaciones con personas que hubiera sido mejor evitar.

La psicología del arrepentimiento

Algo muy común en nuestras relaciones personales es que nuestras parejas o amigos suelen lamentar muy a menudo “aquello” que nos hicieron, esa falta que tanto nos dolió.

Nos lo demuestran con mucho sentimiento y apuro y, sin embargo, no cambian. Al poco tiempo vuelven a cometer la misma ofensa, demostrándonos que el arrepentimiento no era sincero. ¿Por qué las personas solemos actuar de este modo?

Te invitamos a tener en cuenta estos aspectos.

La falta de responsabilidad o la negación de lo ocurrido

Esta característica es muy común entre los adolescentes. Nos comentan que están muy arrepentidos por haber hecho esto y lo otro y, sin embargo, no llegamos a percibir sinceridad en su expresión y por su puesto, aún menos en su posterior comportamiento, donde no hay cambio alguno.

  • Arrepentirse implica ser responsables del error cometido o del acto realizado y, además, sentir ese malestar de forma real, auténtica.
  • Hay personas que prefieren negar lo ocurrido, pensar que lo sucedido no ha tenido importancia. Esto es, sin duda, un claro ejemplo de inmadurez personal.

Te recomendamos leer “si amas no traiciones, si no sientes nada no ilusiones

La negación a propiciar el cambio

“Sé que he hecho daño, sé que me he equivocado. Sin embargo, no quiero cambiar las cosas y prefiero actuar de la misma forma”. Esta actitud es también algo habitual en este tipo de personalidades algo egoístas o con esquemas muy férreos de comportamiento.

  • Si nos negamos a cambiar seremos incapaces de adaptarnos al flujo de la vida, a su transcurso y a las complejas vicisitudes que, en ocasiones, nos trae el destino.
  • Quien no se arrepiente de nada de todo lo hecho a lo largo de su vida puede que no sea consciente, por ejemplo, de que en algún momento ha hecho daño a alguien.

El no intuirlo es una forma también de negarse a reconocer que hay aspectos de nosotros mismos que deberíamos cambiar para vivir en equilibrio, sin hacer daño.

Porque no basta con lamentarlo, no basta con llorar. Quien se arrepiente de verdad cambia.

Arrepentirnos nos enseña a comportarnos mejor

En ocasiones, arrepentirnos de algo no es sinónimo de que hayamos hecho algo mal, sino de que podemos actuar mejor.

  • A lo largo de nuestra existencia no nos limitamos solo a cometer errores; a veces, comprendemos que es mejor optar por determinados caminos o evitar acercarnos a ciertas personas.
  • El arrepentimiento es parte del aprendizaje y muchas veces debe verse como algo natural, lejos de darle una atribución negativa.

Por ejemplo: Mi relación de pareja no ha sido feliz, lo he pasado mal, pero no por ello me arrepiento de haberlo vivido. Esta experiencia me enseña que, en ocasiones, es mejor estas solo que mal acompañado.

  • El arrepentimiento es un “despertador existencial” que nos invita a tomar consciencia de determinados actos,pensamientos y elecciones.
  • Otro aspecto que debemos tener en cuenta es que no es adecuado “obsesionarnos”  con un hecho concreto hasta el punto de que el arrepentimiento nos impida vivir.

El arrepentimiento se siente; posteriormente, hemos de desmenuzarlo para entender sus causas y sus consecuencias para, después, desplegar el cambio o una actuación determinada.

De nada nos va a servir focalizar en ese hecho un alto sufrimiento hasta el punto de “quedar encallados”.

  • Un aspecto habitual que nos trae también esta dimensión emocional es que muchos de nosotros nos nos arrepentimos de haber hecho ciertas cosas, sino de NO haberlas hecho o dicho.

Este es sin duda uno de los actos más fáciles de remediar.

Cuando tu arrepentimiento es existencial (lamento no haberle dicho lo que sentía, me arrepiento de no haber hecho ese viaje…), piensa que no vale la pena cultivar ese sufrimiento inútil porque que tiene fácil solución.

De hecho, solo requiere una dimensión: VALENTÍA.

La vida es saber caminar asumiendo no solo errores y aprendizajes, sino cumpliendo también nuestras propias necesidades emocionales.

Así pues, no lo dudes: haz esa llamada, compra ese regalo, compra ese billete, aprovecha esa oportunidad con la cual ser más feliz…

Origen: El arrepentimiento no es solo llorar: quien se arrepiente cambia

Reflexiones:No he cambiado, doy a cada uno el valor que merece 

 

Intentar complacer a todos los que nos rodean es un error que puede llevar a la infelicidad. Es importante ser uno mismo, mantener la autoestima y priorizar a las personas que realmente nos enriquecen

No he cambiado, doy a cada uno el valor que merece

“No he cambiado, ha llegado un momento en mi vida en que debo dar a cada persona el valor que realmente merece”. Si en algún instante de tu ciclo vital has llegado a esta misma necesidad, no debes sentirte culpable: priorizar es una forma básica de encontrar el equilibrio, la felicidad.

Las personas, en nuestro afán de complacer a todos y de tratar a quienes nos rodean del mismo modo, no solemos tener la capacidad o la valentía de “dejar de alimentar” ciertos vínculos que, lejos de enriquecernos, nos hacen daño.

Según un estudio llevado a cabo en la Universidad de Claremont, en Estados Unidos, actuar de acuerdo a nuestros valores y sentir confianza en quienes nos rodean es un modo de aumentar nuestra oxitocina y, en esencia, de ser felices.

Se trata, al fin y al cabo, de hacer lo que sentimos y de actuar de acuerdo a nuestro propia escala de valores. “Yo no he cambiado, si ahora te digo que no quiero hacerte este favor es porque va en contra de mis principios”.

Yo no he cambiado, soy fiel a mis valores

La clave de la felicidad no está en acumular riquezas o en tener muchos amigos. No se trata de “acumular gente”, como quien se enorgullece de tener miles de likes en una fotografía en sus redes sociales.

Se trata de “tener personas que valen la pena”, figuras que nos permitan ser nosotros mismos en cada instante sin necesidad de hacer o decir cosas que no sentimos. Ahora bien, sabemos que esto en realidad no es nada fácil de conseguir.

Vivimos en una sociedad regida por las apariencias y la necesidad de “gustar a todos”

No hay que olvidarlo nunca: quien se obsesiona en gustar y complacer a todos los que le rodean lo único que obtiene es infelicidad.

  • Todos pasamos esas épocas de nuestra vida en las que necesitamos ser reconocidos. Los adolescentes buscan ser aceptados por su grupo de iguales para sentirse integrados. Más tarde, en nuestra época de adultos, muchos buscamos lo mismo para ser queridos por nuestras parejas.
  • Quien busca ser amado por los demás se olvida de amarse a sí mismo.
  • Basta con mantener en el día a día un adecuado equilibrio: no hay que ir a malas ni estableciendo límites a cada momento, se trata de saber convivir con respeto, tanto para uno mismo como para los demás.
  • Si en tus entornos más cercanos sientes siempre la necesidad de aparentar cosas que no eres o no sientes, tal vez sea el momento de cambiar de escenarios. Esta situación mantenida en el tiempo puede suponernos una crisis de identidad y autoestima.

No voy a dejar que nadie me cambie: me gusto tal y como soy

Llegar hasta donde te encuentras ahora te ha costado muchos esfuerzos, renuncias y gratos descubrimientos. Nuestra personalidad tiene un pequeño componente genético, una gran parte de nuestras experiencias y la valoración que hagamos de ellas.

Es un largo camino donde cada aspecto cuenta y donde, ante todo,hemos adquirido un sistema de valores, creencias y actitudes a las que no deberíamos renunciar por nada o por nadie. De hacerlo dejaríamos de ser nosotros mismos.

  • Es posible que inicies una relación de pareja y, que en un momento dado, descubras que no te conviene, que no eres feliz. Lo más probable es que la otra persona te diga que has cambiadode un día para otro y que lo que antes te gustaba ahora te desagrada.
  • No te dejes influir por esta serie de comentarios. En realidad,nadie cambia de un día para otro, lo que ocurre es que los demás no se han preocupado en conocernos de verdad.

Lo más importante es mantener nuestra autoestima, nuestro autoconcepto y nuestro sistema de valores. Ser pareja, así como convivir con los demás, nos obliga en muchos casos a ceder en determinadas cosas. No obstante, esa “cesión” debe verse como parte de un intercambio donde todos ganan y nadie pierde.

  • Para ser pareja, ser madre, hijo, hermano o amiga hay que saber escuchar y establecer siempre una adecuada reciprocidad.
  • No hace falta coincidir en todo, no es preciso compartir las mismas aficiones, gustos o deseos, lo esencial es tener una misma escala de valores.
  • Nunca cambies aspectos de tu personalidad o de tu intereses para agradar a los demás o para no defraudarles. Ser como los demás esperan que seamos es una disonancia personal que solo trae la infelicidad.

Para tener en en cuenta que para no ceder, para no dejarnos controlar por los demás, es necesario conocernos a nosotros mismos. Recuerda siempre cuáles son tus límites y hasta donde eres capaz de llegar sin que tu autoestima se vea vulnerada. Vale la pena tenerlo en cuenta.

Origen: No he cambiado, doy a cada uno el valor que merece – Mejor con Salud

Valora las personas cuando las tienes, no cuando las pierdes 

En lugar de echar de menos aquellas cosas o personas que hemos perdido debemos aprender a disfrutar y valorar lo que aún tenemos y a aquellos que están a nuestro lado

A lo largo de nuestra existencia y del ciclo vital, las personas perdemos a muchos seres amados.

No estamos hablando solo de fallecimientos, puesto que en nuestro camino nos han dicho adiós seres significativos que, por las razones que sean, se han alejado para no formar parte de nuestro presente.

Cuando pierdes a alguien se abre un tiempo de recogimiento y de reflexión donde intentas buscar un porqué a lo sucedido. La forma en que superemos este proceso y las conclusiones a las que lleguemos nos habrán de ayudar a afrontar el futuro de un modo u otro.

Lo que pierdes no siempre te permite avanzar “más ligero”

En nuestro espacio te hablamos en muchas ocasiones de la necesidad de “avanzar ligeros”, de dejar a un lado esas relaciones complejas que, en lugar de traernos el equilibrio, nos traen la infelicidad.

Ahora bien, hay algo tan importante como alejarnos de lo que nos hace daño, y es saber ofrecer también lo mejor de nosotros mismos a las personas que amamos en el “aquí y ahora”, sin esperar a un mañana, y sin dar por sentado determinadas cosas.

  • En la actualidad, la sociedad se erige sobre los pilares de la rapidez y de la fragilidad del vínculo. Lo queremos todo y lo queremos ya, y no siempre toleramos la frustración, el que nos digan que “no” o que determinadas cosas no sean como nosotros esperamos.
  • En los últimos años ha surgido un interesante movimiento social llamado “Slow” (despacio) que ensalza la necesidad de ralentizar nuestros ritmos y permitir vivir nuestras relaciones con mayor plenitud, apreciando las cosas más básicas y sencillas de la vida.
  • Aspectos como nuestra focalización en el trabajo, en la necesidad de superación, de conseguir cosas, y de acumular esas mismas cosas, nos hace perder el valor de ese amor más puro y esencial de nuestras relaciones personales.
  • Si mantenemos este estilo de vida lo que va a ocurrir es que acabaremos perdiendo aquello que de verdad consideramos importante. Y lo que pierdes es una herida que queda para siempre en tu corazón.

La prisa es el mayor enemigo de la conciencia plena, de esa actitud ante la vida que se permite ir más despacio y apreciar cada aspecto que te rodea, y a las personas que te son significativas.

Los vínculos que se hacen fuertes se alimentan del cariño sincero, la reciprocidad y el reconocimiento. Si quienes nos rodean no sienten estos aspectos, corremos el riesgo de perderlos. Las relaciones necesitan ser nutridas y atendidas y, por ello, siempre valdrá la pena reducir el ritmo y mirar lo que tenemos delante de nosotros.

La necesidad de vivir siendo conscientes de lo que es importante

Puede parecer una obviedad, pero no todo el mundo es capaz de establecer prioridades en su vida y atender aquello que es importante frente a lo que se alza como secundario.

Tenemos claro que nuestras obligaciones laborales, por ejemplo, son esenciales para mantener una familia y para obtener una vida digna. Ahora bien, en ocasiones, no hace falta aspirar tan alto o llegar tan bajo como para dejar que el estrés o la presión nos haga perder la salud, e incluso a quienes amamos.

  • La vida es saber mantener un equilibrio y ser capaces de reorganizar nuestra atención, intereses y motivación hacia aspectos que puedan enriquecernos “no materialmente” sino emocionalmente.
  • No hace falta pensar en aquello de “vive hoy como si no existiera mañana, o abraza a tus hijos con tal intensidad como si fuera la última vez”. No debemos caer en esos pensamientos fatalistas, se trata simplemente de permitirnos disfrutar el presente en su máximo sentido.
  • Toda pérdida se vive con sufrimiento. Incluso las separaciones que son necesarias, nos abocan a un periodo de cierta introspección donde hemos de curar muchas heridas. Así pues, para prevenir estas situaciones hay que estar preparado.
  • Hemos de entender que en esta vida nada prevalece para siempre. Somos breves pasajeros en un mundo de incertidumbre.
  • Ahora bien, si la existencia ya de por sí es algo cruel al traernos alguna que otra fatalidad, vale la pena aprovechar esa área que “sí es controlable” por nuestra parte. Si quieres a alguien, atiéndelo y demuéstrale tus sentimientos para que no se vaya de tu lado.

No estamos hablando solo de relaciones de pareja. Todo vínculo necesita atención: ofrece atención, cariño y respeto a tus hijos para que el día de mañana, cuando sean adultos, tengan siempre un motivo para volver a tu lado.

Haz lo mismo con tus amigos, con tus otros familiares.

Si quieres a alguien valóralo cuando lo tengas, o correrás el peligro de lamentar todo lo perdido si deciden alejarse de tu lado.

Origen: Valora las personas cuando las tienes, no cuando las pierdes – Mejor con Salud

Grandes y pequeñas decisiones

Muchas de las grandes decisiones que tomas decisiones derivan en pequeñitas decisiones cotidianas, que te ayudan a mantener el rumbo que has elegido.

Hay decisiones que te cambian la vida y pueden ser muy difíciles de tomar: ¿A qué me dedico? ¿Dónde voy a vivir? ¿Me caso con esta persona? ¿Acepto este trabajo?

Son grandes decisiones, de ésas que cambian el rumbo de tu vida. La gracia está en que la mayoría de esas decisiones derivan en pequeñitas decisiones cotidianas, que te ayudan a mantener el rumbo que has elegido.

Decides estudiar una carrera, por ejemplo. Esa gran decisión, por sí sola, no implica que te vayas a graduar en lo que escogiste. A partir de tu gran decisión, vienen otras más pequeñas: las que realizas a diario.

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Éstas, las decisiones pequeñitas, son más fáciles de tomar. No obstante, también son más fáciles de esquivar:

¿Estudio ahora? No, qué pesado. Mañana me pongo al día.

Obviamente, no tienes que acertar cada día con las pequeñas decisiones que tomas. ¿Quién lo hace?

Pero sí puedes procurar que la suma de aciertos sea mayor. No tardarás en darte cuenta del poder que tiene la acumulación de los pequeños aciertos cotidianos.

Las grandes decisiones hay que tomarlas con cautela, sabiendo hacia dónde quieres llegar con ellas. Son para pensarlas con calma.

Porque después viene lo bueno: cientos de oportunidades, desplegadas día tras día, para tomar pequeñas decisiones que te acerquen, paso a paso, a lo que tenías en mente cuando tomaste la gran decisión.

Lo pequeño de hoy hará que lo grande sea posible.

Origen: Grandes y pequeñas decisiones

Aprende a ser tu mismo , eres tu patrón , tu artífice .

C.M.M

aprende a ser tu mismo , eres tu patrón , tu artífice .

La opinión de los demás sobre tí, no tiene que volverse tu realidad

evita en todo lo posible imitar comportamientos erróneos , que te invitan a no reconocerte a ti mismo , recuerda puedes engañar al mundo , pero a tu simple almohada no , tu pepito grillo , tu conciencia si sabe realmente quien eres , para que disimularlo …..  MEJOR SOLO , QUE TRAICIONARME A MI MISMO , DESPUÉS BUSCO Y NO ME ENCUENTRO ….el rafa .

MERECE LA PENA LEER :

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Lo que piensan de mí es más importante que lo que yo pienso sobre mí

La búsqueda de aprobación externa es un deseo que muchas veces tenemos. A todos nos gusta que nos hagan cumplidos, y que nos aplaudan. Nos sentimos bien cuando obtenemos caricias de aprecio por parte de los…

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