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Irse a Colombia a pie: La travesía de los venezolanos que preocupa a montañistas profesionales 

 

Venezolanos recorren las montañas de Colombia caminando para llegar a su destino. | LUIS ROBAYO | AFP

La crisis actual en Venezuela lleva a los ciudadanos a buscar mejores calidades de vida en otro destino, aunque no todos tienen dinero para comprar un pasaje de autobús, por lo que recurren a pasar el trayecto de 195 kilómetros desde la frontera en Cúcuta hasta Bucaramanga pasando por el riesgos del páramo de Berlín, de acuerdo a lo reseñado por El Estimulo.

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Venezolanos caminan más de 2 000 Km. hacia el Perú

Los venezolanos se han visto forzados a dejar a sus familias, incluso a sus padres, muchos de ellos ancianos y enfermos, por aventurarse para conseguir alimento.

Ibarra. La vida de los venezolanos se ha convertido en un vía crucis durante los últimos meses, pues muchos optan por tomar la ruta de Colombia a Perú… a pie.

La presencia de los migrantes que buscan comenzar de nuevo se ha incrementado por el supuesto cierre de la frontera con Colombia.

Caminar de Cúcuta, Colombia (frontera con Venezuela) son más de 2 mil kilómetros hasta Tumbes-Perú, la ciudad más cercana de ese país.

“Si ya cruzamos Colombia a pie, también lo podemos hacer hasta Perú”, dijo Lizeth Zamora al salir de Ibarra con un grupo de amigos.

Ellos decidieron sentarse y descansar un poco mientras Lizeth conversaba con nosotros. Contó que en su país, definitivamente, no se puede vivir.

“El sueldo mínimo no alcanza ni para alimentar a los hijos. No conseguimos pañales, ni leche, lo único que comíamos era sardina, yuca y plátano”.

Hace dos semanas sus amigos y ella salieron de su país para retomar sus vidas en Perú.

Tomaron un bus hasta San Cristóbal, después se transportaron en otro hacia Cúcuta y desde esa ciudad empezó el vía crucis por la panamericana.

La falta de dinero hace que los venezolanos decidan caminar. Todos buscan nuevas vidas por sus hijos o familiares, “todo eso es lo que nos da fuerza pa’ seguir adelante”.

Lizeth comentó que durante el trayecto han conseguido gente generosa, que les han brindado sus casas para descansar y por lo menos bañarse.

La venezolana aseguró que también durmieron en una cama y que hace una semana aproximadamente, no sabían lo que era descansar en un simple colchón.

Finalidad. En Perú los espera otro amigo, quien les ha dicho que tienen la facilidad de conseguir un trabajo rápido.

Tres hijos y una nieta tuvo que dejar Lizeth en Venezuela. “Desde que llegue a Perú, a trabajar se ha dicho, para mandarle dinero a mi familia”.

Ropa y comida que reciben por el camino es lo que cargan en sus bolsos o en una mochila.

Agua y pan comieron durante la caminata desde el puente de Rumichaca hasta Ibarra. En Carchi esperaron tres días para poder sellar sus documentos.

Problema. Sentado en la vereda y cargando sobre su cuello una cobija, Edwin Salazar, de 24 años de edad, señaló que su objetivo de salir de Venezuela es para buscar trabajo.

Tiene un hijo y añadió que la situación en su país está muy grave. Cree que será muy difícil que Venezuela mejore, “por lo menos ahorita no, porque no hay agua, no hay comida, no hay luz, no hay alimento para los bebés, se están muriendo en los hospitales, ahorita no hay nada, absolutamente nada”.

Viajar a Carchi es común ver por la carretera grupos de venezolanos caminando, todos con sus bolsos y la mochila que los diferencia con los colores de la bandera de Venezuela (amarillo, azul y rojo).

A pesar de los problemas por el presidente Nicolás Madura, ellos aún tienen las esperanzas de volver a su país y que la economía mejore. Así como en algunas ciudades de Carchi, en Imbabura, algunos migrantes deciden quedarse y pedir colaboración en los semáforos o trabajar como vendedores ambulantes.

Yuleidy Ovalles tiene 26 años, mencionó que su país no está en buen estado económica y decidió salir en busca de un mejor futuro.

Junto a sus compañeros atravesaban la Ciudad Blanca, pero antes, una camioneta los trasladó desde Rumichaca hasta la entrada de Ibarra.

Yuleidy dejó a su hijo de dos años en noviembre del año pasado, cuando decidió radicarse un buen tiempo en Colombia.

Ahora emigra a otro país, que también es Perú, como la mayoría de sus coterráneos lo están haciendo.

Trabajo. La joven trabajaba en su país en una empresa de agua potable, estudiaba dos carreras: ingeniería agroindustrial e ingeniería civil.

“No es fácil, ya que estudiaba y el sueldo no alcanzaba para nada”, aseguró Yuileidy, quien indicó que el salario básico es de 2 millones de bolívares y que eso significa casi menos de un dólar.

Recorrido. Desde Rumichaca hasta Ibarra viajó como mochilera, haciendo dedo hasta que un vehículo la lleve.

Su destino es Perú, trabajar allá y mandarle dinero a su familia. Pero si encuentra un trabajo durante el trayecto se queda.

Mientras José Méndez, de 21 años, dialogaba con Diario EL NORTE uno de sus compañeros gritó ‘Maduro Gonorrea’.

Hace dos semanas decidió abandonar su país junto a su vecino y como todos, señaló que está en busca de un mejor futuro. “Tengo dos hijos y uno que viene en camino”.

Todos hablan de querer ir a Perú, “la situación está difícil, pero donde consigamos trabajo yo me quedo”.

Su deseo es volver a su país natal, “es duro, no es fácil, pero uno tiene que salir adelante y buscar un futuro para ser alguien en la vida porque allá no vamos a hacer nada”.

Le duele todo el cuerpo, pero eso no importa porque como sea, quiere llegar a Perú.

Reglamento. Según la Jefatura de Migración de Imbabura, es obligación que todos los extranjeros tengan siempre a la mano sus documentos de viaje originales, cédula de nacionalidad o pasaporte con sus respectivas entradas al país por los puestos migratorios fronterizos como Rumichaca, Huaquillas, puertos y aeropuertos.

Además, ningún extranjero puede realizar actividades diferentes a la de sus estatus migratorio.

Es decir, en el caso de los venezolanos que ingresan como turistas deben hacer solo esa actividad, pero si no la cumplen, caso contrario, serán sancionados. También todo extranjero que no posee documentación actualizada de procesos de regularización, solicitud de visa o refugio, amparo, es causa de sanción. Pero si ya se encuentran irregulares, esto quiere decir, pasado el tiempo de permanencia como turistas en cualquier país del Ecuador, pasarán un proceso de deportación y abandono del país.

Las duras jornadas de atención a venezolanos en Colombia de los Cascos Blancos argentinos 

 

Los casos de urgencias están siendo tratados por los médicos argentinos. / Foto: Leonardo Oliveros

Una enorme carpa azul y blanca hace las veces de hospital. Nada es improvisado. Adentro, el personal médico de tez blanca, ojos claros y voceo marcado, dice que no es colombiano. Son los doctores de los Cascos Blancos de Argentina, y ya todos en el parqueadero del Cenaf, donde están ubicados, les conocen, publica La Opinión.

Por Keila Vílchez B.

A las 8 a.m. empiezan a entrar los pacientes, que al igual que los seis doctores tampoco son colombianos. Yuneidy Sanabria pasó el puente Simón Bolívar una hora antes para tratar de que atendieran rápido a su hijo de 8 años. Tiene fiebre a 39 grados desde hace un par de días y eso le preocupa. Camina ataviada entre la silla de ruedas y el morral con las cosas del pequeño.

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Las solicitudes de asilo en España aumentaron un 98% en 2017

 

Fotografía facilitada por Médicos Sin Fronteras, del desembarco de inmigrantes hoy en Valencia. Los tres barcos con los 630 migrantes -incluidos más de cien menores- rescatados por el buque humanitario Aquarius llegaron hoy a Valencia (este de España) desde el Mediterráneo central, tras ocho días de una travesía dificultada por un temporal marítimo y en condiciones precarias.

VENEZOLANOS, A LA CABEZA

Por otra parte, en España se retiraron el año pasado 1.500 peticiones de asilo, un 20 % menos que en 2016.

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Colombia calcula que ya hay un millón de venezolanos en el país

Refugio de Acnur en Brasil, uno de los destinos del éxodo de venezolanos – EFE

En las últimas semanas se han registrado más de 200.000 personas que huyen de la crisis

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Los peores errores que cometen los venezolanos al emigrar a EEUU 

Según una abogada especialista en temas de inmigración

 

Aeropuerto Internacional de Maiquetía, en Caracas (Foto: El Universo)

MIAMI, Florida.- La abogada de inmigración Adriana Kostencki ha concedido una entrevista al diario El Nuevo Herald donde analiza los principales errores que cometen los venezolanos que, cada vez en mayor medida, llegan a EEUU huyendo de la dictadura de Nicolás Maduro.

Según el rotativo, la desesperación por escapar de la crisis en Venezuela y el hecho de que Estados Unidos continúa siendo la nación más deseada por quienes escapan del país caribeño, conllevan a que miles de estos emigrantes cometan errores en el proceso para asentarse en la nación norteña.

Las principales causas son la inexperiencia y el mal asesoramiento, y las equivocaciones a menudo conducen al fracaso de sus planes.

Muchos venezolanos se ven obligados a sobrevivir en la ilegalidad y la amenaza constante de deportación.

Kostencki, quien además preside la Asociación Venezolana-Americana de Abogados, clasificó las principales fallas en no buscar asesoría legal adecuada y a tiempo, creer que un negocio exitoso que se estableció en Venezuela será igual de exitoso en EEUU, y por último esperar que compatriotas venezolanos vayan a dar un trabajo al nuevo inmigrante de manera inmediata.

Por otra parte, “debemos estar conscientes de que no todos califican para algún beneficio migratorio en Estados Unidos. Si bien existen muchas alternativas de visas, a lo mejor no es el país adecuado para cierto grupo familiar”, dice la abogada venezolana.

“Por eso es tan importante tomar una decisión inteligente, más allá de la emoción o la esperanza”, añade. “La mejor decisión al llegar a Estados Unidos es estudiar con un abogado de inmigración los posibles caminos para lograr un estatus legal”.

“Si no existen estas alternativas o si son muy complejas y costosas, el grupo familiar puede entonces evaluar, de forma temprana, si quizás en otros países tengan mejores posibilidades de estadía, crecimiento familiar, profesional, financiero, etc”, agregó Kostencki. “Hay países que nos aceptan por nuestras profesiones, o porque tenemos una segunda nacionalidad, o por la experiencia que hemos acumulado”.

El último consejo de la abogada, es “que bajo ninguna circunstancia dejemos vencer nuestro estatus legal. Esto es algo que puede luego ser mucho más difícil de recuperar”.

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El 52 % de venezolanos que ingresa a Brasil quiere ir a Argentina o Chile

 

Tan solo el 48 % de los inmigrantes pretende permanecer en Brasil. (Archivo)

El 52 % de los inmigrantes venezolanos que han ingresado en los últimos meses a Brasil para huir de la crisis política, económica y social de Venezuela pretende seguir rumbo a otros países, principalmente Argentina y Chile, según una encuesta de la ONU divulgada hoy.

Tan solo el 48 % de los inmigrantes pretende permanecer en Brasil, reveló la encuesta que la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) realizó entre los venezolanos que llegaron al estado brasileño de Roraima, fronterizo con Venezuela, y divulgada este viernes por el Centro de Información de la ONU en Brasil.

Las autoridades brasileñas calculan que cerca de 50.000 venezolanos se han establecido en los últimos meses en Boa Vista, capital de Roraima, lo que supone más del 10 % de la población total de esa ciudad, estimada en unos 320.000 habitantes.

El alto impacto social provocado por ese éxodo en uno de los estados más pobres de Brasil llevó a la gobernadora de Roraima, Suely Campos, quien calcula que diariamenteentre 500 y 700 inmigrantes venezolanos ingresan al país, a solicitar el cierre de la frontera con Venezuela.

Según el estudio de la OIM, que entrevistó a unos 3.500 venezolanos establecidos en Roraima entre el 25 de enero y el 8 de marzo, la gran mayoría de los inmigrantes está en edad productiva (71 % tiene entre 25 y 49 años) y poco más de la mitad (52 %) desea seguir hacia otros países para buscar mejores oportunidades de empleo.

De los que desean permanecer en Brasil, un 65 % está interesado en la posibilidad ofrecida por el Gobierno de enviarlos a otras regiones del país en donde tendrían más posibilidades de encontrar empleo.

Cerca del 67 % citó razones económicas o laborales como el principal motivo de su decisión de abandonar Venezuela, mientras que un 22 % dijo haberlo hecho por falta de alimentos o servicios médicos en su país.

Pero de los entrevistados, un 57 % estaba sin empleo en Brasil, un 82 % tiene una ocupación informal y un 76 % tiene que enviarle recursos a sus familias en Venezuela.

El 75 % procede de los estados venezolanos de Anzoategui, Monagas y Bolívar, próximos a la frontera con Brasil, y, de los que pretenden permanecer en territorio brasileño, la gran mayoría prefiere hacerlo en los también estados fronterizos de Amazonas y Roraima.

El 28 % de los entrevistados dijo haber sufrido algún tipo de violencia verbal, física o sexual en Brasil.

De acuerdo con la ONU, el estudio fue elaborado en coordinación con el Ministerio de Derechos Humanos de Brasil y tuvo como propósito reunir datos que permitan comprender mejor ese flujo de personas y adoptar políticas públicas para atenderlo.

“Esos resultados proporcionan a los tomadores de decisión datos confiables sobre los inmigrantes y sus necesidades. Se trata de un instrumento clave para la elaboración de políticas migratorias basadas en evidencias acerca de flujos migratorios de venezolanos en Brasil”, afirmó el jefe de la misión de la OIM en Brasil, Stéphane Rostiaux, citado en un comunicado del organismo.

El presidente brasileño, Michel Temer, reconoció el pasado 15 de febrero en un decreto la “situación de vulnerabilidad” en Roraima por el éxodo de venezolanos, e impulsó, con carácter de urgencia, una serie de medidas de asistencia humanitaria para los inmigrantes del vecino país.

Sin embargo, la gobernación de Roraima valoró esas medidas como insuficientes y solicitó a la Corte Suprema el cierre temporal de la frontera con Venezuela debido, según alegó, a una saturación de sus servicios públicos provocado por el éxodo venezolano, una posibilidad que el Ejecutivo ha rechazado de plano.

Origen: El 52 % de venezolanos que ingresa a Brasil quiere ir a Argentina o Chile

Venezolanos, tras el sueño argentino

Por hambre, falta de libertad, escasez de medicamentos o, simplemente, la búsqueda de mejores oportunidades para estudiar o trabajar, cada vez más venezolanos huyen de su país y eligen como destino la Argentina. Historias de gente que optó por una vida digna lejos de su patria

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Venezolanos, tras el sueño argentino – LA NACION revista – LA NACION

Origen: Venezolanos, tras el sueño argentino

Argentina es la nueva Miami de América Latina para los venezolanos

 

Por GDA | EL TIEMPO | COLOMBIA

En el país se encuentran aproximadamente 56.621 migrantes provenientes de Venezuela

¿Qué iba a estar pensando Félix Mendoza en hacerle caso a las trabas que le ponía el destino?

Su destino era Argentina y estaba decidido. Lo había hecho un año atrás cuando dejó la universidad y empezó a trabajar para ahorrar para el exilio. “En Venezuela uno no ahorra para darse un gusto sino para estar listo para el ahora o nunca”.

Su ahora o nunca llegó el 18 de diciembre de 2017. Aunque a decir verdad, todo estaba en contra.

Había vendido su televisor, su ventilador, su ropa y había trabajado en una cervecería en Catia La Mar, estado Vargas, para juntar  hasta el último dólar pero solo llegó a tener 300 dólares.

Hizo cuentas. Las mismas que han tenido que hacer al menos 56.000 venezolanos que emigraron a Argentina:

Pasaje de avión, “si es que se consigue”: 1.200 dólares y en autobús 400 dólares.

Pasaporte por primera vez, si es que hay papel: desde 150 a 300 dólares. Si pagas a “gestores”.

Aportillar documentos, comida, gastos del viaje, dinero para vivir al menos un mes en Argentina, cerca de 640 dólares.

“No chamo, no me alcanza”, le dijo Félix a su mejor amigo Víctor Jesús Cadena, quien también estaba pensando emigrar.

Con un trabajo que le dejaba 7 dólares al mes, claro, no le iba a alcanzar.

Félix tiene apenas 21 años y estudiaba guitarra clásica. Nació y se crió en el sector de Catia, en una familia de clase media baja. Es aplomado, un chico serio para su edad, con voz de alguien mayor. A Félix se le iluminan los ojos cuando habla de música, pero se le apagan tan pronto recuerda que debió dejar la carrera, “era eso o la comida”, recordó.

“Salir de Venezuela se estaba convirtiendo en mi sueño. Y eso es triste, una ironía pero era la magnitud de la desesperación”, dijo.

La incertidumbre ya rodeaba su vida. Así que cualquier cosa tendría que ser mejor a lo que vivía, dice ahora en Buenos Aires tras un periplo que casi le cuesta la vida.

¿Por qué a Argentina?

Buenos Aires hoy suena a chamo, fino y a ajá, expresiones coloquiales del país; y huele a arepa de harina pan, que se ve especialmente en las calles de Palermo donde suelen llegar a vivir los venezolanos siempre con otros paisanos.

En la estación del metro de Diagonal Norte, la del famoso Obelisco, unos músicos increíbles tocan música llanera; en otra suena ‘Llorarás y Llorarás’ de Óscar de León en la trompeta potente de un chico venezolano.

Unos más se aventuran con un tango con violines en medio de un público felizmente asombrado. Aracely sale del edificio donde vivió el escritor Julio Cortázar en el barrio Agronomía: cuida a unos niños en un apartamento contiguo al del escritor.

No es una exageración que la tonada esté por todos lados: en cafés donde suelen ser contratados por “buenos laburantes”, como dicen los argentinos.

Solo en 2017, según la Dirección Nacional de Migraciones, llegaron 31.000 y se triplicó entre 2016 y 2017. De acuerdo con una investigación de la Universidad Tres de Febrero 65% son profesionales.

“Los atrae que tienen una red y la flexibilización de los trámites. Aunque Venezuela está sancionado en el Mercosur, nunca hemos tomado represalias contra sus ciudadanos”, dijo Julián Curí, subdirector de la Dirección Nacional de Migración (DNM).

Félix cuenta cómo tomó la decisión: “Empecé a pensar: a Colombia van muchos, a Europa, el pasaje muy caro; en Chile, complicados los papeles; Brasil es muy grande, pero ya va, no hablo portugués; y con los argentinos ya nos conocemos, porque en otra época muchos de ellos vinieron a vivir acá y además, son más fáciles los trámites”.

Una reciente flexibilización del gobierno permitirá simplificar e incluso eximir a los venezolanos de la presentación de ciertos documentos necesarios para radicarse en el país. Por el “ahora o nunca”, muchos viajaban sin sus antecedentes penales, uno de los requisitos clave para comenzar el trámite de radicación en Argentina.

La DNM analizará cada caso particular cuando “razones ajenas a su voluntad” impidan o dificulten a los venezolanos obtener los documentos.

“Hay personas que no pueden renovar su pasaporte o no recibieron sus antecedentes penales. Nosotros creemos que si vienen a trabajar no hay ningún problema”, agregó Curí.

Lo mismo hará con los títulos educativos. Quienes por salir de urgencia no llegaban con sus documentos legalizados ni podían entrar a las universidades ni validar sus títulos para ingresar al mercado profesional.

“Los migrantes venezolanos pertenecen a sectores medios y medios altos calificados y altamente calificados en su gran mayoría, y cuentan con una red de connacionales establecida en el país, lo que permite deducir que su incorporación a la sociedad argentina puede ser mucho más dinámica que otras comunidades migratorias”, dijo el estudio de la Universidad Tres de Febrero.

La mayoría son ingenieros y algunos médicos, pero también hay periodistas que tuvieron que ocuparse en labores diferentes a sus profesiones. Su lógica es la siguiente: llegar, conseguir trabajo, estabilizarse lo cual puede durar un año y luego, intentar retomar sus profesiones.

Pero no es tan fácil. Y generalmente aparece el llanto.

Vincenzo Pensa es presidente de la Asociación de Venezolanos (Asoven) y una vez al mes hace una reunión de contención emocional para los que llegan. La gente busca que la escuchen, contar lo que dejó, lo que hacía en su país.

“Para la mayoría el primer año es el más duro. Hay gente que ha tenido que pasar de profesor universitario a mozo (mesero), y eso duele; vivir en un hotel después de que dejaron su casa con todo, eso duele; el no saber si van a poder pagar el alquiler, eso duele”, afirmó Vincenzo, quien lleva más de una década en Buenos Aires.

La reunión se hace en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, pero muchos también se juntan en torno a la música y la alegría en Caracas Bar o en alguna de las ventas de arepas que existen hoy en la ciudad.

De acuerdo con la Universidad Tres de Febrero, 78% de los migrantes venezolanos viven con otros venezolanos. Así se sienten un poco en su país.

Algunos dicen que Buenos Aires es como la nueva Miami de América Latina.

Pero nada es tan sencillo como parece en ese comenzar de cero en la “ciudad de la furia”, como se conoce a la capital de Argentina.

Viajes  riesgos

Ilusionado con Buenos Aires, Félix logró que el padre de un amigo le prestara dinero para el viaje. “Eran todos sus ahorros y me los prestó para migrar”.

Y claro, como abundan los que quieren salir no fue difícil contactar a una agencia de viajes. Le ofrecieron un bus Caracas-Lima y de Lima a Buenos Aires en avión: todo por 480.000 bolívares, unos 400 dólares. Una parte la pagaba en Caracas y otra en Cúcuta. Salía el 18 de diciembre.

Pero cinco días antes lo llamaron y le dijeron que ya no había pasajes en avión y que el plan cambiaba. Ahora debía ir a Colombia y de ahí en un bus directo hasta Argentina.

Nada de eso pasó como se lo dijeron. De la angustia de los migrantes, hay también quienes se benefician. Agencias de viajes que ofrecen recorridos azarosos, “agilizadores” de trámites, transportadores de objetos, juegan con el ahora o nunca que los mueve a todos.

Félix no se amilanó y el 18 de diciembre, como lo había planeado, arrancó su viaje: una maleta, una bolsa de comida con jamón endiablado, panes y atún para varios días, poca agua y un gran temor: no tenía la vacuna de la fiebre amarilla. En ningún lugar de Caracas consiguió que se la pusieran.

El bus igual saldría así que, escondiendo la tristeza y con la ausencia de la vacuna, se despidió de su familia y se aventuró.

Lo que no sabía es que el viaje sería más difícil de lo planeado. Después de 13 horas por carretera, llegó a San Cristóbal y se bajó en Urueña con las maletas. “Ahí aparecieron unos amigos de la agencia que nos querían cobrar por pasarnos las cosas de tecnología a Colombia porque supuestamente los militares nos las quitaban. Había que pagarles 10.000 pesos colombianos. Pero yo iba muy corto de dinero entonces me arriesgué y pasé mi Tablet conmigo”, dice Félix

-Cuando miro adelante, ¡Colombia! y volteo para atrás y están las montañas de Venezuela. Ahí sí dije, olvídate de tu país. ¡Qué tristeza!

Lo que le esperaba era otro cambio de planes. “La gran noticia de la agencia es que ya no había bus directo. Fue otro golpe”.

Entonces pagó por un pasaje Cúcuta hasta Lima y siguió. Pero en la mitad del camino se desmayó.

“Íbamos por el Alto de Caldas y en un momento sentí una presión extraña en la cabeza y empecé a temblar, después no recuerdo más. Luego me contaron que convulsioné y me sacaron a respirar. Me dio mal de altura. Nunca había pasado tanta sed, mi error fue no llevar mucha agua”, explica Mendoza.

Hasta ese momento no había podido comunicarse con su familia, decirles que estaba vivo. Después de pasar el puente caminando, pudo hacerlo en Ecuador. La llamada le costó 0.40 centavos de dólar, recuerda.

Tulcán- Guayaquil fue un viaje que Félix recuerda con gusto. Luego Lima y el trago de pasar la Navidad fuera de su país, lejos del asado negro, las hallacas y el pan de jamón, del abrazo familiar, de su novia de hace 6 años.

En Lima, la espera. Hasta ahí llegaba la agencia de viajes, “esa agencia de farsa”, dice el chico. Muchos migrantes venezolanos llegaban a destino. Él no.

Ahora le toca comprar un nuevo pasaje hasta Buenos Aires. Doscientos dólares. Pero, por la Navidad, los conductores de Lima no viajaban. “Ahora ¿qué hago? Iba full limitado de plata y cómo iba a pagar tres noches ahí”.

Lima, sin embargo, se le presentó en forma de solidaridad. Un conocido de una amiga suya lo hospedó en su casa, lo invitó a pasar las fiestas. Félix, contra todo pronóstico, pasó el 24 de diciembre en medio de una fiesta familiar venezolana.

Le ofrecieron un trabajo temporal pero no lo aceptó. Su destino era Argentina.

Las rutas

Perú no es la ruta más usual de los venezolanos que viajan hacia Argentina. Hasta comienzos de 2017, muchos llegaban en avión. Pero en el último año, lo hicieron por vía terrestre y mixta.

En el aeropuerto de Ezeiza un sábado por la noche uno puede asistir a una extraña escena de felicidad con incertidumbre. El vuelo que viene de Manaos trae mucha expectativa. Está retrasado y hay tiempo de contar historias.

Dania Montoya llora cuando recuerda lo que dejó en Venezuela: su casa, su trabajo como gerente en una empresa de baterías. “Para los jóvenes es más fácil porque no tienen tantas raíces allá, las cosas que lograste y dejarlo para empezar de cero es muy duro. Migrar es algo que no le deseo a nadie”, dice la mujer en el aeropuerto.

Dania compró una franquicia de medialunas. Es una venezolana haciendo medialunas en lugar de arepas y aunque confiesa que no le ha ido muy bien, ahora está feliz porque espera a su madre de 82 años que emigró de Venezuela a pesar de la edad. Doña Consuelo Montoya hizo un recorrido de una semana por carretera y luego se embarcó en un avión junto a su hermana, Hilda Montoya, también de mucha edad.

Desde Caracas hasta Puerto Ordaz, de ahí a Santa Elena de Uairen y a Boa Vista (Brasil), era la mujer más mayor del bus. Todos pensaban que no aguantaría el viaje, pero ella agarró fuerza: prefería eso a morirse de depresión y soledad en su país.

El abrazo en el aeropuerto, las mil historias de lo que vivió la abuela en el viaje. Las galletas, el jamón endiablado, los ‘realitos’ contados para el trayecto. El cansancio.

“Yo me hacía la fuerte-dice Consuelo- pero hombre, fue muy duro. Hubo un momento en que todos lloraban en el bus”, cuenta la abuela días después en Buenos Aires.

“Además de estar enferma y no conseguir medicamentos, mi mamá estaba comiendo mal porque prefería darles a sus nietas lo que conseguían”, agrega Dania.

Belkys Montoya fue la encargada de organizar todo el viaje. No solo estuvo pendiente de las dos mujeres mayores, sino de sus hijos Ricardo y Mariana Pulido, de 16 y 8 años, con quienes llegó a Buenos Aires “Estaba sufriendo ataques de pánico y estrés por la angustia de salir del país”, cuenta Belkys, que es contadora y anda buscando empleo, pero ya consiguió colegio para los dos hijos. Algo que fue “realmente fácil, sin tanto rollo como en Venezuela”.

En el mismo avión de Consuelo venía otra familia que tuvo que despedirse de su vida. Alexis Ñañe, sus hijos, Luis David y Andrés Alejandro, y su compañera Lissette Rodríguez hicieron la ruta mixta.

“Fue muy impactante ver la plaza de Boa Vista llena de venezolanos que usaban el wifi para comunicarse con los suyos y ver cómo en la noche pasaban locales regalando comida”, cuenta Alexis que seguía camino hasta Manaos para tomar un avión de la aerolínea GOL.

Las selfies de la migración son el recuerdo de un viaje amargo. Los que salen en avión tienen la típica foto de la obra del artista Carlos Cruz-Diez como recuerdo de la partida. Los que cruzaron a Brasil, como Alexis, guardan una foto con un pie a cada lado de la frontera.

Cada uno tiene su momento de quiebre. El de Félix fue el momento en que vio hacia Colombia pasó a Cúcuta y vio una montaña venezolana. El de Alexis fue muy tarde ya cuando el avión volaba sobre Buenos Aires. “Caí en cuenta que ahí si era empezar de cero”.

Esa es quizá la palabra que más se les escucha decir. Y tiene una explicación.

De acuerdo con el experto en migraciones, Roberto Aruj, “se les resquebrajan las representaciones imaginarias de las expectativas de vida”.

Dania lo dice de otra manera: “Lo peor es que no puedo proyectar, no tengo metas. Vivo día a día. Lo que aspiro es seguir viviendo con tranquilidad y dársela a mi madre sus últimos años de vida”, dice. Y se quiebra.

El choque con la realidad

De Perú a Chile y luego a Argentina por carretera, Félix había sorteado cada crisis. Hasta las más inesperadas: “En la de Chile, un perro de la Aduana se lamió la última latica de jamón endiablado que tenía”, se ríe.

Y finalmente entró a Mendoza que lo emocionó en particular porque el nombre de esta ciudad argentina es igual a su apellido.

Preguntas y repreguntas, mostrar la tarjeta migratoria, el hotel, el pasaje. Estaba exhausto. Llevaba 11 días de viaje y se dirigía por fin a Buenos Aires.

“Llegué el 30 de diciembre y cuando vi una bandera argentina solo sentía satisfacción y libertad”, cuenta. Irónicamente, mientras habla, suena una canción de Calle 13, aquella que dice “Vamos a darle al mundo’.

En Argentina, los venezolanos son bien recibidos. Y hay varias razones: una es que se trata de un país hecho de migrantes (de los que llegaron a Buenos Aires huyendo de las guerra civil española o de las guerras mundiales) y está acostumbrado a ellos; pero también porque existe una relación de vieja data entre Argentina y Venezuela. En 1973, durante el boom petrolero, muchos argentinos migraron a Venezuela; lo mismo que ocurrió a finales del 70 por la dictadura y después, durante la crisis económica de 2001 que sufrió Argentina.

Y aunque están mejor que en Venezuela, lo cierto es que también llegan a un país con una tasa de desempleo de 8,3 y una inflación de 24,6%.

¿Les impactó lo caro de Argentina?

–¿Es un chiste? Para nada. Con una inflación de 2.500 por ciento no hay punto de comparación”, dice Alexis Ñañe y comienza a hacer cuentas: “Es que mire: el salario mínimo promedio son 750.000 bolívares y un cartón de huevos cuesta 480.000. Mejor dicho, en eso se le va casi el salario del mes a una persona”.

“Nosotros venimos del futuro. Sabemos que las cosas siempre pueden estar peor, lo vivimos”, acota Rada.

Por eso no sorprenden los relatos de venezolanos tomándose fotos en los supermercados. “Se las toman para mostrarles a sus familias como era”, recuerda el presidente de Asoven.

Aruj, experto en migraciones, afirma que lo más complejo es que Venezuela perdió una generación de jóvenes profesionales. “Si bien no todos los venezolanos migran, lo notable es que Venezuela siempre fue receptor y que está perdiendo recursos humanos calificados con el costo que eso implica”.

Profesionales que encontraron en la gastronomía la forma de subsistir, porque en Argentina los venezolanos viven de la cocina de la nostalgia: al menos cinco grandes ventas de arepas son reflejo de esto.

En realidad tardan muy poco en conseguir empleo. Félix repartió currículos la primera semana y a la tercera ya trabajaba en La Wafflería, donde hay otros siete compatriotas suyos. Alejandro Andrés y Lissette lograron hacerlo a la segunda semana. Él en un restaurante y ella como enfermera cuidadora.

Aunque en muchos casos son trabajos que en Argentina llaman “en negro”, sin todas las prestaciones de Ley o con salarios menores. Y casi todos envían dinero a sus familiares.

Y aunque están mejor que en Venezuela, lo cierto es que también llegan a un país con una tasa de desempleo de 8,3 y una inflación de 24,6%.

Según el estudio de Untref, 43% de los migrantes venezolanos está entre los 26 y 35 años, son solteros y tienen una adaptación fácil. Solo 18% ha sentido discriminación y esta es más común entre los que estudian y trabajan.

Vincenzo cree que hay varios tipos de migrantes: los que viven en dolor permanente y no salen de ahí; los que llama ‘ciudad de la furia’, jóvenes que creen que todo es fácil y viven en fiesta permanente; y los que vienen con familias, que trabajan de sol a sol.

“Muchos se sienten culpables por haber venido, por poder ir al supermercado y conseguir todo o por comer bien y se exigen demasiado. Hay otros que vinieron creyendo que era solo por un tiempo y siempre están pensando en Venezuela”.

El retorno siempre está en la cabeza del migrante, explica Aruj. Y a muchos migrantes se les va la vida haciendo el duelo de su partida.

Alexis cree que no es sano. “Para mí esto es un nacimiento, un comienzo de cero. Cuando uno vive con la añoranza del pasado, se ata”.

Doña Consuelo responde con rapidez mientras prepara un café: “No, señorita, es que allá no hay vida”. Y Dania dice con amargura: ¿volver a qué?

–Félix, ¿piensas en el regreso a tu país?

–“No sé, es muy duro. Cuando me despedí de mi familia pensé: migrar es como si te tuvieras que olvidar de tu vida, ‘olvídate de todo’, me dije’. Es mejor pensar que esta es mi vida de ahora en adelante”.

Origen: Argentina es la nueva Miami de América Latina para los venezolanos

Desorden Público – Los Que Se Quedan, Los Que Se Van (LYRIC Video Oficial)

Los Que Se Quedan, Los Que Se Van, Nueva Música de Desorden Público Música y Letra: Horacio Blanco Dirigido por Pablo Bayley y Danel Sarmiento Animación Leonel Rodriguez Los desordenados lanzan el 17 de marzo su primer sencillo 2016

Los que se quedan, los que se van (O la sensible temática del éxodo venezolano, llevada a canción) ¿Quién no tiene al menos un familiar, amigo, colega, vecino o conocido fuera del país? ¿Cuántos se han ido a probar suerte al extranjero en estos últimos años? Si bien no existen cifras oficiales, se estima ya son cerca de 3 millones de coterráneos en el exilio. Destinos como el sur de Florida, España o Centroamérica se van quedando pequeños para tantos que abrieron camino. Hoy día los venezolanos, de las más diversas regiones del país y de muy distintos estratos socioculturales, se han esparcido literalmente por los cinco continentes, incluso en las tierras geográfica y culturalmente más lejanas. Nos toca ahora a nosotros lo que ya han vivido chilenos, colombianos, mexicanos y tantos otros… Pero más allá de cifras y datos demográficos, la partida es un hecho personalísimo que implica esperanzas, adrenalina y aventuras, así como rupturas, miedo y nostalgias; y no solo para los migrantes sino para aquellos que, quedándonos aquí, con absoluta certeza, les extrañaremos. Sin analizar las causas que cada cual tenga para irse o no –¡por favor, esas decisiones merecen respeto!– y sin caer en maniqueísmos politiqueros, Desorden Público aborda, en clave reggae, la complejidad de la diáspora y el mito del eterno retorno, y lo hace poetizando la conexión entre nosotros, que aquí en Venezuela estamos, y quienes se han dispersado por el mundo. La producción musical, a cargo de Francisco “Coco” Díaz, se realizó recién en febrero y cuenta con las participaciones especiales de la talentosa Hana Kobayashi en los coros, y los Maestros Germán Marcano en el cello y Naumarys Martínez en los violines. “Los que se quedan, los que se van”, tema compuesto y arreglado por Horacio Blanco, es el primer single que la incansable banda distribuye para radio, redes sociales y ventas digitales en 2016 (también habrá un tiraje de colección en formato CD-single que incluirá versiones alternativas). El lanzamiento contará además con un lyric video creado, grabado y producido por Pablo Bayley y Danel Sarmiento. Desorden anuncia, de paso, que el próximo CD del grupo, a ser titulado “Bailando sobre las ruinas”, estará a la venta en Venezuela el 1o de julio próximo.