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Diez cuentos de Jorge Luis Borges para leer en la cuarentena

El escritor universal, el hombre que cambió la manera de entender la literatura en la Argentina y el mundo, solía construir con sus relatos espacios de encierro, laberintos, pesadillas, angustias: leerlo hoy es manera de entender por qué la imposibilidad de salir a la calle nos pone como nos pone

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Jorge Luis Borges (AP)

Jorge Luis Borges (AP)

Borges sufría de insomnio. “¿Qué es el insomnio?”, escribía en La cifra, “la pregunta es retórica; sé demasiado bien la respuesta”. Todas esas unánimes noches que aparecen en sus relatos tienen un componente autobiográfico. De hecho, es una experiencia interesante leer los cuentos de Ficciones y El Aleph en el silencio oscuro de las tres de la mañana, cuando uno está atravesado por esa sensación de irrealidad que acompaña el no dormir.

Con sus paradojas, con sus eternos espejos y laberintos, Borges fue capaz de modelar al realismo con las herramientas de la literatura fantástica. Y, al igual que Bioy y Cortázar, y a veces César Aira y Fogwill, el género fantástico tomaba en él la forma de una pesadilla: de no poder dormir a no querer dormir.

En sus cuentos, el sueño y el encierro cruzan fronteras continuamente.

¿Por qué Borges es un clásico? Porque siempre habla en presente. Y hoy, que atravesamos un situación de excepción por la pandemia más grave del siglo, leerlo es una manera de entender por qué la imposibilidad de salir a la calle nos pone como nos pone. Por qué el encierro se parece tanto a una pesadilla.

“El Aleph”, de Jorge Luis Borges

Aquí, algunas sugerencias para entrar en su obra:

“El Aleph”

Un cuento icónico que comienza con la muerte de Beatriz Viterbo y con Borges-personaje haciendo las veces de un Dante moderno conducido por un Virgilio mediocre y gris —un tal Carlos Argentino Daneri—, que lo lleva a un sótano infernal desde donde hay un punto, un aleph, con el que se puede ver la inmensidad del mundo. No sabemos si Beatriz amaba o no al Dante; lo que sabemos por el aleph es que Beatriz Viterbo no amaba a Borges.

Hubo varias intervenciones y reescrituras sobre “El Aleph”: la primera fue del propio autor, que agregó una postdata años después. Entre las reescrituras más destacadas, sin dudas, son las de Fogwill (en “Help a él”) y Hernán Vanoli.

“El sur”

Siguiendo el camino de la Divina Comedia en Borges, este relato cuenta la historia de un joven bibliotecario, Juan Dahlmann, que tras haber estado a punto de morir en una cama de hospital —hay un eco autobiográfico de la época en la que Borges trabajaba en la Biblioteca Municipal Miguel Cané—, tiene una ligera recuperación y debe viajar al campo que administra. Pero antes de llegar, mientras lee al Dante en un almacén del pueblo se ve envuelto en una pelea a cuchillo con un matón. ¿Dónde queda la realidad y dónde el delirio? ¿Dahlmann salió del hospital o todo es un sueño con un final heroico para justificar su muerte? Como dice Laura Rosato, directora del Centro de Estudios Jorge Luis Borges dependiente de la Biblioteca Nacional, se puede leer “El sur” en línea con “La noche boca arriba”, de Julio Cortázar: ambos comparten un ambiente de alucinación y pesadilla.

Julio Cortázar

Julio Cortázar

“La casa de Asterión”

Justamente Cortázar abordar en su primer libro —el primero con su apellido, no con el seudónimo Jorge Denis— el tema que Borges toca en “La casa de Asterión”. Pero ahí donde Cortázar lo vuelve romántico, Borges lo lleva hacia un perfil filosófico y metafísico. Asterión vive en una casa de puertas infinitas que es, en realidad, un laberinto. No tiene la necesidad de salir por lo que nunca lo hace, pero sí entran innumerables animales y hombres. Vive una realidad infinita en un espacio infinito y en un tiempo infinito que, sin embargo, cumple ciclos de nueve años —¿como los círculos del Infierno de Dante, tal vez?— en donde grupos de hombres lo buscan para que él los libere del mal. El final es… inesperado. Pero no al estilo de Cortázar, que gana por knock out, sino al estilo de Borges, que, al cerrar una puerta, abre un abismo.

“El inmortal”

Con la forma de un relato dentro de un relato —tan típico de Borges; deudor, en un punto, de Cervantes—, este cuento narra la historia de un hombre que busca el río de la inmortalidad. Pero todo don contiene a su vez un sacrificio. Y así es como él, que busca la vida eterna casi hasta dejarse morir, termina acompañado por un hombre completamente entregado a la animalidad al punto de haber perdido hasta la capacidad de hablar —son una suerte de Robinson y Viernes—. Su acompañante, descubrimos, es un inmortal y no uno cualquiera. Es, tal vez, el más inmortal de todos: Homero.

Borges en la Biblioteca Nacional

Borges en la Biblioteca Nacional

“La biblioteca de Babel”

Borges escribió este cuento en 1941, en Mar del Plata: seguramente fue en casa de Victoria Ocampo. Es un cuento fantástico en donde el universo es una biblioteca infinita compuesta por infinitas habitaciones hexagonales. La biblioteca contiene infinitos volúmenes donde los signos —las letras— se combinan de manera infinita. Por lógica, en todas esas combinaciones, debe haber una —y solo una— que guarde la verdad del universo. Los bibliotecarios, entonces, son exégetas en busca de ese libro. Es un cuento genial, con una profunda discusión sobre la religión y la filosofía. Y es uno de los más claustrofóbicos que alguna vez se hayan escrito.

“Funes, el memorioso”

Borges recuerda aquí el encuentro que mantuvo con un hombre que sufrió un accidente y quedó postrado. Funes tiene un cuerpo inómvil pero una mente agil como nadie podría haber previsto. Se convierte en una suerte de divinidad, una máquina que todo lo recuerda y que lleva adelante experimentos inverosímiles que ponen en cuestión todo el edificio de saberes del escritor.

Es uno de los cuentos más ambiciosos de Borges y ha sido trabajado por muchísimos escritores e intelectuales desde diferentes perfiles. Se lo ha tomado como punto de partida para análisis religiosos, psicológicos, matemáticos, antropológicos, científicos, etc. John Coetzee, premio Nobel de Literatura, habla de Funes en su libro Diario de un mal año.

Umberto Eco

Umberto Eco

“La muerte y la brújula”

¿Cuánto le debe Umberto Eco a Borges? Mucho. No todo, claro, pero sí mucho. Este cuento policial, es un claro ejemplo de la herencia borgiana que hay en El nombre de la rosa. Es cierto que Eco nunca quiso ocultarlo: el monje que cuida la biblioteca se llamaba Burgos.

En “La muerte y la brújula” un policía persigue a un criminal por el laberinto que es una ciudad, creyendo que tiene un poder de observación digno de Hércules Poirot —el detective de Agatha Christie— para descubrir que, al final, no ha sido más que peón de su oponente.

Dato extra: José Pablo Feinmann puso una cita de este cuento como acápite de su gran novela Últimos días de la víctima.

“Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”

Me gusta pensarlo cuento policial donde, en lugar de buscar a un criminal, el misterio pasa por encontrar el volumen de una Enciclopedia que puede cambiar al mundo. “Tlön…” comienza con un diálogo entre Borges y Bioy donde hablan de espejos. Uno de los dos recuerda a heresiarca que había dicho que los espejos y el coito eran aborrecibles por igual, porque ambos multiplicaban la cantidad de seres humanos. (Bioy, mucho tiempo después —Borges ya había muerto— dijo en su libro de Memorias que estaba encantado del homenaje de su amigo, pero que él nunca habría abominado del sexo).

“Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” es un gran homenaje a la literatura y a la manera en que la literatura puede intervenir en la realidad: y, de hecho, lo hace.

Las obras de William Shakespeare

Las obras de William Shakespeare

“La memoria de Shakespeare”

Este cuento le da título al último libro publicado en vida por Borges. Son cuatro relatos de género fantástico que miran de cerca a la ciencia ficción. El volumen se abre con “Veinticinco de agosto, 1983” en donde un Borges joven se encuentra con uno viejo —o al revés—: hay algo de Bradbury ahí.

En “La memoria de Shakespeare” hay algo de “Podemos recordarlo por usted al por mayor”, de Philip K. Dick, y también de Dormir al sol, de Bioy Casares. Borges no plantea soluciones tecnologías ni médicas, sino que hace intervenir un sortilegio, una magia. Así, Hermann Soergel recibe la memoria de Shakespeare. Pero “la memoria del hombre no es una suma; es un desorden de posibilidades infinitas”, y al poco tiempo de aceptar este regalo que esperaba le rebelase los pensamientos del escritor más genial de la historia, se encuentra con una serie de banalidades que, de a poco, van consumiendo su propia personalidad.

“La forma de la espada”

Hay una serie de cuentos en donde Borges trabaja el tema de la traición: “La forma de la espada”, “Tema del traidor y del héroe”, “Tres versiones de Judas”, etc. Indudablemente era una de sus grandes obsesiones: cuándo y por qué alguien se vuelve un traidor, a quién traiciona, qué cuota de fidelidad se esconde detrás de una traición. Así como el tema del doble es otra de sus obsesiones, el traidor no escapa a hace doble vida.

En este cuento, un inglés —que en realidad es irlandés— huye a América del Sur tras haber participado en una revolución que fue apagada por el ejército británico. El escritor Santiago Llach, que tiene un podcast de Infobae dedicado a Borges, dice que este es su cuento más “marxista”: todo el materialismo está puesto al servicio de una revolución socialista que fracasa. Una lectura muy interesante de un cuento inagotable.

Eva Perón y Juan Perón

Eva Perón y Juan Perón

Bonus track: el “Poema Conjetural”

Probablemente no sea el más famoso —ese será el “Poema de los dones”— pero sí es uno de los más importantes. Borges conjetura los últimos momentos de su antepasado Francisco Narciso de Laprida, cuando va a morir en manos de los montoneros de Aldao. Laprida, el intelectual de la Revolución de Mayo, encuentra aquí su “destino sudamericano” —uno cargado de sangre y violencia— con “el íntimo cuchillo en la garganta”.

El poema se publicó en el diario La Nación en julio de 1943. Muchos —como María Esther Vázquez— lo leyeron a posteriori como un símbolo profético del ascenso del peronismo.

Origen: Infobae

Memorias de Woody Allen solo saldrán en español

El libro ‘A propósito de nada’ será publicado por la editorial Alianza.

Woody Allen, director de cine

Allan Stewart Konigsberg, conocido como Woody Allen, nació el primero de diciembre de 1935. Esta semana cumplió 82 años.

Foto:

Ian Langsdon / EFE

Las memorias de Woody AllenA propósito de nada, sí serán publicadas en español, como confirmó este lunes la editorial Alianza, unos días después de que Hachette anunciara que cancela su publicación en inglés tras recibir duras críticas por dar voz al cineasta, acusado de abusos sexuales.

Alianza mantiene la fecha del 21 de mayo para la salida de un libro que ofrece “un repaso completo” de la vida del director, actor y guionista neoyorquino, tanto personal como profesional.

En el texto, el cineasta “describe su labor en películas, teatro, televisión, clubes nocturnos y obra impresa, tanto libros como prensa. Allen también habla de sus relaciones con familiares y amigos, y de los amores de su vida”, señala Alianza.

El libro en inglés, Apropos of Nothing se iba a publicar el 7 de abril en Estados Unidos, pero cuatro días después de haberlo anunciado, Hachette dio marcha atrás y canceló la publicación por la presión de sus propios empleados.

Según la empresa, tras mantener conversaciones con el personal, la jefatura concluyó que “no era posible seguir adelante con la publicación”.

También el periodista y escritor Ronan Farrow, hijo de Allen, se sumó a las voces en contra de la publicación de las memorias, atacando a la editorial por no tener en cuenta las acusaciones que pesan sobre su padre. El libro se mantiene para España y Latinoamérica, ya que Alianza adquirió los derechos de la traducción al castellano en el mundo.

El cineasta, según varios medios estadounidenses, hizo circular sus memorias durante mucho tiempo, sin despertar interés entre las editoriales debido a las acusaciones de abuso sexual por parte de su hija Dylan, que prácticamente lo apartaron del mundo del cine en Estados Unidos.

Origen:EFE

“Las golondrinas de Kabul”, poesía en un país dolorido por el fundamentalismo 

La originalidad de la película “Las golondrinas de Kabul” (Les hirondelles de Kaboul), dirigida a cuatro manos por las francesas Zabou Breitman (directora de teatro y realizadora, “Acordarse de las cosas bellas”, “The man of my life”, “No and Me”) y Eléa Gobbé-Mévellec (diseñadora gráfica, creadora de animaciones, “Madame”, “Scale”), consiste fundamentalmente en la técnica utilizada para el rodaje consistente en que unos actores de carne y hueso han rodado las escenas y sobre ellas se ha efectuado después un trabajo de grafismo que convierte a los personajes en protagonistas de una especie de cómic para adultos, basado en el bestseller del mismo título de Yasmina Khadra.

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Origen:  Periodistas en Español

Un libro de revelaciones: Bobby Fisher en Cuba

Portada del libro

El libro es resultado de una exhaustiva investigación de los periodistas e historiadores Miguel Ángel Sánchez y Jesús Suárez, y aborda los viajes y relaciones con Cuba del genio ajedrecístico estadounidense.

El volumen Bobby Fisher en Cuba recoge las peripecias del ajedrecista estadounidense en la isla, incluyendo todos sus encuentros oficiales tanto en el torneo Capablanca In Memoriam de 1965, como en la Olimpiada de 1966.

También se analizan las dos únicas partidas suyas de su desconocido viaje a Cuba en 1956 que han sobrevivido el paso de los años: la que celebró contra José R. Florido en el encuentro entre los clubes de ajedrez Capablanca y Log Cabin, y una desarrollada al día siguiente en unas simultáneas.

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Origen: cibercuba.com

Sobre parientes y escritores famosos

Victoria Ocampo ha dejado numerosos aportes para el estudio de nuestra historia, dada la vinculación de sus antepasados por serlo o con personajes de primera y segunda fila en la historia nacional. Todo ello en base a recuerdos y comentarios que escuchó de sus mayores y ella registró con fidelidad, los que además se pueden comprobar documentalmente.

En su autobiografía afirma: “La cosa había ocurrido en casa, o en la casa de al lado, o en la casa de enfrente: San Martín, Pueyrredón, Belgrano, Rosas, Urquiza, Sarmiento, Mitre, Roca, López. Todos eran parientes o amigos”. Es muy cierto y también el tema de los parentescos no sólo por casamientos entre algunos miembros de esas familias, sino también por tener en algún caso un antepasado común.

Cuando Victoria se incorporó a la Academia de Letras en su discurso recordó a Virginia Wolf y a Gabriela Mistral y finalmente expresó su satisfacción por “invitar a esta recepción de la Academia a mi antepasada guaraní y sentarla entre la inglesa y la chilena. No porque mereciera como las otras entrar en cualquier Academia de Letras, sino porque a mi vez yo reconozco a Agueda”.

Y esta antepasada era una de las mujeres que tuvo don Domingo Martínez de Irala en el Paraguay. Pero de ella también descendían por el lado materno Manuel Belgrano, como otros muchos personajes de nuestra historia. Hace unas semanas en La Prensa el colega Pablo Adrián Vázquez se refirió a Belgrano y los pueblos originarios.

LA OPINION DE BIOY

También descendía de Agueda lógicamente Silvina Ocampo, por eso resulta interesante recordar aquella opinión que tenía su marido Adolfo Bioy Casares de Manuel Belgrano. En su libro Descanso de Caminantes con magistral pluma lo describe y nos describe: “Cuando me dicen que toda la culpa no la tiene Perón, que cada uno de nosotros tiene algo de culpa, me indigno. ¿Porqué he de cargar con culpas, con responsabilidades, yo que soy un individuo de vida privada, que siempre traté de no hacer mal a nadie? Pero si me dijeran que todos tenemos parte de la culpa que este país no sea el que soñó Belgrano, acepto la acusación, avergonzado y contrito. Belgrano es el paradigma de nuestros próceres: el más puro, el más noble, el más valiente, el más modesto. De algún modo, todos los argentinos somos descendientes de Belgrano. Todos somos sus deudores, todos debiéramos imitar su ejemplo”.

Bioy en su interesante Diario apuntó que el 4 de julio de 1958 comió Jorge Luis Borges en su casa, “se habla de Belgrano, del plan de coronar un Inca”. A lo que el autor de Ficciones contestó: “Cuando uno ve lo que es este país, con tanta gente idiota, esa idea no parece tan mala”.

Borges por otra parte era sobrino bisnieto de Juan Crisóstomo Lafinur, natural de San Luis que fue oficial del ejército del Norte y estudió en la Academia de Matemáticas fundada por el general Belgrano; pero a pesar de su formación abandonó las espada y tomó la pluma con reconocido talento. Fue miembro de la Sociedad para el Fomento del Buen Gusto en el Teatro y escribió entre otras tantas producciones un canto elegíaco a la figura del general Belgrano a poco de su muerte.

EN LA PRENSA

Muchos años después el sábado 17 de junio de 1972 según el mismo libro de Bioy se encontraron en puerta de La Prensa, con Borges y el escritor Manuel Peyrou. Estaba el auto de Ficciones muy enojado con Julio Cortázar por algún comentario sobre la bandera que afirma Bioy a él también le “dio rabia”.

Esa noche como era casi un ritual comieron y buscaron en la biblioteca el Panorama de la literatura española contemporánea de Jean Cassou, en el que pudieron leer el poema de Chassaing: “Página eterna de argentina gloria, / melancólica imagen de la Patria, / núcleo de inmenso amor desconocido / en pos de ti me arrastras / ¿bajo que cielo flameará tu paño / que no te siga sin cesar mi planta? / Cuando el rugido del cañón anuncia / el día de la gloria en la batalla, / tú, como el ángel de la inmensa muerte, te agitas y nos llamas…”

Y por si fuera poco consultaron el diccionario biográfico de don Enrique Udaondo donde se instruyeron en la vida del poeta.

En un interesante artículo sobre las citas históricas del Romance de la muerte del general Lavalle, que con letra de Ernesto Sábato y música de Eduardo Falú, que hace medio siglo se dio a conocer, René Vargas Vera recuerda que pone en boca del héroe de Rio Bamba estas apócrifas palabras: “Manuel Belgrano, frágil como una niña, generalito improvisado, que abrazó la fuerza de su ánimo, su fervor, dispuesto a enfrentar las tropas aguerridas, por una patria que aún no se sabía lo que era, ¡Y todavía! No sabemos lo que es; hasta donde se extiende; a quien pertenece la verdad, si a Rosas, si a nosotros, si a todos juntos…”

El poeta Francisco Luis Bernárdez le cantó de este modo a la Bandera: “Este es el sol y éste es el cielo que en la bandera victoriosa nos hermana, éste es el sol que une los cuerpos y éste es el cielo cuyo amor una las almas. Ambos están sobre nosotros para mostrarnos el camino que no engaña, y levantarnos de la tierra con la energía de las cosas sobre humanas. Su luz nos junta en el recuerdo y al mismo tiempo nos congrega en la esperanza. Mientras su fuego nos domine seremos libres como el vuelo de sus llamas. Esta bandera es la bandera que nos congrega en un solar y en una historia. Esta es el alma de la Patria: su voluntad, su entendimiento y su memoria. Si algo valemos es por ella, que nos agranda con su fuerza generosa, y que, después de agigantarnos, nos da el ejemplo soberano de sus obras. El elemento en que palpita ya no es el aire, sino el viento de la gloria”.

Mujica Láinez en Aquí vivieron recrea un personaje, Gaspar, que leía las obras de Rousseau en el Buenos Aires de 1804, y “que se incorporó a las tropas del general Belgrano: Murió como un héroe en la derrota de Vilcapugio”.

Un 11 de febrero de 1982 Bioy recuerda haberle dicho a Borges: “Es triste pensar que en este país, que en este continente donde hubo lo mejor, la gente de Mayo, Belgrano, el impulso libertador…”. Se valoraban otras vertientes y valores.

Cuando el prócer es olvidado y vale más gastar fondos públicos en festejar carnavales que contribuir al fomento del prócer, en la ciudad que lo viera nacer nos hace esta inquietud: Que más se puede agregar.

  • Historiador y vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias del Periodismo.

 

Origen: LaPrensa

Una crónica ilustrada de la España de los años setenta 

Cossió los 70 cubierta

 

Por

José Luis Ibáñez Salas

Llama mucho la atención la cubierta de ¿Qué fue de los 70? Crónica ilustrada de los años del cambio. Está a medio camino, y es a la vez las dos cosas, de un tebeo de aquel entonces (de Bruguera, quizás) y de una revista popular de las que había en las peluquerías de señoras y en casi todos los hogares españoles.

Pero es un libro. Ilustrado. Muy ilustrado. Entiéndaseme bien, lleno de fotos. No un libro intelectualoide y progresoide del siglo XVIII. Ilustrado con cientos de fotos, muchas a color.

Su autor, el periodista y fotógrafo español Xavier Gassió, usa el humor: si no, no nos advertiría (al menos a los “lectores sensibles y divinos”) de que es posible que su libro “contenga trazas de Karina”. Un libro que, avisados quedamos pronto, no trata estrictamente de los años setenta del siglo pasado, sino más bien de la segunda mitad de aquella década y los comienzos de la siguiente. Lo escribo por precisar. Es preciso.

¿Qué fue de los 70? Crónica ilustrada de los años del cambio es un reflejo de un mundo (de un mundo encerrado hace lustros en un pequeño país ¿occidental? llamado España) en el que los varones seguíamos siendo “educados en la condescendencia, cuando no directamente en el desprecio de las mujeres”, unos tiempos en los que los niños bebían/bebíamos alcohol en el ámbito familiar (asunto al que se dedica el epígrafe ‘Confieso que he bebido’), en el que fumaban/fumábamos casi en todas las partes imaginables, públicas y por supuesto privadas, el 80 % de los españoles (aunque sólo el 15 % de las mujeres, según datos de mediados de aquella década setentera), un mundo repleto de semianalfabetos, el mundo en el que Gassió creció y que él nos cuenta además bajo su propia experiencia: “así fue como entré en los turbulentos setenta. A saco”.

El progreso y su aire acondicionado y sus discotecas llegan al tiempo que la única ley general de educación del franquismo, la Villar Palasí, de 1970, y su EGB y su BUP, al tiempo que los turistas siguen viniendo a este país en tránsito. El progreso, que nos invade, “lentamente, primero, a gran velocidad, después”. El progreso que se acompaña de los emigrantes que vienen desde hace ya años despoblando el mundo rural, para incrementar el metropolitismo de las ciudades, especialmente de algunas ciudades. Tiempos en los que se escuchó de vez en cuando, ¿a menudo?, aquello de “¡Con Franco eso no pasaba!”, mientras muchos aprendían “el arte de ser progre” (o a reconocer que “contra Franco se vivía mejor”) y la mayoría se dejaba transportar por el nuevo tobogán de las muchas modas y escuchó en los primeros tocatas un sinfín de músicas, muchas de las cuales aprendieron, mal, bien, a bailarlas. ¿Bailas?

Cossió los 70 linea 69
Cossió: erotismo en la línea 69

Gassió, que ameniza este viaje sin ínfulas al pasado a base de su propia experiencia vital, nos lleva a aquel cine de aquel tiempo, el español y el no español, el de destape y el de ensayo, también a la nueva manera de afrontar la sexualidad, el erotismo, a la llegada del porno… Y a la televisión, por supuesto. La televisión, que “siempre ha sido un arma de destrucción intelectual masiva y es como el azúcar, crea adicción”.

La prensa, de la que habla muy de primera mano el autor de ¿Qué fue de los 70?, ocupa un espacio sustancial, y también la narrativa gráfica (los a menudo llamados tebeos, también cómics), las imprescindibles publicaciones humorísticas, los libros (que de tan poco espacio disponen… en el libro), la radio… Tal como éramos, que así se titula el noveno y último capítulo. Tal como éramos en aquella época que “ha desaparecido diluida en el proceso demoledor de los años”. Pero que es un reclamo resultón para tantísimos como aún acertamos a recordar mucho de lo que Gassió divertidamente nos rememora sin nostalgia.

¿Qué fue de los 70? está magníficamente compuesto, diagramado, maquetado por Luis Brea. Es un libro que como el artefacto que siempre es ante todo un libro destaca sobremanera por la complicidad lograda entre su continente y su contenido.

Una salvedad para acabar: sólo una. Si como dice el autor “la Transición se puso en marcha para borrar las huellas de la infamia y construir un nuevo Estado que pudiera mirar al futuro europeo cara a cara”, ¿cómo es que durante ella, y aún ahora, claro, es cuando cada vez más y más se supo de aquella infamia que se quiso sustituir, más que tapar?

Origen: Periodistas en Español

Borges y el misterio de la novela que le atribuyeron

POR MARIO TESLER *

Bastó que Alberto Fernández tangencialmente aludiera a las novelas de Borges para que se sucedieran los más diversos comentarios. Lo cierto es que está en discusión la autoría o no de Borges de una novela inicialmente editada en las páginas de un vespertino porteño.

Se trata de la novela El enigma de la calle Arcos que, firmada con el seudónimo Sauli Lostal, fue apareciendo como folletín en Crítica. Revista Multicolor de los Sábados, durante los meses de octubre y noviembre de 1932.

Días antes de publicarla, ese diario la anunció como la más apasionante novela policial. Al año siguiente se publicó como libro y el prosecretario de redacción de Crítica, Luis F. Diéguez, la apadrinó con una carta al autor.

Entre las primeras versiones sobre la autoría de esta novela se cuenta con una reseña incluida en la entrega 59 de Literatura Argentina (julio de 1933). Cuando El enigma de la calle Arcos pasó del diario al libro, en esta revista se dijo que el oculto autor bien podría ser el periodista Luis F. Diéguez, entonces uno de los más sagaces redactores de dicho diario. El libro lleva como prólogo una nota de Diéguez.

“Es la base -afirma Nicolás Helft- intertextual del famoso seudoensayo de Borges “El acercamiento a Almotásim”. En este aspecto Helft sigue lo expuesto por Enrique Anderson Imbert en Nueva contribución al estudio de las fuentes de Borges, trabajo publicado en Filología a. VIII nº. 1-2, 1962 donde muestra las múltiples conexiones entre este libro y el inexistente libro reseñado por Borges en su relato.

La novela El enigma de la calle Arcos fue reeditada en 1996, con un prólogo de Sylvia Saítta y al poco tiempo se inició una polémica inconclusa sobre si Borges la había escrito o no y la probable identidad de su verdadero autor. Con lo aportado hasta la publicación de su bibliografía, destaca Helft haber encontrado varios elementos con los cuales se permite sugerir la participación de Borges en su escritura; otros llegaron a la conclusión de que es el autor de la novela en cuestión.

En ese mismo año de la reedición de El enigma de la calle Arcos se lanzó al ruedo Juan Jacobo Bajarlía desde Radar, el suplemento del diario Página/12 (edición del 17 de noviembre de 1996). Sobre la autoría de ésta, Bajarlía en el extenso artículo “La enigmática novela de Borges” (La Nación 13-7-1997) reveló que en un encuentro con Ulyses Petit de Murat, en la redacción del matutino Clarín, éste le dijo: “La novela fue escrita por Borges, para ensayarse en ese género”. Con algunos indicios Bajarlía ofrece una interesante explicación en favor de la paternidad autoral de Borges.

Respecto a quienes sostuvieron que el seudónimo Saulí Lostal era un anagrama de Luis A. Stallo contestó Bajarlía que también lo era de Luis Tolosa, Luis Tosal, Luis Losata y otras reversibilidades por el estilo.

Hay una reseña de Gonzalo Aguilar sobre El enigma de la calle Arcos con conceptos similares a los de Bajarlía, que se encuentra en el número 25 de la revista Proa (Buenos Aires), entrega correspondiente a septiembre-octubre de 1996.

Bajarlía no quedó sin réplica. Por su ridícula prosa, entre otras razones, para Fernando Sorrentino ésa es “La novela que Borges jamás escribió” (cfr. La Nación, 17-8-1997).

“Por el mundo del crimen” es el capítulo del libro Regueros de tinta donde Sylvia Saítta se ocupa de esta novela y en una extensa nota da las distintas opiniones sobre quién puede ser el autor. Saítta observa que existen cruces intertextuales entre la literatura borgeana y El enigma de la calle Arcos aunque considera que su atribución a Borges es osada; para ella la polémica continúa abierta.

  • Autor del libro “Borges y sus firmas”.

 

Origen: LaPrensa

Un periodista llamado Albert Camus

Albert Camus en París en 1953. AFP

El escritor francés fue periodista antes que escritor y filósofo, una profesión que influyó profundamente tanto en su estilo como en su postura ética ante la realidad que le tocó vivir.

Ahora que se celebra el 60 aniversario de la muerte de Albert Camus, el 4 de enero de 1960, es oportuno rescatar una de sus facetas biográficas menos conocida.

Escritor, pensador, dramaturgo, ensayista, premio Nobel de Literatura en 1957, el nombre de Albert Camus aparece ligado sobre todo al mundo literario, pero no hay que olvidar que ejerció el periodismo en varias etapas de su vida. Camus entró en el oficio con tan solo veinticinco años en Argelia, su tierra natal.

Trabajó como periodista en cinco cabeceras. Las dos primeras en Argel: Alger Républicain y Le Soir Républicain, desde 1938 hasta 1940. Allí se encuentran probablemente, como ha señalado Jean Daniel, algunas de sus mejores producciones periodísticas, como la serie de reportajes «Miseria de la Cabilia», publicada por episodios del 5 al 15 de junio de 1939, exponente del periodismo de investigación donde denuncia las condiciones de vida infrahumanas de la población de Cabilia. Durante diez días recorre a pié y en autobús esta zona. Tiene el mérito de interesarse por una región olvidada, ignorada por el resto de la prensa de Argel. Va allí donde nadie le espera, para descubrir lo que se silencia. Un buen ejemplo de lo que debe ser la misión del periodismo: desvelar las realidades sociales silenciadas o invisibles.

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Origen: theconversation.com

Las 12 biografías más vibrantes y adictivas que han pasado por las manos de libreros, editores y periodistas

© Mondadori Portfolio / Gettz Images

Aunque se suele pensar en la novela como el gran género literario en el que fluyen las aventuras y la emoción narrativa, la no ficción está plagada de ejemplos igual de cautivadores. Sobre todo cuando recoge la vida de personas cuya existencia hubiera sido imposible imaginar

POR EVA BLANCO MEDINA

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Origen: Vogue.es

Danzando a través de la oscuridad de la China maoísta

Una fotografía de Tia Zhang en la portada del nuevo libro “Danzando a través de la sombra”.
Reseña: el camino de dolor y triunfo de Tia Zhang es relatado brillantemente en el libro “Danzando a través de la sombra”

POR RYAN MOFFAT

A veces el impacto de una enorme tragedia se pierde en las estadísticas. Cuando el número de muertos alcanza las decenas de millones, un sufrimiento a tan gran escala se vuelve remoto e intocable. La capacidad humana para la empatía tiene su límite.

Por otro lado, los relatos personales de aquellos que soportaron atrocidades arrojan más luz sobre el asunto que cualquier estadística estéril. Una historia así es contada por Agnes Bristow en “Danzando a través de la sombra”, un relato en primera persona sobre vivir en la China de Mao Zedong.

Tia Zhang (Handout/La Gran Época)

El libro cuenta la historia real de Tia Zhang, una bailarina de ballet que creció durante la época en que Mao estaba estrangulando lentamente al país. Los simples anhelos y enredos de la niñez, adolescencia y maternidad están entramados a la perfección con el trasfondo de la brutalidad totalitaria. Es una novela extraordinaria que humaniza los aprietos de una nación a medida que asume su nueva realidad como estado socialista.

Los comunistas tomaron el poder en China en 1949, finalizando una guerra civil de varias décadas que había dejado al país agotado y en busca de cambio. Al principio había esperanzas de que el nuevo gobierno mejorara la vida del ciudadano promedio.

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Origen: LaGranEpoca