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La novia y el cubano

Jaime Bayly

Faltando dos semanas para casarse ante las leyes de los hombres y ante las más severas leyes de Dios, Julia, que era atea, pero deseaba complacer a su novio, que era creyente, sufrió un repentino ataque de nervios y viajó sola a Miami, con la intención de entregarse a unas compras de último minuto y la certeza o la esperanza de que esos días de compras la calmarían. Su novio, Raúl, se ofreció a acompañarla, pero ella se opuso y alegó que necesitaba estar sola. No le dijo lo que más le inquietaba: quizás era un error o una precipitación o un atropello casarse con él. Lo haría no tanto porque estuviera enamorada, sino porque quería tener hijos con un hombre tranquilo, predecible, confiable, y le parecía que Raúl cumplía esos requisitos, aunque por momentos fuese un poco aburrido y gruñón.

Se habían conocido en circunstancias algo extrañas: Julia, que era gerente de un canal de televisión, había comprado un apartamento y necesitaba amoblarlo, pero antes, como era una propiedad antigua, quería que alguien se ocupase de matar todas las cucarachas, arañas y hormigas que pudieran hallarse agazapadas en sus madrigueras y escondrijos, de modo que contrató a un señor que era el dueño de una empresa de fumigación, Raúl, para que se encargara de aniquilar a esos intrusos tan odiosos. La aversión que Julia tenía por las cucarachas, el pavor que sentía por ellas, el pánico que la invadía de solo imaginarse cohabitando con aquellos insectos sigilosos, propició que conociera al meticuloso asesino de cucarachas y otros bichos, Raúl, que bien pronto sería su amante y enseguida su novio formal. Mientras duró la fumigación, Julia se mudó a un hotel. Raúl la visitó, tomaron unas copas y se fueron a la cama. Julia era una amante exigente y avezada, se había acostado con los principales figurones del canal y de otros canales de televisión, y Raúl no la impresionó demasiado en la cama, pero tampoco la decepcionó: le pareció un amante correcto, promedio, cumplidor. Pero, sobre todo, le sorprendió y halagó que Raúl tuviese unos modales desusadamente caballerosos, de otra época, como si hubiese salido de una antigua novela de caballería, descendido de un caballo, despojado de su uniforme de caballero andante y entregado a un lance quijotesco con ella.

Ahora Julia debía casarse con su prometido, no tanto porque lo amase con pasión sino porque quería tener hijos y fundar una familia convencional, y una crisis nerviosa la tenía en estado de alerta, como si una alarma de su cuerpo se hubiese encendido y estuviera previniéndola de algún peligro inminente. En ese estado de crispación y desasosiego salió Julia del aeropuerto de Miami, saludó al chofer que la esperaba y hablaba con marcado acento cubano y subió a la limusina que había contratado. El hombre no era joven, tampoco muy mayor, debía de tener cuarenta y tantos años, y, nada más conocerlo, Julia pensó que era atractivo. Luego, conversando mientras él conducía rumbo al hotel, ella lo encontró, además de guapo, simpático, ocurrente, hablador, tanto que se rieron de buena gana, como si se conocieran de toda la vida, como Raúl no hacía reír nunca a Julia. Llegando al hotel, el cubano se negó cortésmente a recibir una propina, se ofreció a cargar él mismo las pesadas maletas, acompañó a Julia a su habitación y colocó las valijas donde ella le pidió. En ese momento, Julia tomó una decisión que cambiaría su vida para siempre: miró al cubano como si no fuera a casarse, como si fuese una mujer libre, plenamente libre, sin compromisos ni ataduras, cerró la puerta y lo besó sin más rodeos. El cubano correspondió con unos besos que parecieron llamaradas, la abrazó con pleno dominio de las circunstancias y tomó la iniciativa como si se hubiese entrenado toda la vida para ese momento capital. Ambos sabían que ella se casaría en dos semanas y eso espoleaba su imaginación, multiplicaba el placer, dotaba al momento de una transgresión o una desvergüenza que lo hacía más apetecible. El cubano, César, la desnudó, la llevó a la cama y la amó con una virulencia, unos bríos, una pericia y una fogosidad que ella no conocía, a pesar de haber tenido no pocos amantes, casi todos señoritos o señorones envanecidos de la televisión. Rendida, exhausta, habiendo coronado varios momentos de éxtasis que nunca olvidaría y que superaban con largueza el placer sexual que hasta entonces había conocido, Julia comparó al cubano con su novio y de pronto se asustó de pensar que se casaría con un amante correcto pero aburrido, privándose de probar cada tanto a algún amante tan fantástico como ese cubano que acababa de poseerla. No solo era un amante memorable, sino que además poseía una dotación genital de extraordinario tamaño y apostura, que, a los ojos de Julia, empequeñecía considerablemente el colgajo apenas promedio, o inferior al promedio, de Raúl, su novio, cuyo órgano viril le parecía ahora un pistacho o un maní o una ajada pasa de uva. Tras dormir lo que tenía que dormir, y comprar lo que no tenía que comprar, y entregarse al cubano tantas veces como pudo, y encontrarse caminando con cierta dificultad o escozor por las acometidas bestialmente placenteras del cubano (voy a entrar a la iglesia cojeando porque este cubano me ha partido al medio, pensó), Julia decidió que se casaría con el fumigador, pero no sería fiel a él, y cada tanto viajaría a Miami para entregarse gozosamente a los brazos del cubano: de otro modo no podría casarse con Raúl, la idea de serle fiel toda la vida y no estar con otros hombres como el cubano le resultaba simplemente invivible, inhumana. Seré una esposa cachonda y tendré muchos amantes y Raúl será un buen papá de mis hijos y me tiraré a este cubano delicioso cada vez que venga a Miami, decidió Julia, y entonces sintió que su sistema nervioso se amansaba o sosegaba y que por fin estaba lista para casarse.

Pensando menos en su luna de miel que en su reencuentro con el cubano, Julia se casó con Raúl y le juró amor eterno, sintiéndose una embustera o una actriz. La luna de miel los llevó a París y resultó un fiasco porque Raúl, que era muy delicado del estómago, tuvo un ataque de diarrea que duró cuatro días y que atribuyó al agua que bebían los franceses, lo que mató el amor o saboteó el placer. Mientras él dormía, ella se tocaba pensando en el cubano o le enviaba mensajes eróticos. De regreso en la ciudad donde se casaron, reanudaron sus rutinas: Julia ganaba más dinero que él, tomaba decisiones generalmente acertadas en el canal, no la pasaba mal viviendo con Raúl y cada cierto tiempo se inventaba una reunión de negocios o una feria de televisión o una imperiosa necesidad de comprar productos de maquillaje para viajar sola a Miami y follarse al cubano hasta la extenuación; Raúl, por su parte, continuó fumigando casas y negocios y haciendo lo que más placer le daba en la vida: participando en carreras de motos los fines de semana. En la cama, Raúl hacía su mejor esfuerzo, pero, sin advertirlo, dejaba insatisfecha a Julia, quien, al contemplar a Raúl desnudo y evocar enseguida las protuberancias guerreras del cubano, se sentía estafada, como si hubiera hecho un mal negocio, como si hubiese hecho una pésima inversión y salido perdiendo, como si le hubieran quedado debiendo algo importante.

Los niños, sin embargo, trajeron felicidad al matrimonio. Tuvieron dos niños. Aun estando embarazada, Julia viajó a Miami y se acostó con el cubano, aunque nunca tuvo dudas de que sus hijos eran de Raúl y no del cubano. En uno de sus viajes, Julia se despidió de su esposo, salió de casa, tomó un taxi y, llegando al aeropuerto donde debía tomar el vuelo rumbo a Miami, presentó su pasaporte en el mostrador de la aerolínea. La empleada de la aerolínea le hizo ver que el pasaporte y la visa habían expirado, de manera que no podían embarcarla. Resignada, avergonzada de tamaña torpeza, Julia regresó a casa. El tráfico era infernal, tardó casi dos horas en llegar. Cuando por fin entró, encontró en su cama a Raúl, desnudo, con una mujer también sin ropas, fumando los dos una pipa de marihuana. Julia la reconoció enseguida: la mujer era una prima hermana de Raúl que vivía en Berlín, era escritora y estaba de visita. Julia no dijo una palabra, no hizo una escena de celos, no insultó ni agredió a nadie. Se retiró en silencio, tomó un taxi y se alojó en un hotel con un nombre cambiado, para que su esposo no la encontrase. Al día siguiente hizo los trámites para renovar la visa y el pasaporte. Como era una persona influyente de la televisión, estuvo lista para viajar en un par de días. No tardó en embarcarse a Miami para reunirse por fin con el cubano que habría de procurarle unos placeres que Raúl jamás le había dado. Llegando a Miami, el cubano la esperaba en el aeropuerto con su gran limusina y varias botellas de escocés en el bar del auto negro. Después de follar con una extraña tristeza o una rara desesperación, el cubano le dijo que se había enamorado y que iba a casarse y que no quería ser infiel a su prometida y que por eso era mejor que no se acostaran más. Insólitamente, le pidió luego a Julia que fuera la madrina, pero ella dijo que le parecía una mala idea y prefirió no contarle que había encontrado a su esposo en la cama con su prima hermana. El cubano se marchó como si fuera a morir en la guerra, con aire sombrío y gesto circunspecto, y ella rompió a llorar y se enojó consigo misma por haber sido cobarde, por haberse casado con Raúl, que le parecía un pusilánime, un debilucho, un perdedor, y no con el cubano, que era la pasión amorosa más formidable e incandescente que había conocido.

Derrotada, Julia decidió que perdonaría a Raúl y seguiría viviendo con él y los niños, pero, aprovechando las circunstancias, le diría que serían una pareja libre, abierta, de modo que ella pudiera conseguirse todos los amantes ocasionales que le dieran la gana. Pensó: Raúl es muy machito para hacer carreras en moto y tirarse a su prima, pero vamos a ver si tiene los cojones de aceptar que quiero cogerme a otro hombre. Pensó luego: no le diré una palabra del cubano, no me conviene que lo sepa. Finalmente tuvo la franqueza de decirse a sí misma: voy a necesitar otro amante, otro cubano bien dotado que me haga llorar de placer como la bestia de César. A continuación, abrió su computadora, compró un billete aéreo para La Habana y reservó un hotel en la playa de Varadero. Que Dios reparta suerte, pensó, como los toreros, a pesar de que era atea.

Origen: abc.es

Cómo fue la primera vez que Evo Morales vivió en Argentina vendiendo helados y casi sin hablar español

Una imagen de Evo Morales cuando tenía siete años. (Foto: Getty Images, vía BBC Mundo).

Una imagen de Evo Morales cuando tenía siete años. (Foto: Getty Images, vía BBC Mundo).

Todavía le faltaban unos cuantos años para convertirse en dirigente sindical y décadas para llegar a ser el hombre que más tiempo gobernaría Bolivia.

Desde este jueves, Evo Morales ha vuelto a vivir a Argentina, ahora como refugiado. Pero esta ocasión no se parece en nada a la primera vez que residió en aquel país en 1966.

Su vida cambió tanto en los casi 54 años que pasaron entre una y otra estadía que, a simple vista, cuesta creer que ese niño que vendía helados mientras su padre trabajaba como zafrero ahora sea un exmandatario en el exilio.

En el medio de ambos momentos están sus días de pastor de ovejas en las alturas del occidente de Bolivia, sus desventuras como panadero, la época en la que se ganaba unos pesos tocando la trompeta para una banda y su decisivo desembarco en esa incandescente selva en el centro de su país donde se convirtió en el máximo líder de los cocaleros.

Y, sobre todo, su largo mandato de 13 años, 9 meses y 18 días al frente del gobierno de su país que terminó el 10 de noviembre, tras semanas de protestas callejeras, acusaciones de fraude electoral en las elecciones de octubre y con los militares y policías quitándole el respaldo.

Tras dejar el poder, después de hacer paradas en México y Cuba, Evo pasó su primera noche en Argentina. Y en este país fue donde, de alguna forma, todo comenzó hace 53 años.

El primer día de escuela

“Yo no entendía castellano, era aymara cerrado. Sentadito atrás de todos los compañeros de curso. La profesora qué hablaría, yo no entendía”, contó Morales durante una visita que hizo en 2014 a su primera escuela y recordó cómo eran sus clases en la ciudad de Campo Santo.

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Día Nacional del Mate: por qué se celebra, cuánto consumen los argentinos y con qué recetas acompañarlo

El 30 de noviembre se celebra el Día Nacional del Mate en Argentina (Shutterstock)

El 30 de noviembre se celebra el Día Nacional del Mate en Argentina (Shutterstock)

En Argentina se consumen alrededor de 256 millones de kilos de yerba mate, lo que implica un consumo anual per cápita de unos 6,4 kilos. A su vez, se exportaron 31 millones en el período enero-septiembre de 2019

El comandante guaraní Andresito Guasurarí (1778-1821) nació un 30 de noviembre, fue gobernador de la provincia de Misiones de 1815 a 1819 y fomentó la producción del mate, y dio gran impulso a la comercialización de la yerba mate. Hoy en día, a partir de su figura se buscar promover el reconocimiento de la infusión más popular del país.

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Origen:Infobae

La increíble historia del tesoro de Gardel

Tras la muerte del Zorzal Criollo, todos sus bienes y pertenencias fueron pasando de mano en mano hasta terminar ocultos durante 50 años en la habitación de una quinta de Río Ceballos, Córdoba. Se trata de un legado de casi 5 mil objetos que hoy buscan un espacio para ser exhibidos.

El último año en la vida de Carlos Gardel fue intenso, agotador. El Zorzal no veía la hora de largar todo, descansar de tantos teatros y volcarse de lleno a lo que realmente lo apasionaba, el cine y la radio.
Acababa de filmar “El día que me quieras” y “Tango Bar” cuando emprendió su última gira por Latinoamérica: Puerto Rico, Antillas Menores y varias ciudades de Venezuela y Colombia. La fatalidad quiso que, a punto de embarcar hacia Panamá y Cuba, en uno de los descansos para cargar combustible, el 24 de junio de 1935, a las 15.10, un trágico choque de aviones en Medellín lo convirtiera en mito.
Ocho meses después, cuando finalmente pudieron repatriar su cadáver, una multitud le rindió honores como si fuera un funeral de Estado: su cuerpo fue velado en el Luna Park y miles de personas lo acompañaron por la calle Corrientes hasta la Chacarita.

Unos años antes, subido al frenesí del éxito, en algún momento Gardel intuyó su final. Tal vez por eso, el 7 de noviembre de 1933 hizo confeccionar un testamento en el que nombraba a su madre, Berthe Gardes, heredera universal de todos sus bienes y derechos.

“Tal vez después de una turbulencia o por la propia velocidad con que vivía, Gardel se iluminó y le pidió a su amigo Armando Defino -que era además el albacea de su testamento- que si algo le llegaba a pasar, cuidara a su madre. Por eso, Defino se encargó de ir a buscar su cuerpo a Colombia y de administrar su legado hasta la muerte de Berthe, ocho años después”, contó el presidente de la Fundación Internacional Carlos Gardel, Walter Santoro.

Tras la muerte de la madre del cantor, todos sus bienes pasaron, vía testamento, a Defino, quien, pocos meses después, en 1944, vendió la histórica casa de la calle Jean Jaures.
Aquí comienza el extraño recorrido de la herencia gardeliana: un acervo de 5.100 objetos personales del Zorzal Criollo que terminaron escondidos durante casi 50 años en una quinta de Río Ceballos, Córdoba.
“Esa vivienda pertenecía a la familia Cortada de Fortuny, muy amiga de los Defino, que la usaban como casa de vacaciones. Ese tesoro estuvo en una de las habitaciones durante más de medio siglo y la herencia fue pasando de mano en mano, siempre dentro de la misma familia”, expresó Santoro.

Cuando Defino murió en los 60, las pertenencia de Gardel quedaron a cargo de la esposa, Adela Blasco. “Ellos no tenían hijos, pero como guardaban una relación muy íntima con la familia Cortada de Fortuny, dejaron como única heredera de todos los bienes a la pequeña Nuria Eulalia, a quien nombraron en el testamento como “nuestra hija en el afecto”, explicó Santoro.

Armando Defino dejó escrito explícitamente en la cesión de derechos que Nuria, que tenía apenas 4 años cuando Berthe murió y no podía conocer la dimensión de ese legado, debía seguir “atendiendo, como lo hemos hecho siempre mi esposa y yo, el monumento y la bóveda en Chacarita, donde reposan los restos de mi querido e inolvidable Carlos Gardel y los de su señora madre Berthe Gardes”, expresó.

“El siguiente paso ocurrió en el año 2000, cuando, ya muy mayor, Nuria de Fortuny le cedió a sus hijas todos sus bienes. Sin embargo, como se hacía en las familias tradicionales, ellas no se animaron a tocar nada hasta su fallecimiento, en 2008. Recién ahí hallaron el legado gardeliano, cuando quisieron vender la casa de Córdoba”, explicó Santoro.

“Son las hijas de Nuria las que me legan a mí todos los objetos del Zorzal en agosto del año pasado -recordó Santoro-. Yo las había ido a ver dos años atrás, porque había dificultades con la bóveda de la Chacarita y quería ponerla en condiciones. Al conocer mi trabajo en la Fundación Industrias Culturales Argentinas y como eran dos mujeres mayores, decidieron pasarme, vía testamento, todos los objetos, con el fin de que se preserve la memoria de Gardel. Por eso creé la Fundación: hoy nada me pertenece, porque son patrimonio cultural de un organismo oficial”.

“Lo loco es que durante 80 años todas las pertenencias de Gardel estuvieron en un limbo patrimonial… De algún modo, al estar encerrada en esa pieza de Río Ceballos, se preservó de los coleccionistas y del desguace”, enfatizó Santoro.

“El gran problema, creo, fue que Armando Defino se negó a lucrar con Gardel y nunca quiso organizar su legado en una fundación. Sin embargo, al quedar encerrada en esa habitación, la herencia gardeliana pudo salvarse -sostuvo Santoro-. Al morir Berthe, Defino y su esposa se alejaron totalmente del mundo del tango. Les fueron tomando mucha bronca a los coleccionistas, porque los visitaban para robarles objetos. Tal vez por eso, decidieron “enterrar el tesoro” en Río Ceballos”.

Origen: LaPrensa

El príncipe Carlos cumple 71 años y se prepara para ser rey: por qué Camilla no sería reina consorte, el disgusto con sus hijos y la interna familiar

La reina Isabel, y su hijo y heredero al trono, el príncipe Carlos

La reina Isabel, y su hijo y heredero al trono, el príncipe Carlos

El heredero al trono celebra hoy su cumpleaños entre el amor por su esposa, la bendición de su madre y la tensión con William y Harry. La decisión de la Casa Real que impediría que Camilla Parker ostentara el título de reina consorte, la traición a la memoria de Lady Diana y el camino a la coronación

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Origen: Infobae

Tiempo de Contar: Alicia del Busto

Frontera Transparente

En #TiempoDeContar Alicia del Busto Trujillo una cubana que a pesar de la cárcel y los sufrimientos no ha perdido la capacidad de amar reír y soñar.   

Una mujer bondadosa, humilde y sincera que siempre quise conocer que en agosto de este año me abrió un espacio en su vida para contarme sobre su decisión de hacer por Cuba todo lo necesario para que sea libre.

Nació en La Habana y vivió en Cuba hasta que fue liberada luego de doce años de cárcel por oponerse con ideas acciones y palabras al régimen tiránico y despótico que se instauró en Cuba a partir de 1959. Era hija del conocido abogado civil Octavio del Busto quien trabajaba en el despacho de su hermano Fernando, también abogado penalista y dueño del bufete, por eso en los fundamentos de su formación  estuvo bien definido el sentido del respeto a la…

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Magaluf después de Magaluf: así es la vida en el pueblo cuando se acaba el desfase turístico

Fotograma del documental ‘Magaluf Ghost Town’.

Miguel Ángel Blanca, ex cantante del grupo musical Manos de Topo, acaba de rodar ‘Magaluf Ghost Town’, un documental con el que pretende dar la vuelta a las leyendas creadas en torno al desenfrenado enclave turístico mallorquín, mostrando las vidas de quienes residen allí todo el año

Ahora mismo en Palma de Mallorca aterriza un avión cada minuto. El dato es conocido, pero impresiona verlo en directo: tan pronto desaparece un vuelo del campo visual, ya asoma otro en el horizonte. Y buena parte de ese cargamento va a parar a Magaluf, pueblo costero a 17 kilómetros de la capital, cuyo municipio, Calvià, cuenta con 60.000 plazas hoteleras. «Cada año vienen miles de turistas en busca de fiesta loca, aunque muchos volverán a casa decepcionados», augura Miguel Ángel Blanca, que estos días acaba de concluir el grueso del rodaje de Magaluf Ghost Town, un documental que empezó a gestarse hace tres años.

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Origen: ELMUNDO

La historia de la UBA escrita en ladrillos

Los pabellones de Ciudad Universitaria en Nuñez. Foto Gustavo Carabajal

En Historia Urbana y Arquitectónica de la Universidad de Buenos Aires de Eudeba, se investigó sobre los edificios de la Alta Casa de Estudios

Mario Sabugo, director de la investigación contó sobre los descubrimientos que se hicieron, los proyectos que quedaron truncos, y los más extraños como el de la facultad gótica sobre Avenida Las Heras.

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Origen: LaPrensa

Truman Capote, ¿un cubanoamericano?

Quiero Saber

Truman Capote, ¿un cubanoamericano?

Ha leído correctamente. Capote, el gran escritor de A sangre Fría, nacido en 1924 en Nueva Orleans, Luisiana, decidió cambiar los nostálgicos blues por el festivo son cubano.

Su primera carta, escrita en el otoño de 1936 con tan solo 12 años, exigía a su padre biológico estadounidense, Arch Persons, que a partir de ese instante lo debía llamar Truman Capote, como todos ya lo hacían.

Por determinación propia, se bautizó con el apellido del segundo esposo de su madre, Lillie Mae Faulk: el cubano, Joe Capote. Así lo confirmó Gerald Clark, el biógrafo de quien también fuera un admirable periodista.

Este genio de las letras jamás ocultó que el rencor era su gran defecto, por tanto, muchos sospechan que la decisión de cambiar su apellido conllevara gran parte de venganza hacia el hombre que le dio la vida, y después…

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Hija desea dar con el paradero de su padre, quien salió por el Puerto de Mariel de Cuba en 1980 

Hija desea dar con el paradero de su padre, quien salió por el Puerto de Mariel de Cuba en 1980

Bronia Sánchez Sáez, nacida el 13 de agosto de 1980 en Orozco, en Bahía Honda, lleva años intentando dar con el paradero de su padre (biológico), quien aparentemente salió de Cuba por el Mariel en el año de 1980.  

Por Redacción Miami Diario

Parte de la información que ha recabado la mujer  se fundamenta en publicaciones de informativos como el Miami Herald, el cual documentó, en el caso de los emigrados por el Mariel, por ejemplo, que una persona llamada Arnaldo Rodríguez González arribó a los Estados Unidos el 11 de mayo de 1980, y fue ubicado en Fort Chaffee y apadrinado por Ana Laordes Ferrego.

«A la edad de 15 años supe que mi papá biológico había salido de Cuba, por lo que comencé a indagar y solo pude conocer que su nombre eraArnaldo Rodríguez González y que era natural de Las Villas, aunque se había mudado para la comunidad de López Peña en Pinar del Río. Me cuenta mi tío materno José Pedro Sáez, conocido como Ruco, que mi padre era un hombre preparado, jefe de los mecánicos que atendían la maquinaria del Central PTB (Orozco). Bajo de estatura, de piel curtida por el sol, usaba siempre un sombrero de paño y era muy amigo de un señor que todavía reside en Orozco y que se llama Raúl Arce», recuerda Sánchez Sáez.

La mujer indicó que su tío le comentó que su padre no tenía la intención de salir del país, pero cuando su hermano Reinaldo decide hacerlo, él lo acompaña hasta donde salían los barcos y ve como comienzan a agredirlo físicamente. «Acude en su defensa y termina montado también en el barco y rumbo hacia los Estados Unidos. Según mi madre, Juana Josefa Sáez Romero (conocida como Josefina), nunca más supo de él, pero aparentemente mi papá intentó en algún momento volver a comunicarse con ella y ella rechazó la comunicación por los tabúes de aquella época»

Agregó que actualmente vive en Cienfuegos, e indicó que cuenta con algunas fotografías para que la ayuden a dar con el paradero de su padre. «Dicen los que conocieron a mi padre que mi cara es su estampa, pero lamentablemente no tengo ninguna foto de él que pueda aportar».

La mujer aportó otro dato que, a su juicio, puede ayudar en su búsqueda: «Al momento de que mis padres me concibieron, mi mamá tenía un pequeño niño varón. Mi mamá era maestra, jimagua de un hermano al que llaman Pepe.  Mi mamá en estos momentos tiene 69 años, edad aproximada también de mi padre. Solo deseo saber si mi papá quiere que lo ubique para comunicarle que tiene una hija en Cuba que quiere conocer su versión de la historia».

El éxodo del Mariel fue un movimiento en masa de cubanos, quienes partieron del puerto Mariel, en Cuba, hacia los Estados Unidos entre el 15 de abril y el 31 de octubre de 1980. A los inmigrantes o miembros de este éxodo se les conoce como los “Marielitos”.

Con información de nota de prensa

Origen:Miami Diario