Lezama: El señor del parque

Sin duda uno de los grandes parques de Buenos Aires es el Lezama, pero a la mayoría de sus visitantes a los que se les interrogue sobre quién era la persona cuyo nombre lleva ese espacio verde, responderá que no tiene idea; por eso pretendemos presentarlo en estas líneas.

José Gregorio Lezama nació en Salta en 1802 en el hogar de Francisco Asensio de Lezama y de Ursula de Quiñones, su padre era cabildante en dicha ciudad durante el período hispánico. Hace dos siglos, después de la muerte de Güemes, con 19 años comenzó a viajar por las distintas provincias, buscando distintos negocios rentables. Llegó a Buenos Aires en tiempos de la presidencia de Rivadavia y se instaló en la ciudad.

Uno de los más lucrativos sin duda fue la compra «por un puñado de chirolas» como lo señala de Ramón J. Cárcano de todo el ganado que había pertenecido a los hermanos Reynafé, (los presuntos asesinos de Facundo Quiroga), en cuya subasta los cordobeses no quisieron intervenir por ser bienes de difuntos. Se trataba de una antigua superstición muy arraigada entonces que auguraba años de mala suerte la compra de estos semovientes, circunstancia que dio motivo a unos versos satíricos en su provincia natal.

Vecino de Buenos Aires y con numerosas relaciones el 9 de noviembre de 1849 se casó en la iglesia de la Merced con María Carolina de Alzaga, ceremonia de campanillas ya que fueron padrinos el gobernador Juan Manuel de Rosas y su hija Manuelita. El matrimonio tuvo un hijo Máximo Gregorio que nació el 24 de enero de 1851 y fue bautizado el 25 de febrero del año siguiente con el padrinazgo de sus tíos Mariano Fragueiro y su mujer Angela de Alzaga.

Según el censo de 1855 vivía en la calle Santa Rosa 25 (hoy Bolívar), de estado civil casado, en compañía de los sirvientes Carlos Lastra, Manuela López y Agustina Rivera y de la cocinera Segunda Solís, la mujer de Lastra con dos hijos. Curiosamente ni su mujer ni su hijo figuran entre los habitantes de la casa.

En agosto de 1854 el matrimonio había separado sus bienes por escritura pública, Carolina había recibido una importante herencia en establecimientos ganaderos poblados de hacienda, que Lezama manejaba sin rendirle cuenta alguna. Este aporte lo encontró el recordado amigo Arnaldo Cunietti Ferrando, y nos queda la duda si fue idea del marido para cubrirse porque realizaba negocios arriesgados o si ella insistió, porque el documento es muy estricto en cuanto a las obligaciones de Lezama al extremo que la esposa nombró un examinador de las cuentas. O esa ausencia del hogar conyugal con el hijo, nos habla de una separación de cuerpos también.

La esposa de Alzaga era dueña de tres estancias llamadas Laguna de los Padres, La Armonía y San Juan de Vivoratá, con más de 50 leguas cuadras, algunas de las que vendió a José Coelho de Meyrelles, el cónsul portugués y propietario de las tierras de la primitiva Mar del Plata.

Carolina de Alzaga murió el 11 de enero de 1857. Lezama, a poco de morir su mujer, compró la quinta con sus edificaciones a Carlos R. Horne en la suma de 2.500 onzas de oro el 11 de julio de 1857. Al año siguiente cedió la propiedad a pedido de la municipalidad para instalar en el lugar un lazareto ante la epidemia de fiebre amarilla que asoló a Buenos Aires. Pasó largos años viudo y decidió reincidir en el matrimonio esta vez con su cuñada Angela de Alzaga, que era viuda de su primo Fragueiro; la ceremonia se realizó el 9 de noviembre de 1864.

INMENSA FORTUNA

Lezama amasó su inmensa fortuna, además de especular con compra y venta de hacienda, cueros, casas, y operaciones inmobiliarias; a través de negocios con el Estado, junto con Lanús fue uno de los grandes proveedores del ejército, durante la guerra de la Triple Alianza. Así integró la comisión de comerciantes que le regalaron a Mitre su casa de la calle San Martín, contribuyendo con 10.000 pesos.

Carlos Vertanessian encontró estas líneas muy curiosas e irónicas en La Tribuna de 1859: «Le pedimos a la persona encargada de dotar de curiosas piezas al Museo de Buenos Aires, encargue alguien para que le consiga algunos de los monstruos marinos que han aparecido en pantano que está a los fondos de la quinta del señor Lezama. Es tal la profundidad de ese inmenso océano de barro, que hay quien asegura que existen en él infinidad de especies de cetáceos desconocidos hasta ahora, los que no se han logrado conseguir por no haberse navegado aún esa nueva inmensidad de barro y agua comprimida. La Municipalidad podría y debía armar una flotilla (de pantaneros) encargada de explorar el nuevo pantano».

El censo de 1869, nos revela que vivía en su residencia en compañía de su mujer Angela de Alzaga, de 35 años y su hijo Máximo de 17 años, estudiante, y un numeroso personal: Primitiva Figueroa, camarera; Juana Salaverry, Emilia Ortelli, Fidela Alvarez, Julia Echague, Segunda Ramos, Indalecio González, Marcelino Roda, Isabel y Catalina Pople, sirvientes; Julia Marengo, cocinera; Augusto Pople, encuadernador; Inocencio Festa, albañil; Enrique Alberto, pintor; Pedro Stuard, cochero; Pablo Ortelli, Esteban Martinelli, Antonio Fasoli, Juan Gastaldi, Gaetano Zuretti, Domingo Ferrari, Enrique Nova, jardineros; Sabina Ortelli, planchadora; hijos del personal, lo que revela las dimensiones de la casa y el parque y los encargados de su mantenimiento.

Lezama fue un hombre de lo que se llama bajo perfil, contrariamente a muchos de sus contemporáneos, no ocupó jamás un cargo público, ni el directorio de un banco, ni en una empresa; aunque si mantuvo aceitadas relaciones con todos los gobiernos. Al mismo Urquiza recibió como huésped en su casa con motivo de su visita a Buenos Aires. A pesar de la prosperidad de sus negocios Lezama utilizaba muchas veces créditos bancarios, deudas que garantizaba con su residencia de la calle Defensa, el parque y la estancia Blandengues en Chascomús.

El hijo de Lezama murió a los 27 años en París, el 26 de julio de 1878 de una peritonitis aguda, a pesar de la «asistencia esmerada» que le comunicaron al doctor Ignacio Pirovano. De su segundo matrimonio con Angela hubo una hija Isabel Lezama Alzaga que casó con Francisco Silva López Osornio, con sucesión.

Lezama murió en Buenos Aires el 23 de julio de 1889, pocos días antes había redactado su testamento ológrafo. Sus bienes al decir de Gammalsson superaban los 18.000.000 de pesos, aunque debió ser aún mayor. Su «casa preciosa, arreglada a la europea y ricamente adornada» en la que era permanente la romería de visitas -según carta de Mariquita Sánchez a Juan Bautista Alberdi- a las «que agasajaba de acuerdo con su condición», es la sede del Museo Histórico Nacional, donde se guarda parte de la memoria del país.

Origen: La Prensa

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